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pepe-cerda

Conversación.

Converso con un amigo que padece un cáncer bastante grave y en el transcurso de la charla me dice:

 

-         Lo malo de los moribundos es que se creen seres especiales. Es ridículo el modo en el que a menudo hacen ostentación de su enfermedad. Yo me empeño en no hacer el ridículo y procurar ser el que fui hasta el último instante. Además créeme que esto que me ocurre no es  nada excepcional a ti también te ocurrirá.

 

Cavilo tras la charla con él que eso que llamamos madurez consiste básicamente en tener la mayoría de la vida vivida y en asumir con naturalidad la derrota y el fracaso. Desde la inmensa sacudiría que le da a mi amigo la inmediatez de su probable muerte ha tenido la gentileza de charlar un rato conmigo de igual a igual, haciéndome saber que él por moribundo no es distinto a mí; es más: haciéndome saber que todos somos moribundos por el mero hecho de haber nacido. Haciéndomelo saber mirándome a los ojos como sólo lo saben hacer los que saben que quizás esa sea nuestra última conversación.

Trabajador autónomo y artista pintor.

Soy a efectos fiscales un trabajador autónomo. Mi padre también lo fue. Y mi abuelo, aunque no se hubiese inventado entonces el término, también.
Tras un siglo largo de lucha los sindicatos han conseguido para los trabajadores algunas mejoras sociales como el derecho al paro, la regulación de la jornada laboral, las vacaciones y todos estos asuntos. Para los trabajadores por cuenta ajena, claro está. Lo de los trabajadores autónomos, lo de los hombres libres siempre les ha importado un bledo. Lo de los trabajadores autónomos nunca ha sido asunto de los sindicatos. Los trabajadores autónomos no se sindican, no se asocian, al contrario una parte de su actividad consiste en  intentar destruir a los otros autónomos: su competencia. Si además, como es mi caso, la actividad del autónomo es la de artista pintor, la cosa se agrava y la relación con los colegas no tiende precisamente a la armonía y la comprensión. Pero este es asunto para otro artículo.
A lo que vamos. Prácticamente todas las personas que conforman mi universo familiar y afectivo más cercano son trabajadores autónomos, trabajadores por cuenta propia. Son personas que no se han puesto "a cubierto" buscándose una canonjía ya sea por vía de la oposición, del enchufe o del mérito, que les permita despreocuparse de la cuestión de cómo pagar el seguir vivos ni han firmado un contrato por cuenta ajena que les reconozca derechos.
 

Para el estado el no ponerse a cubierto por vía oposición sólo puede tener dos causas o por estupidez por no saberse de memoria los temas de la oposición; o por el insano y desmedido afán de lucro. Aún a pesar que es este segundo asunto: el desmedido afán de lucro de algunos el que hace funcionar la socialdemocracia hace muy sospechosos a los que lo intentan a ojos de los que nos administran y han creado una sólida maquinaría para controlar y fiscalizar al grupo de los que se buscan las castañas. Estos inspectores han de vigilar fundamentalmente nuestra vampírica sed de sangre fresca, de lucro, que es la que ha de pagar la tranquilidad de los que pacen con regularidad del presupuesto. De “dónde” y “cómo” sacamos las castañas no les preocupa mucho a los granjeros que nos ordeñan. Sólo se preocupan de “cuantas”. Como a las cabras será nuestro instinto depredador por sí mismo es el que ha de alimentarnos. Los granjeros simplemente procurarán que no nos escapemos y nos sacarán el mayor provecho. Es así de simple. En esto consiste básicamente la domesticación desde el neolítico.

Somos para ellos seres inferiores, menos romanizados, menos ordenados. Somos seres no previsores, incapaces de organizarnos, de asociarnos, de aprobar oposiciones, cualidades imprescindibles para existir, para importar verdaderamente en democracia. Sin tiempo ni energía para otra cosa que no sea buscar desesperadamente dinero. ¡Que asco les tenemos que dar!. El mismo asco que les dan a los granjeros los animales que poseen que enjaulados se rebozan en sus excrementos. Sobre todo ahora que extenuados no somos capaces de aportar los suficientes nutrientes para el mantenimiento del estado. Ahora que por la sequía ni siquiera las cabras encuentran cardos que convertir en rica leche para sus amos.

Para el estado somos sospechosos por definición. Para los otros, los no autónomos, los no profesionales liberales, venimos a ser como el cerdo buscador de trufas que con su hocico horada desesperadamente, obsesivamente, la tierra dónde su olfato ha detectado el hongo. Al igual que al cerdo se nos deja la mínima cantidad para que continuemos con nuestra labor.
El estado no se ocupa mucho de nosotros, no le preocupamos más allá que como meros contribuyentes.  El estado sólo se ocupa verdaderamente de lo que le sale rentable electoralmente. Se ocupa de las clases más desfavorecidas y numerosas redistribuyendo lo que le sobre después de haberse alimentado él, naturalmente. El estado se ocupa también de pactar de igual a igual su relación fiscal con las grandes compañías y bancos en la que la regla general es la exención para garantizar los puestos de trabajo. O por ser más claros: las grandes compañías chantajean al estado para pagar lo que les dé la gana. De los impuestos de los trabajadores por cuenta ajena se ocupa directamente el ordenador.
Esto hace que seamos los profesionales autónomos y las pequeñas empresas los objetivos únicos de los funcionarios por los que el estado recauda. El único objetivo del ejercito de inspectores que pertrechados con las mejores armas cibernéticas sale a abatirnos cada mañana.  Este acoso legal además le sale gratis al estado. Tan gratis como le sale al pastor degollar a los cabritos. Al igual que el cabrito nunca nos quejamos. No tenemos tiempo.
Ahora que no hay trufas. Ahora que aunque nos dejemos el hocico no las vamos a encontrar. Ahora que tampoco hay cardos. Ahora que cabras y cerdos famélicos y sin apenas fuerzas para respirar aguantamos los últimos varazos de nuestros pastores quizás tengamos algo de tiempo y en la cola de los comedores de beneficencia nos dé por organizarnos para existir. Aunque no lo creo. Lo que haremos será morder en el cuello de nuestro congénere más débil para luego ingresar el treinta y tres por ciento más el iva de la sangre que le saquemos para que luego no nos venga con multa y recargo.

 

 

 

 

Ahora que no sé nada de nada.

Enciendo el ordenador. Hace muchos días que no lo hago.

Entro en este blog y leo lo escrito últimamente.

Después voy a artículos antiguos y los releo.

Muchos de ellos me sorprenden. No tengo ni la más mínima sensación de que sean algo mío, de haberlos escrito yo. No sé de dónde habré sacado la seguridad para afirmar como he afirmado las cosas que en ellos digo. No sé de dónde habré sacado tanta desfachatez.

Ahora que sólo dudo. Ahora que no sé nada de nada. Ahora que camino miedoso, ciego y a tientas acariciando las húmedas paredes de la incertidumbre. Ahora que tengo miedo, me avergüenzo de lo dicho aquí con tanto desparpajo.

Ahora que estoy pintando unos cuadros enormes que nadie me ha encargado, ni siquiera yo mismo. Ahora que sé lo pequeño e incompetente que soy, lo frágil y circunstancial que soy, no sé qué decirles, francamente.

-No pienses. ¡Trabaja!.

En Paris,  hace años, trabajaba a menudo codo con codo con mi amigo chino Xiao Fan. Ambos exponíamos con la misma galería holandesa y las vísperas de las ferias y las exposiciones nos pegábamos las noches en blanco enmarcando y embalando lo que fuésemos a exponer. Él trabajaba con la misma cadencia de una máquina. Yo no. Era normal. Xiao fan había salido de la china comunista al principio de los ochenta casándose con una agregada de embajada a la que daba clase de caligrafía. Hasta entonces había trabajado como sastre en jornadas interminables en una fábrica de su país. Estaba entrenado.

Yo mientras trabajaba en la noche, resoplaba, maldecía mi suerte, me paraba a fumar un cigarrillo e intentaba iniciar alguna conversación.

 

Él, muy serio, me clavaba la mirada inquisitivo y me decía:

 

-No pienses. ¡Trabaja!.

 

Desde hace meses trabajo en una solitaria nave industrial. Estoy preparando un exposición para un lugar enorme y pienso muy a menudo en la frase de Xiao Fan.

Cuando se trabaja si se quiere ser eficaz no se debe cavilar. Se debe de pensar antes y luego ponerse a ejecutar lo pensado. Por esto no escribo tan a menudo como antes. Ahora no pienso, no cavilo, sólo trabajo.

De Sorolla.

¡Hasta cuando se le va a estar perdonando la vida a Sorolla!. En el artículo del Abcd de Javier Montes aún se refiere condescendentemiente al maestro valenciano. Se cita a Baroja para decir que es “un pintor de receta”, “con una técnica mejor o peor pero sin espíritu”.

Del mismo modo que el eslogan de la sombrerería de la plaza mayor de Madrid rezaba tras la guerra civil: “Los rojos no usaban sombrero” hay en este país un eslogan subliminal entre la progresía  que reza ”Al que le guste Sorolla será porque es un rancio, de derechas, inculto y superficial”. O mejor por usar el mismo esquema del eslogan de la sombrerería “ A los progres no nos gusta Sorolla”.

El problema es que a los que les gusta mucho Sorolla como pintor es a los chinos que son los que están mandando en el asunto del mercado del arte. La cosa viene tan seria que hasta Borja Villel, el director del Museo Reina Sofía, se ha apresurado a introducir algún Sorolla en la colección permanente no sea que le pillen con el pie cambiao.

Lo que jode de Sorolla en este país y a los listos de la cultura que pace del presupuesto es que pinte bien, muy bien, maravillosamente bien;  también les jode que fuese un burgués total y que usase su talento para ganar dinero y vivir confortablemente en lugar de para autodestruirse como mandan los cánones progres y baudelerianos.

El problema con Sorolla es que gusta y gusta mucho a la mayoría de la población que se comporta, a la larga, como ella quiere y no como le dictan los que la administran y deciden lo que les debe de gustar.

De contarse la verdad y de Antonio Ansón.

Intentar contarnos exactamente la verdad sobre nosotros mismos es esencialmente el trabajo que ha de hacerse en la madurez. Normalmente nos hemos pasado la vida mintiéndonos. Sublimamos los hechos vergonzosos de nuestro pasado y nos contamos y contamos a los demás una juventud novelada y generalmente audaz. Los hombres están más capacitados para admitir sus crímenes que sus vergüenzas. Por esto al llegar a los casi cincuenta uno ha de intentar despojarse de su discurso aprendido por lo repetido e intentar escudriñar entre los pliegues de sus recuerdos lo que de cierto hay en ellos.

Este ejercicio es tremendamente desasosegante y muy incomodo.

Mi querido amigo y cómplice generacional Antonio Ansón ha escrito un extraordinario libro sobre este asunto de decirse la verdad sobre el origen. Se titula “ El Arte de la fuga”. Editorial Eclipsados. El libro es bueno. Y me jode porque preferiría que fuese malo. He de presentárselo y me hace más gracia hablar mal que bien de un libro. Este me lo he leído casi todo y es como si me estuviese mirando en un espejo. Lo que no sé es lo que les parecerá a los de otra generación. Las claves sobre la juventud de los que ahora rondamos peligrosamente los cuarenta y muchos son constantes.

De la literatura de evasión.

Una mujer madura pertrechada con ropa y complementos de jugadora de golf se dirige a un hombre de su misma edad:

 

      -    ¿No juega usted al golf?.

-         No señora. Yo todavía follo.

 

Algo de esto pasa con la afición a la lectura. Se lee para no vivir. Para vivir los asuntos de otros como espectador. Para no correr riesgos. Para llenar las innumerables y tediosas tardes a las que nos condena el confort y el alargamiento de nuestra esperanza de vida. Para no mirarnos cara a cara a nosotros mismos.

 

Leer para evadirse, sobre todo cuando se es joven, no deja de ser una cobardía.

Nada está más sobrevalorado en nuestra cultura que la afición a la lectura.

Ni el Lute, ni el Vaquilla leían. Nadie que viva trepidantemente, lee novelas.

Cuestionario.

Mi amiga Lola Aventín me envió un cuestionario para que despues de contestado por un servidor se publicase en una revista llamada Guayente que ella dirige.

Este es el cuestionario y mis respuestas:

 

1.      ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?

Que un día siga al anterior sin incidencias.

2.      ¿Cuál es, para usted, el colmo de la desdicha?

Que las incidencias me hagan olvidar al día en el que ocurren. Un día  es una unidad de medida de la vida. Un día es una cosa importantísima.

3.      ¿Quién le habría gustado ser?

Cualquier otro. Por variar.

4.      Lo mejor y lo peor de su carácter

 No me tomo a mí mismo tan en serio como para autoinspeccionarme en busca de mis cualidades y defectos. Eso es cosa de adolescentes catequistas.

5.      ¿Cuál es su personaje histórico favorito?

La historia es tan ficción o más como cualquier cuento. Lo que ocurre es que a la historia le damos visos de verosimilitud por consenso. Pero a mi me entretuvieron, que ya no, más los cuentos que la historia. Por esto creo que mi personaje histórico favorito es el Príncipe Valiente.

6.      Sus escritores preferidos

Casi todos los que antes que escritores fueron  periodistas a principios del siglo veinte: Camba, Plá, Chaves Nogales, Gómez Carrillo...Detesto a los que hacen literatura por sí misma. Detesto también a los que pretenden entretener. Aprecio a los que me hablan de la vida y sus cosas sin presentación, ni nudo, ni desenlace. Soporto a los que intentan hablar de lo que les ha pasado lo hagan mal o bien. Quiero más información que entretenimiento.

7.      Las cualidades que admira en un hombre

Que lo sea.

8.      Lo que más le atrae de las mujeres

Que no impongan sus privilegios por el hecho de haber nacido hembras.

9.      Sus músicos imprescindibles

No sé lo que es la música. No consigo apreciarla más allá que como ruido de fondo agradable.

10.  ¿Qué le impulsa a levantarse por las mañanas?

La falta de sueño.

11.  ¿Cuál es el defecto propio que más deplora?

Te remito a la respuesta número cuatro del cuestionario.

12.  ¿Y de los ajenos?

A los demás les perdono casi todo salvo que no me dejen en paz. En este caso imperdonable mi respuesta es cada vez más airada.

13.  ¿Cuál es su estado mental más común?

O despierto o dormido.

14.  ¿Su mayor extravagancia?

Eso de las extravagancias es asunto que han de decidir los demás al observar a uno. Un naúfrago no puede cometer extravagancias. Es mi caso. Detesto a los que exhiben sus supuestas extravagancias como método de hacerse notar. Exceptuando a Salvador Dalí.

15.  ¿De qué sería o ha sido capaz por amor?

Con al amor ocurre lo mismo que con la muerte. Cuando cualquiera de los dos se presenta uno ya no está. Cuando uno esta enamorado ya no es uno sino el amor el que decide.

16.  Su ocupación ideal

Dejar pasar el tiempo sin ocuparme verdaderamente de otra cosa que verle transcurrir.

17.  ¿Qué palabras o frases usa más?

¡Y yo que sé! Ni me escucho ni me leo.

18.  ¿Cuál es su mayor miedo?

Para tener miedo hay que tener esperanza. Hay que desear algo y temer la posibilidad de perderlo. Yo tengo miedo pero no sé a qué. Supongo que será un reflejo de lo que temí de joven.

19.  ¿Y su mayor remordimiento?

Como no hago exámenes de conciencia no tengo remordimientos.

20.  ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente?

Observando a los que rigen nuestros destinos desde la administración: la imbecilidad.

21.  Sus pintores favoritos

Prometí hace mucho no responder a esta pregunta.

22.  ¿Cuál es su mayor logro?

Levantarme esta mañana y todas las mañanas anteriores.

23.  ¿Cuándo y donde ha sido más feliz?

No he tenido nunca el dinero suficiente como para saber que no da la felicidad. Lo que sé es que la falta de dinero y el temor a ser pobre impide la despreocupación que debe de ser, según me han contado, la antesala de la felicidad. Por eso los pobres buscan la felicidad en las drogas que les hacen olvidar su desesperación.

24.  ¿Qué talento desearía tener?

Como no poseo ninguno con cualquiera me conformaría.

25      ¿Cómo le gustaría morir?

 

Sano y vivo.

 

De la tradición y de la innovación

En un pueblo cercano al que vivo hay un bonito santuario desde el que se divisa un espectacular paisaje monegrino. Al lado hay una antigua hospedería que, remodelada, se ha convertido en un restaurante muy cuco. La presencia del restaurante al lado de la ermita ha convertido al lugar en un sitio idóneo para celebrar bodas.

Hay una creciente cantidad de parejas de novios que desean convertir el hecho tan vulgar y corriente de casarse en un acontecimiento original. Para ello buscan lugares “especiales”, fotógrafos “originales”, vestidos “exclusivos”, celebraciones”únicas”, etc. Sin darse cuenta que en este asunto, y en casi todos los importantes, lo que no es tradición suele ser una horterada o una astracanada.

Las astracanadas son las más frecuentes por aquí. Un asistente a una de las bodas celebradas en el santuario me contó una boda-astracanada que no puedo resistirme a contarles.

Resultó que la pareja quería casarse con las puertas de la iglesia abiertas de para en par, para así divisar  el espectacular paisaje que desde el altozano se abriría impresionante a los ojos de los invitados. La hora elegida iba a ser la del atardecer para que el horizonte teñido de rojo resaltase la forma ojival de la antigua puerta. Para que los asistentes volviesen al unísono la cabeza para ver el exterior a su espalda los novios habían ideado un plan. En el momento en el que el uno al otro se dijeran el “sí” unas blancas palomas serían soltadas desde un óculo  situado a unos diez metros encima del altar. La idea era sorprender a los asistentes con la salida en vuelo de las palomas por la ventana circular. Estas sobrevolarían por encima de sus cabezas hacía la puerta por la que alcanzarían su libertad. Los invitados volverían al unísono sus cabezas para ver cómo se alejaban recortándose sobre la luz crepuscular. En ese preciso instante comenzaría a sonar un cuarteto de cuerda interpretando KV.160 en Mi bemol mayor de Mozart. Perfecto se dijeron los novios.

Para el asunto de las palomas se dirigieron al encargado de cuidar el recinto y le dieron el dinero que creyeron suficiente para comprar una docena de palomas blancas además de una generosa propina por el encargo. Le instruyeron del preciso instante en que debía de soltarlas. El novio llevaba la voz cantante:

 

-         Cuando me oigas decir a mí “sí quiero” te preparas. Y cuando oigas decir al cura “os declaro marido y mujer” las sueltas. ¿Está claro?.

-         Que sí, que sí. Descuide que no he de defraudarle. Ustedes a lo suyo que ya tienen bastantes líos con los preparativos.

 

Unos días de antes de la boda el encargado fue a Zaragoza para adquirir la docena de palomas blancas. En la tienda de animales le dijeron que no tenían, que había que encargarlas y le adelantaron el precio que le pareció escandaloso. Además para que el encargo fuese efectivo tenía que dejarlas pagadas. Y para colmo, tampoco le aseguraban que estuviesen el día de la boda.

 

 El encargado salió de la tienda cavilando y se dijo.

 

-Esto lo arreglo yo en un periquete.

 

Pensó que precisamente en su pueblo había una plaga de palomas torcaces turcas. Que capturar vivas una docena con una red no le iba a costar mucho tiempo. Que las iban a ver unos segundos y con la poca luz del atardecer. Ya estaba decidido. Además así se quedaba con todo el dinero.

 

Para disimular, pensó, “les daré una “rugiada” con los sprays de pintura blanca que me sobraron de cuando pinté los radiadores”. “Habré de taparles bien los ojos con los dedos no sea que se me queden ciegas y entonces la liamos”. “Será mejor que las pinte en el último momento”. Y así fue cavilando en el viaje en el autobús de vuelta a su pueblo.

 

Al llegar al pueblo se encontró con un amigo y se fueron al bar a tomar unos vinos. Mientras hablaba con el amigo no paraba de darle vueltas al asunto de las palomas. “Yo sólo no he de poder hacerlo. Uno ha de “rugialas” con cuidao de no darles en los ojos y el otro ha de soltalas enseguida  por la ventana”. Se decidió a hacer partícipe de su plan a su amigo que acepto encantado influido por la alegría del vino en el estomago.

 

Llegó el día de la boda y el encargao con la jaula de las palomas y su amigo con los sprays de pintura blanca se encaramaron por la estrecha escalera que accedía a la torre y a mitad de camino a la ventana circular. Desde el óculo se divisaba la iglesia atestada de invitados con sus mejores galas. Casi enfrente, un poco más abajo los músicos del cuarteto de cuerda con sus instrumentos. La boda ya había comenzado cuando llegaron al pequeño rellano donde se encontraba el óculo. El encargao cogería a la paloma que fuesen a soltar y el amigo la rociaría rápidamente con el spray y de seguido la lanzaría por el óculo. Afortunadamente el novio le acababa de decir que con tres o cuatro bastarían lo que hacía mucho más fácil el trabajo.

 

Por fin oyeron la frase pronunciada por el cura:

 

-...y yo os declaro marido y mujer.

 

Era el momento. Rápidamente la primera paloma fue rociada con el spray y lanzada al vacío. La segunda le siguió instantes después. La tercera poco más tarde. La cuarta... De pronto algo les detuvo. Con el frenesí no había escuchado el griterío de los invitados y los chillidos de la novia.

 

Resultó que con el spray se les quedaban pegadas las alas a las palomas que al no poder volar caían como unas piedras, una tras otra, sobre el altar despanzurrándose delante de los novios. Lo que provocaba los histéricos chillidos de la novia y el alborto de los invitados.

 

Y es que dónde este la tradición de la marcha nupcial que se quiten los inventos chabacanos.

Violencia de género.

Leo en el dominical del Mundo que a Lorena Bobbit la absolvió un tribunal popular un año más tarde de que le cortara el pene a su marido mientras dormía. En la noticia se hace hincapié en el carácter violento de Mister Bobbit. También se dice que consumía alcohol y que después de la reimplantación de su miembro rodó alguna película porno.

Se viene a deducir que la victima no era el Sr Bobbit sino su sufrida esposa que le corto en legitima defensa la polla a su marido mientras dormía. Que el marido estuviese durmiendo mientras fue agredido no fue tomado en consideración por el jurado. Que tirase la polla por la ventanilla del coche mientras deambulaba por una carretera, tampoco.

Lorena se convirtió para muchas mujeres, especialmente las que habían padecido similares situaciones, en una heroína del feminismo. En la actualidad, Lorena preside la organización, Lorenas Red Wagon, dedicada a conseguir recursos para mujeres maltratadas que buscan ayuda psicológica y social.

Lorena se divorció de John Bobbitt en 1995, después de seis años de matrimonio.

 

¿Se imaginan ustedes cómo se hubiesen desarrollado los hechos y qué consecuencias hubiesen tenido invirtiendo el sexo de los actores?.

Supongamos que Mister Bobbit harto del maltrato de su esposa la lesiona gravemente mientras duerme.

 ¿Hubiese sido absuelto de esta agresión por el mismo tribunal?.

¿No es el género, referido a lo humano, masculino, femenino y neutro?. ¿Por qué sólo se aplica en un sentido cuando se habla de violencia de género?.

De la felicidad.

“He cometido el peor de los pecados que un ser humano puede cometer. No he sido feliz.”

Jorge Luis Borges.

 

Este pecado es muy frecuente en nuestros días. Nos pasamos la vida aterrorizados por el porvenir. Esta es la enseñanza fundamental en la escuela. Nos enseñan a tener miedo. Tanto miedo como para que matemos nuestra infancia y juventud “preparándonos” para “el día de mañana”. Después, ya “preparados”, debemos temer a la inseguridad y a los imprevistos. Para lo cual hay que asegurarse un techo y un sueldo. Sólo después de tener el techo y el sueldo seguro podremos formar una familia. Una familia de seres aterrados. Y vuelta a sufrir por el futuro de los niños o por el bienestar de nuestros  mayores.

 

A medida que la complejidad de la sociedad avanza, disminuye nuestra felicidad. Porque felicidad es ante todo despreocupación y nada de nuestro entorno nos deja despreocuparnos.

 

Váyase a la mierda la crisis y nuestro futuro. Dancemos alrededor del fuego ebrios hasta la extenuación. Nunca seremos tan jóvenes como hoy. Seamos felices por un rato o para siempre según queramos.

Del dinero.

Nadie parece saber exactamente qué es eso del dinero. Ya no representa al patrón oro, ni pone ya en los billetes aquello de: “el Banco de España pagará al portador...”, que nos hacía confiar a los usuarios que detrás de aquellos papeluchos arrugados había algo tangible que los avalaba.¡Los avalaba, ni más ni menos que los lingotes de oro guardados en el Banco de España!. Podíamos estar tranquilos, ese papelucho podía canjearse por los gramos de oro que fuesen en cuanto nos presentásemos ante el cajero del Banco de España y lo exibiéramos. Ahora, que el dinero ya no lo avala ni nadie, ni nada salvo la "confianza", a base de apalancamientos y artificios financieros se ha gastado mil veces más del que teóricamente debía de haber. ¿Saben que tanto por ciento de la economía mundial era el año pasado de origen productivo?. ¡El ocho por ciento!. O lo que es lo mismo: sólo el ocho por ciento del teórico dinero se había ganado trabajando, modificando materias primas y construyendo bienes de consumo. El resto, el noventa y dos por ciento, era el resultado de la astucia de los trileros; ¿dónde está la bolita? decían los agentes del sistema financiero, al tiempo que se reían de los empresarios tradicionales y les mostraban como ellos en un sólo día ganaban lo mismo que los empresarios en toda una vida de esfuerzo y tesón.

 Ahora se ha descubierto que el dinero "ganado" así, que ese dinero sin sustancia, que ese noventa y dos por ciento de la masa monetaria no vale nada, no existe. Para arreglarlo los gobiernos le darán a la máquina de hacer billetes, o ni eso, borraran de los ordenadores los apuntes contables y ya está. Mejor dicho ya estará para ellos, para los que nos han metido en este lío y sa van de rositas. Porque para los que han andado justos con su salario, ahora que ya no lo tienen el dinero, aún sin saber lo que es, es una cosa importantísima. Es más: es este dinero de origen productivo- el ocho por ciento- el que ha de pagar el desastre ocasionado por el otro noventa y dos por ciento.

El dinero como el amor se sustancia verdaderamente en la ausencia. Cuando se tiene es casi nada. Del mismo modo que es casi nada el aire que respiramos. Es algo natural que cuando se tiene se entiende casi como un derecho. Se respira y se vive, se trabaja y se tiene dinero. Es simple. O mejor dicho era simple hace cuatro días.

En París un amigo judío propietario de una estupenda colección de cuadros, con Picassos incluidos, y muchimillonario me dijo una vez: 

 

-Desengáñate Pepe. El dinero no tiene ninguna importancia. Lo que es verdaderamente importante es la cantidad.

 

 

De los que aún tienen pasta.

Es ahora cuando se aprovechan. Son los únicos exentos de sufrir la ley de la oferta y la demanda. Al contrario: la gozan. Ahora ofrecen un tercio de lo que valen las cosas, mejor dicho: valían. Este tercio del antiguo precio lo ofrecen desdeñosamente como haciéndole un favor al desgraciado que necesita imperiosa y desesperadamente el puñado de monedas. Parecen disfrutar humillando al vendedor.

Esto es frecuente ahora. Es lo que hacen los que aún tienen liquidez. Es lo que hacen las hormigas con las cigarras.Es lo que hacen los turistas sexuales con las niñas o niños de los paises subdesarrollados antes de violarlos toleradamente; ofrecerles una ridícula cantidad de dinero para ellos: cultos y occidentales; pero irrenunciable para los niños: hambrientos y analfabetos.

Este tipo de violación la cometen también otros que aún sin tener liquidez representan a algún ente que sí la tiene.Lo que a mis ojos les hace aún más despreciables. Son los asalariados encargados de gestionar compras o encargos de cualquier tipo en la administración. Regatean hasta el estrangulamiento del necesitado de trabajo para demostrarle a su jefe lo bien que administran los dineros públicos. Para ver si con un poco de suerte les ascienden de nivel. Para demostrarle cómo se hace más con menos y lo listos que son. No importa que esta celosa actitud del probo funcionario cierre una o diez o cien empresas. No importa que obligue al autónomo a vender por debajo de costo para comprar algo que llevar a la boca a su familia. No importa. Eso da igual, lo importante es su recta gestión.

Ahora bien, curiosamente, si a este mismo empleado público le congelaran su salario, montará en cólera y los sindicatos que pagamos entre todos le defenderan y no se atreveran a mermarle (tal y como él hace con los otros) su capacidad adquisitiva. A los que él merma su capacidad adquisitiva no les defiende nadie, Al contrario, un colega suyo recaudador se encarga de ordeñar hasta la inanición las pocas perras que les queden a los que cometieron el delito de no aprobar la oposición para ponerse a cubierto.

 

Ningun sindicato ha defendido nunca los intereses de los trabajadores por cuenta propia. Nunca han tenido tiermpo para asociarse. Nunca han sido los suficientes.

Lo de los que se han guardao la pasta y ahora se aprovechan, me parece mal, pero son las reglas del juego capitalista. Pero lo de nuestros representantes y administradores estrangulandonos con los presupuestos, desde la seguridad de su creciente salario (en cuanto a poder adquisitivo) pagado con el dinero de nuestros impuestos es motivo de revuelta popular.

Del trepa como Mesías.

 

Ninguno de los políticos me inspira la más mínima confianza. Al contrario, creo detectar en ellos una aviesa intención, la misma que detecto en los vendedores ambulantes y en los timadores. La misma sonrisa trágica y desesperada del embaucador por necesidad, del vendedor a comisión.

Al contrario de los de antes, que entraban "en política" despues de haber ejercido alguna profesión, la mayoría de los de ahora no se ha dedicado a otra cosa que a mantenerse dentro de  su partido como políticos profesionales. Mantenerse durante años en un partido sin caer en desgracia implica necesariamente la asunción de grandísimas dosis de indignidad. Implica, como minino, astucia para  callar y esperar en silencio ladinamente (durante años) el momento para manifestarse. Implica establecer una buena política de pactos y conseguir vencer a los otros para de este modo liderar una opción vencedora. Este indigno comportamiento ha sido perfectamente asumido como normal por nuestra sociedad y una vez que el ladino consigue su objetivo: ser el líder de su partido y después ganar las elecciones; se supone que ha de comportarse como el mejor, el más noble y el más recto de entre todos nosotros para guiarnos por el buen camino.¡Vaya cambio!. Del mismo modo que los gusanos se transforman en mariposas el trepa se transforma en mesías de un día para otro.

No obstante parecen ser imprescindibles en nuestro sistema y cada cierto tiempo se ha de ir a votar. Y voy. Pero mi desesperanza es absoluta.

No quiero ser gobernado por un trepa, pero no hay opción.

No quiero ser gobernado ni por Rouco, ni por Bibiana, pero quiero que mi voto sirva para algo.

Casi nada de lo que discuten desgañitadamente entre ellos me parece relevante o importante.

Mi fe en la democracia se ve mermada cuando les escucho más de un minuto o cuando hablo cinco minutos con cualquier militante de base.

No tengo alternativa a la democracia.

Pero esto que hay no me gusta ni un pelo.

De la literalidad, de los tontos y de los ordenadores.

La literalidad en el lenguaje es imprescindible para comunicarse con los tontos y con los ordenadores. Sólo el lenguaje literal será comprensible tanto para esta clase de hombre como para la máquina. El doble sentido, la ironía y el humor fino les es ignoto a ambos. O se les explica con concisión lo que se les pide o no se enteran.

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Esto ha de tenerse muy en cuenta cuando se habla en público o cuando se quiere que un discurso tenga la suficiente repercusión. Esto lo saben muy bien los que les escriben los discursos a los políticos y los que les asesoran. Supongo que, aparte de estos,  habrá otros asesores, cómicos o actores, que les enseñarán a poner esa cara de extrema gravedad cuando dicen las jautadas y obviedades que dicen. Aunque quizás ellos crean sinceramente que las obviedades y perogrulladas que expresan son importantísimas cuestiones que aún no han sido expuestas al común de los mortales y la cara de solemnidad sea sincera y formen parte del grupo de los tontos y los ordenadores. No sé, de esta duda será difícil salir.Pero al menos esta duda plantea una dicotomía; una de dos: o son tontos y por lo tanto no saben que lo son (cualidad primera de todo tonto que suele creer todo lo contrario) y nos dicen las bobadas que nos dicen desde el corazón y con toda sinceridad, lo cual sería grave; o son listos y saben que lo que nos cuentan no se lo creen ni ellos y aún a pesar de esto nos lo cuentan desde la grave solemnidad que emplearía un profeta para anunciar la llegada de Yavé, lo que sería de un cinismo inaguantable.

 Ocurre como con la merluza y los pobres, si un pobre come merluza uno de los dos está malo. Pues eso: o son unos cínicos y nos llaman imbeciles a nosotros, o son unos crédulos que nos toman por asnos a los que desasnar.

 

En cuanto a lo de la literalidad recuerdo una anécdota que me ocurrió en París con Carlitos un chaval de veintipocos al que le cogí cierto cariño y que solía acompañarme mientras pintaba. Como llevo dibujando y pintando profesionalmente desde que empecé en el taller de mi padre desde que tengo uso de razón (algo que ahora sería delito por explotación infantil pero que entonces "se valía") no suelo dibujar antes de comenzar a pintar( tal y como se hacía y aprendí en el taller de pintura publicitaria de mi padre para ahorrar tiempo y por lo tanto dinero. A no ser que el tema fuese muy complejo o muy geométrico se dibujaba muy poco).Como digo el que no dibujase antes le extrañaba sobremanera a Carlitos al que le habían explicado en clase que para pintar, primero hay que dibujar y luego procurar no salirse de la raya mientras se saca la lengua por la comisura de los labios para reforzar la concentración. Si lo que estaba pintando era un retrato o una figura humana su extrañeza se acentuaba. Y me decía:

 

-Pero... ¿Así sin dibujar?. ¿Así se hace?. ¿Estas seguro?

 

Yo le solía contestar en un tono que suponía irónico:

 

-Carlitos es que yo no sé dibujar. Como no fui a Bellas Artes no aprendí.

 

Ni que decir tiene que para pintar algo figurativo sin trazar la forma obviamente se ha de tener nociones de eso que se llama "dibujar" y que consiste en poner las cosas en "su sitio" delimitando sus contornos en un soporte plano. Si las cosas aparecen en este soporte en "su sitio" sin dibujar es porque se ha hecho de antemano mentalmente. Cosa que tiene más dificultad. Y así suponía que lo entendía Carlitos. O al menos eso creí hasta que un día vinieron unas parejas de matrimonios coleccionistas de obra sobre papel. Andaban por el estudio mirando por aquí y por allá (actitud muy desagradable que ahora evito pero que antes me era imprescindible para mi sustento) cuando una de ellas me preguntó, con esa voz que sólo saben poner las señoras de una cierta burguesía francesa.

 

-¿Y dibujos?. ¿No tiene usted dibujos al carbón o a tinta?

 

A lo que Carlitos (que permanecía callado, como siempre que me visitaba alguien, comportándose como un mueble más del taller, actitud que yo interpretaba como un signo de discreción y prudencia cuando en realidad, como supe aquél día, era porque no tenía nada que decir. Pero por fín, aquella pregunta, aúnque no iba dirigida a él "se la sabía".) con la misma puerilidad entusiasta del escolar cuando se sabe la pregunta del profesor respondió por mí:

 

-No señora, no tiene didujos.  Es que... dibujar no sabe... Sólo sabe pintar.

De las apariencias.

Nadie puede afirmar que las cosas son como son. Todo lo más podemos decir que son como nos parecen o mejor dicho como se nos “aparecen”. Nuestros ojos “ven” lo que se nos permite ver a los humanos con los medios de los que disponemos, que no es mucho. La retina  fija una imagen distorsionada por la pupila y la envía a nuestro cerebro para ser interpretada o traducida para que nosotros la podamos comprender. La pregunta es: ¿esa distorsión interpretada por nuestro cerebro es la realidad?. Nosotros afirmamos que sí. Pero esta afirmación no resiste el más mínimo análisis. Otra cosa es que con estos bueyes se haya de arar o que no tengamos elección posible. Por eso todas las prótesis que el hombre ha ideado para “ver” más allá de sus limitaciones prueban que las cosas no son como son, sino como las “creemos” ser hasta que son refutadas por los artilugios. Los ordenadores, los telescopios, los microscopios, los aceleradores de partículas son instrumentos que deberían hacernos reflexionar sobre nuestras enormes limitaciones como observadores.

Podríamos afirmar que los ojos no ven, los ojos sólo reconocen lo aprendido con anterioridad. Sólo unos pocos de entre nosotros se ha atrevido a mirar más allá, a dudar de lo aprendido, a desconfiar de lo que tenían delante de las narices. Estos han sido poetas, científicos, locos, artistas o todo esto a la vez.

Ahora.

Ahora que de casi todo hace ya mucho tiempo. Ahora que los que empiezan a mandar son los de mi generación. Ahora que la voz es la nuestra. Ahora que el futuro es ya.

No recuerdo qué es lo que soñé ser. No sé qué es lo que quería contarles.

 

Lo malo de la madurez es que nos pilla demasiado jóvenes e inseguros *. Al menos a un servidor.

*(Creo recordar que esta frase, o una parecida, es de Luis Pita, pero no estoy muy seguro)

Filias.

Siento una especial empatía por los tímidos. Los tímidos lo dicen todo con la mirada y con el rubor de su piel. Los tímidos son personas que no pueden mentir. Para mentir hace falta hablar y mucho. Los tímidos son personas de fiar.

Me gusta la gente que se arriesga.

Aprecio a los que no se quejan, a los que no se dan la obscena importancia que paraliza los ambulatorios por males imaginarios.

 

Me gusta la gente elegante en el más amplio sentido del término. No confundir con los  “pijos senior” tan habituales últimamente. La elegancia es un estado de ánimo y no es apestar a la colonia de moda, ni llevar puesto lo que te diga Elena Benarrcoch. Elegancia es lo contrario de lo que cree que es Jaime de Marichalar. Elegancia es que el traje no le lleve a uno.

Me gusta la gente que sonríe siempre y que mira a los ojos cuando lo hace.

Fobias

Me parecen repugnantes las muestras de cariño en público entre matrimonios o viejas parejas.

Aborrezco a los expertos en románico en general y a los que ilustran con doctas explicaciones las excursiones a los demás, en particular.

Detesto a los fieles inquebrantables, ya sean cristianos, militantes de cualquier partido, o hinchas de cualquier equipo de fútbol, al igual que los romanos creo que sólo valen como alimento de los leones. Aprecio a los fieles quebrantables, los que se ponen en duda y eligen, a los que piensan y actuan, pero de estos hay muy pocos.

Abomino a los que reclaman constantemente sus derechos.

Aborrezco a los entusiastas, culpables de la mayoría de los desastres de la humanidad.

Reniego de los que están seguros de sí mismos y creen merecer los cargos que ocupan.

Infierno de papel sellado.

Mi amigo Juan Isidro Gotor me envía este párrafo de "El terror de 1.824",de Benito Pérez Galdós escrito en el tomo 17.º de sus Episodios Nacionales, en concreto en el capítulo 14.

 

En todas las grandes poblaciones y en todas las épocas ha existido siempre un infierno de papel sellado compuesto de legajos en vez de llamas y de oficinas en vez de cavernas, donde tiene su residencia una falange no pequeña de demonios bajo la forma de alguaciles, escribanos, procuradores, abogados, los cuales usan plumas por tizones, y cuyo oficio es freír a la humanidad en grandes calderas de hirviente palabrería que llaman autos.

 

A que les suena.