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Resumen

04/11/2005

Roma

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Estos últimos días he estado en Roma.

Cómo todas las grandes ciudades se nutre del turismo, ya saben, el viejo adagio: “al ave de paso cañazo”. Ahora los cañazos los dan Prada, Gucci y compañía. Los turistas pasean por la Piazza Navona con las bolsas impresas con los escudos de las marcas de las tiendas. Y es que ahora las ciudades turísticas son, antes que nada, centros comerciales con parques temáticos alrededor. Lo que ocurre con el de Roma es que és, además, el que dio origen a casi todo lo que somos en este primer mundo y entre las bolsas de ropa recién comprada se puede ver alguna escultura de Bernini ( ya saben, la empresa que se inventó el Barroco), algún cuadro de Caravaggio y algún templo del imperio.

Entre las tiendas de lujo de la  Via Condotti sobrevive el único establecimiento sensato de cuando aquello era una ciudad donde se vivía, el Gran Café Greco, en donde tienen enmarcado un manuscrito de mi admirado Pla, que tantos ratos pasó allí. Otra cosa que sobrevive es la sede social de la única religión verdadera: el Vaticano. Tras darse una vuelta por sus instalaciones no cabe ninguna duda de que los herejes están equivocados.

Pero lo que ha merecido realmente la pena de este viaje ha sido la observación en directo del cuadro más importante (a mi juicio) de toda la historia de la pintura. Me refiero al retrato de Inocencio X pintado por Velázquez  y que se conserva en la Galleria de los Doria Pamphili.

Esta pintura evidencia que las obras de arte no reflejan el mundo, las obras de arte, las de verdad, son una realidad independiente en sí mismas. Si me diese por ponerme ñoño, diría que experimente el síndrome de Stendhal ( una indisposición física que se experimenta ante la belleza), pero cómo soy aragonés, y  estas cosas no nos pasan, diré que se me pusieron los pelos como escarpias.

Nunca la pintura fue tan pintura, ni tan cosa, ni tan hombre. Las reproducciones que había visto (centenares) no se acercan ni a rozar lo que esta pintura és. Por mucho que se empeñen Bill Gates y Walter Benjamín, en decir que la reproductividad técnica ha sustituido a la observación directa en nuestros días, el que no vea al “Inocencio X” en directo no puede decir que lo “conoce” en el más amplio sentido de la palabra.

Volveré a Roma todas las veces que pueda, para volver a ver a la pintura manifestárse con toda su potencia, que es lo único que me viene interesando en estos últimos tiempos.
04/11/2005 13:04. #. Hay 8 comentarios.

10/11/2005

París

Viaje en furgoneta a París. Ayer volví. Afortunadamente me ha acompañado Ana y me ha quitado la mitad de los kilómetros, que a esta edad ya me empiezan a pesar, y ha soportado el mal carácter que solemos tener los simpáticos en la intimidad.

 

Hemos estado allí cuatro días. Yo, intentando resolver unas cuestiones aritméticas con mi galerista. Como era de esperar, nada ha salido como preveía. La aritmética para los galeristas es una ciencia abstrusa. Vender y cobrar, para ellos, son dos verbos que se conjugan en tiempos muy distintos.

 

A pesar de todo, es un tipo simpático, y a su manera la cosa va funcionando. Me ha propuesto un par de proyectos al otro lado del atlántico y me ha manifestado su amor incondicional, para después añadir que ya me pagará más adelante que ahora le viene mal. Vamos, lo mismo que llevo oyendo en los últimos veinte años, ¡Ay!, el mercado del arte, si yo les contara...

 

Estos días en París, mientras ardían los coches en “la banlieu” (con la absoluta despreocupación de los parisinos del centro, para ellos la única revolución “cool” fue la del 68) he comprado un montón de libros y he visitado la exposición que en el “Gran Palais” ha montado Jean Clair sobre la Melancolia. Cómo era previsible: Impresionante.

Jean Clair es uno de los tipos más listos y más sensatos de todo el elenco que teoriza actualmente sobre cuestiones artísticas. Fue el comisario de la Bienal de Venecia del centenario, y de la mítica exposición “El alma en el cuerpo” de la que esta es una especie de continuación.

 

 Jean Clair es un niño, que hace “collages” con las obras auténticas, a escala 1-1, para expresar una idea. Todo esta cuidadosamente medido: el montaje, la iluminación, el catálogo, la disposición...Es una especie de cueva del horror de las ferias por donde se transita, y te van sorprendiendo los objetos, los textos, los cuadros, y de donde se sale más sabio y más emocionado de los que se entra. Si tienen ocasión no se la pierdan.

 

A nuestra vuelta, antes de cruzar la frontera, llamé a mi nuevo amigo Pio Caro, al que conocí al tiempo que me enseñaba Roma la semana anterior. Resultó que estaba en Bera, en la mítica casa que los Baroja poseen allí y nos invitó a comer, y luego a visitar la casa. En la comida nos presentó a Miguel Sánchez Ostiz, poeta, ensayista y novelista Navarro, que anda preparando algo sobre los Baroja. Miguel y yo, simpatizamos enseguida y tras hablar de tres o cuatro amigos comunes, nos pusimos al asunto, es decir un chuletón que probaba la existencia de Dios Padre. La conversación transcurrió fluida, como transcurre entre viejos camaradas, aunque en este caso, éramos recién conocidos.

Después visita a la casa de Itzea. Todo está como estuvo. El comedor con su chimenea y la lámpara levitando sobre la mesa. Los salones con estupendos cuadros colgados de sus paredes. Muchos de ellos de Ricardo Baroja. Y las bibliotecas. ¡Ay! las bibliotecas. A mí no hay nada que más me guste que las ferreterías y las tiendas de libros, entro a menudo en estos establecimientos para que se pare el tiempo y mi cabeza.

 

 Pues imagínense lo que puede uno sentir en la mismísima Biblioteca de Don Pio Baroja, y en la del piso de arriba, la de Don Julio Caro Baroja. No puedo describir aquí lo que eso es. Puedo sólo decirles que es uno de los sitios más sobrecogedores de los que yo conozco. Decenas de miles de bellísimos libros se alinean en los estantes de las dos últimas plantas, algunos cuadros, algunas estatuas les acompañan. Pero la presencia de los libros es impresionante. Diríase que los muros están sustentados por los libros y no al revés.

Mañana más. O pasao. O al otro.
10/11/2005 23:32. #. Hay 3 comentarios.

12/11/2005

Villamayor

Villamayor. Día templado y soleado de otoño. Ayer bebí un poco más de la cuenta. Comí con Broto, que expone la semana que viene en Barcelona, y, por la noche, cena con unos cuantos buenos amigos. Larga y divertida sobremesa. A las cuatro y media de la mañana vuelta a casa.

Me ha despertado el teléfono. Se me había olvidado que había quedado con el director del Diario del Alto Aragón para que me hiciese una entrevista que acompañará una lámina de un cuadro mío que regalan esta semana. He intentado fingir que estaba despejado y despierto desde hacía rato, pero creo que no lo he conseguido. En fin, no me acuerdo muy bien de lo que le he contado, esta semana lo leeré.

Ahora, a las dos y diez, se supone que debería estar trabajando. Pero este estado de semigracia que da la resaca más el paracetamol es peligrosísimo para la pintura. Se tiende a pensar que todo está quedando bien y te dejas llevar por la languidez, y se suele hacer un desaguisado, que , luego cuesta mucho reparar. Por esto, en este estado, prefiero darles a ustedes la paliza y contarles mi vida. Ya perdonarán.

Hoy es un día de los que habría que aprovechar para vagar sin rumbo por los Monegros. La luz cae límpida y dorada a través de la recién fregada atmósfera que la lluvia de estos días ha dejado.

Vagar escuchando música de Tom Waits y con alguien querido que guarda silencio a tu lado.
12/11/2005 14:27. #. Hay 1 comentario.

16/11/2005

Esperanzas de vida.

El otro día mirando unas tablas estadísticas descubrí cual era el país del mundo con mayor esperanza de vida al nacer, que resultó ser Andorra, con 83,5 años por habitante. El país con menor esperanza (de vida y de más cosas) resultó ser Mozambique con 31,3 años por habitante. España está en el número catorce de la lista con 79,2 años por habitante.

Resulta pues, que por el hecho de ser español se viven un par de vidas de un Mozambiqueño. Esto hace que creamos que tenemos tiempo para todo, que creamos que podemos cambiar el rumbo de nuestras vidas cuando nos dé la gana y, los más grave, que el periodo de “formación” se alargue hasta límites inauditos para el Mozambiqueño.

En nuestra cultura no es extraño que un “mozalbete” de treinta y tantos ande haciendo masters y aprendiendo idiomas para ser más eficaz “el día de mañana” .

Si entender que no hay otro “día de mañana” que el de hoy. Eso, si tenemos la suerte de llegar hasta la noche.
16/11/2005 22:42. #. Hay 5 comentarios.

20/11/2005

De pastores y vagabundos

La arrogancia con la que escriben los que “están en el secreto del arte” me irrita cada día más. La suma de afirmaciones irrefutables que pueblan sus textos sólo pueden ser fruto de la estupidez o del pequeño y ruin anhelo de hacerse un sitio entre los que en cada generación han impartido la doctrina artística.

De lo que no se han dado cuenta es de que ya no le importa a nadie un bledo lo que dicen, ni siquiera a ellos mismos; que ya son otros tiempos; que ahora la “militancia” es un concepto caduco.

Lo que sí que sigue habiendo, y cada día más, son puestos de trabajo para el que acredite ser un prócer de las artes. Hay que cubrir: las direcciones de todas las fundaciones y museos; los técnicos culturales (curioso oxímoron ) de todas las administraciones; los departamentos de arte contemporáneo de todas las facultades de letras...etc.

Yo, desde este punto de vista, sí que les comprendo, todo el mundo tiene derecho a buscarse un sitio bajo el sol. Ahora lo que ya no les arrogo es el derecho de decirme a mí el camino que debo seguir según la jurisprudencia artística que ellos acaban de aprobar. Entiendo que un pastor sin ovejas es un vagabundo y lamento ser incapaz de balar al ritmo que ellos orquestan, pero es que ya empiezo a estar mayor para estas tonterías.
20/11/2005 14:05. #. Hay 7 comentarios.

21/11/2005

Tibieza de carácter

Soy de Huesca. Esto quiere decir que soy genéticamente “más mirao que un luto”. Detrás del personaje atrabiliario y bocazas que cultivo hay, manejando la marioneta, un aterrado y tímido ser de los que vuelven la cara cuando les venden fruta podrida para que no se violente el verdulero estafador.

Por esto me es muy difícil decir que no. En lugar de negarme, lo que hago con respecto a lo que me desagrada o no me apetece, es posponerlo una y otra vez. Por lo que si el demandante es lo suficientemente tenaz y agota mis excusas, termino haciendo lo que no quiero hacer.

Nada me desagrada más que las revistas de decoración y las entonadas casas de las personas que las compran y siguen sus preceptos. Considero la “decoración” una enfermedad del arte y el hecho de que haya una “intención ornamental” en los objetos que pueblan una casa me fastidia. Que haga “juego”: el cazo con la olla, la tapa del retrete con el papel higiénico, los lomos de los libros con la estantería y los cuadros con las colchas, es algo que no soporto.

Y sin embargo, mientras escribo esto, estoy esperando a unos periodistas que vienen con la intención de hacer un reportaje sobre mi casa. Les he avisado que mi casa es una acumulación de objetos encontrados a lo largo de mi vida y dispuestos azarosamente. Dicen que da igual. Les he puesto mil excusas en los últimos meses con la esperanza de que se cansaran.. Han seguido insistiendo.

Todo menos decirles que no, que no me apetece que mi casa salga fotografiada para nutrir el afán cotilla de los demás. Y ahora después de tantas excusas ya no hay remedio.

La tibieza de mi carácter ha vuelto a vencer.

¡Que le vamos a hacer!
21/11/2005 12:41. #. Hay 7 comentarios.

26/11/2005

Torremolinos 1965

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Torremolinos 1965. Mi padre, mi madre, mi hermana y yo.

Mi padre tenía entonces cuarenta y dos años, dos menos que yo ahora, y ya había vivido una guerra como niño y una posguerra como soldado (a punto de ir a la División Azul). Había sido: impresor, taxista, camionero, rotulista, dibujante publicitario, empresario y, en la época de la foto, pintor de cuadros para decorar los apartamentos del "boum" turístico del la incipiente costa del sol.

Mi madre era la mayor de nueve hermanos que en la guerra anduvieron de refugiados en la galera de mi abuelo con  los enseres a cuestas. Después, en la autarquía, vino a aprender a leer y las cuatro reglas a Zaragoza, donde conoció a mi padre y se casó. Tras unos años de penurias, cómo casi todos en aquellos tiempos, siguió a mi padre a Torremolinos, cargando con sus hijos.

La foto retrata el rencuentro familiar.

Mi padre se había ido un par de años antes tras fracasar una empresa de estampación de serigrafías, que había montado con un socio.

Era la primera vez que todos nosotros estábamos de vacaciones.
26/11/2005 12:52. #. Hay 10 comentarios.




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