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Esto lo escribe hoy Lluís Uría en la Vanguardía, y lo suscribo.

París anda, desde hace un tiempo, cabizbaja y meditabunda. Los profetas del declive francés, un mal a ratos imaginario a ratos cierto, proclaman también el apagamiento lento e inexorable de la Ciudad Luz, a la que ven camino de fosilizarse y convertirse en una ciudad-museo, un escenario para turistas, una cáscara rutilante pero vacía. Una capital –sostienen con inusitado gusto por la autoflagelación- anquilosada, sin pulso, apenas algo más que un decorado de lo que llegó a ser, una ciudad-patrimonio que ofrece tan sólo el rastro de la historia, la sombra de glorias pasadas.

No deja de ser curioso que, en este debate, París haya tomado a Barcelona como referencia, como modelo incluso de ciudad dinámica, pujante y avanzada. ¡Qué poder el de las imágenes! La capital catalana logró en 1992, gracias a los Juegos Olímpicos, instalar en todo el mundo una imagen de marca inmejorable que, pese al tiempo y los avatares transcurridos desde entonces, está lejos de haber caducado. Expresión urbana de la atracción que genera hoy la España de Zapatero, París siente una enorme fascinación por Barcelona, aún cuando siguen sobrando motivos para que sea al revés.

Cierto, la brillante imagen de París en todo el mundo tiene, también, algo de falso. Mucho de leyenda. Subir hoy las empinadas cuestas de Montmartre, pasear por la bulliciosa plaza del Tertre, tiene muy poco que ver con el tiempo en que el joven Josep Pla –llegado en abril de 1920 como corresponsal de La Publicitat- deambulaba por sus calles en compañía de su amigo Joaquim Borralleras. Tampoco es ya lo que fue Montparnasse, el barrio que todavía en aquella época reunía a lo más granado de los artistas y pintores de todo el mundo, desde Mondrian a Chagall, de Calder a Giacometti (Picasso no, Picasso vivía en un barrio acomodado cerca de los grandes bulevares). Un barrio que atraía por igual a bohemios y vividores de toda ralea y condición, incluidas "las heces de Greenwich Village", como definía sin piedad a los norteamericanos que frecuentaben en aquella época el Café Rotonde el entonces corresponsal del Toronto Star Weekly en la capital francesa, Ernest Hemingway.

El mito de los grandes maestros del impresionismo sigue llevando por miles a los visitantes de París a la cima de Montmartre, donde se yergue el estrambótico templo del Sacré-Coeur –una "arquitectura de tumefacciones", en palabras de Pla-. Pero el halo de los Renoir, Monet, Cézanne, Degas y compañía se esfumó hace ya mucho tiempo. Su lugar lo ocupan hoy acuarelistas, autores de postales naïf para turistas y caricaturistas mediocres. Montmartre es un parque temático. ¿Y no lo es una buena parte de París?

París dejó de ser la capital mundial del arte, la cuna de las vanguardias pictóricas, en 1940, cuando la ocupación nazi forzó el exilio de la intelectualidad europea. Hitler acabó con una hegemonía de más de un siglo, que a partir de ese momento cruzó el Atlántico para instalarse en Nueva York. "Después de 1940 se acabó: París, provincializada ella misma a escala mundial, no es más que un problema de urbanismo y demografía", afirmaba en 1980 el escritor Julien Gracq, una opinión que comparte –amplificada, si cabe, por el tiempo- Patrice Higonnet en su libro "París, capital del mundo", publicado hace unos meses y donde repasa el papel histórico de la capital francesa: "París ya no es hoy la capital del arte. Pero ¿dónde está ese lugar? ¿En Nueva York todavía? Podría hablarse también de Los Angeles, Londres o simplemente internet. París no ha sido la capital del siglo XX y no será la capital del siglo XXI".

Y, sin embargo, la fuerza del mito es inmensa. Cada año, 75 millones de turistas visitan Francia y recalan en París, desafiando la fama de inhospitalarios de los franceses y la mala educación de los camareros, en busca de esa leyenda. Algunos acaban digiriendo mal la distancia entre lo imaginado y lo real. Y en especial los japoneses, que han empezado a sufrir un cuadro clínico conocido ya como Síndrome de París y que a diferencia del Síndrome de Stendhal –patentado por el escritor francés en Florencia- no es fruto de la saturación de belleza, sino de la desilusión y el choque con una cultura diferente. "Ven el Montparnasse de los años locos, Manet, Renoir, y parisinos vestidos como los grabados de moda. Una vez en el sitio, el decorado está allí, en parte, pero todo funciona a la francesa", afirmaba recientemente al respecto en las páginas de Le Figaro el presidente de la Sociedad Franco-japonesa de Medicina, Mario Renoux.

Para gustar, uno se ha de querer. Y hoy, Francia se quiere más bien poco. Una vaga depresión aqueja en este inicio de siglo a la sociedad francesa, inclinada como nunca a ver los cambios del mundo con los trazos gruesos y oscuros del pesimismo, a buscar desesperada e inútilmente refugio en el conservadurismo. El no es la nueva divisa. "Francia es un país paralizado por los funcionarios y por los que quieren serlo. Quieren seguridad toda la vida en un mundo que sólo avanza gracias a la incertidumbre", se lamentaba recientemente en La Vanguardia el octogenario Edgard Morin. La larga crisis del CPE, el fracasado contrato para jóvenes ideado por Dominique de Villepin, ilustra este estado de espíritu conservador que emponzoña todo lo que toca.

Pero la fuerza de la Ville Lumière sigue siendo inmensa. París no será ya la capital del mundo, no estará en uno de los mejores momentos de su historia, pero sigue exhibiendo –mal que les pese a los declinólogos- un dinamismo cultural envidiable y un constante afán por renovar su oferta. El año 2006 ha estado preñado de acontecimientos remarcables, desde la recuperación del museo de la Orangerie –ese pequeño templo del impresionismo- completamente remozado, hasta la reapertura del Museo de Bellas Artes y del auditorio Pleyel, pasando por la inauguración del nuevo puente peatonal Simone de Beauvoir –el 37º viaducto que atraviesa el Sena-, una estilizada pasarela suspendida sobre el río obra del arquitecto austríaco Dietrich Feichtinger, que une desde este verano la Biblioteca François Mitterrand y el parque de Bercy –sede, entre otras cosas, de la Filmoteca-, una zona que está experimentando una gran transformación.

La estrella del año, si no del decenio, ha sido indudablemente la apertura del Museo de las Artes Primeras –que no primitivas-, más conocido como museo del Quai Branly por su ubicación, junto a la torre Eiffel. Es el legado cultural que Jacques Chirac, como todo presidente de la República que se precie, de Pompidou a Mitterrand, ha querido dejar a la ciudad y al país. Obra artística en sí mismo, el complejo lleva la firma del arquitecto Jean Nouvel, que ha ideado un edificio sorprendente y original para albergar lo mejor del arte originario de las civilizaciones de África, América, Asia y Oceanía.

El proyecto, que ha tardado más de una década en materializarse, era una vieja aspiración personal de Jacques Chirac, un enamorado del arte no occidental desde su adolescencia, cuando fue introducido en los secretos de las civilizaciones antiguas por un viejo profesor ruso, monsieur Belanovitch, al que acudió inicialmente para tomar clases de ¡sánscrito! El presidente francés, convertido con los años en un experto en la materia y en un coleccionista apasionado, ve su museo como un altar de homenaje y reconocimiento a las civilizaciones no occidentales, en absoluto el museo neocolonialista que algunos críticos han querido ver en él.

Unos proyectos culminan y otros acaban de nacer. Otoño ha traído la magnífica noticia de la construcción de un nuevo centro de arte patrocinado por la Fundación Louis Vuitton para la creación, que abrirá sus puertas a finales del 2009 o principios del 2010 en el Bois de Boulogne. Un "regalo" –como lo ha calificado el alcalde de París, Bertrand Delanoë- que ha hecho a su ciudad el patrón del grupo del lujo LVHM, Bernard Arnault, el hombre más rico de Francia. A falta de conocer el contenido del nuevo centro -la calidad de su colección permanente y su papel como dinamizador de la creación artística-, basta el continente para levantar ya el entusiasmo. La sede de la fundación, un edificio totalmente de cristal con forma de nube, ideado por el arquitecto norteamericano Frank Gehry, promete ser en sí mismo una maravilla. Además de la última aportación de París –¡una más!- a los amantes del arte de todo el mundo.

Visitantes

Los Generales Franceses se llevaban las manos a la cabeza, diciendo: “Esto no se parece en nada a lo que hemos visto”. En los gloriosos anales del Imperio se encuentran muchos partes como éste: “Hemos entrado en Spandau; mañana estaremos en Berlín”. Lo que aún no se había escrito era lo siguiente: “Después de dos días y dos noches de combate hemos tomado la casa número 1 de la calle de Pabostre: Ignoramos cuando se podrá tomar el número 2”. Episodios Nacionales. Benito Pérez Galdós.

 

Cuándo leí este pasaje de los episodios nacionales de Galdós, confundí la calle de Pabostre con la calle Pabostría, que como ustedes saben se encuentra detrás de la Seo.  La confusión se ha mantenido hasta el momento de escribir este texto. Por cerciorarme he consultado en internet (bendita sea la red) y he descubierto que la calle del Pabostre es la actual Manuela Sancho, heroína que fue herida en la defensa de dicha calle.

Hasta hoy, gustaba de pasear con mis invitados extranjeros (muy a menudo franceses) por los alrededores de la Seo al atardecer. Cuándo atravesábamos la calle Pabostría solía contarles este pasaje, henchido, en el fondo, de un orgullo vergonzante y común: el estúpido orgullo que hace que los pueblos recuerden las carnicerías de sus antepasados.

En cualquier caso lo he venido haciendo sistemáticamente durante estos años. Luego tomando unas tapas en los Vitorinos, gustaba también de explicarles que eso que llaman ellos “alta cocina”, aquí se toma de pie, y sin darle importancia. Mas tarde las copas en la terraza del Praga o del Chastón hasta las tantas y bien cargadas (sólo se entiende lo que es un Whisky “doble” cuando se viaja, que viene a ser la mitad de uno “normal” aquí). Y ya “trompas”, y de vuelta a casa, me gusta escuchar de sus labios lo bien que se come y se bebe; y por lo tanto se vive, aquí. ¡Como si todos los días hiciésemos lo que hacemos para agasajarles!.

Esto me recuerda una vez que mi padre invitó a comer a casa a un señor muy importante con el que quería hacer negocios. Mi madre preparó un estupendo banquete. El Champán de la Viuda, sustituyó a la sidra del Gaitero ( a lo que mi abuela, que era una “cachonda”, comentó: -¿ha fallecido el pobre gaitero?); el menú consistió en: consomé, sopa de marisco, asado de cordero, tarta casera, café, copa y puro. A los postres el invitado amablemente comentó:

-He comido estupendamente. Es más, creo que nunca había comido tan bien.

A lo que mi abuela le replicó:

- Nosotros tampoco.

 Algo de esto nos pasa como país con los visitantes. Es, en el fondo, el patrio y rancio orgullo de llenar de contenido el slogan de la primera campaña turística de los tiempos de Fraga. Aquel que decía: “España es diferente”. Y en verdad que entonces lo era ( no hay más que comparar nuestra renta per cápita de entonces con la de los que nos visitaban), pero ahora ya no lo es. Y ahora que somos casi iguales, perdemos la “bolsa” y el sueño, en demostrarles lo “rumbosos” que somos y hemos sido. Olé.

Tortura

Día otoñal.

 Mejor dicho, hoy es el otoño.

Ayer era verano y mañana será ya invierno. Así es aquí la climatología. Hay un montón de dichos al respecto: -En Zaragoza hay tres estaciones: invierno, verano y la del ferrocarril; o este: -En Zaragoza: seis meses de invierno y seis de infierno; o: -este año, la primavera cayó en Jueves.

Los zaragozanos vivimos permanentemente soportando un clima adverso, desapacible. En los países fríos al menos gozan de un suave verano y en los cálidos ocurre lo propio con el invierno. Pero lo de aquí es tremendo.

Es sabido que los hombres ,y los animales todos, somos criaturas climáticas. Los animales migran buscando la mejor temperatura, así como los hombres neolíticos lo hacían siguiendo sus presas. Hoy los ricos sabios hacen lo propio, y suelen tener casas repartidas estratégicamente por el mundo para estar siempre a la temperatura adecuada.

Es sabido, también, que un modo muy eficaz de tortura es someter al reo a temperaturas extremas alternativamente. Como nos ocurre aquí a toda la población.

Paliamos esto derrochando dinero y energía en refrigeración y calefacción, pero no es solución. Un ciudadano ha de poder pasear en mangas de camisa al menos cuatro o cinco meses al año. Pero aquí eso no es posible.

Por eso estamos permanentemente irritados y tenemos tan mala leche. 

Miedo a lo de siempre

Hace ya unos días que intento subir al estudio sin conseguirlo. No subo porque tengo miedo, así de claro.

Tengo un montón de cosas que hacer, compromisos aceptados (que en el fondo es una especie de autochantaje), de encargos menores: ilustraciones, portadas, etc

Pero no tengo valor para subir. Sé que una etapa en mi trabajo ha finalizado y la siguiente la sospecho, la intuyo, pero no sé ni qué, ni cómo, ha de ser. Sé del intenso y agotador proceso que me espera hasta que salga algo decente. Sé de un cuadro en el que trabajaré durante semanas para terminar tirándolo, como siempre. Lo cuadros malos, los que nunca se enseñan, son los más atormentados y dolorosos. Luego cuándo ya sabes el como, y el qué, salen leves y precisos; con aparente facilidad que sólo los bobos confunden con pereza, con ganas de terminar rápido. La pintura, la de verdad, ha de ser leve y exacta, como dictada por los dioses, pero eso es muy difícil, créanme.

Algo de esto le pasaba a Fran Hals ,y a Velázquez ,y a Sorolla,  el estado de relajada e intensa concentración necesaria para traducir el mundo a pintura, es soportable y eficaz durante breves periodos de tiempo. Un poco como los submarinistas a pulmón, que han de salir periódicamente a la superficie.

Pero para que todo esto ocurra hay que hacer el cuadro malo y grandón con el que sufriré las próximas dos semanas.

Subo, pues.

Aniversario

Ayer fue mi cumpleaños. Cumplí cuarenta y cinco , y como decía el poeta: de la vida me acuerdo...¿pero dónde está?.

Durante un tiempo me empeñé en tener “una vida interesante” (como la maldición gitana) pero por mi natural y oscense prudencia no la viví tan plenamente como se debía, la viví haciendo trampas, ya que aunque aparentemente iba por el lado más salvaje de la vida, en realidad procuraba vivir como un burgués y era más mirao que un luto. Como si los Sex pistols hubiesen salido en los conciertos con una rebeca granate al hombro “por si refrescaba”. Seguramente por eso estoy vivo aún, que ya son algunas decenas de mis cercanos los que están criando malvas por tirarse todo el rato sin red, y con punky fruición, hasta que dejaron un bonito cadáver, muriendo jóvenes tal y como se predicaba entonces.

No le hice caso a mi madre cuando me decía: “da la entradica de un piso, que luego lo pagas sin enterarte” y perdí para siempre la posibilidad de ser propietario, de tener patrimonio, y crédito, y todo eso. A cambio me fui a triunfar y a pagar desorbitados alquileres en Madrid y en París, para tener casa y recibir a funcionarios con Moscosos que llevaban al chico a Eurodisney y que siempre me regalaban un chorizo y una maza de jamón

Ahora con la vida a medio vivir, siendo optimista; sigo cumpliendo años pero ya no me acuerdo de que quería hacer con ella.

Acojonante

Acojonante

Acojonante.

Esta tarde he comprado en el Vips una especie de manual para coleccionar Arte Contemporáneo. Esta editado por Taschen y el autor es Adam Lindemann. En la contraportada reza: Comentarios de los entendidos: 40 esclarecedoras entrevistas con los verdaderos (sic) protagonistas del mercado global del arte acerca de cómo navegar en el mismo cual verdadero profesional. Estos (los verdaderos protagonistas) son, a saber: El artista, el crítico de arte, el marchante, el asesor artístico, el coleccionista, el experto en casas de subastas y el profesional del museo: directores y comisarios. Después ,con unas bonitas páginas en cartulina roja con el nombre de cada grupo de protagonistas en grandes letras negras, separa cada caterva en el libro. Lo acojonante es que cuando llegas al apartado de uno de los siete protagonistas: el artista, aún a pesar de tener separata roja y letras grandes como los demás, no hay ninguna entrevista esclarecedora, no hay nada. El autor explica porqué. Cito textualmente (aunque está redactado con el culo):

 

Aunque resulte paradójico, he decidido no entrevistar a ningún artista para este libro pese a que es el protagonista en el coleccionismo de arte contemporáneo. Se trata de un asunto delicado, puesto que no cabe duda de que todos los marchantes le asegurarán que su artista es “increíble”. Obviamente, el comprador querrá conocer a esta celebridad del mundo del arte y, si se toma las cosas en serio, lo conseguirá.

 Como todo el mundo, siempre intento conocer personalmente al autor de la obra que me interesa, aunque lo cierto es que no creo que sea de gran utilidad. Después de todo, lo que nos interesa verdaderamente es la obra. La obra debe hablar por sí sola; el objeto ha de comunicar esa liberación maravillosa que toda obra maestra comunica. Ya sea el artista culto, cultivado o torturado, cuando termine el cóctel usted convivirá con el arte, no con el artista.. El único peligro posible es que el artista le diga que una determinada pieza es su mejor creación ( normalmente una pieza que aún no ha vendido), o el comentario habitual que siempre me asusta: “mi nueva obra será la mejor”. El artista debe tener fe para seguir desarrollando su misión personal. Pero ni ustedes ni el mercado del arte tienen obligación alguna de compartir dicha fe. Dudo mucho que Koons  supiera cuando creo la colección “Statuary”en 1986 que el conejo de acero inoxidable(Rabbit 1986) se convertiría en la obra representativa de la década. Quizá pensó que su “Italian Woman”( 1985)o su Luis XIV(1986) serían igual o  más importantes que el roedor. Pero lo cierto es que fue el mercado del arte, y no el artista, el que eligió el conejo, una pieza que hoy vale más que las otras dos juntas (entre cinco y ocho millones de dólares, como mínimo). 

Todo es relativo, como afirma el Dalai Lama- por no mencionar a Eistein-, y  el conejo de Koons sigue siendo una obra de autor de referencia de su época. En conclusión, no lo dude y conozca a los artistas, pregúnteles lo que desee, pero recuerde que no tendrá respuestas porque ellos están buscando obras suyas propias.

 

Por supuesto que el resto de los siete protagonistas se explican y pontifican sin parar, es más, son el corpus del libro. Pero los artistas, mejor calladitos, aún a pesar de haber sido desalojados de la categoría de entendidos. Otra perla, es lo del cóctel, dónde se puede conocer al artista...!Acojonante!. Si quiere usted pregúntele, pero cuando le responda que le entre por una oreja y le salga por la otra. Si de verdad quiere usted saber algo, escuche: al marchante, al crítico, al coleccionista...Pero al artista déjelo que no se entera, ¡bastante tiene el pobre con lo suyo!.

 

Por si fuera poco este bodrio ha sido elegido el libro del mes por no sé que semanario tal y como rezaba una cartel al lado de la pila de manuales del Vips.

 

Acojonante, si señor...A alguno de los “protagonistas” que entrevista tengo el gusto de conocerle personalmente como al francés Perrotin, dueño de la galería del mismo nombre y hoy enfant terrible de los galeristas parisinos, y por supuesto nada de lo que él aconseja (los artistas que representa, evidentemente) le parece sospechoso de parcialidad, tal y como le parece la perdida de tiempo que es hablar con los interesados y abyectos artistas.

 

Acojonante. Este libro va a ser un éxito comercial y la sarta de bobadas escritas por Adam Lindedeman, en el apartado de “Artistas” de su manual a base de ser repetidas por los “enteraos”, terminaran por convertirse en verdades. Y lo más preocupante todavía, el descaro con el que se saca, y argumenta la ausencia, a los artistas de este supuesto foro coral, aún a pesar de enumerarlos. Si esto se hiciese en cualquier otra publicación que se refiriese a cualquier otro ámbito social o económico, el escándalo sería mayúsculo. En el ámbito de la pesca, por ejemplo: Sí se escribe un libro de entrevistas dónde se enumera previamente a los protagonistas: el pescador, el patrón del barco, el armador, el mayorista de la lonja, el conservero, y el minorista o pescatero. Y el autor se atreve a decir que la opinión del pescador no sirve para nada porqué siempre miente sobre el tamaño de las piezas, y que se sabrá él de peces, la bronca que le cae es de órdago. Pero en el mundo del arte se vale todo y nadie se queja.

 Lo inaudito es que ninguno de mis colegas va a decir ni pío sobre este insulto colectivo, no sea que alguien se mosquee. Ellos a callar y a esperar ser seleccionados por alguno de los protagonistas enumerados por Mister Linndemann. Podría hacer un comentario de texto sobre el resto del manual pero me llevaría el resto del año y tengo otras cosas que hacer. Pintor, pinta y calla.

Un tonto muy tonto.

Últimamente me dicen ,de un modo más habitual que antes, o a mí me lo parece, que soy tonto.

 

-Mira que eres tonto, como te gusta complicarte la vida. ¿Por qué no te centras en pintar?. Y dejas de hacer el memo.

 

Hacer el memo para los que me lo dicen, en principio cariñosamente, es escribir en este blog, o hacer cualquier cosa que vaya en contra de mi carrera. Para ellos dejar de trepar es algo inadmisible. En París un amigo chino, Xiao Fan, me decía algo parecido:

 

-No comprendo como pierdes tanto tiempo charlando con personas que no te interesan.

 

Me lo decía cuando charlaba con el camarero, o el vendedor de periódicos, o la persona menos influyente de la fiesta. Él sólo sonreía y atendía cuando su interlocutor era susceptible de mejorar su vida económica o sexualmente.

 

Y es que a mí lo que más me gusta del mundo es perder el tiempo (claro signo de mi estupidez); meterme donde no me llaman,( evidencia de mi sandez); hablar cuando no me conviene, (una bobada como otra cualquiera) y no atender a mi carrera ni un instante, (mi majadería por excelencia).

En mi defensa diré que sé que soy tonto, y lo asumo, y lo ejerzo. Pero la mayoría de los que están trepando a mi alrededor, y que ponen cara de indio tomando bicarbonato en las fiestas esperando a su interlocutor y creyendo que son transparentes, y muy listos, son en realidad tontosdelculo, y sin saberlo. Y como no lo saben no descansan ni un instante, y son pesadísimos, y se ríen mil veces menos que yo.

Pintor en el estudio.

El otro día vi en un programa cultural un programa sobre un pintor en su estudio. He visto decenas parecidos.

El formato ya es un clásico: imágenes del pintor garabateando en un lienzo, el pintor sacando algún cuadro antiguo de la estantería de almacenamiento, el pintor explicándose delante de un montón de botes y pinceles desordenados, imágenes fijas de los carteles de sus exposiciones, etc..De fondo una voz que explica los parabienes de su carrera. Cuando la voz calla la música, casi siempre clásica, se alza desde el fondo. De pronto todo calla y el pintor comienza a explicarse.

En realidad no se explica, lo que está haciendo es responder a las preguntas de la redactora que está al lado del cámara(no sé porqué, las redactoras casi siempre son mujeres y los cámaras siempre hombres), pero cuando se emite nunca se oyen las preguntas, las cortan sistemáticamente,  de este modo las respuestas del pintor parecen una declaración de intenciones, pomposa y autoritaria. Siempre lo hacen así. Suponen que los pintores, al igual de los galgos, precisan de un señuelo para ponerse a largar, y así lo hacen.

 

Por ejemplo:

La redactora pregunta:

-¿Siente pánico ante el lienzo en blanco?, pregunta manida por excelencia.

El pintor responde, por ejemplo:

-El lienzo en blanco es la muerte que todo artista intenta trascender. Enfrentarse a ello es la esencia de la creación artística.

- ¿Cómo fueron sus comienzos?.

-Mis comienzos fueron duros. Garabateaba papeles sin descanso. Un día fulano de tal, artista y amigo de mis padres les dijo que yo tenía talento y les propuso que fuese a la academia que él tenía montada cerca de mi casa.

-¿Cómo ve la pintura española actual?

-La pintura española actual esta falta de sentido, la confusión es la tónica habitual, echo de menos los tiempos en que el concepto de vanguardia no había muerto. Yo en cualquier caso yo, soy ya un artista del siglo pasado.

 

Cuando se emite lo que podemos ver es al pintor con cara de pánico y alelado, reinando en el desorden de su estudio, diciendo:

 

-El lienzo en blanco es la muerte que todo artista intenta trascender. Enfrentarse a ello es la esencia de la creación artística. Mis comienzos fueron duros. Garabateaba papeles sin descanso. Un día fulano de tal, artista y amigo de mis padres les dijo que yo tenía talento y les propuso que fuese a la academia que él tenía montada cerca de mi casa.La pintura española actual esta falta de sentido, la confusión es la tónica habitual, echo de menos los tiempos en que el concepto de vanguardia no había muerto. Yo en cualquier caso soy ya un artista del siglo pasado.

 

 Y claro así no hay manera de que la gente cambie de opinión sobre los artistas. Piensan que al igual que los teleñecos, los pintores se ponen a largar  tonterías sin que nadie les haya preguntado, cuando les visitas en su estudio Y es que eso de cortar las preguntas es hacer trampas, como casí todo en televisión por otra parte...

Texto para Charo.

Hace un tiempo me llamó una amiga pintora (y sin embargo alumna) para que le escribiese un texto para el catálogo de una exposición (la primera de cierta importancia, creo) que inaugurará el próximo viernes primero de Septiembre en el Hotel Boston.

Esto es lo que salió:

       

Decir que conozco a Charo como pintora es decir poco y es inexacto. Yo de Charo sé. Sé cual es su compromiso con la pintura, con la suya y con toda la que en el mundo se haya hecho. Sé como la vive y como la practica. Sé del vivísimo interés con el que se enfrenta a cada cuadro. Lo sé  porque tiene la gentileza de compartir todo esto conmigo cada jueves desde hace tres años.

 

Cada jueves a las diez tengo una cita con pequeño grupo de pintores que aman su quehacer. Son lo que bien dicen los franceses “amateurs”, y que aquí se traduce impropiamente como “aficionados”, cuando el sentido literal del término es “amadores”. Es decir personas capaces de amar, en este caso de amar su trabajo, como se debe amar: con entrega absoluta y sin límites. De entre todas ellas, Charo es una de las que más se le nota que esta viviendo lo que hace. La que acomete los problemas más complejos con la determinación de llegar hasta el final. Cueste lo que cueste. Enfrentándose, cara a cara, en cada cuadro al fracaso, como debe de ser.

 

Charo y mis demás amigos de cada jueves no sé si saben el bien que me hacen. Yo no soy un “amador”, soy un profesional, algo que es un sinsentido u oxímoron cuando se aplica a las cosas del alma, de la piel para dentro, y que llevo tan buenamente como puedo arrastrando contradicciones como castillos. Tener licencia fiscal, tarjeta de crédito, plazos que pagar con el producto de la osadía de intentar hacer arte, es una barbaridad. Máxime cuando no sé lo que es el arte, ni en que consiste y mucho menos como se hace sistemáticamente, tal y como se me exige desde la estructura que se me ha impuesto. De eso que llamamos arte, lo único que sé es reconocerlo cuando lo veo, casi siempre hecho por manos ajenas. Mi trabajo principal es pues, intentar aislarme lo suficiente para que el milagro de la obra de arte se produzca, si ello quiere, claro está. Dejar de pensar para ser, intentar parar el mundo para existir; y para esto la única vía es amar el oficio, y a los que lo hacen, y lo han hecho. Por eso sigo intentándolo, porque sigo amándolo, porque soy un “amateur”, un “amador”, que soporta precariamente su estructura “profesional”. Me defiendo como puedo del mundo, en especial del mundo del arte, con las únicas armas a mi alcance: con la ironía y el descreimiento. A seguir intentándolo se me ayuda cada jueves, cuando doy, en teoría clases de lo que no sé; y se me contagia con una dosis de la extraña pócima que hace amar la pintura.

 

Charo hoy hace una exposición. Es decir se “expone”ante los visitantes, ante la crítica o el elogio, y da un paso, aparentemente lógico, hacia la “profesionalidad”. Yo me siento tan orgulloso como preocupado. Sé lo que significa para ella una exposición de esta magnitud. Sé el titánico esfuerzo realizado para la ejecución de los cuadros. Sé del pánico escénico de una muestra de este tipo. Y desgraciadamente, sé también de la banalidad con que se miran las exposiciones en nuestros tiempos. Sé como todo el mundo corre en socorro del vencedor, como alaba lo que le dicen que debe alabar y como desdeña lo que no comprende y de lo que no ha recibido instrucciones de uso. Por esto les pido que miren estos cuadros como lo que son:  son el honesto y sincero intento de traducir el mundo, su mundo, a pintura y esto merece el máximo de los respetos.

    Pepe Cerdá

Creatividad

A una persona muy cercana a mí le han encargado dar un curso sobre creatividad.

Ahora, en esta época insensata, en el que aprender es un derecho y no un deber, como hasta hace cuatro días, el encargo me parece complejísimo, ya que la responsabilidad de que los alumnos no se enteren de lo que se les cuenta recae actualmente en el profesor. !Vaya generación la nuestra!. De "la letra con sangre entra" a "la evaluación de la capacidad de enseñar calificada por alumno".

Resulta que los alumnos que acrediten haber estado en el curso deberán conocer los íntimos y secretos resortes que activan el mecanismo que nos hace intentar emular a los dioses: la capacidad de crear. Y la persona que tiene que dar el curso deberá destripar el compacto y misterioso mecanismo que nos hace “inventar” para explicarlo por lecciones, y degradarlo a la categoría de ´”técnica”. Tal y como vienen haciendo las escuelas de “marketing” desde hace décadas. Sin darse cuenta que cuando este frágil, complejo y mitérico mecanismo se intenta desmontar ya no funciona, ni funcionará; del mismo modo que la vida no se puede explicar desde las autopsias de cadáveres, aunque lleven centenares de años diciendo lo contrario. Lo que se aprende descuartizando es de anatomía y nada de la vida que animaba aquella masa de carne y hueso antes de morir. El análisis de cualquier cosa, lo primero que produce es la parálisis, la muerte, de la cosa estudiada. Por esto, lo que los gitanos llaman duende; los poetas inspiración, los toreros gustarse en la plaza, los del Budu trance, ni se analiza ni falta que hace. La prueba de que todo esto es inextricable es la cantidad de estudios eruditos que se han escrito sobre la cuestión.

 

Dicho esto ( que soy consciente que va contra la enciclopedia y lo cartesiano; y por lo tanto contra la modernidad misma) voy a intentar buscar algunos lugares comunes aplicables a lo que venimos llamando “creación” desde hace cinco siglos.

  

-         La moderna idea de “genio”, admitida hoy por todo el mundo, como aquél capaz de modificar la visión que se tenía del mundo hasta su aportación en el campo que fuere; no es más que la traducción de la idea de “Mesías” tan común en la mayoría de las religiones, es la idea “del elegido”, “del hijo de Dios”. El problema más grave que le veo a esta visón moderna es la ausencia de responsabilidad, ya que él no ha sido exactamente el autor. No ha hecho sino

      dejarse llevar por la inspiración, o por el mandato divino. Como Santa Teresa.

 

-          Otro asunto preocupante es, aunque resulte paradójico, el contrario: él y sólo él, tiene el mérito de haber tenido la idea genial (caricaturizada en la imagen de la manzana de Newton siéndole en la cabeza, olvidando lo que él mismo decía: “camino a lomos de gigantes” refiriéndose a los físicos que le habían precedido). Por lo tanto a él le corresponderá la gloría y los réditos que produzca tal idea, y cuando muera a sus herederos  Olvidándose de las centenares de personas que le han ayudado a llegar hasta ella.

   

-         La creatividad entendida como la capacidad humana de construir cosas usando los elementos que nos brinda la naturaleza es inherente a la humanidad misma.

      Es una cualidad de los humanos. Es, en esencia, lo que nos diferencia de los animales. Mejorar los procesos de producción   ha  sido la ocupación fundamental de    los humanos desde siempre. Por decirlo de otro modo: el hombre ha empleado su  inteligencia,     básicamente, para ahorrarse trabajo.

  

-         La creación por excelencia: la artística, es la que intenta recrear por medios artificiales lo que el hombre entiende por sublime. El concepto de sublime está copiado de la naturaleza. Sublime es todo espectáculo natural que nos sobrecoge intensa, íntima y agradablemente. Es la visión del cielo una noche estrellada, el crepúsculo desde la cima de la montaña, el sonido y imagen del agua de la catarata, la infinitud del desierto, etc...Es la belleza entendida como lo contrario del mal. El artista, además de con la imitación de los sublime,  juega con otro factor para conseguir el asombro de sus congéneres: este factor es la pericia, tanto manual como intelectual, para engañar a los sentidos de los observadores de su trabajo.

  

-         La creatividad aplicada a la industria moderna se llama básicamente de dos modos: Ingeniería y Diseño. La ingeniería se ocuparía del funcionamiento eficaz de los artefactos, y el diseño de la bondad de las formas y de la ergonomía de los objetos que se proponen al mercado. El diseño debería, también, forzar al consumidor a elegir un producto determinado por su belleza en relación a otro similar; así como la ingeniería lo hará por sus mejores prestaciones con respecto a otro homólogo. Dicha esta perogrullada, diré que no se diferencia en gran cosa el modo esencial de trabajar, o mejor dicho de reflexionar, del ingeniero, del diseñador, del compositor y del artista. Lo primero que han de aprender es a dejarse llevar por las ideas más descabelladas e insensatas, llegar hasta el fondo de la sinrazón y luego intentar construir un camino razonable para llegar hasta el sitio que la locura les ha llevado. Así se ha ido a la luna por ejemplo: gracias a que Julio Verne “soñó” y contó en una novela lo imposible en su época, la NASA se empeñó en ir un siglo más tarde. La herramienta fundamental del creador es pues: la osadía.

 

-         Hay otro tipo de moderna creatividad, la de la moda, que es muy interesante y primigenia. Me explico: las causas por los que toda una colectividad prefiere unos modos a otros, y al unísono, siguen siendo un misterio incluso en nuestros días que todo se intenta manipular y preveer. Las grandes compañías de la industria del lujo, de la cosmética y de la ropa, siguen nutriéndose para sus estrategias de producción de los informes de los cazadores de tendencias. Estos no son otra cosa que unos individuos jóvenes que viven y participan en las grandes ciudades de los fenómenos que diferencian  a cada generación de la anterior. La “tendencia” hacia donde se dirigen los gustos ha de ser detectada cuanto antes para determinar la producción de objetos con que se distinguirán de sus mayores. Este tipo de creatividad coral u objetiva está perfectamente diferenciada de la creatividad individual y subjetiva del artista. No hubo un “mesias” del movimiento y estética Hippy, ni de la Punk. Y mucho antes tampoco lo hubo para el Gótico o el Románico. Fue todo un pueblo el que (del mismo modo que los bancos de sardinas) cambió de “gusto” al unísono (si se me permite emplear el término gusto, claro está, para referirme a estilos tan importantes como el Gótico o el Románico) y en relativamente muy poco tiempo( hay un libro: “Rastros de carmín”, de Greil Marcus, publicado por Anagrama que explica muy bien esta cuestión).

   Esto es lo que se me ha ocurrido y a bote pronto sobre esta cuestión. Ya perdonaran.

Literatura y literalidad

En los últimos meses no he leído nada.

Y la verdad es que no lo hecho de menos. Además, hoy he entrado en un par de librerías y no he comprado ningún libro, cosa que no conseguía desde hace décadas. Lo siento como una liberación.

Desde que tuve conciencia, y me avergoncé, de ser un ignorante, siempre he andado leyendo un par de libros a la vez (que es la mejor manera de no enterarte de lo que pone en ninguno de los dos) y comprando, compulsivamente, todo lo que creía que pudiera interesarme o que a bien tuviese recomendarme el librero de turno. Este vicio ha dado como resultado unas estanterías atiborradas de libros cogiendo polvo y una confusión creciente en mi cabeza. Leer, sin orden ni concierto, ahora  ensayo, luego divulgación científica, más tarde novela, o biografía, o poesía, o filosofía, creo que no me ha sentado nada bien. No sé (del verbo: tener una opinión formada), nada de nada. Como, además, tengo una memoria nefasta, no puedo ni recitar un poema, ni citar a algún autor, ni fechar ningún acontecimiento histórico; tal y como hacen, tan a menudo, mis contertulios en las cenas.Osea, que me he dejado la vista y la bolsa para nada.

 

Yo lo que de verdad he hecho ha sido vivir, y meterme en líos, y salir mal parado, y bien, y regular. Pero como no estudié de joven por hacer las cosas que han de hacer los jóvenes, es decir: holgazanear, soñar y enamorarse. Intenté más tarde “formarme”, pero ya era tarde. Lo que de verdad sé, lo sé porque me ha pasado; o porque le ha pasado a alguien muy cercano. Lo libresco es como si lo hubiese soñado y no termina de preñarme. Que le vamos a hacer.

 En cualquier caso creo que sabrá más de fugas “el lute”, ahora Don Eleuterio Sánchez, que alguien que haya leído una docena de veces el Conde de Montecristo.

Exposición

El lunes expongo en Anciles. Un bonito pueblo que se une por una bellísima carretera de apenas un kilómetro a Benasque. Expongo junto al escritor Carlos Castán unos cuadernos de viaje que hemos hecho sobre el valle de Benasque. Lo mío son acuarelas y textos escritos a mano (las acuarelas también); lo de Carlos son textos a máquina acompañados de fotos de su amigo Luis Pita. Ambos trabajos se presentan en idéntico formato y barajados, de modo que las dos visiones sean una, o por lo menos eso se pretende.

Habrá un bonito catálogo, si están por allí están invitados.

Figuras de chapa.

Hay un herrero en Villamayor que gusta de construir con chapa figuras de animales. Luego las ubica en un terreno que tiene enfrente de su nave y las pinta primorosamente. Ya hay: un burro, un zorro, varios conejos y una cigüeña; todos de tamaño natural.

Se pueden ver desde la carretera que bordea el terreno. Yo los veo a diario cuando voy a comer al pueblo vecino, y me hacen reflexionar sobre el misterio que venimos llamando arte desde hace tanto tiempo.

 

Me explico:

 

En primer lugar son  representaciones figurativas perfectamente reconocibles. En segundo lugar, la elección de los temas y el contexto donde están situadas, (delante de la nave) las convierten en algo simbólico, o como mínimo publicitario de las habilidades del herrero. Este primigenio simbolismo nos lleva a otro más cultural: a las primeras manifestaciones artísticas, las pinturas rupestres, los jeroglíficos egipcios, los signos heráldicos, etc. En tercer lugar hay un respeto, mimo, por el material empleado. La chapa ha sido trabajada atendiendo a las cualidades intrínsecas de la misma, y sin embargo se ha convertido en cosa distinta: en animal animado. En cuarto lugar, presentan una extraordinaria economía formal, una síntesis. Asombra los pocos y certeros pasos dados para que la chapa de hierro se convierta en burro, o zorro, o conejo. En quinto lugar la observación de las figuras desde el coche siempre provoca una cierta inquietud, ¿qué hacen allí?, ¿a qué responden?, ¿por qué han sido fabricadas?.

En sexto lugar, nadie las ha encargado, las ha hecho el artesano atendiendo a intimas e inexplicables razones de orden estético; para satisfacer el deseo gozoso de hacer por hacer.

 

Estas seis cualidades son aplicables sin excepción a cualquier objeto de los que venimos llamando artísticos y que ilustran las numerosas enciclopedias que sobre arte se han editado.

 

¿Porqué estas no son artísticas?, se podrá decir que porque son feas, porque el que las ha construido no es un “artista”, porque no han sido catalogadas como tal, porque no tienen el reconocimiento social necesario para que se conviertan en excelsas, ...y así podríamos seguir hasta aburrirnos. Pero todas las razones que podríamos argumentar serían circunstanciales, arbitrarias y subjetivas. Las objetivas: la representación, lo simbólico, el “mimo” en la ejecución, la síntesis, el misterio y la ausencia de encargo; si que las cumplen.

 

Creo que no son arte porque el que las ha hecho no tiene el “sitio” de influencia (o de gestión) para que lo sean. No sabe como influir para forzar la mirada, y la ejecución, para hacerlas visibles desde el estrecho punto de vista desde el que se ve todo lo artístico. No tiene la “formación” necesaria para hacerse oír. No habla, ni comprende, la jerga artística.

 Sólo tiene el irrefrenable deseo de hacer por hacer.

Mono cibernético.

He hecho el cartel que anunciará el octavo congreso de periodismo digital, no puedo colgarlo todavía porque aún no ha sido presentado en sociedad. El cartel representa a un mono tecleando en un ordenador portátil. Escribí, también, este pequeño texto de presentación:

 

El hombre de hoy se cree mucho más importante que el de ayer por cuestiones tan tontas como poner el culo en un Mercedes, activar el inalámbrico con la voz, descargarse películas de Internet y por todo ese mundo mágico, por lo tanto incomprensible, que nos han traído las nuevas tecnologías. Pero, en realidad, nunca había sido tan poca cosa, ni había sido tan ignorante del funcionamiento de las herramientas que usa cotidianamente.

El hombre se distinguió primigeniamente de sus primos los animales por su capacidad de construir útiles y por su destreza para manejarlos y defenderse con ellos de la naturaleza. La complejidad de estos útiles ha ido en aumento desde entonces, pero no obstante, hasta hace muy poco, podíamos hacernos una idea de su funcionamiento. Más o menos hemos sabido como funcionaba el motor de explosión, o como se ha ido a la luna (con hierro y fuego, al fin y al cabo). Pero con esto de los móviles y los ordenadores, ya no nos aclaramos. La distancia entre el hombre y el útil de manejo cotidiano nunca había sido tan tremenda; de ahí su poder hipnótico y su capacidad para engancharnos. Es sabido que tendemos a adorar lo que desconocemos.

En el cartel del octavo congreso de periodismo digital ha querido reflejar la paradoja de que ignoremos todo lo referente a nuestros útiles más cotidianos. De algún modo somos unos simios jugando con la azada recién robada al campesino neolítico. También ha querido recuperar una cierta estética (está realizado con acuarela, lápiz y tinta china) alejada de los trabajos realizados por ordenador, para anunciar, precisamente un congreso de periodismo digital.

Ya perdonaran.

¿Porqué pondrán esa cara?

¿Porqué pondrán esa cara?.

 

No termino de entenderlo. Me refiero a la cara de ser extremadamente importantes que ponen algunos agentes culturales de mi ciudad.

 

Hay de varios tipos: está el pequeñajo, con gafas que procura no saludar al tiempo que pasa lo más cerca que puede, estirando la barbilla hacía delante y que suele portar camisas imposibles; el cargado de espaldas y con el periódico pegao al sobaco que mira mohino desde su cabeza que parece salirle del pecho; la de las greñas y las sayas que cree ser la mirada más sagaz de la ciudad; el grandón vestido de negro con voz de actor de cuarta, que va de galerista y que se dirige a uno como si el tonto no fuera él.

 

Son los que están en el secreto del arte en la provincia.  En cualquier evento donde coincidan es muy divertido ver como evolucionan por la sala, como rebotan entre ellos como las bolas de billar, como se crean grupos a su alrededor,  como disciplentemente van despachando con sus inferiores mientras miran para otro lado. Sus inferiores son la practica totalidad de la humanidad, salvo los que ejercen el poder político y económico, sus empleadores naturales, los únicos que pueden convertir en pasta sus vastos conocimientos y su capacidad de discernir entre la paja y el grano. Entonces y sólo entonces cambia la expresión de sus caras, que se torna solícita y sumisa. Ríen los chistes que a bien tenga contar  el potencial empleador, y lo que haga falta. Pero en que desaparecen sus interlocutores naturales vuelven a mudar su rostro, como en las películas de zombis, como si les desactivaran su capacidad de ser simpáticos, para volver a poner la cara de tontorrón.

 

¿Pero, es obligatorio poner esa cara?

 

¿No podrán realizar su santa misión sin poner cara de indio tomando bicarbonato?

Gramática parda.

Manolico era el tonto de Daroca.

 

Ser “el tonto” era un puesto perfectamente definido en los pueblos hasta hace muy poco. Solían hacer los recaos y eran muy saludadores, sobre todo a los desconocidos. Por eso, reír las gracias a los recién conocidos es un claro signo de estupidez, o como mínimo, de sumisión por estos lares. En los eventos sociales es muy habitual encontrar a este tipo de personajes  Son los que no se dejan a nadie por saludar con una mueca congelada, que aparenta una sonrisa, en la cara. Son los que han ido a la fiesta a “hacer contactos” y reparten tarjetas por doquier. Son el Saza vendedor de porteros automáticos en la magnifica película de Berlanga: “La escopeta Nacional”.

Pero Manolico, el de Daroca, era distinto. A diferencia de la mayoría de los tontos, él sabía que lo era, sabía el lugar que ocupaba. Los parroquianos del bar por donde deambulaba, también sabían el lugar que ocupaban: eran “los listos”. Por esto le solían gastar esta broma:

 

-Mira ahí esta Manolico, ya verás que tonto es. ¡Manolico, ven un momento!

 

Manolico se acercaba solícito y sonriente. El parroquiano se metía la mano en el bolsillo y elegía dos monedas. Una de duro y otra de peseta. Ponía cada una de ellas en las palmas abiertas de sus manos y le decía:

 

-Manolico. ¿Qué prefieres: el duro o la peseta?

 

Y Manolico escogía la peseta, para gran regocijo de los clientes el bar. Manolico sabía que el día que escogiera el duro dejaría de ser el Tonto de Daroca y de vivir de eso.

 

La postura de los artistas ante los poderosos es un poco así. Los poderosos tienen prefijado un arquetipo de artista: despistado, despreocupado por el dinero, siempre obsesionado por su trabajo etc...Y gustan de hacer comentarios en público al respecto de sus protegidos del mismo tono que los que le hacían al tonto de Daroca. Los artistas si no son verdaderamente tontos (que los hay abundantemente), se lo hacen, para no defraudar al bravucón mecenas y hacerle quedar bien ante sus amigos.

 

Esto, poco más o menos, es lo que los americanos llaman Master en Marketing, y cobran una pasta. Pero yo les regalo gustosamente el Teorema del Tonto de Daroca para su libre aplicación a la vida y los negocios.

 

La “gramática parda”, al contrario que el “marketing”, no se cobra y es patrimonio de la humanidad.

 

Salud.

   

 

Especulaciones

Hoy he escuchado por la radio a un científico que decía que la imaginación era la herramienta fundamental de los servidores de la ciencia, que primeramente se había de intuir el camino a seguir y luego demostrar que lo intuido era cierto.

 

Este científico, a mi parecer, confundía “especular” con “imaginar”. Lo que hacen los científicos es enunciar predicciones que luego “ocurren” experimentalmente, o explicar razonablemente fenómenos habituales, para hacernos creer a los demás que la lógica es el único modo de domesticar al mundo.

 

La imaginación, para mí, es cosa muy distinta a lo que contaba el científico por la radio. La imaginación es un instrumento infantil para crear un mundo intermedio entre el que se le impone al niño desde los padres, el colegio y la gramática( y las cosas todas que conforman la “educación”) y su propio universo precognitivo nacido al tiempo que su cuerpo en el seno materno. A medida que el niño va creciendo la imaginación se va domesticando y se va contaminando de elementos del mundo impuesto como cierto por la sociedad, y el niño termina por convertirse en un ser adulto aparentemente normal; con sus principios morales, opiniones formadas, posicionamiento político, licencia fiscal y todo lo necesario para que en esta sociedad no te metan en la cárcel ni en el manicomio.

 

A algunos, unos pocos, de los adultos considerados “normales” se les deja seguir imaginando para abastecer el mercado que de cosas fantásticas precisan los aburridos seres sometidos a civilización. Estos son básicamente los artistas (y todos sus derivados modernos :los diseñadores, modistos, grafistas, creativos, etc, etc,). A menudo, por no decir siempre, estos que suelen hacer gala de su desbordante “imaginación” no hacen otra cosa que impostar el personaje que los demás les exigen y (al igual que el científico) especular con soluciones que a los demás les parezcan imaginativas, cuando en realidad no son mas que relecturas de lo de siempre, que como los demás desconocen les parecen originales y geniales.

 

A mi la imaginación aplicada a las artes, y en nuestros días, me parece algo peligrosísimo. Sirve para crear a Espinete o cachivaches para los parques temáticos, pero no para intentar traducir el mundo a razón o emoción. El mundo es lo suficientemente maravilloso y nuestros ojos tan insuficientes para verlo, que con fijarnos con un poco más de ahínco que los demás en lo que normalmente vemos, ya tenemos algo ante nosotros infinitamente superior a toda la imaginación humana. Sobre todo a la falsa imaginación de la que suelen hacer gala los "creadores", que como en todas las habilidades humanas: más vale no tener ninguna, a no tener la suficiente.

Como decía Goethe:

“Hemos aprendido que hasta los ojos necesitan de la imaginación para ver”

 

Tres textos.

Tres textos.

Inauguración en París. 138 del Boulevard Haussmman. Como la temperatura lo permite se monta la mesa con las bebidas y el picoteo en el soberbio patio interior del edificio, justo delante del local que hace de almacén de la galería. Cuando ya está todo preparado el portero nos dice que “no tenemos derecho” a usar el patio para  la inauguración. ( Vous n'avez pas de droit, tal y como dicen tan a menudo los ciudadanos franceses, sabedores de que son ellos y la República misma, quienes lo dicen al unísono) Ya me había olvidado de lo que manda un portero en París. Los porteros esos grandes delatores, tan usados por los nazis en la segunda guerra mundial para localizar a los judíos escondidos. Con una propina se resuelve, se le olvida de lo del derecho y permite el ágape.

Empiezan a aparecer parte de la fauna que suele poblar las inauguraciones: los comedores compulsos de canapés; los sensibles enteraos que se empeñan en establecer relaciones entre el trabajo de uno y el cine de David Lynch, o la poesía de no sé quien.; jóvenes abogados, con espléndidas novias, como no podía ser de otra manera, que visten trajes pespunteados y zapatos interminables; señoritas en trance de dejar de serlo y prejubilados de todo el arco de la administración francesa. También, afortunadamente, los clientes de la Galería (ellos prefieren que se les llame coleccionistas, y así se hace; al fin y al cabo, no cuesta nada y ellos se sienten mejor). Frederic, mi galerista, vende seis cuadros en un pis pas. Tres de ellos por teléfono. Cada día me deja más perplejo.

 

Al día siguiente, para celebrarlo, nos vamos a comer al restaurante del Museo Jacquemart André, a escasos cien metros de la galería, en la misma cera. He de confesar que yo no lo concía y mi sorpresa es mayúscula al constatar que vamos a comer bajo un magnífico fresco de Tiépolo. Increíble. La cosa no puede pintar mejor. Frederic lleva dos años sin beber porque ya se lo ha bebido todo y tiene muy buena cara con respecto, a las veces anteriores que he comido con él, en las que indefectiblente se ha cogido una trompa como un piano y ha montado una bronca en el restaurante, como sólo las sabe montar él. Fred es una especie de genio de la supervivencia, ha comprado en el rastro varios cuadros a diez euros que luego ha vendido a decenas de miles, previa expertización, claro esta. Esta especialmente locuaz, me cuenta que es el único marchante que tiene crédito en el sector de ladrones de las pulgas de Montreuil. Parece estar especialmente orgulloso de esta circunstancia, que es singular, como su galería.

 

 Fred es un hombre hecho a sí mismo, cosa que en Estados Unidos  sería casi como un título, pero que en Francia no se perdona. Aún así resiste y resistirá, y a mí me cae simpático, aunque no debiera ya que las relaciones con los galeristas siempre acaban fatal, y si les coges cariño es peor.

  

                                                           ***

  

A veces (muy a menudo) cuando enseño mi trabajo pictórico a algún colega o crítico, me suelen decir:

-Claro, es que tú tienes mucha mano…; o – es que tú tienes mucha técnica….

Les aseguro que no sé muy bien a que se refieren cuando dicen una cosa o la otra pero desde luego es algo peyorativo. Además están equivocados, sólo yo sé lo que me cuesta esa aparente facilidad, que a mí me parece torpeza si la comparo con los verdaderos maestros. Lo que sí que queda claro, por la entonación de la frase que eso de “tener mano” o “técnica” es como hacer trampas.

Un verdadero artísta ha de luchar denodadamente con su obra y con su incapacidad para ejecutarla, sólo a sí se puede mascar la tensión, la lucha desigual entre el encargo divino y la humana torpeza para acometer las cosas de los dioses. Por eso si sale con aparente facilidad sólo puede significar engaño o fraude en esta época cainita que vivimos.

Una colega, en mí última ex.posición de París me dijo.

-Se nota que son postales hechas con mala gana pero quedan muy bien.

 Y yo venga a darle vueltas a la cabeza…¿Cómo que son postales?. Serán cuadros que representan paisajes y en tanto en cuanto a “la mala gana”¿ no será que están hechos eficazmente y con economía de medios?,  vamos, digo yo. Pero que sabré yo de pintura si sólo soy un mono pintor, ya dirán lo que tengan que decir los que saben

 

                                                          ***

 

El actual director del Instituto Cervantes de París dijo, nada más tomar posesión en una entrevista que tengo recortada, que en la sala de exposiciones del mismo se iba a dejar de exponer artistas españoles para que el Instituto dejara de ser provinciano, cómo al parecer lo era hasta su llegada. Como todo el mundo sabe las salas de los Institutos Cervantes se crearon para difundir el arte de otros paises, que el nuestro ya se difunde solo, menudos estamos hechos....

Nada más llegar, siguiendo este criterio, se cargó una exposición, ya programada, de Aragoneses en París, en la que estaban representados Buñuel, Saura, González Bernal, Condoy, etc. No quería ninguna mancha en su programación.  En cualquier caso después de un par de años de su exquisita gestión creo que todavía no le han hecho ningún reportaje ni en la cadena Arte, ni en ninguna de las revistas en las que debería salir para volver a España como un gestor cultural de categoría europea. Vamos a ver si tiene suerte.

Allí trabaja desde hace años Raquél, ahora ascendida a jefa. Raquél es una Zaragozana menuda y desnvuelta que vive en París desde hace cinco años. Yo la conocí recién llegada y viviendo en un colegio de señoritas de la isla de Saint Louis. Si no llegaban al colegio antes de las doce de la noche, hora en que se cerraban las puertas, se veían obligadas a vagar por París, cuan cenicientas , hasta las seis de la mañana. ¡Parece que fue ayer! y ya han pasado cinco años…El caso es que vino a mi exposición y le he cogido un sincero aprecio. Forma parte ya por méritos propios de la colonia de españoles en París. Como Juan, Alex y Gloria, los amigos de mi “generación” que se quedaron y que aún se acuerdan e quien era yo Cosa que les agradezco, ya que uno ya lo ha olvidado. De la vida..., ni me acuerdo, ni sé dónde está.

Jean Luc Olivier y París

Hoy salgo para París. Expongo el miércoles después de haber retrasado la inauguración tres veces, mi galerista es un santo, ¿o un demonio?, no lo sé muy bien y me da igual.

Me ha llamado Jen Luc Olivier, uno de los poetas más exactos en su desmesura que he conocido jamás, y he quedado con él en París el martes. Dice que ha escrito un gran libro y que esta vez si que lo va a publicar. Jan Luc es un Macedonio Fernández, pero en madrileño-parisino-bonaerense. Lo que mejor hace, como todos los grandes poetas, es hablar mientras va viviendo, que es de lo que se trata. Colgaré a mi vuelta alguno de sus poemas.

Bueno, me voy que me queda mucho viaje.

Un par de cuentos

Cuento 1

De niño no jugaba al balón, ni a nada. 

Por eso construyó una caseta con cartones y palos,

y se metió dentro,

y allí esperó a hacerse mayor.

   

Cuento 2

Le dijo que le dejaba  porque no le hacía feliz. 

En el descansillo, abrazado a ella,

como  abraza un púgil cansado a su contrincante,

sabiendo que cuando se retire,

ya no tendrá fuerzas para mantenerse erguido.

Él le susurro: 

-¿Te importaría bajar la basura?