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Picasso y sus amigos

Picasso y sus amigos

Desde donde estoy escribiendo puedo ver los volúmenes que sobre Picasso hay en mi librería, puedo contar más de una treintena. Seguramente no son ni el 0´1 por ciento de los que sobre él se han editado. Podría decirse que es el ser humano mas estudiado e interpretado de la historia de la humanidad.(en 1975 en la Biblioteca Nacional de París ya había unas cincuenta mil fichas sobre Picasso y en los años sesenta Gaya Nuño, en su bibliografía antológica, ya recoge mil quinientos títulos sobre la obra del pintor). Gran parte de los estudios que se han hecho sobre él se han hecho mientras él estaba vivo y paradójicamente su mutismo ha sido legendario.

 

Extrañamente, en cuanto al material audiovisual, sólo se conserva un pedazo de una entrevista filmada en los años cuarenta y la película de Clouzot ( que no en vano se titula: El misterio Picasso) en la que dice exactamente: que le falta tinta y que no está cansado. Para un personaje de su importancia, que muere en el setenta y tres, no deja de ser extraño que no haya más material filmado. Sólo hay una explicación: y es que a él no le daba la gana ni conceder entrevistas, ni que le filmaran. Sabía que no le favorecía, como gran tímido que era, la cámara le asustaba.

 

Lo que sí que hay es bastantes fotografías de Capa, de Douglas Duncan y sobre todo de Roberto Otero, testigo de la cotidianidad de los Picasso en el último periodo de su vida. Estos fotógrafos pasaban a formar parte durante un periodo de tiempo de la familia picasiana y no le molestaba que deambularan por la casa tomando fotografías.

 

 Testimonios escritos hay a patadas (empezando por el de los propios fotógrafos, antes citados). Prácticamente cada uno de los que visitaron a Picasso a lo largo de su vida lo contó y lo escribió. En los testimonios escritos habría tres categorías: El del visitante ocasional; el del amigo y el de la amante.

 

De los de las amantes me faltaba un libro fundamental y apasionante que me regaló hace unos días Félix Romeo (sabedor de este vicio cotilla que tengo por Picasso). Lo había visto citado en multitud de biografías,( en especial en la mejor, que desgraciadamente sólo llega hasta 1917, aunque sé que se sigue trabajando en ella, la de Richardson).

 

Este libro era el escrito por su primera compañera Fernande Olivier y se titula: “Picasso y sus amigos”. El prólogo es ni más ni menos que de  Paul Leautaud que se descubre ante la eficaz y simple prosa de Fernande, que cuenta las cosas tal y como las recuerda, con una indiscreta ingenuidad que retrata exactamente la génesis de  la recua de artistas y escritores que inventaron lo que iba a ser bello, caro y correcto durante todo el siglo veinte.

 

Esta escrito con cortos artículos en los que se va de un asunto a otro, tal y como lo hacen los abuelos cuando cuentan batallitas, pero en los que no deja de describir las nimias cosas que jamás se les escapan a las mujeres que aman, y por las que son imposibles de engañar. Recrea exactamente el escenario donde todo se produjo. Recrea el estado de ánimo y las miserias, de los padres de la patria artística. Los recrea tan bien que Picasso le pagó una fortuna para que no siguiera contando, para que estuviese calladita. Impidió y secuestró la segunda parte de este libro tan inconveniente para la construcción del genio sobrenatural que ya estaba en el ideario de todo el mundo. Y es que los grandes hombres no deben manchar los calzoncillos con palominos, ni temblar y llorar de miedo cuando la policía les va a buscar a casa..Ni negar a su mejor amigo, Apollinaire, en la comisaria.

 

.Es radicalmente opuesto a los otros libros que de él han escrito sus amantes (tengo: el de Francoise Gillot, y el de Genevieve Laporte). Estas se quejan de que el genio no fue el personaje del que ellas se enamoraron, pero no descienden en ningún momento de la mistificación hagiográfica. El de Fernade, aún a pesar de no hablar mal de él en ningún momento, es mucho más dañino. Lo que hace es describir, sin apenas emitir juicios, lo que pasó. Es como cuando nuestra madre le cuenta a nuestros amigos como nos cagamos encima el primer día de colegio. Fernade es la única mujer de Picasso que estableció una relación de igual a igual con él, cuando ambos eran igual de pobres, igual de jóvenes.

 

Por eso sabía demasiado.

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7 comentarios

Fernando -

Estarás pintando a todo trapo, supongo. Hacer días que tienes la página abandonada...saludos

Anónimo -

Recomiendo:

www.franciscoramirezpradilla.com

m ; ) -

Ah qué bueno Goya !
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Gatopardo -

A mí me tiene soliviantada la indiscrección de la ex y las viudas de famosos, raza de señoras con ínfulas y protagonismo sin otro mérito que haber pasado por el catre o la vicaría, tipo Marinita Castaña, o María Kodama, la viuda apócrifa del bigamo Borges. Y me produce tanto repelús su impudor narrativo que soy incapaz de leer un solo libro donde ellas cuenten, de la misma manera que soy incapaz de tragarme un programa de tv con "excusivas" de los ex de famosos.
A mí Picasso, como pintor, me apasiona unas veces y me repele otras. Aún no sé por qué.
En las fotos que he visto de él, de joven y de viejo, me parece un hombre bellísimo. Al menos lo que yo percibo como tal.
Un abrazo, maño

Pepe Cerda -

Mi querido io, que alegría saber de tí.
Si a mí Picasso me encanta, es más es uno de los pocos pintores que me produce ganas de pintar. Por eso tengo tantos libros sobre él y por eso el cotilla interés por su vida.
Es también un género literario en sí mismo, dada la ingente cantidad de títulos que ha generado y ahí es donde yo me meto, no por nada en especial, como un vicio, ha de entenderse pues esto que escribo, no como una crítica al pintor, del que no tengo nada que objetar, sino una reflexión sobre el género literario que él protagoniza.
Reitero mis saludos y espero que hayas pasado un buen verano.
Pepe.

Anónimo -

Querido Pepe,
por muchos libros que te compres e incluso leas sobre Picasso no desvíes la atención del cogollo del problema: no lo aceptas/valoras/entiendes como el gran pintor que fue, el más importante, de largo, del pasado siglo, y sin duda uno de los más grandes de la -pequeña- historia de la pintura occidental. Por lo demás, sí, era de carne y hueso, y, sí, tenía sus defectos, como todo el mundo, los cuales, por lo demás, me interesan más bien poco.
Nos dejó una obra incomparable, en cantidad y calidad, a la de cualquiera de sus contemporáneos, y a la altura, como se pudo comprobar recientemente en el Prado, de los más grandes pintores de siempre. Acéptalo, coño, y dejarás de comprarte tantos libros sobre su vida y milagros y comenzarás a disfrutar más de su trabajo.
Si lo que te molesta no es su obra, sino la mistificación sobre su figura, mejor harías en criticar las numerosas mistificaciones contemporáneas de autores cuyos desechos, dentro de 50 años, se caerán de las paredes de los millonarios que hoy invierten en ellos.

io

Gatopardo -

Pincha en mi nombre, y mira qué belleza.
Y luego vuelvo y comento, que me lo tengo que pensar.
Un abrazo, maño
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