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AIRE DE TORMENTA

AIRE DE TORMENTA Parece que viene aire de tormenta. Mi abuela decía que la brisa que antecede a las tormentas es muy mala, que a no sé quién se le quedó paralizada media cara por exponerse a ella. A mi, sin embargo siempre me ha parecido muy agradable y de momento no tengo nada paralizado (toco madera mientras afirmo esto). Los momentos que anteceden a las tormentas son muy especiales, los animales se ponen nerviosos, la naturaleza toda se muestra expectante ante algo que la excede. Supongo que de ahí venía la afirmación de mi abuela.

Eso que ahora creemos domesticado y que llamamos electricidad a veces se manifiesta por si mismo en todo su esplendor y hace acallar toda nuestra soberbia. Ahora ya no ocurre tanto, pero antes casi indefectiblemente con cada tormenta había un “apagón”. La televisión, la radio, la nevera dejaban de funcionar y se sacaba la palmatoria con la vela y el tiempo se detenía. Mi abuela rezaba, los truenos nos hacían enmudecer y mi padre decía: “enseguida se pasa”. Ver los enseres domésticos a la luz de una vela los tornaba fantasmagóricos, las sombras de nuestras cabezas se proyectaban sobre la blancura de la cocina (es curioso siempre nos juntábamos en la cocina) y tensos y expectantes esperábamos que la “luz” volviera. Cuando súbitamente todo empezaba a funcionar simultáneamente, la nevera con su sonido característico, la radio y la tele y todos los ruidos que cotidianamente nos acompañan y que no oímos, era como volver a escuchas el latido del corazón de la madre desde el útero.

La dependencia de la electricidad no ha hecho sino aumentar en estos últimos años. Hoy un apagón tiene consecuencias desastrosas, toda la información no guardada del ordenador, todos los alimentos ultra congelados del arcón congelador… En definitiva todo lo que creemos poseer y que guardamos celosamente, (como en los graneros antiguos, como el almacén de proteínas que eran los animales de granja, paradigma del hombre neolítico), depende de que el fluido eléctrico no se interrumpa.

Ahora, como decía mi abuela, con un apagón fruto de una tormenta, no solo se te paraliza la cara, sino el alma y la memoria. Grandioso modo de ser el de la electricidad en libertad.
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2 comentarios

Anónimo -

No caerá hoy una tormentilla sobre Roma... ¡Éso sí que es un happening!. (io)
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Teresa -

parece que no llega esa tormenta...me gustó el juego de luces que describes.
un saludo
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