Blogia

pepe-cerda

Tiriti, tran,tran,tran..;Tiriti, tran, tran, tran..

Lo bueno y lo malo de las cosas todas es que ya no son “lo que eran”; al tiempo que son “lo de siempre”. Por decirlo de otro modo: para que las cosas sean lo que “siempre han sido”, deben cambiar permanentemente para seguir produciendo el suficiente nivel de sorpresa imprescindible para ser vistas. Para eso se viaja, para volver eternamente al mismo sitio, en el que se estuvo. Del mismo modo que los niños quieren ser “sorprendidos” siempre por el mismo cuento, por el que ya se saben.
Por esto el hombre timorato se empeña en frenar la vida, para que no le pase nada, porque cree, estúpidamente, que así aplazará la muerte. Al contrario; el hombre impetuoso la acelera con la esperanza de correr más que ella, de no estar cuando ella se presente, y ciertamente cuando la muerte se presenta uno ya no está, pero para eso ¡no hace falta correr!.
Se trata de ir relajadamente al tran, tran, como dicen los cantaores flamencos. Tiriti, tran, tran, tran....;Tiriti, tran, tran, tran...;TIRITI, TRAN, TRAN, TRAN...;TIRITI, TRAN, TIRI TRAN..Y así hasta el amanecer con la garganta rota.
Como dice la famosa coplilla: “Cada vez que pienso que me tengo que morir, me tumbo en suelo y me jarto de dormir”

IGNACIO MAYAYO

IGNACIO MAYAYO

Como hace días que no se me ocurre nada, cuelgo este texto que escribí como prefacio para el catálogo de la última exposición de mi amigo Ignacio Mayayo.
Así doy señales de vida y prometo volver a esto del blog cuando ande un poco menos liado.
Pepe.

IGNACIO MAYAYO
“Diez años de dibujos, 1994-2004”

Ignacio es un ser excepcional.

Lo digo en el más exacto sentido del término. El modo con el que él se enfrenta a la vida, y por lo tanto, en su caso indisolublemente, a la pintura, es absolutamente genuino e inhabitual. Este talante no se parece al de nadie, por lo menos al de nadie de los que yo haya conocido hasta la fecha y créanme no han sido pocos. En mi agenda hay más de mil direcciones de amigos, conocidos y saludados. Los que me conocen saben que soy una especie de adicto social, me gustan los otros, qué le vamos a hacer. Será porque todo lo que sé lo he aprendido de los demás o será por carácter, que más da.

Pero a lo que vamos. Gran parte de mis conocidos son eso que ahora se llama tan alegremente artista. A pesar de que a mí no me haga mucha gracia el uso de esta palabra, es una categoría profesional de uso admitido- hay hasta epígrafe y licencia fiscal- y engloba, como es sabido, a: actores, cantantes, instaladores, escritores, poetas, músicos, pintores, etc. Un rasgo común a todos es una cierta impostación en el ser, perdonable y asumible puesto que el oficio lo permite, y la sociedad lo admite. Tras ellos hay generalmente un personaje sustentado, a duras penas, por un triste mortal; una patológica sobredimensión del ego, y la obra que producen se alimenta precisamente del tormento, más o menos moderado, que produce todo esto. Todos buscan de algún modo su sitio en el mundo. Todos quieren ser admirados y queridos.

Todos, salvo Mayayo.

Hace ya más de veinte años que le conozco y que le observo con asombro; Mayayo no imposta, no se esconde detrás de su obra, no tiene personaje. Para hacer no necesita el aplauso, haría exactamente lo mismo en una isla desierta. Mayayo no aparenta, no parece, Mayayo es.

Cualquiera que conozca al maestro-profesor sabe que siempre va con un cuaderno de dibujo y que dibuja, paciente y desapasionadamente, cualquier persona o cosa que a su alrededor tenga. Más que dibujar levanta acta, sin aliviarse, sin eludir dificultades. He visto no menos de mil dibujos suyos hechos en los últimos diez años. Mil dibujos exactos y honestos, sin trampa ni cartón, hechos para él y sólo para él, sin ninguna pretensión de ser enseñados nunca. Precisamente por esto son buenos, por lo mismo que lo son los escritos de Montaigne o de Plá. Son buenos porque no nacieron con la pretensión de serlo, porque nacieron con el único empeño de autoexplicarse el mundo. Sin atender a los cantos de sirena de “la época, la moda, la moral o la pasión”. Sin escuchar otra voz que la suya propia.

Hay que tener en cuenta lo titánica que es esta empresa, aunque solo sea por el grado de constancia que exige. Pienso en el Goya de “aún aprendo” a pocos años de su muerte en Burdeos. La lucha peor, la más encarnizada es con uno mismo y contra la pereza humana, que elude y castra el sano deseo de aprender eternamente. La sociedad no suele permitir esto, necesita ciudadanos con un reparto de tareas inequívoco para su correcto funcionamiento. El médico, el fontanero, el registrador no deben tener, ni se pueden permitir, ninguna duda sobre su función y su capacidad. Contrariamente, aprender es poner en duda lo que se sabe sistemáticamente, los seres humanos sometidos a sociedad necesitan sentirse seguros, o lo que es lo mismo, alimentarse de certezas.

Una parte de Mayayo se alimenta también de certezas. Explica paciente y claramente problemas de geometría descriptiva en la Escuela de Artes a sus alumnos y a cualquiera que le pregunte en un bar (centenares de manteles y servilletas de papel magistralmente garabateadas lo demuestran). Convierte lo complejo en evidente, cosa que no está al alcance de cualquiera. Está firmemente convencido de que todo es explicable, es un cartesiano superlativo, o lo que es lo mismo: un cartesiano de las Cinco Villas.

El encono perseverante y crítico es su herramienta fundamental de trabajo. Con esta herramienta se hizo aparejador en Burgos y luego profesor de la Escuela de Artes. Es pues un profesor capaz y eficaz. Sabe y sabe decir.

Donde no puede alimentarse de certezas, sencillamente porque allí de nada sirven, es en su trabajo artístico. Sin embargo el método que emplea para hacer, es el mismo que con la geometría descriptiva. Con el mismo encono perseverante y crítico se enfrenta a lo desconocido, a lo que ni él, ni nadie, sabe cómo se hace; a lo que sólo surge cuando ello quiere, al misterio insondable de la obra de arte. Del mismo modo que los monjes tibetanos entonan mantras, o los cistercienses gregorianos, igual que las abuelas hacen ganchillo, Mayayo dibuja. Con humildad, sistemática y pacientemente, espera trabajando que la obra magistral se produzca por sí misma, sin forzar, del único modo posible.
Otra de sus particularidades se deduce de lo anterior. Mayayo desconoce el mal de nuestro tiempo y enemigo de las artes: la prisa. No tiene prisa, por lo tanto tampoco ambición. Esto lo hace insobornable, ergo ingobernable y lo que es más grave en su oficio: poco o nada rentable, cuando menos a corto plazo. Esto explica su escasa presencia en las muestras que de pintura se han hecho en los últimos lustros. Mayayo es inclasificable, escapa a la fragmentación necesaria para establecer categorías, que es el modo con el que se intenta explicar todo últimamente, por lo menos todo lo susceptible de ser cultura. En cualquier caso no hay de qué preocuparse. A él le importa sincera e íntimamente un rábano esta cuestión y hace bien.

Como he dicho más arriba, el grueso de esta exposición está compuesto por dibujos de sus cuadernos de apuntes. Los tiene por docenas, todos pulcramente acabados hasta la última página, lo que prueba la constancia en la intención y lo sistemático de la búsqueda. En ellos se puede rastrear su vida afectiva, sus viajes, la llegada de la inmigración a nuestra ciudad, sus andanzas en el mundo del teatro. Hay expuestos un par de centenares, pero podrían ser miles. Lo que más me ha sorprendido al elegirlos es su homogénea calidad. Todos son igualmente correctos, igualmente sinceros, igualmente claros. Es como si nunca hubiera tenido un mal día, un día de esos en los que no te sale nada a derechas. Dibuja del mismo modo que los gusanos segregan seda, calmada e ininterrumpidamente. Le he visto dibujar cientos de veces y es una especie de plóter humano. Todo lo que ve tiene traducción automática en el papel; lenta y primorosamente el dibujo se va construyendo aparentemente solo, es como si saliera del papel, como si lo estuviera calcando.

Durante la polémica ocasionada por la negativa de Antonio López a exponer en el Museo Reina Sofía (como protesta por la poca presencia de pintura figurativa en la colección permanente) se pudo leer en los diarios gran cantidad de artículos a favor y en contra de dicha postura. Fue necesaria la intervención directa de los Reyes para la solución del conflicto y finalmente se realizó la exposición. El mismísimo Tapies tomó parte en la polémica como aladid de los detractores, y en un artículo soltó esta afirmación que era el corpus del mismo: “Copiar la realidad es una actitud escolar” . Al hilo de este alegato me viene a la cabeza el dibujo que ilustra el libro para aprender a hacer arte contemporáneo de la editorial Leda en los años cincuenta (Fig 1), en el que se explica claramente lo que debe ser arte y lo que no. En él se ve claramente cómo como para serlo la imagen debe de dar una vuelta en la cabeza antes de ir a la mano. Hay pues ya, una opinión generalizada (tan generalizada como para divulgarla en un libro de autoaprendizaje) de que el arte es interpretación y no recreación como lo había sido hasta poco tiempo antes.

Ignacio, como yo mismo, somos de los que creemos que la idea de progreso no es inherente al arte, al contrario de lo que se empeña machaconamente en evidenciar la historiografía de arte más al uso. Digamos que un Ferrari es quizás, en términos generales, más eficaz que un carro. Pero de lo que no estamos tan seguros es de que la magnífica “Composición VII” de Kandinsky sea más eficaz que el no menos magnífico “Entierro del Conde de Orgaz” o que las “pinturas de Altamira”. Lo que creemos es que son igualmente eficaces para provocar la emoción necesaria para que la obra de arte se manifieste.

Cierto es que después de Kandinsky, Duchamp, Picabia, o Mondrian ya no se puede mirar la pintura sin contar con ellos, con su mirada. Pero lo que nos negamos a acatar es la obligatoriedad de seguir su camino. Pensamos, al igual que Tapiés, que copiar la realidad es efectivamente una actitud (con “c” ) escolar, pero creemos aún más que es una aptitud (con “p”) para pasar la vida entretenidos a la espera de comprender algo de lo que vemos. Hablando de dibujo, pensamos ambos que para encontrar el Rafael, o el Rembrandt de nuestra época, hay que ir a los tebeos: Giraud (el dibujante del Teniente Blueberry) Milton Caniff, Hugo Prat, y tantos y tantos otros, nos han enseñado tanto o más a dibujar que Ingrés, Rembrandt, Picasso, Otto Dix o Max Beckmann. Recuerdo que preguntado Picasso en los años sesenta por quién consideraba que era el mejor dibujante español, respondió sin dudar que Antonio Mingote.

Para Ignacio y hablando ahora de sus contemporáneos, sus referentes más claros son Lucian Freud y David Hockney. De Freud admira su capacidad para encarnar el alma, el callado pánico que nos produce existir. De Hockney justo lo contrario, el desenfado para evidenciar la intranscendencia de vivir, lo banal de todo esto.
De los aragoneses, admira el modo de dibujar de su buen amigo Gregorio Millas y el de Don Francisco Marín Bagüés. Gregorio Millas es un dibujante excepcional que desgraciadamente no ha expuesto en Zaragoza desde hace tiempo. Recuerdo una magnifica exposición de dibujos en el Museo Provincial en marzo del 84 y otra en mayo de ese mismo año, esta vez colectiva, en las salas de la sede de Ibercaja. ¡De todo comienza a hacer ya bastante tiempo...!, como dijo el poeta. Lo que quiero decir desde estas páginas (con, la por supuesto, complicidad de Mayayo) es que quizás estaría bien organizar una exposición suya para que los que no gozan de su amistad puedan conocer su trabajo como dibujante. A su otro referente aragonés, Don Francisco Marín Bagüés, le ocurre un poco lo mismo. Desde la exposición celebrada en la Lonja (creo recordar que al final de los setenta) no se ha enseñado su trabajo de un modo conjunto y urge, a nuestro juicio, una buena monografía sobre él.

Para concluir me gustaría hacerles una última observación: Miren estos dibujos como lo que son. Son un modo de ver y un modo de traducir esa mirada por medio de métodos ancestrales al papel. No hay más ni menos que esto (lo que no es poco ya esta es la particularidad esencial de lo humano). Podríamos decir que los humanos son monos que hablan y que son capaces de sintetizar lo visto, lo soñado o pensado, por medio de signos comprensibles para otros semejantes, conocedores del código empleado. Esto es en esencia dibujar. Esto es lo que ha hecho Ignacio en los últimos lustros y éste es el resultado.

Pepe Cerdá.

Al óleo o surrealista

Eso del derecho a la “intimidad” es un invento de las grandes ciudades. En los pueblos la cosa es más bien al contrario: el “deber” de cada recién llegado es dar todas las explicaciones que le requieran el resto de las vecinos y por supuesto han de ir por delante las más escabrosas y vergonzantes. Estas serán amplificadas en el bar por los parroquianos, y de ahí al resto del pueblo. Sólo cuando ya haya sido debatido el asunto hasta la extenuación se dará el tema por zanjado.
Si el recién llegado no comprende esto y se niega a responder los impertinentes interrogatorios a los que se verá sometido por cualquiera que se cruce, lejos de conseguir lo que pretende (que es, lisa y llanamente: que le dejen en paz) va a conseguir lo contrario. Va a ser tema recurrente y crónico en el bar, va a ser sometido a una investigación exhaustiva: horarios, relaciones amorosas, pasado, trabajo, inclinaciones sexuales... etc. Con el resultado de estas investigaciones en las que participará todo el pueblo al unísono, niños y ancianos incluidos, y una vez procesadas por el centro de inteligencia: (el bar de la plaza), se construirán todo tipo de especulaciones posibles al respecto.
Cuando yo llegué aquí, a Villamayor, llegue con la ingenua creencia de ser transparente, de que había pasado inadvertida mi llegada. Villamayor tiene dos mil habitantes y está a diez kilómetros de Zaragoza, esto me hizo suponer que sus habitantes no debieran estar tan interesados en las cuitas de los recién llegados como en lugares más pequeños y más alejados de una ciudad. Me equivoque.
Primer día, primer periódico, primer café en el bar de la plaza. Yo todavía era, a los efectos de la cortesía, un ciudadano francés. Al entrar en el bar digo:

-Buenos días, señoras y señores. (Macarrónica traducción del: bonjour, monsieurs, dames recurrente en Francia)

-(silencio)

Me dirijo al fondo del establecimiento, mientras soy mirado sin disimulo. Me acomodo y le digo a la señora que atiende la barra.

-Buenos días señora, sería usted tan amable de ponerme un café con leche.

-¡Pues claro!, que te piensas que estoy haciendo aquí pues, pasar la mañana...

Me lo pone, se lo agradezco, no me responde, me enfrasco en la lectura protectora del periódico, ella se va al otro extremo de la barra, el bar está en silencio, los parroquianos expectantes, y desde el otro lado me espeta:

-¿Tú eres pintor?

Yo balbuceante..

-Sí señora, sí.

-Pues ya me dirás como tengo que pintar el bar.

- Pues... crema. Si crema estará bien es luminoso y disimula la nicotina..

Esa fue toda la conversación. Pagué y me fui.
Día siguiente, mismo sitio, misma hora.

-Señora sería tan amble...

-Sí, ya sé, un café con leche.

Vuelve a irse al otro extremo, los parroquianos en silencio, y desde el otro lado me vuelve a espetar:

- Oye tú, que me han dicho los Cirilos, que tú pintes cuadros, que ellos ya pintarán bares..

Los Cirilos eran los pintores de brocha gorda del pueblo y por otra parte excelentes profesionales como supe después. Vaya, resulta que en dos días ya había tenido mi primer conflicto de intereses profesionales con los otros pintores que aún no había tenido el gusto de conocer. Me enfrasqué otra vez con el periódico.
El parroquiano de al lado pegando la hebra se dirigió a mí y me dijo:

-Así que eres pintor...

-Si señor.

-Pero tú eres pintor de esos que pintan al óleo o surrealista.

No recuerdo que le contesté, pero desde aquel día la frase anda dando vueltas por mi cabeza y no descarto escribir una nueva historia del arte atendiendo a esta nueva diferenciación estilística: al óleo o surrealista.
Para que luego digan que se pierde el tiempo en los bares.

De los que creen y de los que rien

De los que creen y de los que rien

Vaya por delante una aclaración: El Arte para mí es una cosa tan, tan seria como la Muerte. Por esto, precisamente lo serias que son, me tomo a ambas desde el más intimo y exacerbado cachondeo. Tomarlas desde otro sitio, desde la gravedad que sin duda poseen ambas, produce un efecto paralizante, si no se tiene fe; o te llevan directamente a un monasterio, si se tiene. Como yo no quiero ni anquilosarme ni vestir hábitos, sólo me queda la tercera vía, el tercer camino al “conocimiento”, por otra parte muy español, el del humor.
El Humor lleva consigo una gran dosis de desesperanza que se intenta paliar con el más grande de los paliativos: la risa. El problema viene dado cuando el respetable confunde esta sana postura de distanciamiento con irreverencia con respecto a lo único que en esencia nos hace hombres: con el arte.
Soy consciente de lo difícil que es explicar mi posición al respecto, que será tan evidente al que la comparta y como sacrílega al que no la comparta.
El pánico ancestral e intrínseco que el hombre siente ante lo único cierto: La muerte. Es el origen de las religiones y las artes. Los que como yo no acataron el modo oficial de entenderlas fueron perseguidos y quemados por herejes. Aun hoy, hay en marcha algunas guerras religiosas. Ser un “infiel”, es decir no tener fe, es algo que se sigue castigando en nuestros días. En el caso de las artes es también un poco así. Cuando se pretende hacer arte el no posar en las fotografías con cara de “indio tomando bicarbonato”, como Tapiés, como Saura,... como casi todos los bendecidos como santones por el sistema financiero, se considera una herejía. Por si la imagen no bastara en sus textos y entrevistas hacen hincapié, en lo sagrado e importante que es su papel como médiums entre lo sagrado ( expresado por sus garabatos) y lo humano ( todos nosotros). No tomarse en serio esta postura viene a ser como para los creyentes caricaturizar la consagración. La cosa es tan seria que el estado admite como el papel moneda sus obras como pago de impuestos y fianzas carcelarias ( léase la prensa de los últimos lustros, especialmente en como han pagado sus deudas con la sociedad los adalides de la cultura del pelotazo).
La postura contraria, aún siendo la más razonable, la de no tomarse tan en serio ni a uno mismo, ni a lo que hace; aún permitiendo una más y mejor capacidad para ver y verse (nutrientes fundamentales del arte y de la literatura a mi juicio más interesantes), es perseguida y ninguneada desde todos los ámbitos. El trabajo artístico (sí, he dicho artístico) saliente de estos ocupa el puesto que se merece sólo cuando ya está neutralizado, cuando el tiempo lo ha hecho inerme. Estoy pensando en Quevedo, y sus tardo hijos; en Mihura, en Tono, en Camba, en la única oposición real hecha al franquismo desde el franquismo y con humor: en “La Codorniz”. Estoy pensando en Goya, en Picasso (sí he dicho Picasso, falta, después de tanta hagiografía, algún libro que estudie este aspecto, aunque los de Richardson ya lo apuntan para un lector atento; además Picasso sale muchas veces riéndose en las fotos), en Dalí (el artista cachondo por excelencia), en su “primo” Duchamp y en muchísimos más, pero si aún no me han pillado lo que les quiero contar una lista más larga no haría sino cansarles inútilmente.
Y nada más lejos de mi intención.

Nada que decir

Hace unos días que no tengo nada que contar, y mucho que hacer. Eso de contar, en mi caso, tiene mucho que ver con eludir mis verdaderos deberes, y ya va siendo hora de que deje de escabullirme. Como han venido leyendo hasta ahora Dios no me ha llamado por el camino de la literatura, quizás tampoco por el de la pintura, pero de esto último tengo una licencia fiscal, y a ello parece que me dedico.
Lo de intentar pintar y conformar cuadros decentes, es una muy ardua tarea, que, créanme, le deja a uno para el arrastre, y generalmente de muy mala leche. Ocurre con casi todo lo susceptible de ser un entretenimiento: con la música, con el deporte, con el sexo, con la literatura; todas estas cosas son agradables pasatiempos cuando se practican por afición y autenticas torturas cuando se ejercen como profesión. Así ha de ser.
No obstante sé, que si resisto lo suficiente, que si persevero, cuando ya esté a punto de abandonar, entonces y sólo entonces algo saldrá. Saldrá lo que ello quiera, no lo que yo desee, pero seguro que llegamos a un acuerdo entre ello y yo, o eso espero.
Por esto los grandes artistas no dejaban jamás de trabajar y lo hacían de un modo obsesivo. Para no tener que enfrentarse con la aguda crisis de volver a aprenderlo todo, de volver a dudar de todo.

Teoria de las distancias

Hace unos días que he comenzado a pintar acuarelas para engrasarme, después, cuando llegue el momento, vendrán, espero, los cuadros. El proceso es como el del vómito, primero el malestar, luego la nausea y después, irrefrenable, el vómito. Nunca se sabe cuando se va a producir pero hay que estar preparado.
Hacer algo que nadie te ha encargado, y que en el fondo a nadie le importa, es un poco extraño en esta cultura de la rentabilidad. Máxime cuando se te va a juzgar por ello. Primero uno mismo y luego todos los demás. Barceló, que es en el fondo un creyente dice: “pinto porque la vida no basta”, y dice también rendirle cuentas sólo a su familia: a Tintoreto, a Rembrandt, a Goya, a Ticiano...Como envidio su sobredimensión del Ego, su fe, además escribe muy bien y como es sabido, le va estupendamente. Yo jamás podré mirarme a mí mismo con esa prosapia sin partirme de risa. Hacer desde el descreimiento, aún siendo un método más cartesiano, más moderno, es mucho más duro. Es como soñar despierto, sin estar loco, sin psicotrópicos, sin que Dios te lo chive a la oreja como a Santa Teresa. Creo que esa es la diferencia esencial entre nuestros más grandes pintores, entre Goya y Velázquez: la distancia, como en los toros. Creo que Velázquez no dio ni una sola pincelada emocionado, quiero pensar que ni siquiera se manchó de pintura jamás. Al contrario, me imagino a Goya revolcándose en la pintura, luchando contra ella, follando en ella. En el fondo no son más que dos métodos para acercarse a un mismo fin.
Bueno me voy a pintar que ya vale de cháchara.
¡Pintor, pinta y calla!

ARCO 3

Arco está cerrado. Lo dicen por megafonía. Dicen que se vaya saliendo y que hay que enseñar los bolsos y los macutos a los de seguridad, no sea que alguien se lleve algún objeto artístico. Casi todos los años roban alguna cerámica de Picasso y la noticia sale en todos los periódicos. Los galeristas para impedir estos robos ponen una cinta de precinto adhesiva cerrando el stand.

Los galeristas salen apresurados con sus equipos portando carpetas y maletines. Siempre quedan algunos visitantes rezagados que apuran hasta el último minuto para fijar en su retina todo lo que ven. Suelen ser estudiantes de arte que han venido de provincias y que tienen que rentabilizar al máximo el precio de la entrada y el viaje. Sueñan con exponer alguna vez allí y piensan que si hacen bien los deberes, si hacen lo correcto, serán seleccionados en algún concurso nacional y de allí a alguna galería que les expondrá en alguna edición futura de ARCO. Para que esto ocurra creen que deben desentrañar el enigma resultante del batí burrillo de lo visto. Y llenos de esperanzas y de planes vuelven a sus casas cansados en el último autobús.

Se supone que el sitio donde se expone; El pabellón de I.F.E.M.A., es un sitio aséptico e ideal ya que no aporta nada a las obras. Es un edificio preparado para hacer Ferias de muestras. Para enseñar a los potenciales clientes los últimos tractores, máquinas o cualesquiera cosa que se quiera vender. Y por eso ha de servir para todo. Como las navajas suizas. Esta particularidad le da un aspecto de gran plató de televisión en el que se pueden filmar desde los informativos a las teleseries. Los focos cuelgan de las estructuras, todo es provisional y cambiante. Esto lo convierte a mi modo de ver, en un “no lugar” en un sitio que no debe significar.Como las gasolineras y todas las franquicias. Como tantos y tantos en nuestros días…

ARCO 2

ARCO 2

ARCO 2

Los reyes están en A.R.C.O. Se nota por la muchedumbre de encorbatados que les rodean y que atestan los pasillos. Las cámaras de televisión iluminan violentamente los stands cuando filman al rey o a la reina charlando distraídamente con algún aterrado artista o galerista.

En Ámsterdam, en la Kunit Rai (el equivalente a ARCO allí), una dama se interesó por un cuadro mío. Estuve un rato hablando con ella en francés y su cara me era conocida, pero no sabía de qué. Mi galerista estaba hablando con otros clientes y no hizo el menor gesto. Cuando se fue le pregunté que quién era. Me dijo sin darle importancia, que era la reina Beatriz, que le gustaba el arte y que solía visitar la feria. Cada país tiene sus costumbres.

Lo que ocurre con ARCO es que es mucho más que una feria. Que importa a muchos más que a los que les importa el arte. Un fenómeno social y sociológico que excedió desde el principio todas las previsiones. Por eso el estado y sus representantes tienen que estar ahí. Cosas de la democracia.

Otra cosa es que eso que llamamos hacer arte, o intentarlo, importe, y creo que es mejor así. Es mejor que el arte no importe. Cada vez que a los estados les ha importado el arte ha sido un desastre. El arte le interesó al III Reich, a la china de Mao, a la Rusia de Stalin.

Por eso prefiero estar en sitios dónde el arte no les importe mucho a los estados o sus representantes. Ya sea al estado Holandés, o al estado Español, que más da.

ARCO

ARCO

ARCO 1

Que sitio más feo es ese de A.R.C.O. Que ridícula impostación de todo el mundo. Los visitantes, los galeristas, los artistillas...Que tontorrón es todo. No sé cuando empezó todo esto. Pero ahora parece que no hay quién lo pare. Visito, y a veces expongo, tres o cuatro ferias al año; la F.I.A.C., Basilea, a veces Colonia y no sé muy bien a qué voy. Paseo larga y penosamente por la moqueta marrón. Saludo, soy saludado, me cuentan milongas...Pla. el escritor catalán, dividía el mundo entre amigos, conocidos y saludados.

¡Qué sabia distinción! En esto del arte los amigos pasan a saludados o al revés con mucha frecuencia. Gente que se alegra muchísimo de verte en París o en Basilea, no me saluda en Madrid o al revés. Cuando veo a algún conocido en la feria siempre espero unos instantes expectante para ver cual es su reacción al verme para que mi respuesta a su saludo sea proporcionada.

Hay muchos tipos de saludos: levantar las cejas cuando te cruzas por los pasillos, quiere decir que los niveles de importancia son parejos y que se guardan las ganas de alegrarse de ver para alguien más importante que esperan encontrar mas adelante; Palmadas y abrazos, esto significa un grado de sumisión por parte del efusivo, que generalmente va acompañado por alguien al que quiere hacer creer que él conoce y se mueve en el mundo artístico con soltura. Dar la mano fría y blanda, pretenden parecer elegantes y distantes, generalmente miran a otro lado mientras te están saludando...En fin se podría escribir un tratado del saludo en las ferias de Arte pero no me voy a extender aquí.

A mi me recuerda un poco a los patios de las cárceles en las que se pasea en círculo. Pasear en un sitio cerrado es en sí mismo una contradicción. Lo de ver las obras de arte que allí se exponen es otra cuestión. Podemos convenir que el arte , el de verdad, es un bien escaso. No obstante en las ferias de arte es apabullante la cantidad de objetos, cachivaches, cuadros, imágenes que se proponen como objetos artísticos.

Se supone que el visitante y coleccionista decidirá lo que es arte cuando lo compre y haga ostentación de su posesión. Este es otro apartado: el modo como se compra en las ferias. Los cuadros recién sacados del almacén reposan desordenadamente apoyados en la pared. El cliente, casi siempre acompañado por unos amigos se rasca la barbilla con cara de ensimismamiento. El secretario de la galería espera expectante cualquier gesto. El galerista detrás del cliente argumenta las bondades de la obra y le cuenta el próximo despegue de la carrera del artista en cuestión.

No sé a qué voy a las ferias de arte. Sin embargo estoy seguro que este año visitaré, como todos, unas cuantas.

Exito

Cuando pienso en la fragilidad de la estructura que nos sustenta, a los no sometidos a orden funcionarial, me aterro. Que fácil es perder pie y dejar de ser. Para “ser” en el primer mundo hay que tener : una saneada fuente de ingresos, buena salud, buen humor y ,a ser posible, ocupar un puesto razonable en la escala social. Cuando uno de estos aspectos falla, se suele resentir el aspecto siguiente, que empuja al siguiente y así, en un “plis plas”, como las fichas de dominó, se te va todo al garete.
Yo he sido dos o tres veces pobre, pero como era joven y artista se me perdonaba. Cuando se es joven se tiene crédito por el mero hecho de tener vida que gastar. Pero, ¡ay!, de aquel que tenga la desgracia de que la estructura se le rompa en la madurez.
Conozco decenas de casos, seguro que ustedes también. Las nuevas tecnologías dejaron en la calle a miles de profesionales, que ya no tuvieron tiempo de reubicarse. Por ahí andan, paseando por los parques con el traje de hace diez años y asistiendo a cursos del INEM, en el mejor de los casos, y directamente mendigando en el peor.
Esto es el liberalismo económico, así es, que le vamos a hacer.
En el mundo de la farándula, y en España, la cosa es aún más terrible. Si se tiene, eso que se llama,“éxito”. (lograr un papel de protagonista, en el caso de un actor, una gran exposición en un reputado museo, en el caso de un pintor...) pues resulta que como el “éxito” en este país no es como el americano, que te saca para siempre de la pobreza, apenas te da para quitarte los nervios una temporadita. Esto te obliga a tener “éxito” todos y cada uno de los meses de tu vida, cosa, dificilísima e improbable. Fernando Fernán Gómez, hombre de inconmensurable talento, lo cuenta muy bien en sus memorias, dice: “Yo llevo teniendo”éxito” desde que tengo uso de razón, y apenas da para los taxis y para invitar a comer a los amigos; el éxito en este país es una birria”.
Esto obliga a estar en perfecto estado de forma psicofísca permanentemente. Y a nada que te despistas te caes de la bicicleta y te pasan todos por encima. Para gran chanza y regocijo de los colegas y espectadores funcionarios.

-Si ya se lo decía yo. ¿Pero quien se había creído que era?.

La solución es tener fe y no volver a pensar en esto. La providencia nos guía y todo está escrito.
¡Salud!

Dietarios

Siempre he leído con gusto los dietarios, o diarios, o como quiera llamársele al gusto por explicar y explicarse el devenir de la vida jornada a jornada. He leído los de Trapiello, los de Pániquer , los de Plá, los de Warhol, los de Haring y muchísmos más.
En todos se hace ostentación de una falsa sinceridad. Todos ellos se saben importantes, o lo que es lo mismo impostores, y se presentan al mundo con la tramposa humildad de los soberbios. Son en definitiva intelectuales o artistas explicando su mundo y sus obsesiones a la posteridad.
El blog es otra cosa, aún siendo la misma. Se escribe, como en los dietarios, día a día y se lanzan al mundo las obsesiones, los miedos, las impresiones, las soledades y todo lo que se quiera, pero desde la inmediatez onanista y anónima. El escritor de blog se sabe insignificante, no se cree elegido por la sociedad para “pensar o crear en su nombre”como insensatamente se creen los próceres de la cultura. Esto le hace libre y leve, para decir y para volar. Desde que leo otros blogs ya no leo dietarios impresos y se me ha abierto un mundo, el mundo de los hombres y mujeres que dicen lo que les pasa, y lo dicen “de verdad”. Este ejercicio raramente se produce en la vida diaria.
Leo con gusto el de Nicolás,divorciado con hijos que dice que gusta pasar desapercibido; el de Susana, joven arquitecta en Asterdam, que goza y sufre su estancia allí, supongo que haciendo el proyecto fin de carrera, el de Dama de agua, a la que supongo más instalada en Bruselas, el de Teresa ( que lo tengo linkado aquí al lado) del que no sé si me gustan más las fotos o los textos, y el de tantos como quiera.
Esto es la red, cualquiera puede decir, y al hacerlo prueba que todos los humanos somos exactamente igual de geniales.

Carnaval

Carnaval

Hoy salgo en el periódico Heraldo de Aragón disfrazado de Moreno Carbonero.
Me llamaron hace una semana y media para proponerme participar en un conjunto de reportajes que durante el carnaval irían apareciendo. La cosa consistía en disfrazarse de un personaje de mi elección. Cavile un poco sobre la conveniencia de salir en este tipo de reportajes. Y me dije: ¡Porqué no?. Así que acepte.
A los pocos días me llamó la redactora, Victoria Martinez, y me propuso quedar en una tienda de disfraces para elegir uno, y seguidamente me maquillarían y me harían las fotos. Esto ya me pareció más peligroso. Supongamos que en la tienda solo quedaba el disfraz de “Pluto”de mi talla. Mi carrera, bastante maltrecha ya, destrozada por un mal día. Nadie le puede comprar cuadros a alguien que se disfraza de “Pluto” y que encima sale así en el periódico. Empecé a preocuparme seriamente.
En París, hace muchos años, en un momento de penuria, una especie de sobrino putativo que teníamos Jorge Gay y Yo, Carlitos, el de Eurodisney, que nos visitaba los fines de semana, ya me lo propuso. Bueno de Pluto no, había que empezar por abajo, lo que me propuso fue un puesto de trabajo en toda regla. Me dijo que habida cuenta de mi morfología me había conseguido un puesto de “Oso aparca coches”, y que no me preocupase que ya iría ascendiendo. Entonces me negué y luego lo sentí, no todo el mundo puede tener en su currículo profesional un trabajo como este.
Pero a lo que estamos. Estaba claro que en la tienda de disfraces no iba a resolver el problema, si yo no lo tenía claro. Si había aceptado participar, como espécimen, en este nuevo periodismo espectáculo tan en boga, era para que tuviese algún sentido, al menos para mí. Entonces pensé en mi admirado Moreno Carbonero del que ya hablé en este blog. Ese sería el personaje. Hable con Victoría Martinez, que no puso inconveniente.
Como no había nada más lejos de mi intención que caricaturizar al personaje, me vestí, como supuse que lo hizo él para entrar como miembro a la Academia de San Fernando: con chaqué y chistera. Y me lo imaginé el mismo día, antes de salir de casa, engalanado, entrando al estudio para darse fuerzas y no pudiendo resistir el retocar alguna de sus obras.

Tribaldos

Tribaldos

Fin de semana en Tribaldos, provincia de Cuenca, noventa kilómetros de Madrid por autovía. Javier Baldeón se ha comprado una casa señorial, y por supuesto en ruinas, allí. Entretenimiento para los próximos tres años con la cosa del bricolaje. Javier, como hacen todos los que están en su trance, ha comenzado por demoler los pocos tabiques que estaban en buen estado. Ahora reina sobre quinientos metros construidos, todos repletos de cascotes, sacos de yeso y herramientas de todo tipo. En una de las habitaciones ha puesto una estufa de leña y en la adyacente un colchón en el suelo, y allí, a pie de obra, vive feliz. Por si no lo habían deducido todavía Javier es un artista.
Conozco a decenas que han hecho lo mismo. Los artistas, los de verdad, son eminentemente constructores. Al principio de sueños, después, ya de mayores, del sueño recurrente de todo nómada: de su casa; de su propia casa. En eso anda Javier, por eso está feliz.

Desollados

Desollados

Me llama Jaume Plensa y me dice que mañana inauguramos en Madrid. Vaya, y yo otra vez sin enterarme, debe de ser mi sino esta semana.
En realidad es él el que expone el conjunto de escenografías que ha realizado en los últimos años. Jaume ha ganado incluso el premio de Salzburgo al mejor escenógrafo con los decorados que hizo para la ópera Atlántida de la Fura dels Baus, ya saben el grupo de teatro catalán. Yo he colaborado puntualmente con él, concretamente realizando el diseño de unas mallas que llevaron los actores de la ópera, también de la Fura, titulada San Sebastián. La cosa era que tenía que parecer que les habían desollado. Para lo cual yo pinté, primorosamente, en los patrones los músculos correspondientes para conseguir este efecto e hice algunos bocetos. Jaume los ha incluido en su exposición y además, me dice que tengo que ir porque han quedado muy chulos. ¡Otra vez a encontrarme con mi pasado!. Tengo que leer mi horóscopo de esta semana.
Los hice a toda prisa, como siempre, en mi casa de Kremlin Bicêtre. Para lo cual tuve que ponerle un pijama ajustado a mi amigo Ricardo Yaya y dibujar encima los músculos. Luego romperlo y pasarlos al lienzo, pintarlos y de ahí a imprimir la tela.
Hasta ahí sin problema. El problema se planteo cuando cosieron los trajes. Como yo lo que había pintado, por decirlo en términos ganaderos, era “la canal”, es decir el cuerpo cortado por el eje de simetría y extendido. Al confeccionar la vestimenta resulta que les faltaba una parte anatómica fundamental, que precisamente está en el eje de simetría: la raja del culo y su antípoda delantera. (el cuerpo de baile era fundamentalmente femenino)
De esto se dieron cuenta en el ensayo general de la víspera del estreno, ya que para no estropear los trajes no se los pusieron hasta el último día. Cundió el pánico. Viaje relámpago a Barcelona. El cuerpo de baile me esperaba con las piernas abiertas y con los toques de pintura adecuados la cosa se resolvió en un pis, pas.
Ahora resulta que los patrones pintados por mí y alguno de los trajes están expuestos, ni más ni menos que en el Museo de Colecciones I.C.O. Formando parte de la exposición titulada: “JAUME PLENSA, ópera, teatro y amigos”. Mañana voy para allá y ya les contaré.

Ida y vuelta

Ida y vuelta

A mí Madrid no me mata; a mí me cansa, me fatiga, me empacha. Ayer estuve. Viaje relámpago e intenso. A.V.E 12 de la mañana. A las 2.30, ya en Madrid, comida con Cayuela, el director de “Letras Libres”, y José Antonio de Gabriel. Le entrego unas aguadas que saldrán en el siguiente número y que ilustrarán una entrevista a Claudio Magris. Hablamos de Méjico, de Palestina (Jose Antonio es observador internacional y acaba de volver de las elecciones para elegir al sucesor de Arafat), de la ignominia de la franja de Gaza (dos millones de personas en un territorio vigilado de 40 kilómetros por 6: un campo de concentración), de la ex Unión Soviética, así hasta que Ricardo Cayuela ha de irse le esperan en la Universidad Complutense. Yo ingenuamente le pregunto:
-¿Estás dando un seminario?
-No, soy yo el que recibe las clases.
-¿Tú?, no jodas..
-Sí, ya ves, cosas de los papeles...
Esto de la universidad cada vez lo entiendo menos, pero claro el reglamento es el reglamento, pero supongo que si Fernando Alonso no tiene carnet de conducir, quizás le convaliden las clases prácticas, aunque quizás no, vaya usted a saber...En cualquier caso no me gustaría ser el profesor de literatura de Ricardo Cayuela, ¡vaya papelón!.
Paseo por Madrid. Me duelen los pies. He estrenado unos botos camperos y, lógicamente, me rozan. Los de provincias siempre que vamos a Madrid nos “mudamos”, estrenamos algo, y claro aún se nota más que somos de provincias. Como cuando los pobres van de boda. Me compro unos zapatos. José Antonio me acompaña. Luego nos vamos a tomar un café al Círculo de Bellas Artes. Después a la Academia de San Fernando; que maravilla de Museo; que Español y que poco Francés. Me gusta. De allí a casa de Cristina, la novia de José Antonio, y después a la exposición de Jaume.
Gran inauguración, no faltaba nadie. La exposición es magnífica. No se ha limitado a poner las maquetas, y los bocetos, no; ha construido un mundo por el que te obliga a deambular. La iluminación, tenue y suficiente, subraya y acaricia las piezas. Los videos cuelgan del techo y levitan en el centro de las salas. Si pueden no se la pierdan. Allí, en unos maniquíes, estaban los trajes de los desollaos; así como los originales que hice para su ejecución.
Saludo, soy saludado. Salgo a la calle a fumar, enseguida llega Plensa y Laura, y allí nos quedamos como porteros de discoteca. Como ya somos América ya no se puede fumar en ningún lado y hay que joderse de frío en la puerta de los sitios. Enseguida hacemos pandilla y de allí al bar más cercano, como siempre.
Cena de inauguración en Casa Manolo. Copas. Cuatro de la mañana.
A las seis me suena el despertador. El A.V.E sale a las siete. Amanece en los campos de Guadalajara. Nueve menos cuarto en Zaragoza. A las diez en el taller de Ibercaja. Comida con amigotes.
Vuelta a casa. Y créanme si les digo que ahora estoy un poco cansado.

Seducción

Seducción

El otro día me encontré con un amigo que me dijo desde el otro lado de la acera:
-¡Nos vemos esta tarde!
Yo le contesté:
-¡Ah, y donde!
-Donde va a ser en tu inauguración.
-¡Coño!, y ¿Dónde expongo?.
-Ja, ja, venga no te hagas el tonto, luego nos vemos...
Y yo ni idea.
Resulta que hace meses recibí una serie de llamadas de los organizadores de una exposición que pretendían hacer sobre los últimos cien años de presencia de artistas aragoneses en París. Querían exponer obras realizadas en la capital francesa y en una determinada época. A mí me tocaban los primeros noventa. Como tengo la mala costumbre de vender cuadros no tenía nada representativo de ese periodo y, después de unas gestiones, les puse en contacto con un par de coleccionistas que tenían cuadros de esos años. Después recibí un generoso y erudito texto escrito por Ricardo Marco que prologaría mis obras en el catálogo Y como tengo mil cosas en la cabeza, me olvidé del asunto. Como la eficacia de los comisarios ha sido ejemplar, toda la preparación ha ido sobre ruedas, ya nadie me había vuelto a molestar. Tanto es así, que yo pensaba que por la razón que fuese o se había pospuesto o se había desestimado. Pero no. Y tras una corta indagación me enteré que se inauguraba en el Museo Camón Aznar esa misma tarde.
Allí que me acerqué.
La exposición se titulaba: “La seducción de París: Artistas Aragoneses del Siglo XX”. Allí estaba todo el mundo tanto en las paredes como entre el público. Los de las paredes, por ley de vida, estaban muertos en su gran mayoría. De los vivos por allí
andaban tres o cuatro. Vi a José Orús, a Santiago Arranz, seguramente habría más pero estuve muy poco tiempo. Me produjo una extraña impresión ver los cuadros, hechos por mí, pero que hacía tiempo que ya no eran míos, que no los veía. Recordé, súbitamente el momento de hacerlos, las tremendas dificultades, tanto económicas como técnicas que me supuso el perpetrarlos. Recordé como viajaba en el metro de París con pesadísimos cristales que casi nunca llegaban enteros al estudio de la cité. La vida con poco dinero, y este poco destinado sin dudar a la obra, lo único importante, lo que lo justificaba todo. Las noches preguntándome que diablos hacía yo allí. La cabina de monedas del Boulevard Jourdan que se cortaba constantemente, desde la que reclamaba una miserable deuda a Norberto Dotor (Galería Fúcares) que a día de hoy aún no ha satisfecho, con la que pensaba pagarme un poco más de oxígeno parisino. ¡Cuánto sordo, baldío y mudo esfuerzo!. Ya no me acordaba, no merecía la pena recordarlo. Por eso creo que tampoco me acordaba de la exposición. Pensé por un momento en el resto de los que exponían. Primero en los muertos: en Gónzalez Bernal, en García Condoy, en Ramón Acín, muertos todos antes de hora sufriendo las convulsiones de la época. Ramón Acín: fusilado por ser bueno y honrado. González Bernal comido por el bacilo de Koch en un lúgubre Hospital de Malmaison. García Condoy por el cancer en Madrid. Aguayo en la rue Beliere malvendiendo sus cuadros a la galería Jeanne Boucher de rue de seine que a día de hoy aún sigue nutriéndose de stok del finado, mientras su viuda hasta hace unos años vivía de la caridad francesa. Cuanta locura, cuanto esfuerzo, cuanta tristeza. Sí, discúlpenme, esto vi yo allí en las paredes, tristeza, mucha tristeza. Mucho anhelo sin objeto. Muchos temas de tesis doctórales de la Facultad de Filosofía de Zaragoza por hacer. Esto que ha sido el nutriente, de un modo generalizado, de lo artístico en este último siglo, a mí, ya no me parece una virtud. En el fondo estamos hablando de cristianismo, del mártir, del proceso de purificación necesario para alcanzar la “gracia” en la otra vida.
Yo cada vez estoy más convencido de lo contrario: ¡Hay que ser feliz y pintar la felicidad!. ¡Hay que aspirar a ser un burgués total!. Como Velázquez. Como Goya. Como Picasso, Como David Hokney. Y dejarse de sufrimientos inútiles, que, créanme, en nada favorecen a la obra.
Yo he vivido ocho años en París y tres, antes, en Madrid. En general estupendos años, más por la edad que yo tenía entonces que por las circunstancias, pero nunca olvide que en un viaje, tan importante es la ida como la vuelta.
Por esto se me había olvidado que exponía.

Juan

Juan

Juan se ha marchado esta mañana, después de pasar unos días conmigo en Villamayor. Juan es amigo mío. Juan y yo llegamos a París a la vez, allá por el noventa, al colegio de España de la Cité International Universitaire. Es vasco, de Bilbao, y semiótico. Procura mantener una apariencia indolente, más por estética que por otra cosa, pero los que le conocemos sabemos que todo le duele y que todo le afecta. Pero, claro, primero por vasco, segundo por semiótico y tercero por parisino no ha tenido otra opción que aguantar el tipo y lleva toda la vida interpretando el personaje que le ha tocado en este loco reparto que las circunstancias nos imponen.
Hacía años que no pasábamos unos días juntos. Ambos, somos ya otros, pero aún nos acordamos de quienes fuimos. Es una sensación agridulce, extraña y entrañable. Esta mañana, de madrugada, le he dejado donde le recogí; en una sórdida estación de autobuses pre-democrática que huele a sueño y a orín. Esta noche ya en T.G.V. llegará a París. Y ya, ambos, volveremos a ser lo que somos; es decir, animales ocupados por acuciantes obligaciones banales, en el mejor de los casos, o imaginarias, en el peor, que posponen sistemática y eternamente lo importante. Así, hasta que lo imponderable se presente y ya no haya tiempo para nada.

El cazador de patos urbano

Como todo ser vivo sometido a sexualidad la “rubia mechada zaragozana” tiene su ser complementario, al que yo llamaría el “cazador de patos urbano”. Es tan clásico como ella y no termina tampoco de desparecer. Con pequeñas variantes se da en toda la geografía nacional, pero sobre todo en estas tres grandes ciudades: en Madrid, en Sevilla y en Zaragoza, donde son legión.
La descripción de zootipo es esta: bata corta verde de “guatiné”, ( creo que se llaman Huskyn, o algo así), camisa blanca ablusonada, pantalones claros o granates, largos de tiro y bien puestos en su sitio, cinturón de cuero trenzado con la hebilla en el eje exacto de simetría, el pelo siempre peinado hacía atrás con kilos de gomina y caracolillos rebeldes en la nuca. Por los zapatos se puede diferenciar el origen: si son sevillanos: camperas; standard de raza: Bertin Osborne. Si son madrileños Sebagos, standard de raza: Alvaro de Marichalar. El de Zaragoza es un subgrupo del Madrleño, no obstante, como regla general, cuanto más al norte los zapatos son más granates y más relucientes.
Supongo que este terno tiene como epicentro el club de ganaderos sevillano. Sería una copia nacional del “gentleman farmer” inglés que debió venir fotografiado, como uniforme aconsejado, en los prospectos publicitarios de los primeros “land rover” que sustituyeron a los caballos en las interminables fincas andaluzas. El tradicional traje campero fue sustituido paulatinamente por este otro más británico. Hasta aquí comprensible, pero lo inaudito es como salió de las dehesas para convertirse en una suerte de uniforme de la buena sociedad madrileña, primero; y de allí al resto de España. Esto sería objeto de tesis doctoral y nada más lejos de mi intención, por el momento.
Lo que sí que he podido constatar, desde hace ya años, es que en las mejores Galerias de Arte de Madrid, las que andan por la calle Columela, es frecuente encontrarles en las inauguraciones. Con sus todo terreno aparcados en doble fila, o encima de la acera, como si tuvieran que salir a cazar inmediatamente después de adquirir las más rabiosas y rompedoras, obras de arte contemporáneo. Y es que algo de cinegético ya tiene esto del coleccionismo madrileño. Han descolgado las disecadas cabezas de ciervo y de jabalí para sustituirlas por sus Tapiés, sus Barceló o sus Gordillo. En las cenas de inauguración posteriores al evento a nada que se haga oreja se escucha este tipo de conversación:

- Para Tapiés bueno el de Rodrigálbarez y que bien de precio que lo consiguió...
- Sí, pero nada tiene que ver con tu sopa de Barceló, mira que tienes ojo y eso que me aconsejaste que comprara entonces, si te hubiera hecho caso...
- No te quejes que ya diste en el blanco con Pérez Villalta, en la primera exposición en Soledad...y fíjate como se ha puesto..
- Por cierto me han dicho que hay un chico que promete mucho, lo apadrina Schnabel y creo que ya tiene apalabrada una exposición en Nueva York...Creo que Rodrigálbarez ya ha comprado varios...
- ¿Y tú?; ¿No te lo irás a dejar escapar..?
- No ya tengo reservados dos, pero no sé con cual quedarme.
- El que no quieras tú me lo quedo yo.

Y es que a las formas de cazar que son, básicamente, estas: a la espera, a la carrera, con cepo o con hurón, les precede siempre el conocimiento del entorno y de las piezas que por ahí abundan, y si lo que se busca es un trofeo con el que prestigiar la casa y la pericia del cazador la, supuesta, información privilegiada es fundamental.

Cultura del analgésico

Cultura del analgésico

En esta cultura del analgésico en la que vivimos todo lo que no es lozano y saludable debe esconderse. Se muere en unos sitios indescriptibles, asépticos alejados de la mirada de los sanos. Todo ha de hacer creer que esto es interminable, que eternamente consumiremos los placeres que la sociedad de consumo nos brinda. Es como la cándida esperanza de que el tiempo es eterno de la niñez Nos venden planes de pensiones para ir al caribe tras la jubilación, con la próstata, se supone, en perfecto estado de revista para disfrutar de las mulatas de la foto. ¡Es ridículo! Pero funciona.
En un pueblo como este, los de los tumores, hemiplejías y esclerosis no se esconden tanto, incluso vienen al bar y se lleva la vida y la muerte de un modo más natural.
Esto es muy importante. Asumir, intima y profundamente, que vamos a morir y que el futuro no es otra cosa que decrepitud; es el pensamiento mas revolucionario y pernicioso para la cultura analgésica que vivimos.

Crédito

Crédito

El mundo económico y el sistema financiero han hecho creer lo imposible, lo insensato. No sólo saben en que consiste el futuro, lo desconocido, sino que saben cuanto va a costar, le ponen precio. Estoy hablando del crédito, ( sospechosamente se parece al credo cristiano, a la fe). El crédito sólo es posible desde la fe en el progreso.
Al héroe moderno antes de salir a por el Vellocino de Oro, se le propone un seguro de accidentes y un plan de pensiones. Paradójicamente la sociedad fundamentada en la idea de progreso, le tiene pánico al futuro. Esto es porque en el fondo de nosotros todos sabemos que la única medida con la que contamos es nuestra propia vida y que esta es finita. Y aunque debamos creer ciegamente en el crecimiento continuado, sabemos que nada crece ilimitadamente. Digo esto porque esta idea es uno de los principales nutrientes del arte. Todos somos excelentes poetas la noche antes de que nos condenen a muerte.