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pepe-cerda

Teoria de las distancias

Hace unos días que he comenzado a pintar acuarelas para engrasarme, después, cuando llegue el momento, vendrán, espero, los cuadros. El proceso es como el del vómito, primero el malestar, luego la nausea y después, irrefrenable, el vómito. Nunca se sabe cuando se va a producir pero hay que estar preparado.
Hacer algo que nadie te ha encargado, y que en el fondo a nadie le importa, es un poco extraño en esta cultura de la rentabilidad. Máxime cuando se te va a juzgar por ello. Primero uno mismo y luego todos los demás. Barceló, que es en el fondo un creyente dice: “pinto porque la vida no basta”, y dice también rendirle cuentas sólo a su familia: a Tintoreto, a Rembrandt, a Goya, a Ticiano...Como envidio su sobredimensión del Ego, su fe, además escribe muy bien y como es sabido, le va estupendamente. Yo jamás podré mirarme a mí mismo con esa prosapia sin partirme de risa. Hacer desde el descreimiento, aún siendo un método más cartesiano, más moderno, es mucho más duro. Es como soñar despierto, sin estar loco, sin psicotrópicos, sin que Dios te lo chive a la oreja como a Santa Teresa. Creo que esa es la diferencia esencial entre nuestros más grandes pintores, entre Goya y Velázquez: la distancia, como en los toros. Creo que Velázquez no dio ni una sola pincelada emocionado, quiero pensar que ni siquiera se manchó de pintura jamás. Al contrario, me imagino a Goya revolcándose en la pintura, luchando contra ella, follando en ella. En el fondo no son más que dos métodos para acercarse a un mismo fin.
Bueno me voy a pintar que ya vale de cháchara.
¡Pintor, pinta y calla!
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8 comentarios

Nicolás -

Si eres capaz de seguir creando sin fe, recibe mi admiración más rendida. Yo lo he intentado y no he podido.

miguel -

mas bajo poetas,mas bajo hablad mas bajo. No griteis tanto, no lloreis tan alto, si para quejaros, acercais la bocina a vuestros labios, parecera vuestro llanto, como el de los plañideros, mercenario. Leon Felipe

Lara -

Pues a mi me gustaría leerle, después de haberle oído, entre risas y humo y fuentes ópíparas en Casa Emilio. Ya me gustaría ya, poder llevarme a la cama alguna de esas historias y dormir como antes, con la sonrisa puesta.
Salud, maestro.

GABRIEL SALDAÑA -

Los artistas sí tenemos contratos, ora con aquellos que ya han contratado nuestros propios cuadros por nosotros de antemano, ora con nuestros íntimos quejidos, sentidos, gimoteos, sumarios, envites…
Yo también vomito, querido Pepe, pero hay que aprender a causar el desembuche. Hay que abrir la boca, y cual pato oriundo de la región gala de Languedoc, ir cebando nuestras inquietudes hasta límites perniciosos, provocando llagas y forzando las traqueas y los estómagos, para que la expulsión sea feroz y descontrolada cual mocita con trenzas y canesú en vestuario masculino.
¿Qué sería del arte con rigor y control? Purita democracia, y el arte sólo puede ser parido desde la anarquía más inconstitucional.
Te comprendo, Maestro, y entiendo y comparto la angustia que acordela tus manos y tus intenciones en el momento en el que te hallas.
Si te sirve de aliento, y aún desconociendo tu vivir y movimiento, te imagino con el rostro coloreado y con la piel manchada de pigmentos tras un acalorado combate o lúbrico cortejo, tras haber disfrutado en tu trabajo…en tu rotundo trabajo.
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hh -

j

Almalé -

Querido Pepe, como diría el primer gran surrealista español: “Entréme donde no supe...”

Hacer algo que nadie te ha encargado, me parece un ejercicio maravilloso y peligroso. Lo primero que me ha venido a la mente al terminar de leer tu texto es la imagen de una escultura.
Un escultor nonagenario (de todo había hecho y todo bien), que durante toda la vida había trabajo por encargo (¿Y cómo si no?). Un bloque de mármol de dimensiones reducidas (inservible para la labra de una gran figura) yacía frió en su estudio.

El artista no tenía encargo, no tenía contrato, no tenía honorarios, ni plazo de entrega. Solo riesgo, dificultades y dudas... errores, sacrificios y dedicación absoluta... es decir placer e interés por su trabajo, con 89 años todavía tenía ganas de aprender y disfrutar.

El escultor se llamaba Miguel Ángel Buonarroti y del bloque de mármol frío esculpiría con sus manos la Pietà de Rondanini.

Un ejercicio donde hay mucho que perder y poco que ganar, ¡Que maravilla!...

Teresa -

y a más corta la distancia, antes inunda las emociones del que mira.

io -

Supongo que no se estará comparando a Barceló con Tintoretto, Goya o Rembrandt.Absurdo, por mucho que él y su interesado séquito llegaran a creérselo. El mero voluntarismo no es suficiente...
Por otro lado una cosa es el escaparate (éso es Arco,stand de El País incluido) y otra la Pintura.
En cualquier caso, el tiempo pondrá a todo el mundo en su sitio. "El tiempo también pinta", como bien sabía el de Fuendetodos, y, antes que él, el sevillano.
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