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pepe-cerda

De las gentes y de los idiomas.

Cuando estaba en la Casa de Velázquez de Madrid, hace ahora veinte años, ¡qué barbaridad!, recibí, en calidad de único becario español, al nuevo secretario para la sección artística de la casa. El hecho de recibirle en mi país llevaba implícita, al menos así lo sentía yo, una cierta obligación de ejercer de "cicerone" . Venía de ser el agregado cultural de la embajada de Francia en Brasil y hablaba un correcto castellano con un fuerte acento ya que hacía un lustro había pasado unos años en España trabajando para la Alianza Francesa. Al contrario del hispanista chino que recibió a Ismael Grasa en Nanking, China, cuando fue a trabajar de lector de Español en la Universidad, que con un correcto, pero anticuado castellano le dijo:“-Hágame el favor de tomar asiento vuestra merced.” , al contrario, digo, mi agregado cultural francés se había preocupado de aprender los neologismos al uso de finales de los ochenta y me dijo con un acento tremendo: “¿Vamos a haceg la movida, y luego iguemos a la coguida?”.“-Vamos primero a comer y luego ya veremos”, le dije yo.

 

Le llevé a una estupenda casa de comidas por Argüelles que yo frecuentaba entonces; de esas de mantel de cuadros rojos y blancos, botella de gaseosa en el centro, y orondo camarero con lápiz en la oreja y mandil. Mi agregado iba vestido con un traje típicamente francés, es decir de una talla menos de la que se necesita, la chaqueta un poco corta y entallada y con los pantalones dejando ver unos calcetines de color chillón, que hacían juego con el color de la corbata y con el pañuelo de bolsillo, cosa que me permitió deducir que seguro que también harían juego con los calzoncillos, pero de esto no tengo ninguna prueba.

 

El orondo camarero comenzó a cantar los platos que nos ofrecía:

 

-De primero tenemos: sopa de cocido, patas riojana, lentejas, ensalada ilustrada, chipirón...

 

En estas le interrumpe mi agregado francés.

 

-¿Pegdón, el chipigón es atlántico o mediterráneo?

 

El camarero dirigiéndose a la cocinera:

 

-¡María, que de dónde son los chipirones!

- D´ande van a ser atontao, ¡ de lata !.

- De lata señor.

- D´acord.

 

El camarero prosigue.

 

-De segundo tenemos: Bacalao rebozao, pescadilla, huevos fritos con chorizo, entrecot de ternera...

-Pegdón, ¿la tegnega es gallega, o castegana?.

- Creo que congelada. Prosigo: callos a la madrileña, mollejas con arroz y paella mixta.

 

El camarero se queda expectante con el lápiz en la mano apuntando a la libreta. Mi agregado mueve los labios ostentosamente para evidenciar que esta pensando sobre los platos. Pasan unos interminables segundos. El camarero pone cada vez peor cara.

 

- Creo que elegiré primego el vino. ¿Me traerá la cagta de vinos por favor?

 

El camarero sin ocultar, por el tono de su voz, la inflamación de gónadas.

 

-Me la sé de memoria

-Dígame pues.

-Hay blanco y tinto.

 

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no soltar la carcajada que como un vómito me venía desde el estómago. Mi amigo el agregado se quedó con cara de no comprender nada. Yo pedí por los dos y nos trajeron una jarra de un honesto vino de Valdepeñas, de esos que por aquí llamamos “vino morro negro”, por el violáceo color que te deja en los labios.

 Y es que los idiomas son un asunto muy difícil.  El bueno de Cela decía que un caballero ni debe saber idiomas ni mirar escaparates. Los únicos obligados a saber idiomas son: el Papa y los recepcionistas de los hoteles.

Dos grandes tipos.

Dos grandes tipos.

Les voy a presentar a dos grandes tipos. Les presento a Gregorio Millas, el de la izquierda, y a Ignacio Mayayo, el de las uvas. De Mayayo ya les he hablado largamente en otras entradas de este blog, pero de Grogorío Millas no les he contado gran cosa.

Gregorio me ha enviado en estas dos últimas semanas dos cartas bellísimas y un “libro de artista” magistral. La caligrafía de Gregorio es de las más bellas que conozco, perdón: es la más bella que conozco. Sus dibujos, sobre todo sus retratos, son buenísimos, tan buenos como los de los mejores dibujos de todos los tiempos. Por eso me alegro como si encontrase una joya cuando abro el buzón y hay una carta suya. En la última, la de hoy, me ha adjuntado estas fotos. Por la pinta que tienen deben de ser de final de los años ochenta. Me cuenta que son para que las lleve en la cartera y me acuerde de ellos. Antes de guardarlas me ha dado por presentárselos.

De la conversación y su inutilidad

En una tontorrona fiesta de ricos cincuentones zaragozanos una rubia mechada, esposa de uno de ellos, de las que se empeñan en mantener una caducada lozanía a base de botox y Wondebra, me pregunta:

  

      -    ¿Has ido a Arco?.

      -     Pues no, no se me había perdido nada.

-         Pues yo sí.

-         Y la feria estaba estupenda. Mi marido había quedado allí con J.M. Entreacequias y yo que adooooro el arte aproveché para acompañarle.

-         Pues que bien.

-         Las invitaciones nos las había mandado Miguel, porque fuimos a la inauguración profesional, como es natural. Es que nosotros somos coleccionistas, sabes.

-         Ah. ¿Y qué tipo de arte coleccionáis?.

-         El que nos dice Miguel que es el que nos asesora. Por ejemplo no sé si sabrás que las obras de arte que no se adquieren en galerías que estén en Arco y que cuesten menos de treinta mil euros, no se revalorizan.

-         Ah, claro. ¿Y en qué Galería las compraís?

-         Pues en la de Miguel. Es muy amable y sabe mucho, y no veas a qué gente conoce. ¿Sabes que me presentó a Elena Cue?. Y es monísima. Al natural gana mucho. No como esas actrices que salen en las series de televisión que al natural parecen unos chuchos. Porque nosotros vamos mucho a Madrid. Lucio es íntimo nuestro y siempre tenemos mesa.

-         Ahh.

 

Ya no sabía como escapar de la situación. Pero las otras lobas de cuarenta y muchos, y siliconadas, que veía por el rabillo del ojo no parecía que tuviesen mejor conversación. Así que sólo me quedaba excusarme por una indisposición y salir por piernas. En las reuniones de la buena sociedad zaragozana al artista se le lleva para entretenimiento de las señoras. Los caballeros ya se entretienen charlando entre ellos de solares y repercusiones; o en poner a parir al último que les jodió una subasta municipal por un terreno, o en comentar el último todoterreno que se han comprado. Visto desde lejos la conversación que mantienen ellos no tiene tampoco gran interés. ¡Cómo se aburren los de “buena posición” en las fiestas!. Por lo menos los de provincias.

 

Con decirles que la conversación “estrella” de la fiesta es la de la dama del botox y un servidor. Sí, la que he transcrito una parte arriba, a que no se lo creen. Pues así es.

 

Al día siguiente en el gimnasio la señora de la caducada lozanía les cuenta a su amigas:

 

-Ayer estuve hablando de Arte con Pepe Cerdá. Que chico tan culto. Cuanto sabe.Y me dijo que nuestra colección era excelente.

 

 Y es que los demás rara vez escuchan. Y menos lo que no se dice, aunque sea evidente. Sólo son sensibles al halago o al insulto. Pero no merecía la pena en este caso emplear ni uno, ni otro. Ay señor, señor...

Un poema de Vicente Pascual Rodrigo.

Vicente Pascual Rodrigo ha escrito este estupendo poema:

 

Y cuando venga la muerte
me dirá: ya está.
Le diré: ¿ya está?
Y me dirá: ya está.

De la organización gremial y del impulso creativo.

Hay gremios y profesiones en los que los ingresos están regulados explícitamente por los colegios. Los notarios y los registradores de la propiedad podrían ser ejemplo de lo claro y organizado que tienen la cuestión del estipendio. Por eso hay mucha gente que quiere serlo y por eso se ha de aprobar unas durísimas oposiciones para conseguirlo. Claro está que lo que hacen es importantísimo, aunque podría ser más barato. Lo que hacen es velar para que la ley se cumpla a rajatabla en las innumerables transacciones de todo tipo que sustentan nuestra economía capitalista.

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De otro modo, también están organizados los fontaneros a los que las piezas que utilizan y de las que te muestran la factura cuando te cobran raramente les cuestan el cuarenta por ciento de lo que pone en el papel, además de las horas claro está. Da igual que uno quiera adquirir los tubos por su cuenta si no te puedes identificar como miembro del gremio "a ponerlas" como está mandao. No obstante el funcionamiento de la red de agua y vertido es vital para nuestra civilización y se lo debemos a estos apóstoles de la llave grifa..

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Los que no están organizaos, y son un desastre en todos los aspectos, y en especial el económico son los poetas, y los artistas plásticos. El desamparo gremial es total. Cada colega es el enemigo, alguien a quien vilipendiar y destruir. La carrera artística o literaria es parecida a la de los espermatozoides que fecundarán al óvulo, todo vale, sólo uno lo conseguirá. Los artistas y poetas lo son porque no lo pueden remediar, como una enfermedad y son absolutamente prescindibles para el funcionamiento de la sociedad. Otra cosa es que sus obras puedan ser negocio más tarde para otros, pero imprescindibles no lo son. A cambio no hay que hacer oposiciones, alguna ventaja tendría que haber..Sin embargo los poetas y artistas tienen unos primos lejanos que argumentando la poética y la búsqueda de la belleza formal en sus obras, cuestiones evidentemente subjetivas, consiguen imponerlas y cobrar por ellas pingües emolumentos reglados por su colegio. Este portento asombra a sus primos los poetas y artistas. Como precisan de la inspiración como germen de su trabajo los plazos y los presupuestos se dilatan y la sociedad y sus representantes suelen aceptarlo sin mucho problema. Lo importante es no desairar al genio no sea que, por el vil metal, la obra final se malogre. Se suelen disfrazar de poetas, van de negro y rapaos, y son tan arrogantes como ostentosos de su culta sensibilidad. Las cuestiones onerosas y técnicas las suelen delegar en ingenieros, calculistas, gestores y aparejadores, lo suyo es la poética del espacio.

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Me refiero, por si no lo han adivinado ya, a los arquitectos estrella y a sus copias provinciales. Son los que construyen sonetos y octavas reales transitables y conmemorativos. Parecen ser necesarios en las democracias desarrolladas para que los gobernantes puedan inaugurar sus obras el mes de antes de las elecciones. Si son lo suficientemente importantes cualquiera que ose dudar de la conveniencia o calidad de su proyecto es automáticamente tachado de paleto insensible. Sólo un inculto puede no quedarse anonadado ante la magnificidad de su obra. A nuestros políticos eventuales y aterrados por la posibilidad de no ganar las siguientes elecciones les suele gustar hacerse fotos con las maquetas de las grandes obras. Pero ellos ponen cara de fastidio, porqué lo que les interesa de verdad es la poética, y la inteligencia de la materia; o lo que es lo mismo: el arte, y no hacerse fotos con los encorbataos y guarda espaldeaos de los políticos que sonríen mientras miran a la cámara en lugar de a ellos, que son los importantes. Lo aceptan como un mal necesario, al fin y al cabo el mismísimo Miguel Ángel Buonarroti también tuvo que aguantar a Lorenzo el Magnífico y al Papa Julio II, que como todo el mundo sabe eran unos incultos y pesados, pero necesarios para el florecimiento de la obra del fénix renacentista, que por cierto no estaba colegiado.

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Esto también les pasa a los artistas que construyen cachivaches conmemorativos, pero en menor medida. Lo que les diferencia de sus primos es: el colegio, esa práctica institución que regula sus ingresos, a los arquitectos estrella y a cualquier otro que se apunte, perdón, que se colegie.

Propondría que por ley se le hubiese de encargar y pagar un soneto de amor a un poeta, colegiado, eso sí, cada vez que se produjese un matrimonio; y otro de desamor en cada divorcio. Este colegio que debería llamarse Gonzalo de Berceo regularía los precios de cada métrica y visaría los originales manuscritos. También habría poetas estrella que compondrían nuestro himno nacional, por ejemplo, o las odas a la gestión de nuestros presidentes.

Vamos digo yo.

Es sólo una proposición.

 

De la falacia del porvenir.

“Si quieres ver desternillarse a Dios cuéntale tus proyectos”.

 

Cuanto más evolucionada es una sociedad más preocupada está por su porvenir. Los planes de pensiones, las infancias y juventudes perdidas en formarse para el futuro, el miedo al porvenir, ¡el puto cuento de la cigarra y la hormiga!, y todas las milongas para hacer responsable de la desgracia al propio desgraciado que la padece. Si hubiese sido previsor, si se hubiese preparado unas oposiciones, si hubiese guardado para la vejez...murmullan reconfortadas por su despensa y sacrifico las buenas gentes ante la miseria y desgracia del que se tiró sin red, del que no le tuvo miedo a la vida.

Sin darse cuenta que la desgracia castiga a todos por igual, que temer al futuro y prevenirla no te libra de ella.

Del prodigio del confort.

Del prodigio del confort.

Leo en la contraportada del diario el Mundo de hoy:

 

“Es difícil explicar lo que siento al poder beber agua cada vez que tengo sed”

 

Lo dice China Keitesi ex niña soldado reclutada a los nueve años por una guerrilla Ugandesa. Hoy mujer adulta y refugiada en Dinamarca.

Es tremendo. En nuestro mundo beber agua con comodidad es como respirar. De más o menos calidad sale por cualquiera de los grifos que hay por todas partes, se entiende como una cosa “natural”, cuando si lo pensamos no hay nada más civilizado y por lo tanto más “artificial” que la complejísima red de distribución de agua y vertido de cualquiera de nuestras ciudades o pueblos.

Vivimos de espaldas a los milagros técnicos, morales y científicos de los que disfrutamos cada día y nos atormentan problemas imaginarios. Nos preocupa si nos hemos “realizado” en la vida o no, si somos o no suficientemente felices, si las tetas el culo o la barriga que nos han tocado en el reparto son las que nos gustan, y en un sinfín de bobadas similares.

La siguiente vez que nos duchemos deberíamos pensar por un instante en el prodigio que supone que lo podamos hacer en casa y a la temperatura que deseemos.

De la soberanía popular.

Una de las razones por las que desconfío de la intrínseca bondad del género humano es por el modo en el que ejercen el poder en cuanto pueden los que habitualmente no suelen tenerlo.

Estoy pensando en el despotismo, chulería  e impostura con los que se dirige el jefe de cualquier mesa electoral a la policía que vigila el colegio electoral y como le sale de dentro, ¡y en que tono!, la frase: “Hoy soy aquí la máxima autoridad”. La dice sílaba a sílaba, despacio pladeandola y oyéndosela decir. Me lo imagino perfectamente dirigiendo las torturas de una checa en el 36.  Pienso en la pomposidad con la que se comportan los miembros eventuales de los jurados de las decenas de concursos de barrio que sobre cualquier cosa se hacen últimamente y en como prevarican para que gane su nieto o sobrina. En la hortera arrogancia del que lleva la voz cantante de cualquier plataforma, comisión, junta o reunión de copropietarios. Que miedo me dan mis semejantes cuando por la razón que sea les toca mandar un rato.

Pero no dura mucho, no hay oxímoron más evidente en nuestros días que ese de la: “Soberanía popular”; ni voz más modulada e interpretable que la: “Voz del pueblo”. Así los verdaderos poderosos, los que controlan el sistema financiero, se cuidan mucho de hacer pública ostentación de lo que mandan. Como pagan los medios de comunicación no puden ser desenmascarados y pueden ir gobernando nuestros dineros mientras, nosotros, el pueblo, estamos entretenidos jugando a ejercer nuestra soberanía y eligiendo a nuestros “representantes”, en listas cerradas eso sí. Del mismo modo que en una relación de amo y esclavo: tan esclavo es el amo como el esclavo, no haría distingos entre nuestros representantes y nosotros. Ellos son tan vasallos, o más, del sistems financiero como nosotros. El verdadero poder está por encima.

En el siglo veinte las ideas que quisieron redimir a los pueblos oprimidos: las comunistas en todas sus modalidades, y las que aplicaron los amantes de la redención organizada y jerárquica: las fascistas y nacionalsocialistas, han causado la desgracia y la muerte en la flor de la vida a centenares de millones de personas. Y lo que es igual de grave: arrancaron la alegría y el gozo de la excepción  a pueblos enteros durante décadas.

De la necesidad de unificar pesos y medidas.

En París, con cierta frecuencia, iba a buscar a algún hotel a un compatriota que por las razones que fuere tenía mi teléfono y me llamaba, y solía cenar con él. Como fueron muchísimos ya había establecido, por entretenerme, como un juego, distintas categorías según fuesen vestidos. A los de Zaragoza se les notaba mucho por los zapatos: mocasines burdeos y relucientes, daba igual que fuesen de sport o de traje. Los catalanes de Toni Miró. Los de Madrid, pelo engominao y más desenfadaos; y así sucesivamente...Pero todas estas subcategorías conformaban dos grandes grupos: los que como estaban en París se adornaban con un foulard o un chapeau, es decir se disfrazaban con alguna prenda recién adquirida en la ciudad de la Luz; y los que se reafirmaban en su nacionalidad y se vestían como en España.

Un día había quedado con uno del primer grupo, era de Zaragoza, le delataban los Sebagos color burdeos, pero se había comprado unos pantalones de tubo mil rallas y una chaqueta a juego, y un enorme foulard que llevaba enrollado al cuello, bueno más bien: el foulard lo llevaba a él. Y por supuesto un sombrero negro.

El hotel estaba cerca de Ópera, en donde están casi todos los hoteles de los viajes organizaos. Fuimos a tomar algo a un bar.

 

-¿Qué quieres tomar?, le dije.

 

Él se había acomodado en la barra con el desmayo y el desdén de un cliente habitual.Como para que no se le notase que era de Zaragoza.

 

-Un güisqui; me respondió.

- S'il vous plaît,  un güisqui et une bière presión. Le dije al camarero.

 

A mi me pusierón mi caña y a él su güisqui, pero uno de esos güisquis ridículos que ponen por el extranjero. Cogió su vaso parsimoniosamente, hizo girar el contenido y después lo olió con  prosapia poniendo cara de gran entendido. Le dio un ligero sorbo y enjuago antes de tragarlo su boca con el. Después sacó aire por la nariz y aspiró ruidosamente con la lendua como un canutillo por la boca.

El camarero lo miraba atónito y sin disimulo. Yo empezaba a estar incomodo y un poco avergonzado. Cuando termino sus enjuagues. Me dijo:

 

-Está bueno. Dile que lo puede servir.

 

¡Casi me caigo de la banqueta!. El tipo pensó que en París eran tan finos que daban a probar el güisqui antes de servirlo para ver si estaba picao o sabía a corcho. Lo había deducido por la pequeñísima cantidad de güisqui que le habían servido. Esa no podía ser la dosis.

 

-Creo que ya te lo has tomao.

-No jodas, eso no puede ser, pregunta que seguro que sólo me lo han dao a probar.

-Que no, que yo sé como son aquí los güisquis, que ya está. Si quieres te pido otro.

-No. Pídeme mejor una caña.

Del uso de los blogs.

Desde que escribo en este blog  apenas he colgado nada de mi obra pictórica. Cuando lo he hecho es porque venía al caso, o ilustraba alguno de los artículos. Menos aún he reproducido video alguno, o crítica, o reseña, que sobre mí o mi obra haya aparecido en prensa o en otros medios de comunicación. Cuando he anunciado alguna de mis exposiciones lo he hecho por el galerista, que se ha empeñado, y son sólo una pequeña parte de las que he realizado en estos últimos tres años y medio que llevo escribiéndoles.

Veo qué, al contrario, otros blogs de artistas, o escritores, o faranduleros, han sido creados y subsisten para promocionar al dueño de los mismos; y es lógico que así sea, lo ilógico es lo que hago yo.

Después de un somero análisis de porqué no me hago autobombo como artista, lo primero que se me ocurre es que no lo hago por pudor, o mejor dicho por: decoro. Hablar de uno mismo como si fuera otro me parece ridículo. Ya sé que el plural mayestático farda e impresiona a la mayoría, pero es yo, a los que quiero dirigirme es a la minoría que aún conserva algo de dignidad y decoro; y por lo tanto de inteligencia; o lo que es lo mismo: que se toman la molestia de pensar por sí mismos. No confundir estos con los listos y aprovechaos, los que van por la vida diciendo: “Quítate tú que me voy a poner yo”; estos desconocen la vergüenza y el decoro, es más; hacen ostentación de haber superado tales cargas innecesarias de tiempos pretéritos.

Otra de las razones es porqué he tomado muchas precauciones en mi vida para no confundirla con mi obra, error muy común en mi oficio el de confundir obra y vida. Yo soy uno cuando escribo; otro cuando pinto; otro cuando hablo, otro cuando pienso, otro cuando camino, otro cuando dibujo y así con cada una de las actividades que puedo desarrollar. Que todos sean uno, aún que parece que es lo más aconsejable psiquiátricamente, no me apetece, ni hago el más mínimo esfuerzo para conseguirlo, más bien al contrario: procuro garantizar la estanquidad de cado uno de los que me conforman. De este modo me aburro menos que los que sólo son uno y no tienen con quién dialogar.

La última de las razones, y la más importante, es porqué creo que nada de lo que hago es lo suficientemente importante como para tomárselo en serio, tan en serio como para auto promocionarlo. Esto me lo han dicho miles de veces; “Es que tú no te lo crees”; “Fulanito ese sí, es que no hay más que hablar con él y hay que ver que respeto se tiene”

Y es verdad yo me tengo muy, pero que muy poquito respeto, a Dios gracias. Rezé y sigo rezando para no convertirme en un tontodelculo de los que pueblan mi profesión. Espero haberlo conseguido, aunque eso no lo tengo que decir yo.

Del pensamiento Cartesiano.

En el vestuario de un gimnasio con Ignacio Mayayo mientras nos cambiábamos, hace ya unos lustros.

 

- Pepe, ¿tú sabes lo qué es una enana blanca?.

- No sé. ¿Una chica bajita?.

- No hombre no, es una estrella que se está apagando por el efecto de su masa y que está en vías de convertirse en un agujero negro.

- Vaya.

 

Veo que se quita los zapatos y pelea con algo adherido a la planta del calcetín.

 

- Estas putas plantillas, mira que van bien...Pero no sé quién las habrá diseñao ¡Porqué luego para despegártelas de los calcetines te las ves y te las deseas!

 

Descubro qué lo que tiene adherido al calcetín es una plantilla “Devorolor”. Y no doy crédito. El maestro al constatar que una de las caras de la plantilla era adhesiva, después de una somera reflexión, dedujo que era para fijarla a la planta del pie. Aplicando, cómo era natural, su sagaz pensamiento científico.

 

Le sugerí:

 

- Quizás el adhesivo sea para que se peguen en el interior del zapato.

- Pero si dónde tienen que actuar es sobre el pie, no sobre el zapato.

 Pensé que menos mal que mi amigo era varón. En caso contrario ¿Cómo se hubiese puesto los salva slip?

De los modos de ver y de los modos de reconocer.

Hay tantos modos de mirar como individuos. En un mismo escenario, un bar de noche por ejemplo, lo que ve, o mejor aún lo que “le llama la atención” a un yonki son los parroquianos que “se meten” y los que le pueden “pasar” la “farlopa”. Lo que ve, en ese mismo bar una jovencita es la marca de los zapatos y pantalones de sus competidoras, y los machos reproductores apetecibles y el modo en el que estos le miran el culo a otras. Lo que ve el camarero es quien va a pretender irse sin pagar; y así podríamos ir enumerando los distintos modos de ver, y los distintos intereses de un grupo en un mismo ámbito

Eso es lo que llaman los antropólogos el concepto de pregnancia, en una mala traducción del francés, sería más correcto en castellano decir preñancia, de preñar, pero les debe de parecer agropecuario. En cualquier caso el asunto que pretenden desentrañar es cuáles son las situaciones o escenas que provocan y conforman los conceptos en nuestra cabeza. Qué imágenes son capaces de preñar nuestro cerebro y porqué. Han estudiado para esto a los chimpancés y han descubierto que emiten un sonido diferente si ven a un depredador o a una hembra apetecible, esto ya lo sabía cualquiera que haya tenido un animal en casa pero hasta que ellos no lo publican no puntúa. Lo que se establece a partir de aquí es que una imagen genera una idea y esta un sonido diferenciable emitido por el chimpancé y comprendido por otro congénere, o lo que es lo mismo: el nacimiento del lenguaje en nuestros primos cercanos.

Les cuento todo este asunto, porque aplicando esto a mi mundo: el de las artes visuales, se podrá convenir que habrá tantos cuadros u objetos artísticos como espectadores capaces de reconocerlos como tales; que: el aspecto de cada una de las obras de arte propuestas por los artistas de todos los tiempos capaz de preñar al espectador será cambiante. Sin embargo la unificación de criterios al respecto es apabullante. La normalización de lo que ha de ser bello y sublime cambia cada década; pero una vez cambiado por medio de la moda y los medios de los que se nutren los “especialistas”, el quórum es total. Estos supuestos espectadores críticos se comportan como los bancos de sardinas en el mar cuando cambian súbitamente y al unísono de dirección. Como los primates cuando el macho vigilante chilla y todos suben prestos al árbol más cercano, por si las moscas. Suben sin haber visto al depredador, no les hace falta, tienen confianza en su jefe.

Esto es lo que pasa con los supuestos amantes del arte contemporáneo a los que se les dice lo que les tiene que gustar desde los sitios que se emiten las tendencias. Entendiendo que los ojos sólo son capaces de ver lo que reconocen, y ellos no reconocen más que la cara de envidia de su vecino cuándo le muestran su carísima y última adquisición, y aparte de esto no reconocen nada, de nada, salvo el consenso crítico o “lo que se lleva”. Lo mismo que en la Alemania del treinta y ocho, cuándo lo “cool”, lo “guay” y lo moderno era ser Nazi e ir uniformao y en pandilla por la calle.

De las nuevas reliquias.

He oído por la radio que el valor para el seguro  de los cuadros que vienen de París del museo Picasso para que se expongan en Madrid asciende a dos mil millones de euros. Lo ha dicho para impresionar a los oyentes, en la más repipi y arrogante de las entonaciones del  francés  una tal Baldesari, responsable, para esta exposición, del museo Picasso de París. Creo que la exposición se titulará los Picassos de Picasso. También he oído por la radio que los cuadros han viajado desde París en cinco camiones distintos por motivos de seguridad ya que ninguna de las épocas de Picasso puede ir en un solo camión, ha de distribuirse entre varios por sí hay un accidente.

 

He empezado a darle vueltas al costo de esta exposición. El seguro, del transporte, clavo a clavo, como lo llaman ellos- rondará los doscientos mil euros, el transporte- cinco camiones, más personal de seguridad- unos ciento veinte mil, el catálogo cien mil, más lo que cobre la comisaria, más lo del museo de París, más lo del de aquí, más gastos de montaje e instalación, más el otro seguro mientras dure la exposición, más la seguridad añadida, etc.

 

Todo esto nos indica que lo que se está ransportando y se va a exponer es valiosísimo, de lo más valioso que en el mundo hay. Por esto toda precaución es poca. Por esto la comisaria de la exposición cuenta por la radio lo del seguro, para impresionar a los oyentes.

 

Pero; ¿por qué son tan valiosos los garabatos de nuestro malagueño?, ¿por qué son tan imprescindibles para la humanidad?. Desde el sentido común no encuentro explicación, la encuentro fuera del sentido común, de la lógica; la encuentro en lo religioso en la reliquia, en la astilla de la “vera cruz” en el oscurantismo medieval.

 

Entonces, como ahora, había toda una industria de tráfico de reliquias para su venta y exposición. Entonces, como ahora, había un sitio específico donde adorarlas, antes la catedral, ahora el museo. Entonces, como ahora, había una casta que celebraba ante ellas, antes el sacerdote, ahora ya saben quien. Entonces, como ahora, había una literatura que sustentaba la cosa de las reliquias y para serlo tenían que ser objetos o fragmentos de los utensilios, vestiduras, o del cuerpo del santo al que perteneciese.

 

Lo que viaja desde París son garabatos realizados por el último santón sobre el que el nivel de consenso con respecto a su genialidad es abrumador en el primer mundo. Aunque nadie ha explicado con claridad por qué es un genio ni cuáles son sus milagros. Esta claro que Einstein lo es por el “milagro” de la teoría de la relatividad, Darwin por la teoría de la evolución, Watson y Crick por lo del ADN, etc.; pero por qué lo es Picasso yo no termino de verlo, al menos hasta el punto de que sus obras viajen en camiones separados para que la humanidad esté más tranquila. Si se quiere equiparar la tontería esa del cubismo con lo del ADN, entonces un servidor se calla, pero no otorga. Se calla, porque ya no hay por donde seguir, porque estamos hablando de creencias, y por lo tanto de religión, y uno no quiere ser un infiel y que le condenen como a  Salman Rushdie.

De como se ha de hablar, en estos tiempos, de uno mismo.

 

He ejercido muchas veces de dicharachero y contador de anécdotas. Ha sido un recurso para vencer mi timidez y poner algo de “música” a las miles de cenas, la mayoría aburridísimas, que me ha tocado asistir. Siempre he considerado una especie de obligación llenar los silencios del único modo que sé: no tomándome nada en serio, y menos a mí mismo, y “tirando” de repertorio, como siempre lo han hecho los juglares y las orquestas pachangueras.

 

Esto, desde luego, no lo han hecho, los artistas de “verdad” de mi generación y anteriores; se han comportado justo del modo contrario en las miles de cenas a las que también a ellos les ha tocado asistir. Lo digo porqué he asistido a no pocas, en el pasado, eso sí, en calidad de artista joven expectador y he visto, y escuchado, su puesta en escena..

 

Al contrario que un servidor, se suelen poner graves y hablan de sí mismos, de su obra y de su vida, con la misma prosapia que un cura de pueblo habla de  nuestro señor Jesucristo, de su vida y de sus obras. Lo inaudito, para mí, es que este modo tan cómico de hablar de uno mismo, lejos de provocar la lógica hilaridad, produce una aparentemente sentida, conmiseración.  Sus oyentes parecen pensar: “-Pobre hombre, cuánto ha sufrido por todos nosotros, como ha entregado su vida al arte para nuestra salvación, habremos de ayudarle en tan noble tarea adquiriendo una de sus obras”. Los asistentes a la cena entienden que merece la pena como artista. Al contrario que con un servidor, no se pueden tomar en serio a alguien que no lo hace consigo mismo. Ni que decir tiene que tomarse en serio algo para ellos es “adquirirlo”, o “invertir en ello”.

 

Y es que cada vez es menos comprensible la ironía. Ya nadie lee entre líneas, ya la literatura es la literalidad, ya los silencios no son elocuentes, ya no hay sitio para lo implícito; o es explícito o incomprensible.Cada vez queda menos sitio para la esencia esa de lo español, ese modo de ser y decir: el de La Codorniz, el de El Hermano Lobo, el de Muñoz Seca, el de Quevedo o el de Fernando Fernán Gómez.

 

No hay más que asistir a una charla de cualquier zangolotino que se dedique al marketing y ver como les cuenta obiedades trufadas de palabras inglesas a sus clientes,  como les cuenta sus perogrulladas solemnes y como sus oyentes le escuchan embelesados. El mundo anglosajón, con un estupendo y propio sentido del humor, pero en dónde la ironía es distinta, y difícilmente cabe el doble sentido fuera de un escenario, nos ha vencido.

 

 

 

De lo mismo que ayer.

Sigo con mis investigaciones sobre Baudelaire.

Leo en mi Enciclopedia Ilustrada Espasa de 1917, una de mis últimas adquisiciones librescas, la voz Baudalaire (Carlos Pedro) frases como estas:

“... Tras su viaje en barco a Oriente, cómo era de suponer, la imaginación desenfrenada del joven poeta y su sensibilidad, que rayaba en los límites de una verdadera irritabilidad morbosa, exaltáronse más...”;

de su obra magna, “Las flores del mal” dice: “Expresión de un pesimismo insano, revela una verdadera aberración intelectual y moral.”; de su ética:”Según la ética de Baudelaire , la naturaleza es el mal, lo natural es lo antiestético, la decadencia un alivio y la muerte una bendición. Sus biógrafos dudan de la sinceridad de esas afirmaciones, antes bien, creen que tenía una perfecta noción de su monstruosidad...”

Es maravilloso, hoy al redactor de esta voz supuestamente científica y objetiva lo hubiesen lapidado por sacrílego. Quién le iba a decir a José Espasa e hijos editores de la enciclopedia que cien años más tarde iban a editar lujosamente la obra completa de este degenerado, y lo que es más gracioso, con la ayuda de los patronos de esta colección : Banco de Santander, Bilbao-Vizcaya, Fundación Ramón Areces, Fundación Tabacalera, Repsol, Ibercaja, Iberdrola, Airtel, Cepsa, Dragados y Naviera Fernández Tapias. Acojonante, ¡si Baudelaire levantara la cabeza...!

Viene a ser como si los Bancos usasen la música de los Sex Pistols para vender planes de pensiones., con este slogan. ¡ Viva a tope y muera joven, así su pasta nos la quedamos nosotros!.

Que malo es eso de leer lo que pone en los libros...

De consultar las fuentes y sus peligros.

Resulta que el libro que compré ayer por internet, además de estar entero en la red, y gratis, lo tenía ya, como es natural, en la edición de las obras completas de Baudelaire de Espasa.

El título original: “Le coeur mis à nu” lo han traducido por un cursi, y antibaudeleriano y corintelladesco: “Con el corazón en la mano”. ¡No me jodas!. ¡Cómo me va a sonar!. Ya sé que la traducción es un arte difícil, y traducir a Baudelaire más, pero estaría mejor: “Con el corazón en pelotas, o en cueros”, o algo así.

A este texto, el del corazón en carne viva de Baudelaire, le había echado un vistazo por encima hace algunos lustros, pero sin darle mucha importancia. Me interesaban más, por la edad, “los paraísos artificiales”, y sus criticas de los salones de su época, y por supuestísimo: “Las flores del mal”.

Ayer, también en la cama, leí “El corazón puesto en pelotas”, y me dejo bastante frío. Es que después de escuchar a Manolo cabeza bolo, ya no es lo mismo, todos los textos supuestamente provocativos me parecen flojos. Más que un diario, o breviario, es un blog.

 

Dice por ejemplo:

 La femme est le contraire du Dandy. Donc elle doit faire horreur.
La femme a faim, et elle veut manger ; soif, et elle veut boire.
Elle est en rut, et elle veut être baise
Le beau mérite !
La femme est naturelle, c'est-à-dire abominable.
 (La mujer es lo contrario a un Dandy. Por lo tanto causa horror.La mujer tiene hambre y quiere comer. Sed y quiere beber. Está en celo y quiere ser follada.¡Vaya mérito!La mujer es natural, es decir abominable.) 

Este texto prueba que es un moralista en el peor sentido del término y que su padre cura, el de verdad, no su padrastro, le marcó mucho. Además de ser una bobada.

 

Desde que me da por leer las fuentes me estoy quedando sin principios.Era mejor antes, cuándo no leía las fuentes que citaba con supuesta precisión, más que nada, para no tener prejuicios.

 

 ¡Que mayor me estoy haciendo!

Del Mesías de lo moderno y de sus enseñanzas.

El único progreso digno de ese nombre no sería un progreso técnico, sino un progreso moral:”No puede haber progreso (verdadero, es decir moral) más que en el individuo y por el individuo mismo”. Baudelaire se decanta por la antropología de Hobbes o de De Maistre contra la de Rousseau, cuando insiste por ejemplo en “la indestructible, eterna, universal e ingeniosa ferocidad humana”. La comunidad humana se rige por la enemistad y la conclusión política cae por su propio peso: “No hay gobierno más razonable y seguro que el aristocrático.”” Monarquía o república basadas en la democracia son igualmente absurdas y débiles”. O también”El hombre, es decir cada uno de nosotros, es un ser tan depravado por naturaleza que acepta con más facilidad el envilecimiento universal que el establecimiento de una jerarquía razonable.

 

Este párrafo es lo último que leí ayer antes de dormirme y ha estado dando vueltas por mi cabeza durante la noche.

Lo he leído en el libro de Compagnon, en su edición de la editorial el acantilado,: “Los antimodernos”, concretamente en su página 137. Las referencias a Baudelaire están sacadas de su libro: “Mon coeur mis à nu”.

Parece ser que los que emplean a Baudelaire como paradigma y profeta de esta modernidad enlatada no lo han leído, o por lo menos no han leído este libro. He de confesarles que yo tampoco, pero acabo de comprarlo por internet y ya les contaré cuándo lo lea.

Me gusta mucho la idea de qué: o el progreso es moral o no lo es. Por eso, la idea de progreso no es aplicable a las artes.

La otra idea sensacional es la de que el hombre (cada uno de nosotros) acepta con más naturalidad el envilecimiento que la jerarquía. No puede ser más políticamente incorrecta en nuestros días. Pero no lo he dicho yo. Lo ha dicho el Mesías de lo moderno: Baudelaire, ya me perdonaran por recordarlo.

De estar rompiéndose o no.

De estar rompiéndose o no.

Félix Romeo ha escrito un libro cojonudo. Está en racha, ayer, sin ir más lejos, escribió un estupendo artículo sobre Ángel Guinda en el Heraldo. Félix Romeo como se dice en el argot taurino: "se está rompiendo”, está haciendo algo que sabía que tenía que hacer y que llevaba posponiendo algunos lustros, por aquello bíblico de:

 –padre, si es posible que pase de mi este cáliz.

Porque eso de hacer buena literatura, o buena pintura, o buen lo que sea, implica dejarse la piel, y los huevos, y el tuétano de los huesos en ello, y las personas que se saben capaces no suelen tener ninguna prisa en hacerlo, al tiempo que lo saben inevitable.

Ahora le ha tocado hacerlo a Félix.

El libro es bueno, muy bueno; entendiendo que lo bueno es lo intenso, claro está. Los amantes de la literatura de evasión absténgansen de leerlo. Que lo hagan sólo los que se quieran mirar al espejo para constatar su nimiedad.

De lo de esta mañana.

Hoy me he comprado el periódico el Mundo y la revista Interviú para hojeralos (de hoja) y ojearlos (de ojo) mientras tomo el café de cada mañana  en el bar de la plaza. Otros días puedo comprar cualquier otra publicación, incluida la revista Hola, que me fascina, o leer el periódico del bar, o uno gratuito de los de ahora, o un folleto de propaganda, o el catálogo del Makro, que es estupendo, sobre todo las ofertas de herramientas.

Lo que no puedo hacer, de ningún modo, es tomar el primer café sin algo impreso que leer y que esté estrenando yo, que aún huela a tinta y a papel. El primer café ha de tomarse en el bar e ilustrado, a ser posible.

Luego ha llegado mi amigote de desayuno, José Luis Ona, y se ha sentado en la misma mesa, como casi cada mañana, y sin apenas saludar se ha enfrascado en la lectura de sus dos periódicos, los dos que compra él; cada mañana los mismos: el País y el Heraldo. Comentamos, brevemente, alguna noticia puntual mientras leemos la prensa, primero la nacional luego la local, pero sin hacernos mucho caso, en general apenas nos hablamos. Tal y como se comportan las viejas parejas, esas que ya se lo han dicho todo.

En la revista Interviú hay un artículo sobre los niños soldado de las guerras del tercer mundo. Empieza así:

 

“John  tenía una fama merecida. Duro en el combate, invisible para el enemigo, mortífero y cruel. Se le veía agarrado siempre a su cigarro en el puesto militar que mandaba en Butembo, Zaire. El Kaláshnikof colgado al hombro, casi arrastrando por el suelo. Jhon tenía diez años. Ël y sus niños guerreros los Mayi Mayi tenían una aureola mítica por su precisión militar y su crueldad. En la primera mitad de los noventa ayudaban a los rebeldes, pero podían ponerse a disposición de cualquiera que les pagase bien...”

 

Pienso que en como se ve este asunto desde nuestra cultura, la del alargamiento de la infancia hasta límites cómicos (la cuarentena), la de las cámaras de vigilancia en las guarderías para que los padres desde su trabajo a través del ordenador puedan vigilar a sus vástagos y a los vigilantes de sus vástagos, la de la formación constante, la de los eternos escolares tutelados.

 

Pienso en como se ve desde el punto de vista de la historia y constato que la mayoría de sus protagonistas han sido como Jhon: Gengis Kan, Alejandro Magno, el Cid, por ejemplo, fueron lo que hoy llamamos niños soldado. En el ámbito de las artes Mozart, Velázquez, y Leonardo, fueron víctimas de la explotación infantil.

 

Pienso en que la idea de la infancia de nuestra cultura está idiotizada. Intento recordar como me sentía y era yo a los diez años, y me recuerdo fingiendo candor para no defraudar a los estúpidos adultos que aún pretendían engañarme con la bobada del ratoncito Pérez...

 

Suena el móvil:

        -   Tiriring, tiriring, titotitotiiii; Tiriring, tiriring, titotitotiiii...

       -   ¿Sí?.

       -    Soy de Aragón radio, le recuerdo que hoy viene usted a una tertulia a las cinco.

-         Gracias allí estaré.

-         También he de decirle que ha muerto Pepín Bello, y que se hablará de él.

-         Vaya cuanto lo siento, aunque se ha muerto de más de cien años, ¿No?

-         De ciento tres.

-         Pues ya está bien, vamos, digo yo..

-         Sí, pero es una pena, ¿no?

-         Sí, claro, es una pena...

  

Vaya hombre. Don José Bello Lasierra, hijo de ingeniero y de Huesca. Señoriíto de provincias ilustrao, y de aquellos de principio de siglo. Amigo de lo mejor de su generación. Ha vivido ciento tres años sin haber trabajado en exceso, manteniéndose soltero y bebiendo güisqui hasta el año pasado, que le visitó un amigo y me lo contó. Pienso que es una pena, pero una pena relativa.

Pienso que fulmina una estadística que leí hace poco en la que decía que los solteros viven muchos menos años que los casados.

 

Pienso en que si no hizo nada creativo en su vida aún a pesar de ser amigo de Buñuel, de Lorca o de Dalí es por ser de Huesca, por ser “más mirao que un luto” y por no “darse a entender”, particularidad de los oscenses en general, que suelen ser cautos, poco dados a la fanfarronada y con un exagerado sentido del ridículo.

Pienso que hay alguna excepción y en que Ángel Orensanz también es de Huesca, pero no hay regla sin excepción.

 

Recuerdo un chiste:

 

-¿Saben cómo reconocer a dos de Huesca en un campo nudista?

-Son los que llevan una chaqueta de punto sobre el hombro izquierdo. Por si refresca.

De la pedantería exagerada.

De la pedantería exagerada.

Ando leyendo por enésima vez mi libro preferido: “Vida de Manolo” de Josep Pla. Me ocurre un poco como a los niños en su primera etapa de formación, en la que prefieren ver una y mil veces la misma película, o escuchar el mismo cuento, antes que aventurarse en la historia desconocida. Me reconforta mirarme en el espejo de Manolo Hugué, con el que creo compartir muchísimos modos de ver el mundo, de la mano del sagaz Pla.

 

En el prologo de la primera edición, la del 27, Pla escribe:

 

“Creo que el lector puede abrir el libro con absoluta confianza, porque, aunque no posea otros méritos, tiene al menos uno que el público probablemente apreciará. A pesar de que la obra contiene importantísimas observaciones sobre arte, no hay en sus páginas ni un ápice de estética, ni de metafísica, ni de filosofía al uso. Sería injusto afirmar que me ha llevado a estas exclusiones un prejuicio personal. Quienes me conocen saben que soy un decidido partidario de las ideas generales. A los treinta años, cuando se va de buena fe, es un sacrificio no tenerlas. Incluso creo que pocas personas de mi edad hubiesen tenido la fuerza de resistir la tentación de hacer un libro de esta clase y no incluirlas. Pues bien, no hay ni una. He partido del principio de que en un libro sobre un artista, la estética es lo más obvio. Hubiese sido una pedantería exagerada ponerme a valorar, con argumentos extravagantes, una obra que todos pueden ver con sus propios ojos, sin otro tipo de esfuerzos. Y así pretendo situarme en una posición de sentido común que tarde o temprano, y a pesar de los sacrificios que conlleva, me será recompensada.”

 

Más adelante, refiriéndose a la época en la que lo escribe dice:

 

“El interés que manifiesta la gente de nuestra época por las cosas del arte es harto exagerado: es la comedia más extraña que jamás haya existido. Lo que demuestra la absoluta falta de base de ese movimiento es que el mundo es cada día más monstruoso, más horroroso e incómodo.”

 

¡Y aún le faltaba por vivir la guerra civil española, y la segunda mundial¡, en dónde dos modos modernos de ver el mundo enfrentados iban a causar decenas de millones de muertos.

 

¡Como me gusta esta frase!: “Hubiese sido una pedantería exagerada ponerme a valorar, con argumentos extravagantes, una obra que todos pueden ver con sus propios ojos, sin otro tipo de esfuerzos.”

 No tengo nada que añadir.