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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2009. Resumen
Trabajador autónomo y artista pintor.Soy a efectos fiscales un trabajador autónomo. Mi padre también lo fue. Y mi abuelo, aunque no se hubiese inventado entonces el término, también. Para el estado el no ponerse a cubierto por vía oposición sólo puede tener dos causas o por estupidez por no saberse de memoria los temas de la oposición; o por el insano y desmedido afán de lucro. Aún a pesar que es este segundo asunto: el desmedido afán de lucro de algunos el que hace funcionar la socialdemocracia hace muy sospechosos a los que lo intentan a ojos de los que nos administran y han creado una sólida maquinaría para controlar y fiscalizar al grupo de los que se buscan las castañas. Estos inspectores han de vigilar fundamentalmente nuestra vampírica sed de sangre fresca, de lucro, que es la que ha de pagar la tranquilidad de los que pacen con regularidad del presupuesto. De “dónde” y “cómo” sacamos las castañas no les preocupa mucho a los granjeros que nos ordeñan. Sólo se preocupan de “cuantas”. Como a las cabras será nuestro instinto depredador por sí mismo es el que ha de alimentarnos. Los granjeros simplemente procurarán que no nos escapemos y nos sacarán el mayor provecho. Es así de simple. En esto consiste básicamente la domesticación desde el neolítico. Somos para ellos seres inferiores, menos romanizados, menos ordenados. Somos seres no previsores, incapaces de organizarnos, de asociarnos, de aprobar oposiciones, cualidades imprescindibles para existir, para importar verdaderamente en democracia. Sin tiempo ni energía para otra cosa que no sea buscar desesperadamente dinero. ¡Que asco les tenemos que dar!. El mismo asco que les dan a los granjeros los animales que poseen que enjaulados se rebozan en sus excrementos. Sobre todo ahora que extenuados no somos capaces de aportar los suficientes nutrientes para el mantenimiento del estado. Ahora que por la sequía ni siquiera las cabras encuentran cardos que convertir en rica leche para sus amos. Para el estado somos sospechosos por definición. Para los otros, los no autónomos, los no profesionales liberales, venimos a ser como el cerdo buscador de trufas que con su hocico horada desesperadamente, obsesivamente, la tierra dónde su olfato ha detectado el hongo. Al igual que al cerdo se nos deja la mínima cantidad para que continuemos con nuestra labor.
Conversación.Converso con un amigo que padece un cáncer bastante grave y en el transcurso de la charla me dice:
- Lo malo de los moribundos es que se creen seres especiales. Es ridículo el modo en el que a menudo hacen ostentación de su enfermedad. Yo me empeño en no hacer el ridículo y procurar ser el que fui hasta el último instante. Además créeme que esto que me ocurre no es nada excepcional a ti también te ocurrirá.
Cavilo tras la charla con él que eso que llamamos madurez consiste básicamente en tener la mayoría de la vida vivida y en asumir con naturalidad la derrota y el fracaso. Desde la inmensa sacudiría que le da a mi amigo la inmediatez de su probable muerte ha tenido la gentileza de charlar un rato conmigo de igual a igual, haciéndome saber que él por moribundo no es distinto a mí; es más: haciéndome saber que todos somos moribundos por el mero hecho de haber nacido. Haciéndomelo saber mirándome a los ojos como sólo lo saben hacer los que saben que quizás esa sea nuestra última conversación. Conversación terapéutica. Hace algunos lustros mi amigo el maestro profesor y sin embargo pintor Ignacio Mayayo se apiadó de un joven en un bar de madrugada que le dijo que no tenía dónde dormir. Se lo llevó a casa y ,cómo le solía pasar a Ignacio, se quedó a vivir con él un año largo y a sus expensas. El joven, al que todos llamábamos el coleguita, se instaló en una habitación interior del piso que entonces ocupaba Mayayo en la calle Mefisto de Zaragoza. Decoró su cuarto pegando en las paredes un montón de páginas de tebeos de Conan el bárbaro. El personaje que más admiraba. Ignacio ya tenía una larga experiencia de compartir casa con indigentes. Había vivido con un mendigo al que todo el mundo llamaba el Chérif ya que siempre portaba en su mugrienta chaqueta una estrella de metal. Además de haber sido el "pagano" (del verbo pagar) y anfitrión de unas cuantas comunas de aquellas del final de los setenta. Por esto el que otro indigente más se instalara en su casa se lo tomaba con una naturalidad bíblica. No le producía el más mínimo estrés. El coleguita se ganaba la vida traficando con hachís a pequeña escala. A menudo volvía a casa magullado a golpes por algún altercado propio de la noche y de su negocio. No era mal chaval pero parecía claro que la fortuna ni le sonreía ni le iba a sonreír. Un día al llegar a casa de madrugada Ignacio se lo encontró llorando desconsoladamente: - ¿Qué te pasa?, le preguntó Ignacio. Entre sollozos el coleguita le respondió: - Estoy muy triste porque he tenido un desengaño amoroso... - ¡Pero cómo vas a tener tú un desengaño amoroso si eres un mierda que no tiene dónde caerse muerto!. Trabaja, búscate una casa, cómprate un coche...Y cuándo tengas todo eso podrás enamorarte y tener desengaños amorosos. ¡No te jode el mierda este!. El coleguita tras la conversación se quedó pensativo. Después arranco de la pared de su cuarto todos los tebeos de Conan. Por la mañana salió pronto y recién duchao a buscar trabajo. El otro día me lo encontré, veinte años más tarde, y me contó que vive en un adosao con su familia y es vendedor de ordenadores.
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pepe-cerdaPINTOR; !PINTA Y CALLA!
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