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IDENTIDAD

IDENTIDAD La mayoría de los hombres, o la totalidad, o al menos yo, han de construir un personaje en su adolescencia, crear una identidad que les defienda del amor incondicional y pegajoso de sus padres y al tiempo les dé un papel que representar en sociedad. La construcción de la identidad es siempre referencial, viene acotada por las circunstancias y el, recién creado, entorno afectivo con otros seres de la misma edad. A menudo se escoge el papel que queda libre, bien porque se ha llegado tarde al reparto, bien porque nuestra estructura psico-física nos impide asumir el papel que realmente deseamos. Es todavía un juego. El problema es que en la mayoría de los casos este rol nos acompaña el resto de nuestra vida.
La disociación que nos es impuesta desde el estado-moral-religión-costumbre entre madurez sexual y madurez social o entre juego y estudio o entre aprendizaje y trabajo, hace que la agonía del ego dure exageradamente. El tiempo que transcurre entre la elección (entendiendo que cada elección es una imposición circunstancial) del rol y la interpretación real del mismo es en nuestra cultura larguísimo. Cuanto mas alta es la clase social más dura el periodo, pero la media estaría entre diez y quince años. Desde la conciencia del yo sexual-engendrador, trece años, (primera eyaculación) al yo social-profesional (primer trabajo que se corresponda al rol creado) alrededor de veintiocho en el mejor de los casos, si se ha estudiado una carrera profesional o entre veinte y veintitrés si es una profesión manual.
Esto produce un alto grado de frustración, cuando por fin se es ya no se desea ser. Nunca es el mismo el que desea interpretar que el que interpreta, pero ya no hay vuelta atrás, ya no hay derecho a queja ya no hay sitio para la maniobra. Al tiempo que se esta, de algún modo, extrañamente orgulloso ya que como se ha invertido tiempo y esfuerzo en “ser”ello se convierte en algo “valioso”. Orgulloso y frustrado a un tiempo, una bomba de relojería.
Pienso que uno de los trabajos primordiales de todo hombre es revisar constantemente las cambiantes interrelaciones entre psiquis, cuerpo, deseo y circunstancia. Dejar de ser prisionero de la culpa, el miedo y la responsabilidad. Dejar de interpretar cansinamente el papel elegido-adjudicado y preguntarse quien se es hoy y ahora. Eso es alcanzar la madurez.
Esto ocurre cuando uno de los factores que construyen la identidad se derrumba estrepitosamente. Cuando se pone en serio peligro la salud, el entorno, la estima ajena y propia. Una grave enfermedad en la adolescencia, de lenta recuperación es uno de los modos más eficaces de maduración. Los ejemplos son numerosísimos entre los grandes de las letras y las artes. Tú no has elegido el papel y mucho menos es un juego, eso que llaman Pepe Cerdá es una cosa que anima un fragilísimo artefacto constituido por huesos, palancas, tuberías, filtros, redes eléctricas, flema, moco, pus y sangre. No es casualidad que el enfrentamiento “real” a la propia muerte sea una constante en todos los ritos iniciáticos .

*Me llama un amigo y me dice que me estoy poniendo muy tontorrón y muy pedante en esto del blog. Como soy muy sensible a las críticas, es decir voluble, pues rectifico.
Lo que quiero decir arriba se resume en un chiste del malogrado humorista catalán. Eugenio, que dice así:
“Era uno tan feo, tan feo que se fue a comprar una careta y le vendieron sólo la goma”
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2 comentarios

Pepe Cerdá -

No me cabe duda de que en el mundo hay otras personas a las que les pasan cosas, y que las digieren de modo muy distinto, no faltaría más. Nada más lejos de mi intención que magnificar lo que le pasa a Pepe Cerdá. Pero es que resulta que no tengo otro sitio de observación que yo mismo y la torpe interpretación que de las lecturas de otro haya podido hacer. Cierto es que el tono no es el que suelo emplear para intentar comunicarme y que es un poco tontorrón. En mi defensa diré que he hecho trampas y que este texto no lo he escrito hoy, lo he copiado y pegado de una especie de diario que empecé hace tiempo.
Saludos y gracias.
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Luis Augusto -

Unas líneas para comentar tu reflexión dura y poderosa:
Una vez que uno consigue no ser prisionero ni de la culpa,ni del miedo,ni de la responsabilidad creo que,además de tu sugerencia -desde mi punto de vista un pelín trascendente- la madurez no implica necesariamente que se tenga que derrumbar nada y menos si ese derrumbe debe ser producido por un acontecimiento aleatorio, aunque eso pueda ser un buen catalizador.
Magnificar lo que le ha ocurrido al Pepe Cerdá del que hablas no significa que se pueda universalizar su experiencia. Hay algunas personas que si que han sabido -y podido sobre todo (y esto cuesta algún esfuerzo)-"elegir" su papel o por lo menos están en ello, con resultadoa algo menos catastrofistas que los que tu expones.
Salud y besos.
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