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Navidad

Hoy ya saben lo que es.
Boca seca, acidez, la garganta destrozada, empacho...
Esto de celebrar las fiestas comiendo viene e otros tiempos, de cuando la ingesta de proteínas era escasa y el trabajo físico mucho. Pero ahora es una tortura.
Ayer, más por detener una hora la ingesta que por devoción, asistí con mi sobrino, a misa de gallo en el pueblo. El cura Juan, que es amigo mío y al que aprecio sinceramente, me había, como muchos otros, enviado un par de mensajes al móvil, felicitándome la navidad. Esto, unido a que no le había visto nunca celebrar, termino de decidirme.
A las doce de la noche, comenzó, puntual, la misa. La liturgia tuvo algunas variantes respecto a las que yo recordaba. Lo de darse fraternalmente la paz, no sé si por ser navidad, o por que, ha cambiado, ha sido sustituido por abrazarse. Cuando yo le tendí, inocente, la mano a una gruesa señora con abrigo de astracán que olía a naftalina, fui súbitamente abordado por detrás por otra que me abrazo como si de nuestro último oso pirenaico se tratara. Esto hizo que me arqueara un poco hacia atrás. Momento que aprovechó la del astracán y la naftalina para abalanzarse hacia mí. Yo intente corresponderle y como era bajita tuve que agacharme; pero como tenía todavía asida al cuello a la que atacó por la retaguardia. La levante del suelo. La señora al notar que no hacía pie, comenzó a aferrarse cada vez mas fuerte a mi gaznate, al tiempo que profería grititos histéricos. Instintivamente me arqueé hacia atrás para volver a depositar en el suelo a la de los grititos. Lo que hizo que levantara a la de la naftalina. Y vuelta a empezar.
La cosa duró unos segundos que a mi me parecieron lustros. Yo me había situado, discretamente, en uno de los últimos bancos y el rifirrafe había captado la atención del resto de los parroquianos, que miraban entre atónitos y reprobadores la escena.
Tras recomponer la compostura. La cosa siguió sin más incidentes.
Al terminar nos invitaron a una copa de cava en la sacristía y para casa.

Dos amigos

Dos amigos

Por fin vino el fontanero y “reparó” la caldera. Lo de reparar es un decir. Más bien me humilló. Resulta que las calderas tienen un termostato interno que se dispara cuando alcanzan una determinada temperatura. Cuando esto ocurre emerge un microscópico botoncito gris, perfectamente disimulado, y dejan de funcionar. La “reparación” ha consistido en apretar este botoncito, y ya está. Sin comentarios.
Ayer comí con Pérez y Jerónimo. Dos ciudadanos singulares de esta, mi ciudad. Pérez es arquitecto y Jerónimo boticario y perfumista. Esto es lo que pone en sus sendas licencias fiscales, pero no les explica en absoluto. Es sólo su tapadera, en realidad a lo que se dedican es a llenar, y a llenarse, de contenido. Son amables, cultos, curiosos y generosos. Gustan de las cosas bellas y suaves. No suelen hacer ostentación de su vanidad, a no ser que sea en legítima defensa. Cosa, que como ya van cumpliendo años, ocurre cada vez menos. Y se atreven a ser y vestir, como ellos son y visten, en una ciudad en la que, tras ocupar una cierta “posición”, el mero hecho de pasear por el centro, en invierno, sin vestir un “loden” o una “teba”, es una absoluta provocación.
Yo tengo la suerte de que me quieran y de que me consideren su amigo. A veces comemos y lo pasamos bien. Les adorna una notable erudición que a veces es apabullante. Ayer anduvieron hablando de historiadores de arte que habían estudiado el renacimiento, y yo me perdí en la primera vuelta. Los únicos que conocía eran a Warburg y, por supuesto a, Gombrich, pero soltaron una retahíla de nombres extranjeros de los que no tenía ni idea. Luego fui con Jerónimo a la librería de Pepito (Pepito no estaba) y compramos algunos libros. Allí estaba Pepe Melero, que cuando sonríe y te abraza te arregla el día, que gran tipo. Luego dejé a Jerónimo en su botica y me fui a las cosas de mi oficio, que por onerosas no voy a relatar aquí. Mañana más.

DE LO MODERNO Y SUS CONTINENTES

DE LO MODERNO Y SUS CONTINENTES

Sólo se puede construir lo que antes se ha imaginado.

El sueño es el verdadero motor de la ciencia. Julio Verne no predijo, sino que dictó los adelantos técnicos del siglo XX. Todo sueño capaz de preñar el subconsciente colectivo termina convirtiéndose en realidad. Cuando Julio Verne soñó que iba a la luna, de algún modo fundó la N.A.S.A. Del mismo modo que nosotros existíamos ya, en la mirada de deseo de nuestros padres.

Este mismo análisis se puede hacer de la idea moderna. La modernidad, desde el punto de vista de las artes, no existiría si no la hubiera soñado Baudelaire y habría muerto si Walter Benjamín no la hubiera articulado. Nada sería como es, al menos en occidente, sin el concurso de la idea de que lo nuevo es mejor que lo anterior. Es la esencia de la idea de progreso.

El problema es que, muertos y santificados ya los padres de la idea, ésto se ha convertido en una creencia, y cualquiera que se atreva a poner en duda, o como mínimo a plantear una reforma de la cuestión, pasa a convertirse en un hereje, o reaccionario que es como se llaman ahora. El único alimento para el desarrollo de nuestra sociedad es la novedad. Por esto las grandes empresas de marketing se alimentan de informes que recogen los llamados cazadores de tendencias en los sitios, en principio, más avanzados del planeta: las grandes urbes cosmopolitas. Estos andan buscando desesperadamente el nuevo Artaud o Baudelaire que les indique el rumbo a seguir. Las empresas de marketing ( gramática parda, en aragonés) ya se encargarán de tender el puente entre sueño, o anhelo, y realidad, o rentabilidad. El problema es que a menudo no encuentran el Mesías capaz de tirar de toda esta estructura, y entonces han de inventárselo. Cuando esto ocurre, que es casi siempre, crean primero la tendencia y luego satisfacen las “nuevas” necesidades, de la cada vez más apática generación a la que deben suministrar los aparejos necesarios para su identificación como jóvenes sediciosos.

Parece obligado que los artistas han de servir a esta idea y que los Estados, lejos de perseguirlos, han de alentarles y favorecer la expresión de sus anhelos. Esta es una de las paradojas de las administraciones postmodernas: la subvención ha de destinarse a la subversión para ser realmente eficaz. Y al revés los artistas que quieran ser subvencionados estarán obligados a ser subversivos. Últimamente se han visto en este sentido situaciones como mínimo insólitas: estoy pensando en el último artista español que fue seleccionado para el pabellón español de la Bienal de Venecia; Santiago Sierra. La obra presentada criticaba la política de inmigración del mismo gobierno que la pagaba. Que el pabellón se inaugurara sin problemas (que a mí me parece ser la mejor demostración de que la obra era inocua) pareció no sorprenderle a nadie. Esto mismo ya había ocurrido en ediciones anteriores en el Pabellón Alemán con Hans Haacke; en la Expo de Sevilla con Rogelio López Cuenca; en el Museo Reina Sofia con Valcárcel Medina y en numerosísimos ejemplos más. Y en esencia no es muy distinto de lo que se hizo durante el franquismo con el grupo “el paso” cuando se presentó en esa misma bienal.

Yo soy de los que ingenuamente creen que lo subversivo, para serlo, deberá ser mínimamente censurado por lo establecido para ser creíble; y que cuando ya no se toman ni las precauciones para hacer formalmente excitante lo nuevo, o lo que es lo mismo fingir un cierto cabreo, me permito dudar, evidentemente, de su eficacia como revulsivo social.

Como toda religión institucionalizada el arte moderno precisa (además del dogma de la preferencia por lo nuevo) de santos, templos, sacerdotes y fieles. Por esto no hay empresa, entidad o estado que se precie que no tenga su moderno edificio en el que ocurra todo esto. Eso es la Fundación Cartier de París y la Hitachi en Londres, por citar un par patrocinadas por empresas privadas La Casa Encendida de Caja Madrid o la Fundación de La Caixa en Barcelona, por citar otro par patrocinadas por cajas de ahorro.
La construcción de “iglesias” para el culto parece estar en clara expansión. Otra cosa es que se tenga clara la ortodoxia a seguir.

Todo esto me recuerda un cuento que leí hace tiempo que, aún a pesar de que no recuerdo el autor, no me resisto a contarlo brevemente:
“Un barco de galeras está encallado. Los galeotes reman en el vacío y en estas baja el capitán de la galera con su segundo de abordo y les arenga:
-¡Galeotes!. Las Islas Vírgenes están a la vista. El ron mana de las fuentes. Ellas corren desnudas por la playa. ¡Remad!,! ¡remad con brío!, y mañana todo esto será vuestro.
Los galeotes enardecidos retoman con gana la faena. El capitán y su segundo suben a cubierta. El subalterno le comenta:
-Mi capitán estamos encallados, jamás saldremos de aquí...
- Ciertamente... pero mientras ellos no lo sepan nosotros seguiremos siendo los jefes.”

Jean Braudillard en el libro titulado: “El crimen perfecto”, Anagrama 1996, dice en la página 16:
“Así se ha realizado la profecía: vivimos en un mundo en el que la más elevada función del signo es hacer desaparecer la realidad, y enmascarar al mismo tiempo esa desaparición. El arte no hace hoy otra cosa. Los media no hacen otra cosa. Por esto están condenados al mismo destino.
Como ya nada quiere ser exactamente contemplado, sino visualmente absorbido y circular sin dejar huellas, dibujando en cierto modo la forma estética simplificada del intercambio imposible, es difícil hoy en día recobrar las apariencias. De suerte que el discurso que lo explicara sería un discurso en el que no hay nada que decir, el equivalente a un mundo en el que no hay nada que ver”
Esta es la terrible cuestión: no hay posibilidad de decir puesto que cuando se hace es precisamente este gesto el que alimenta la máquina que se critica. Como cuando Hércules luchaba con la hidra de siete cabezas.

Jean Clair, director del museo Picasso de Paris, comisario de la Bienal de Venecia del centenario y de la exposición más ranciamente fresca que he visto en los últimos lustros: “El alma en el cuerpo” propone algo que a mí me parece muy atractivo. En su libro: “La responsabilidad del artista”, Gallimard, 1997, y en especial en los capítulos tercero,(“Le bleu et le rouge, -L´aprés guerre-“) y cuarto (“Le visage et la gueule- Le temps présent-“) articula magistralmente que el artista no es, ni se le debe permitir ser, inocente. A medida que el modo de ver moderno se impone se produce también el divorcio entre arte y ciencia; a partir de entonces, ésta última dirá verdades irrefutables y contrastables, y el arte dirá opiniones, anhelos o sentimientos. Por lo tanto, del mismo modo que no se puede acusar al “médium” por lo que exprese de su visión del más allá, de nada puede ser responsable el artista moderno, que bastante desgracia tiene de haber sido abducido por el dios de las artes para hacer llegar su mensaje a los tristes mortales. Cuando Marshall McLuhan afirma en 1967 que el medio es el mensaje está haciendo hincapié en esta misma idea. No hace sino constatar un estado de los hechos que ha venido siendo exponencialmente cierto desde entonces. La publicidad lo sabe muy bien. Pero antes de que nos muramos de inanición comunicativa, de que nos quedemos todos mudos y sordos( conceptualmente hablando, claro está), ante la imposibilidad de establecer un vehículo de comunicación que no fagocite las ideas del emisor para convertirlas en lo que el propio medio quiera, habrá que decir que la vaca no es el tetra brik y que el hilo de cobre no es la electricidad. Para llevar las cosas a un sano estado de sensatez Jean Claire propone un nuevo maridaje entre arte y ciencia y desde él, revisar la historia de los últimos dos siglos. Esto fue en esencia su exposición el alma en el cuerpo y también la bienal de Venecia del centenario titulada identidad y alteridad. La receta de Jean Claire es muy simple: retoma la idea que Quatremêre de Quincy expone en 1791, según la cual se propone la creación de un museo nacional que muestre de un modo conjunto, y atendiendo especialmente a la “liaison” que hay entre, las artes, las ciencias y las letras. Esta proposición de Quatremère se inspira a su vez en los términos de la Enciclopedia cuya ambición era precisamente la de exponer: “el orden y encadenamiento de todos los conocimientos humanos”. Jean Claire aplica este olvidado modo de mirar a lo ocurrido en el mundo en los últimos doscientos años y como consecuencia de esta “retroprogresiva”y nueva ordenación surge una nueva y más clara visión de lo ocurrido.

Aplicando esta mirada a un hipotético museo aragonés las primeras abstracciones del grupo Pórtico deberían colgarse al lado de los dibujos de neuronas de Don Santiago Ramón y Cajal; la filmación de La salida de misa de doce del Pilar de Zaragoza, de Eduardo Jimeno y fotogramas de las películas de Segundo de Chomón al lado del cuadro cinético titulado La jota de Francisco Marín Bagüés; las primeras máquinas al lado de las esculturas de Gargallo. Se trataría de desacralizar lo necesario la obra de arte, hacerle perder parte de su hermetismo mágico como icono moderno, al tiempo que se prestigia la obsoleta e inservible chatarra científica, o técnica, para de este modo hacer comprensibles a las unas en las otras.

Este mismo espíritu serviría también para la creación de un nuevo centro cultural que naciera con esta vocación. Con la hereje vocación de que, quizás, lo nuevo no sea mejor que lo anterior. Con la vocación de hacer evidente a todos lo hasta ahora mayoritariamente incomprensible y hermético. Con la vocación de volver a llenar las palabras, los objetos y los hechos, de su exacto contenido para que podamos volver a usar los medios inherentes al hombre para hacernos mutuamente más sabios y más felices.

Pepe Cerdá

Feliz Navidad

Feliz Navidad

Esta noche es nochebuena. Mañana ya saben que es. A estas alturas de este maratón gastroalcohólico en que se han convertido las navidades uno esta ya destrozado. Aperitivo, comida y cena diario desde hace una semana. Con amigotes recién llegados del extranjero, cena de empresa en calidad de artista invitado, otra con los viejos camaradas del instituto...
Cuando se es tan socialmente tramposo como un servidor, y se procura caerle bien a todo el mundo las invitaciones en estas fechas llueven por todos los lados. El no asistir, ni se contempla, sería, en mi caso, un gran agravio. Los demás se pueden disculpar con cualquier dolorcillo de cabeza, pero a mí se me exige, prácticamente, un certificado de predefunción.
Y es que cometí el error en el reparto de papeles en la adolescencia de acogerme al epígrafe de simpático chistoso. Como luego me echaron esa maldición gitana que dice:”ojalá tengas una vida interesante”, pues claro las cenas en estas fechas se multiplican. ¡No se pueden ni imaginar lo que se aburren los matrimonios cuarentones y tardo-pijos en provincias! Y un artista viste mucho.
Por si esto fuera poco, hoy tengo a dieciocho a cenar en casa. Por una serie de avatares he pasado de ser el gualdrapas de la familia al eje familiar.
Y aquí ando entre las perolas y las colas del carrefour. Si sobrevivo ya les seguiré contando.
Feliz Navidad.

Pla

Pla

El libro de Arcadi sobre Pla es estupendo, por lo menos para los Pla- adictos como un servidor.
Con Pla nunca se termina de saber si estamos ante un tipejo o ante un hombre sabio.
El hombre capaz de describir las cosas más banales e intrascendentes nos oculta sistemáticamente las importantes y trascendentes. Hace ostentación de no saber lo que es el amor, cuando se pega media vida enamorado hasta las cachas de Aurora. Hace ostentación de ser un hombre simple, cuando su complejidad personal es enorme. Es el campesino más cosmopolita que quepa imaginar. El desarreglado mas dandy. El generosos más ruin. Y el sincero más mentiroso.
Deben de ser cosas de la genialidad.

Talento.

Talento.

Hay una suerte de “Dandysmo hispánico” que desgraciadamente está en vías de extinción. Estoy pensando en Chaves Nogales, en Camba, en Fernán Gómez.
Ese modo de ser y estar, ese profundo escepticismo provocado por el mero hecho de ser español y asumirlo, ese sentido del humor elevado a sistema de pensamiento, ese modo de volver a ser Quevedo, se ha mirado, y se mira, desde la intelectualidad afrancesada con una sonrisita y de soslayo. Como personajes fruto de una época, afortunadamente superada.
El descreimiento, que es la única herramienta eficaz para abrir los ojos, ha sido castigado sistemáticamente por el “aparato”que fabrica la cultura en este país. Fue, paradójicamente, la censura el caldo de cultivo más eficaz para el florecimiento de este tipo de personaje. Pero cuando los “intelectuales” se instalaron en el poder democrático, adiós muy buenas.
Ahora que somos “libres”, cuando la invisible e inodora neocensura socialdemócrata nos hace vivir en la fe de que ya somos otros, resulta que no hay manera de que esto florezca. Y es lógico; reírse de sí mismo y de tu oficio, y hacerlo bien, desenmascara al tiempo a los colegas que con cara de indio tomando bicarbonato están intentando instalarse, y eso es tremendamente peligroso para ellos que no tienen ni media bofetada.
Por esto instintivamente se unen para acabar cuanto antes con los sediciosos. Porque les falta el arma secreta para ser Camba, o Chaves, o Fernán Gómez, que es tener, simple y llanamente: Talento.

Posdata: Puedo escribir esto mismo con artistas plásticos como protagonistas, pero podría sonar a pataleta, y no me apetece.

Nada que decir

Hoy no tengo nada que decir.
Pensaba hablar de que hoy se piensa con “slogans”(ejemplo: "el medio es el mensaje")y se publicita con reflexiones(ejemplo: esas televisiones de plasma, cuya marca no recuerdo, que en el anuncio televisivo hacen un análisis del significado de la palabra "nuevo"). Pero no me apetece desarrollarlo.
Luego he pensado en escribir sobre lo que tenía que hacer hoy; pero he decidido hacerlo en lugar de contarlo.

Mañana tal vez se me ocurra algo.

Lo sabido y lo sucedido.

Lo sabido y lo sucedido.

Se cree que le mente es el instrumento para ver la realidad. Pero de esto no tenemos ninguna prueba. Es el pensamiento lo que “Es” la realidad.
El ojo, la lente, necesita de imaginación para ver. Todo lo que creemos cierto, porque lo hemos visto no es más que ensoñación, que por común, por consensuada, aceptamos como verdadera.
Aceptando esto y siguiendo por la vía del consenso podemos afirmar también, que los seres humanos sometidos a educación tienden a que se les “ocurra” lo que “han aprendido”. Esto debe de ser la causa de las ocurrencias corales que pueblan la posmodernidad. Desde la palabreria libresca con la que alimentamos nuestras ocurrencias difícilmente se podrá concebir una obra o pensamiento original.
Es sólo desde la experiencia, en el más amplio sentido del término, desde donde se puede vislumbrar algo.
Pero el trabajo por hacer para que esto ocurra es arduo. Hay que desmontar primero toda la vana palabreria que puebla nuestras cabezas desde nuestra infancia. Somos, en los países desarrollados, la primera generación escolarizada en su práctica totalidad, y por si esto fuera poco, la más bombardeada por conceptos emitidos desde los medios audiovisuales. De lo que suponemos saber, prácticamente nada nos ha ocurrido. Esto hace que nuestra ceguera colectiva sea enorme y que llamemos ignorantes a aquellos que “sólo” saben lo que les ha sucedido.

Perogrullos

Perogrullos

Lo obvio es, por definición, evidente, que no necesita explicación. Cada vez que alguien intenta explicar una obviedad está insultando gravemente al interlocutor. Si además, usa un tono engolado y suficiente en el decir (cosa muy habitual) es él mismo el que también se auto insulta.
La primera definición de obvio que se encuentra en el diccionario es esta: “aquello que se encuentra o se pone delante de los ojos”. Desde este punto de vista los objetos, sean cuadros, fotos, esculturas, o cualesquiera cosa que conforman una exposición son claramente “obviedades”. Otra cosa es que la torpeza para interpretar lo que se tiene delante de las narices sea, en nuestros tiempos, enorme. Y más cuando se avisa al espectador que lo que va a ver es arte. Esto es lo que hizo necesaria la figura del explicador de obviedades, es decir del crítico: la persona autorizada para hacernos ver aquello que a él le parece.
Fue a mitad del siglo diecinueve, con el desarrollo de la burguesía y de los salones, cuando aparece la crítica de arte, tal y como, (evolucionada), la entendemos hoy.
Nace para explicar a los recién llegados al confort lo que les debe gustar y lo que no.
La idea de moda es inherente a esto.
Desde entonces hasta ahora, ha habido, básicamente, dos posturas: La historicista, que intenta explicar el presente desde el pasado, como devenir lógico de una serie de hechos plásticos irrefutables; y la que emplea como excusa al artefacto artístico para desarrollar un modo de pensamiento estético, y por lo tanto ético, y por lo tanto moral.
En la posmodernidad claramente es este último modo de entender la crítica el que ha vencido. Los críticos posmodernos, en la subfunción de comisarios, son los que imaginan una tesis estética, y sólo después de establecida es cuando buscaran a los artistas que con su trabajo subrayaran la bondad de la misma. Del algún modo son ellos los creadores, son los que imaginan, los que articulan y los que eligen a los mudos artefactos que conformaran las exposiciones.
Es decir, no esperan a que se construya la obra para luego criticarla, como los historicistas, al contrario se adelantan y fuerzan la creación de la misma.
No faltaran artistas deseosos de cumplir ese secreto encargo, ese no es el problema, (conozco alguno que se entrevista con el comisario de turno e incorpora ese debate a su obra, supuestamente artística), nunca la “clase” artística había sido tan dócil como ahora.
Ha ocurrido lo mismo que con el lenguaje que nacido, básicamente, para comunicarse e intentar explicar el mundo. A base de inventar metáfora sobre metáfora, ahora difícilmente sirve para explicarse a sí mismo. Los publicistas lo saben muy bien.

Mañana más.

Agenda

Siete de la mañana me despierto.
Nueve de la mañana clases en el centro cultural del actur.
Dos de la tarde preparación Power Point para dar una charla en la Biblioteca de Humanidades.
Tres de la tarde, comida con la vicedecana de Filosófia, no me acuerdo como se llama, Cristina Jiménez y Anna María Guasch que dará una conferencia conmigo.
Cinco de la tarde: Ana María Guasch, hora y media de conferencia sobre las bondades del arte posmoderno.
Seis y veinte. Me toca a mí. No funciona el cañón. No puedo proyectar nada. Suelto mi rollo.
Siete de la tarde ¡Zaragoza gana la expo 2008!
Ocho de la tarde, Presentación de una revista de Antigona. La presenta Pérez.
Nueve de la tarde; cañas con amigotes.
Diez de la noche; cena en el Bolé.
Una de la Mañana; fiesta en el Odeón de la “quitada de corsé” de Ana Latorre.
Cuatro de la mañana, momento de redactar esto con gran disminución de las cualidades psicotécnicas, retirada.

¡Y luego dicen que el pescao es caro...!

Los que miden y los que evocan.

Los que miden y los que evocan.

Hay quienes gustan de la ensoñación y quienes gustan de la comprobación.
Como tan ilimitado es el campo de los primeros como parco es el de los segundos, no pueden existir los unos sin el otros. Son complementarios. Por esto se desdeñan mutuamente.
Lo que para los unos es “Definición”, para los otros es “Interpretación”.
Lo que llaman “Mapa” aquellos; es “Paisaje” para estos.
Lo que,“Nación” unos, “País” otros.
Lo que, “Idioma” unos, “Lenguaje” otros.
Lo que,“Signo” unos, “Borrón” otros.
Lo que,“Población” unos, “Paisanos” otros.
Lo que,“Verdad” unos, “Fantasía” otros.
Lo que,“Ciencia” unos, “Arte” otros.
Por esta estricta cuestión semántica unos crean las leyes y otros los poemas.
Unos son el Poder; los otros los que lo acatan.

CHIRIPITIFLAUTICOS

CHIRIPITIFLAUTICOS

Hoy me ha invitado Mariano Gistaín a su programa en Antena Aragón. El programa se llama “Generación Red” y se habla, básicamente de internet.
Pero mi generación no es la de la red, la mía es la “Chiripitiflautica”, la de los nacidos en los sesenta; la generación de nadie, la generación sin sitio; la transición en la pubertad, las drogas sin mesura en la juventud, el paro y el sida cuando necesitábamos trabajar y follar y el extranjero cuando ya no puntuaba, cuando no significaba como lo hizo para los tardoexilados del 68 y la madurez con los neo liberales del P.P.
Todo esto transcurrido en un ecosistema más o menos confortable; el de la década de los ochenta, jugando a ser modernos neoyorquinos por Doctor Cerrada, con la democracia ya en España. Sabiendo algún idioma y sin saber a donde ir.
Como fuimos vacunados para siempre contra la ambición, tan necesaria en estos tiempos, ya no nos queda sino aplicar del modo menos dañino posible nuestro escepticismo para seguir viviendo con el necesario nivel de deseo.

OCURRENCIAS

OCURRENCIAS

Algunas cosas se hacen y otras sencillamente ocurren. En nuestra cultura, que es fundamentalmente sedentaria, se consideran como virtuosos los objetivos conseguidos por medio de la voluntad y se recela de los conseguidos por la suerte. Esta creencia no resiste el más mínimo análisis si la aplicamos a nuestras propias vidas. Las cuestiones esenciales que han marcado la vida de todos nosotros han sido fruto del azar, o de la predestinación si se es creyente. El sitio donde hemos nacido, el modo en el que hemos encontrado a nuestra pareja, la profesión que ejercemos, los amigos, etc..no han sido conseguidos por el empeño. Es más, cada vez que nos hemos empeñado en algo, casi siempre hemos fracasado.
Sin embargo, tendemos a responsabilizarnos de nuestros éxitos y a culpar al los demás de nuestros fracasos.
Eso que no se sabe en que consiste, ni como se hace, eso que llamamos pintura, o poesía, o música; es una cosa que ocurre. Nada se puede hacer para forzarlo a existir, salvo acudir pacientemente al taller a la espera de que aparezca. En la mayoría de los casos no aparece jamás y, paradójicamente, la probabilidad de que aparezca es inversamente proporcional al empeño.
Creo que esto es lo que nos intentaron explicar Caín y Abel, pero parece ser que nadie se ha dado cuenta.

Turista titulado

Turista titulado

Ayer estuve en la inauguración de una exposición en el colegio de arquitectos (de esas con liturgia: presentación del arquitecto y palabras de autoridades...). Afortunadamente llegué tarde y pude quedarme en la puerta, circunstancia que aproveché para escabullirme con un par de amigotes al bar de enfrente. Se nos sumo un ciudadano acababa de venir de Chicago y hablaba de la ciudad como suelen hacerlo los arquitectos. Hablaba de los edificios de Mies, de los de la escuela de Chicago, de, a su entender, un irrespetuoso edificio de Bofil edificado al lado del de Mies. De la recién inaugurada escultura de mi amigo Plensa. Y así iba pasando el rato e iban concluyendo los panegiristas del arquitecto difunto cuyas obras exponían.
Después comenzó a hablar de París, de la gran biblioteca, de Perrault, de Nouvel, de Ponsampac..Y dale que te pego otra vez con la pedalina. Yo le dije que había vivido allí unos años. Y me replicó al instante: ¡ Y como se te ocurrió volver!, ¡A esta ciudad!...
Pensé unos instantes que contestarle, estaba claro que no podía ser sincero. Resulta que él instalado en la municipalidad tenia una idea clara del mundo y sus ciudades porque se había gastado los moscosos en visitarlas, y porque hablaba de los grandes arquitectos utilizando su nombre de pila (que viene a ser, como si yo llamara a Picasso; Pablito).
No podía decirle que el París que él suponía no existe, ni existió jamás. Que fue una de las mejores operaciones de marqueting de todos los tiempos, que solo existe en el ideario de miles de personas “cultas” repartidas por todo el mundo. Y que sigue existiendo en la medida en que estas personas sigan hablando de la ciudad sin conocerla. Y sólo después de que exista en la fantasía, es la propia ciudad la que se disfraza para no defraudar a los turistas. Es exactamente lo mismo que Disneylandia, pero para mayores. Por eso Eurodisney, está allí. No le dije que volví porque no me daba la gana trabajar de pato Donald para que él pudiese hacerse una foto con su señora y niños, y los libros de Proust, a mi vera.
Que volví para instalarme en la realidad. Él ,como todo buen funcionario prefiere seguir soñando, y yo no soy quién para despertar a nadie..
Le conteste con cuatro perogrulladas sobre el arte, las ciudades y el centro del mundo y volvimos a la exposición. Y todo el mundo tan contento.

IDENTIDAD

IDENTIDAD

La mayoría de los hombres, o la totalidad, o al menos yo, han de construir un personaje en su adolescencia, crear una identidad que les defienda del amor incondicional y pegajoso de sus padres y al tiempo les dé un papel que representar en sociedad. La construcción de la identidad es siempre referencial, viene acotada por las circunstancias y el, recién creado, entorno afectivo con otros seres de la misma edad. A menudo se escoge el papel que queda libre, bien porque se ha llegado tarde al reparto, bien porque nuestra estructura psico-física nos impide asumir el papel que realmente deseamos. Es todavía un juego. El problema es que en la mayoría de los casos este rol nos acompaña el resto de nuestra vida.
La disociación que nos es impuesta desde el estado-moral-religión-costumbre entre madurez sexual y madurez social o entre juego y estudio o entre aprendizaje y trabajo, hace que la agonía del ego dure exageradamente. El tiempo que transcurre entre la elección (entendiendo que cada elección es una imposición circunstancial) del rol y la interpretación real del mismo es en nuestra cultura larguísimo. Cuanto mas alta es la clase social más dura el periodo, pero la media estaría entre diez y quince años. Desde la conciencia del yo sexual-engendrador, trece años, (primera eyaculación) al yo social-profesional (primer trabajo que se corresponda al rol creado) alrededor de veintiocho en el mejor de los casos, si se ha estudiado una carrera profesional o entre veinte y veintitrés si es una profesión manual.
Esto produce un alto grado de frustración, cuando por fin se es ya no se desea ser. Nunca es el mismo el que desea interpretar que el que interpreta, pero ya no hay vuelta atrás, ya no hay derecho a queja ya no hay sitio para la maniobra. Al tiempo que se esta, de algún modo, extrañamente orgulloso ya que como se ha invertido tiempo y esfuerzo en “ser”ello se convierte en algo “valioso”. Orgulloso y frustrado a un tiempo, una bomba de relojería.
Pienso que uno de los trabajos primordiales de todo hombre es revisar constantemente las cambiantes interrelaciones entre psiquis, cuerpo, deseo y circunstancia. Dejar de ser prisionero de la culpa, el miedo y la responsabilidad. Dejar de interpretar cansinamente el papel elegido-adjudicado y preguntarse quien se es hoy y ahora. Eso es alcanzar la madurez.
Esto ocurre cuando uno de los factores que construyen la identidad se derrumba estrepitosamente. Cuando se pone en serio peligro la salud, el entorno, la estima ajena y propia. Una grave enfermedad en la adolescencia, de lenta recuperación es uno de los modos más eficaces de maduración. Los ejemplos son numerosísimos entre los grandes de las letras y las artes. Tú no has elegido el papel y mucho menos es un juego, eso que llaman Pepe Cerdá es una cosa que anima un fragilísimo artefacto constituido por huesos, palancas, tuberías, filtros, redes eléctricas, flema, moco, pus y sangre. No es casualidad que el enfrentamiento “real” a la propia muerte sea una constante en todos los ritos iniciáticos .

*Me llama un amigo y me dice que me estoy poniendo muy tontorrón y muy pedante en esto del blog. Como soy muy sensible a las críticas, es decir voluble, pues rectifico.
Lo que quiero decir arriba se resume en un chiste del malogrado humorista catalán. Eugenio, que dice así:
“Era uno tan feo, tan feo que se fue a comprar una careta y le vendieron sólo la goma”

LLADRÓ

LLADRÓ

Si atendemos a los parámetros actuales de éxito y de fama, los escultores más célebres de toda la historia del arte español son, sin lugar a dudas, la familia Lladró.
A su lado nombres como Gargallo, Julio Gonzalez, Oteiza, Chillida, Juan Muñoz o Plensa quedan a gran distancia en la clasificación general de celebridad.
Sin embargo este irrefutable, aritmético y democrático hecho no ha generado ni una sola línea en ninguna de las enciclopedias que tengo en casa o que he podido consultar en la red. No hay ni una sola historia de la escultura española que los mencione. ¿A qué se debe este hecho?.
Lo primero que se me ocurre en respuesta a esta pregunta es que lo que hacen no es arte, y que por lo tanto no se merecen el puesto en el exclusivo parnaso de los que hacen Arte con mayúsculas. ¿Pero, en este caso quien tiene más razón, los redactores de las revistas y enciclopedias de arte contemporáneo, o las decenas de miles de personas que en todo el mundo coleccionan las figuras de Lladró, sin tener ninguna duda de que son un objeto artístico?. Está claro que una de las dos partes está en un error. Y si acudimos a las urnas, que es donde se dirimen las cuestiones importantes en nuestra cultura, hay una de las partes que ha de perder necesariamente por goleada.
Si para demostrar el “éxito” de un “verdadero” artista contemporáneo se apela al reconocimiento del mercado internacional, ¿porqué no se hace lo mismo en este caso?.
También se me puede decir que no son esculturas. Entonces habrá que definir que es lo que se entiende por una escultura hoy. Si está claro que esculturas modernas son las que hacen Jeff Koons y Botero, no veo diferencias sustanciales entre las que hacen estos y las que hacen los Lladró.
¿Si se me dice que no son Arte porque se dirigen al gran consumo, porque son comerciales?. Entonces yo le pregunto al Sr. Chillida, o Tapiés porqué puedo yo comprar pañuelos de seda, o tazas de café, o múltiples a precio reducido de sus magnas obras.
Así podríamos seguir hasta aburrirnos. Pero para no cansarles vamos al meollo de la cuestión, que es este. El más antidemocrático, el mas sujeto a capricho o a complot, el menos regido por la razón, el más antipopular y torticero es el mundo del arte contemporáneo.
Arte en nuestros días será lo que tenga a bien publicitar como tal la editorial Taschen y vender esta publicación baratita en el Vips.

Chirico

Chirico

Hay algunos grandes artistas plásticos, capaces de crear parte de nuestro imaginario, que en un momento determinado de sus vidas han intentado hacer pintura y sólo pintura. Insisto: pintura y no imágenes, que es cosa distinta. Pintura: es un modo de ser de la materia capaz de figurar cualesquiera cosa. Por entendernos pintura es lo que hicieron Rubens, Velázquez y Ticiano; y más recientemente Tapiés o Morandi. Imágenes son lo que hicieron: El Bosco o Archimboldo; y más recientemente Magritte, Dalí o Chirico. Una "imagen" puede estar pesimamente pintada y ser una obra de arte absoluta y una "pintura" puede tener una factura excelsa y ser una horterada. De lo que se trata es que el medio y el contenido estén en exacto equilibrio.
Algunos de los creadores de las más nuevas imágenes han intentado pasar de un mundo al otro (del imaginario al pictural, estoy pensando en Picabia y en Chirico) y este fenómeno ha producido que hayan sido rechazados en ambos ámbitos.
Últimamente ando leyendo la autobiografía de Giorgio de Chirico. Gran parte de ella está destinada a defenderse del ataque del que es objeto, a su entender, por la crítica de su época a causa de haber abandonado la pintura metafísica para abrazar el clasicismo. Él se refiere constantemente a sí mismo como el más grande artista vivo, algo que también lo hace Dalí. Otro rasgo común en ambos ( que comparten también una notable capacidad para explicarse por escrito ).es que ocultan su misoginia alabando exageradamente a sus compañeras-marchantes-madres. Se saben tan débiles que sólo desde la magnificación de su mundo pueden sobrevivir. No pueden despertar, no lo resistirían. Lo que tampoco pueden es mirarse a sí mismos y a su obra con franqueza, o como mínimo con humor. Sólo así se explica la gran cantidad de bodrios que hicieron ambos cuando salieron del paraguas del último padre-castrador André Breton. Vamos, que cuando dejaron de hacer los deberes, lo que les mandaba papá y lo sustituyeron por su señora, ( más capacitada para ver la realidad, o lo que es lo mismo el mercado próximo; más interesada en el confort que en el arte; más sabedora de los íntimos miedos de su “niño”)que les animaba a hacer un trabajo más legible, más burgués.
Y es que la fe en uno mismo puede sólo provenir de tres fuentes: de la estupidez o la locura, (en primer lugar); del padre o sus sinónimos: dios, el general, Lenin, Nietzche, Apolo, (en segundo lugar); y de la Madre y sus sinónimos: el halago, el calor, la protección, Eros..., (en tercer lugar).
A mí me produce un gran asombro que en nuestros días a la ausencia de fe en uno mismo, (prueba a mi juicio de inteligencia o como mínimo de discernimiento) se la considere, mayoritariamente un defecto, una minusvalía. Se explica porque la fe sigue siendo uno de los motores de las sociedades modernas: la fe en el progreso, (en el crédito, en el porvenir); es una de las obligaciones inexcusables de todo ser sometido a civilización.
Explica, también, bastante a Giorgio de Chirico su formación en Munich y sus lecturas adolescentes de Niezsche, Schoenhauer y Weiminger. Y no menos, su encuentro temprano en París con Gillaume Apollinaire, (el Edisón de los artistas, el gerente de la oficina de patentes, este hombre se invento prácticamente todo lo que después se llamará Vanguardias Históricas). Después fue llamado como socio de honor, como no podía ser de otra manera, al grupo Surrealista.
Envalentonado por su cadena de éxitos plásticos y mediáticos decidió volar solo. Descubrió los cuadros de Rubens y Ticiano, y cayo en la cuenta que aplicar la idea de progreso al arte es en si mismo un oxímoron. Se puso a trabajar en ese sentido, y creó (como no podía ser de otra manera) el movimiento neo-barroco. Y produjo una serie de cromos relamidos que no hay por donde cogerlos. ( exceptuando la serie de autorretratos, que como a todos los que tienen el ego desproporcionado, le quedaban bastante bien). Y es que ni Niezsche, ni Schoenhauer, ni Weiminger, ni Apollinaire, ni Bretón, le explicaron que para pintar bien hay que saber.

CUANTO VEN LOS SORDOS

CUANTO VEN LOS SORDOS

El otro día, en el bar de la Emi, el bar de la plaza de Villamayor, el sitio donde paso todas las mañanas demorando el momento de ponerme a pintar, me dí cuenta de cuanto ven los sordos. Me explico: baje el volumen de atención conceptual, cosa que, moderadamente, hago sistemáticamente, pero aquel día lo baje del todo; y de un golpe lo comprendí.
El hombre aprendió a hablar cuando tuvo necesidad de mentir, he leído por ahí, esta es la cuestión. Las muecas de ellas al referirse al guapo camarero, el orden que se establece en la barra en función de la importancia del parroquiano, el modo en el que falsas risotadas salientes de congestionadas caras envuelven el local, todo es danza, ritual cortés. Hay, sin embargo, ciudadanos que no existen, que no hacen ningún ruido, que no hablan y por lo tanto no mienten. Nadie se percata de que existen, ya han perdido, ya no tienen de que reírse, y miran con tanta verdad que nadie les aguanta la mirada. Son como muebles del local. Ya tienen la vida vivida, saben que a nadie les importa lo que tienen que contar, ni siquiera a ellos mismos. En los bares de ciudad, a menudo ni les dejan entrar, pero en los pueblos es distinto, como en las grandes familias todo pasa a un tiempo: los niños nacen, los abuelos mueren, las fiestas y las desgracias se celebran por igual y a los que no existen todavía se les sirve, se les sirve con desdén y se les ignora, hasta que revienten delante de todos, como siempre.
El otro día, cuando no oía a nadie, mi mirada se cruzó con la suya y lo comprendí todo en un instante, y lo olvide después porque yo, ni sé, ni quiero saber.

ARTISTAS

ARTISTAS

El artista (persona susceptible de hacer o haber hecho arte) parece formar parte de una manera natural de las sociedades con un cierto nivel de desarrollo. A nadie parece extrañarle que en cada país, con el suficiente nivel de renta per cápita, florezcan exultantes cuatro o cinco por generación. Esto será muy útil al sistema financiero para vehicular dineros sin dejar mucho rastro, pero de este aspecto hablaremos otro día. Donde yo quiero hacer hoy hincapié es en ese modo de presentar la cuestión desde la historiografía del Arte y los medios de comunicación en general. El artista, según estos, es un modo de ser “distinto” de algunos individuos de una sociedad determinada. Este “modo de ser” es tolerable, incluso plausible, siempre y cuando no exceda un determinado porcentaje de la población. Incluso la sociedad premia a alguno de ese reducido grupo con el “éxito”, tanto social, como financieramente. Por esto Julio Cortazar definió las dos cualidades imprescindibles para ser un Genio: “Para ser un genio hacen falta dos cualidades, que son : Creérselo y acertar”. No les quepa duda que hoy es mucho más difícil creérselo (sin padecer una psicopatía) que acertar.
Hoy el artista es un tipo humano perfectamente definido; fiscalmente (hay epígrafe y licencia fiscal); políticamente (hay asociaciones de artistas y conserjerías); económicamente (asesorías de inversión en “obras de arte”, el estado admite el pago de deudas contraídas con él por medio de objetos artísticos), socialmente (no hay fiesta que se precie si no está trufada con algún artistilla)...y así seguiríamos con todos los aspectos que conforman una sociedad moderna. Lo inaudito es que lo que está por definir es lo que se entiende por arte hoy.
Está claro lo que fue en el pasado, antes de que se disociaran las artes y las ciencias. Pero lo que definió como arte el “idealismo alemán” es evidente que ha muerto. El artista como aladid al frente de los cambios sociales y morales de su época, no se lo cree ni el tonto del pueblo. Los artistas hoy sólo tienen una aspiración: ser unos burgueses totales sin usar la vía de las oposiciones a la administración.
Lo que está más vivo que nunca son las artes, sobre todo desde la administración. Hay departamentos, con miles de funcionarios de : artes escénicas, artes plásticas; artes decorativas...Los museos de arte contemporáneo son destino de peregrinación de decenas de miles de personas por año. Las ferias de arte son eventos sociales de primer orden. Nunca el hecho insondable de la obra de arte y su gestación había generado tanta economía, ni tantos puestos de trabajo.

LA DECORACIÓN Y EL ARTE

LA DECORACIÓN Y EL ARTE

Me llama una persona que dice estar muy interesada por mi trabajo. Por no andarnos con eufemismos, que me quiere comprar diez papeles para decorar un hotel. Hasta ahí no hay problema. Le digo que acabo de hacer una exposición de acuarelas y que elija. Me dice que ya las ha visto, pero que no le gustan por ser demasiado realistas. Vaya. Le digo que tengo otros trabajos más antiguos...Me dice que ya los conoce y que no le interesan porque son muy oscuros..Aja..Y a partir de aquí se desparrama: Me dice que lo que quiere son unas pinturas de 70 x 50, con colores calientes, ni abstractas del todo, ni figurativas del todo¿?, que yo ya sabré..Que por si me puede ayudar me da la colcha de las camas, y el estuco de la pared. Yo le escucho entre divertido y moderadamente atónito (este tipo de llamada la he tenido cientos de veces), y como soy alérgico a decir que no, lo despacho con un: veré lo que puedo hacer..que seguro es ; nada de nada.
La decoración es una de las más graves enfermedades del arte. Este concepto, tan extendido, de “tener gusto” para la casa, teledirigido por las revistas de decoración que pueblan nuestros quioscos, es un desastre para las artes plásticas. Siempre van con tres cursos de retraso. Son las revistas de decoración de hace tres décadas las que enseñaron a aquella burguesía madrileña de “loden” y canana, que había que descolgar los cuadros tardo-barrocos y colgar Tapiés en su lugar (o sus sucedáneos, naturalmente). Ahora están en el tardo-pop-madrileño-ochentil, (quince años de retraso), que es exactamente lo que me pedía mi interlocutor de hace un rato. Y él no tiene la culpa, me dice lo que le ha dicho el decorador, que es el que sabe. Lo que no termino de entender que parte le interesa de mi trabajo, tal y cono se ha presentado... Misterios insondables de las obras de Arte.