Blogia

pepe-cerda

Del tesón y su utilidad.

Tengo un amigo que persiguiendo a su sobrino por la casa de su hermana en unas vacaciones resbaló y cayó despaldas con la mala fortuna de fracturase algunas vértebras.

 

La casa de su hermana estaba en Alemania y a mi amigo, como era natural, lo internaron en un pulcrísimo hospital teutón. Lo de las visitas a los hospitales tal y como lo conocemos en España es inimaginable por Europa. En Europa y más en Germania, los hospitales son lo que son: perfectas industrias de sanar a la gente y todo lo que sea superfluo para ese fin es desestimado sistemáticamente. Las visitas son de seis a siete y durante el resto del día en el Hospital no hay más que enfermos y sanadores. Como debe de ser.

 

El problema para mi amigo es que no hablaba ni una palabra de alemán y no podía charlar con el de la cama de al lado ni con ningún celador o enfermera. Tampoco podía leer ya que estaba escayolado del cuello para abajo, brazos incluidos. Su único entretenimiento era el mando a distancia de una televisión colgada del techo. En la televisión se podían ver decenas de canales, pero todos en alemán.

 

A las personas que le acompañaban en el viaje se les acabaron las vacaciones y con todo el dolor de su corazón le abandonaron en el hospital. Su hermana y su cuñado vivían en una ciudad cercana al hospital pero no tanto como para acercarse a verle todos los días. Así, mi amigo se vio en la terrible tesitura de estar inmovilizado e incomunicado en el más pulcro de los recintos que aún hacía más inhumana y penosa la estancia.

 

Como es un hombre tenaz y de pensamientos positivos decidió aprender alemán. ¿Cómo? ; ¿si no podía leer, ni hacer ejercicios, ni se iba a acercar por ahí profesor alguno?. Pues muy simple: lo iba a aprender como lo hacen los niños: oyendo y deduciendo. Para esta aventura había descubierto una gran herramienta: entre las decenas de canales de televisión que estaban a su alcance a través de las yemas de los dedos de la mano derecha, un poco entumecida por la artificial rigidez del brazo escayolado, pero aún útil, había descubierto un canal para niños. En este canal emitían casi constantemente las marionetas que en España se llamaron los Teleñecos o Barrio Sésamo. Ahí estaban para ayudarle Epi, Blas, la rana Gustavo, don Pimplon, y todo el elenco de personajes de trapo de la serie.

 

Así, a partir de aquél día, pasó el día entero y parte de la noche viendo Barrio Sésamo.

Poco a poco, fue haciendo progresos. Dedujo con facilidad que “lejos” se decía: “uzak”; “cerca”: “yaninda”; “grande”: “buyuk”, “pequeño”: “Kuckuc”. Repetía una y mil veces las palabras para que se le quedasen y luego intentaba hacerse entender por las enfermeras pero no había manera. “Será por mi acento”, pensaba. Y volvía con más ahínco al trabajo, es decir a ver, y a escuchar atentamente, horas y horas de conversaciones entre Epi y Blas, para que se le pegase algo.

 

En estas estuvo durante varios días. Los responsables de  la planta del hospital llegaron a preocuparse por el maniaco tesón con que aquél español veía programas infantiles. Pero como la planta era de traumatología y no de psiquiatría no se metieron en líos. Ya se trataría de su obsesión en España después. Y mi amigo, dale que te pego, con los teleñecos. Así estuvo hasta que fue a verle su cuñado que era alemán y extrañado por el programa que estaba viendo le preguntó:

 

 

-¿Pero se puede saber qué haces tú viendo Barrio Sésamo en... ¡turco!?

De la cortés distancia.

El arte de mantener las distancias es esencial en el ejercicio de tratar con los otros. No me refiero a mantenerlas para esconderse o protegerse, sino a la necesidad, para que todo comience bien, de ver al otro en su lado más amble. Esto sólo ocurre en un determinado punto focal. Como cuando enfocamos con una máquina fotográfica. Si al girar el objetivo nos pasamos o no llegamos al punto de enfoque exacto se ve borroso.

A medida que la simpatía por el recién conocido aumente las distancias ya se irán acortando o ensanchando hasta encontrar la medida en la que ambos se encuentren cómodos. Si los dos son lo suficientemente delicados, generosos e inteligentes se establecerá, sin prisas, un pacto tácito sobre la distancia adecuada que se modificará siempre que sea necesario; pero siempre para agradar, para enriquecerse mutuamente.

Esto generalmente no ocurre así. Enarbolando la franqueza como bandera se pretende disfrazar lo que son en realidad extralimitaciones, groserías e insultos, a menudo desde el primer saludo. Esto va en aumento en nuestra cultura. Los latinoamericanos se suelen sorprender en nuestro país en general, y en mi región, Aragón, en particular, de la agresividad con que nos expresamos y nos dirigimos a los demás. Nuestros abuelos también se sorprenderían. La perdida del usted como tratamiento y de casi todas las normas de cortesía verbal a la que tan acostumbrados estamos cuando nos dirigimos a un desconocido son, aunque suene rancio y poco moderno, una agresión.

La cortesía se desarrolló para evitar malos entendidos cuando todo el mundo iba armado. Nadie tenía demasiado interés en ofender gratuitamente cuando la respuesta podía ser un navajazo o un tiro. Algo de esto hay aún en las exquisitas formas de expresarse de la mayoría de los mejicanos, por ejemplo.

Del oficio, del vicio y de la fe del empleado.

Vaya por delante una aclaración o aviso: el que esto escribe es un pintor. Entiéndase la palabra pintor aplicada a mi caso del modo siguiente: soy un pintor porque vivo y veo el mundo a través de la pintura. No soy un fabricante de imágenes más o menos artísticas, ni tan siquiera un hacedor de cuadros; soy, repito, un pintor y esto antes que nada es un modo de ser y vivir. Un modo de vivir rancio y obsoleto, lo sé, pero ni quiero ni puedo hacer nada para enmendarme.

Dicho esto vayamos al asunto. Lo que entendemos por pintura, cuando nos referimos al vasto conjunto de soportes pintarrajeados por homínidos desde el principio de la civilización,  no es un modo de ser de las cosas, ni de las paredes. Es un modo de ser hombre que algunos vienen ejercitando desde antiguo. La pintura es pues, intrínseca a lo humano. Sin embargo aún siendo una actividad humana no es un oficio, sería más un vicio que un oficio. Al contrario de la creencia general este “vicio”suele hacer infelices a los que lo practican. El artista pintor por el mero hecho de serlo y a los ojos de sus contemporáneos sólo tiene una salida profesional, una sola plaza laboral que les satisfaga: sólo lo  será si alcanza el éxito más rutilante y planetario que quepa imaginar. Todo lo que no sea alcanzar esta plaza gloriosa será considerado insuficiente por el entorno del pintor artista. Por esto a partir de una cierta edad casi todos están frustrados y son recriminados en silencio por sus cercanos.

A mí, afortunadamente, el cinismo me ha ido salvando de la frustración. El cinismo y la falta absoluta de fe en mí. La fe en uno mismo, el creer en uno y en su obra, siempre me ha parecido de una estupidez y pedantería insoportables. Pero esto de la fe parece ser obligatorio para los artistas en el mundo del arte reciente. Cuando escucho a un artista hablar de sí mismo y de su obra sin que le quepa la más mínima duda de ambos, su obra y el, conforman una pieza indiscutible para armar el arte contemporáneo, no puedo evitar partirme de risa. Me ocurre un poco como cuando un empleado del Corte Ingles dice orgulloso:

 

.-Este año hemos conseguido unos beneficios de tantos millones de euros.

 

¡Hay señor, señor!

Actividad antieconómica.

He pasado la tarde limpiando los cientos de pinceles sucios y resecos que se han ido acumulando  pegados al fondo en las decenas de botes con el disolvente evaporado desparramados por el estudio. Limpiar pinceles es lo primero que hice en el oficio cuando comencé a ayudar a mi padre. Lo hago muy de ciento a viento. Puede que haga más de un par de años que no lo hiciese a fondo, como hoy. Cuando lo hago lo hago por una especie de catarsis, de purificación, de recordar dolorosamente quién fui. Es muy raro que tire un pincel por viejo que sea. Me ocurre un poco como a mi madre con el pan. Un pincel no se tira. Aunque sea antieconómico, aunque cueste más el tiempo y el disolvente que el pincel.

 

El proceso, además de trabajoso, tiene cierta complicación. Primero se los ha de dejar, a los de óleo, a remojo en un bote con acetona para que la pintura reseca se reblandezca. Pero se ha de tener cuidado para que no estén demasiado tiempo para que el pelo no se queme y se reseque en exceso. Después se han de enjuagar en un bote amplio relleno de aguarrás puro con un colador grande en el fondo. Al  restregar los pinceles sobre la áspera y permeable superficie del colador sumergido los jirones de pintura reblandecida por la acetona se desprenden del pelo y quedan flotando en el aguarrás como si de una sopa minestrone multicolor se tratase. Tras esta operación se han de secar con una toalla vieja y sumergir en otro recipiente con agua jabonosa, volver a secar y de ahí a la pila del fregadero.

 

Ahora es cuando empieza la verdadera limpieza. Con un buen pedazo de Jabón de tajo, de los que antes se empleaban para lavar la ropa en los lavaderos, se ha de enjabonar uno a uno, para luego restregarlos contra la palma de la mano hasta que “tome el jabón” y la espuma salga blanca y abundante. Este proceso dura unos minutos con cada uno y me permite reconocerlos.

 

Sí, los reconozco a todos. Reconozco, por supuesto, los que me regaló mi padre cuando empecé a pintar solo los aparatos de feria. Recuerdo como me entregó, solemne, un envoltorio de lona con los pinceles que él creía necesarios e imprescindibles para ganarme la vida. Sobre todo uno de pelo largo de marta que usaba para perfilar las figuras con negro sintético de Titanlux diluido lo justo para que fluyera y no goteara. Reconozco a las brochas de pelo sintético y negro, de una marca ya ilegible, pero que recuerdo portuguesa, ya que mi padre se refería a ellas como “las portuguesas” y que apreciábamos mucho porque permitían, por su relativa dureza y ductivilidad, matizar y difuminar el esmalte sintético  en el escaso tiempo del que se disponía antes de que “cogiera mordiente” y ya no se pudiera.

 

Los pinceles de “meloncillo”, casi siempre de marca Escoda, casa a la que aún sigo comprando, que no son ni duros ni blandos y que se comportan estupendamente. Los de mango largo comprados en Marín, en París, y que eran con los que pintaban de pie los decorados los escenógrafos. Las paletinas de oreja de buey para rotular, cuadradas y redondas, según para el tipo de letra que se quisiese rotular. Alguna paletina de “Carrá”, de pelo muy largo y negro, redonda en la vitola y cuadrada la punta del pincel, que empleaban los rotulistas valencianos y catalanes cuando venían a rotular en las ferias de muestras porque cargaba más pintura y se podía rotular más tiempo al “primer toque”. Eran ideales para escribir rótulos con  lo que entonces se llamaba “letra americana”.

Los de “petit gris”, o tejón, y con virola de pluma, excelentes para la acuarela. Los primeros me los regaló Fracois Bard en la Casa de Velázquez...

 

Y así he pasado la tarde despellejándome las manos con los disolventes y los jabones. Poniendo en orden los pinceles, mis recuerdos y mi cabeza. Al intentar razonar sobre la sinrazón de perder el tiempo limpiando paletinas de rotular en la época de los ploters y los vinilos, me he dado cuenta que mi mundo no existe más que en mí. Que a nadie le importa. Que la Unión Europea prohibirá a partir del 2010 la venta de disolventes y pinturas sintéticas. Que por normativa todas serán “al agua”, y acrílicas. Que mi oficio, el que aprendí de niño, el de ilustrador rotulista, ya no existe. Que el oficio de pintor ya no tiene sitio, ya no es necesario.

 

 

 

Hago cuentas y me salen rosarios.

Tabla comparativa del precio del barril de petroleo y precio del litro de gasoleo

 

 

 

 

 

 

 

Año 2000

 

02 de Junio de 2008

 

 

 

 

 

 

 

Cambio U.S. Dólar $  - Euro €

 

1,2

 

Cambio U.S. Dólar $  - Euro €

 

0,643

 

 

 

 

 

Precio barril de petroleo

60 $ = 72,00 €

 

Precio barril de petroleo

125,57 $ = 80,74€

 

 

 

 

 

Precio de 1 litro de gasoleo

0,65 €/Lt.

 

Precio  de 1 litro de gasoleo

1,308 €/Lt.

 

 

 

 

 

 

 

Subida precio del barril de petroleo de 72,00 € a 80,74 € = 11,21 %

 

 

 

 

 

 

Campamante08

Subida precio del litro de gasoleo de 0,65 € a 1,308 € = 100,12 %

 

Andrea Pazienza

Esto es a lo que yo llamo un genio. Pero para el mundo del arte era sólo un dibujante de tebeos. Murió a los treinta y dos años.

Quico Rivas

Quico Rivas

Me ha llamado Javier Baldeón y me ha dicho que Quico Rivas ha muerto hoy a primera hora. Acababa de celebrar una gran fiesta en Sevilla  para anunciar que dejaba para siempre la crítica de arte y para juntarse con los amigos. Insistió mucho para que fuese, creo que él sabía ( en realidad estoy seguro) que se moría y quería despedirse de los amigos. Por eso insistió tanto para que fuese. Pero no podía ir tengo demasiado trabajo. Ahora me arrepiento. Ahora iría y dejaría todo lo que tuviese que hacer.

Quico era el mejor de los amigos. Su modo de entender el arte era como el mío.

Lo siento mucho. Le echaré mucho de menos. Descanse en Paz.

De no sé qué.

Hace tiempo que no escribo. He estado trabajando obsesivamente y no sé con que éxito en un encargo para la Expo de Zaragoza.El encargo no está aún, ni creo que lo esté nunca, verdaderamente acabado. Las cosas que no se sabe de antemano como han de ser no se pueden terminar. Las termina por uno la muerte y yo personalmente no tengo prisa en conocer a esta gran señora. Se puede terminar una paella, o un padrenuestro, pero no un cuadro. Las cosas que ahora se llaman artísticas se pueden dejar definitivamente inacabadas, pero “terminadas”, lo que se dice terminadas, no. Esto debería de ser sabido por lo obvio, pero últimamente observo que son las “perogrulladas” los conceptos más ignotos.

Cuando se trabaja en algo que no se sabe en qué ha de consistir, que se soñó pero sin ninguna concreción, no se sabe en verdad qué se está haciendo. A lo único que cabe aferrarse es al momento del encargo en dónde sí se precisó, con enorme vaguedad, por respeto, por no coartar al artista, lo qué se quería.

Yo sé que para que algo sea no se ha de desear y muchísimo menos planificar. Sólo lo imprevisto “es” de verdad. Por eso nos aburrimos tanto en los viajes programados, sencillamente porque la esencia de la diversión o felicidad es la sorpresa. Esta perogrullada parece no conocerla nadie en nuestros días. Todo el mundo quiere saber qué va a ocurrir y preverlo. Quiere saber cuanto va a vivir, lo feliz que va a ser con su pareja, cuanto dinero va a ganar, cuando va a reír y cuanto va a llorar,  y un motón de bobadas parecidas que evidentemente no pueden saberse de antemano. Lo inaudito es la cantidad de empresas y oficios que se nutren de esta estúpida idea. Eurodisney y Marinador, por ejemplo venden y “garantizan” alegría y felicidad. Aprobar las oposiciones “garantiza” unos ingresos “seguros” y constantes que cubrirán las necesidades de por vida. Portarse bien garantiza el cielo.

Hubiese sido más comprensible, y lógico, planificar con exactitud  el enorme mural que estoy haciendo (unos trescientos metros cuadrados). Hubiese sido lógico ceñirme a un exacto boceto aprobado. Máxime cuando hay tan poco tiempo. Hubiese sido lógico, pero no es, ni ha sido, ni será así. He cambiado los bocetos sobre la marcha. Nada de lo que estoy haciendo estaba previsto. Solo hago y hago. Y continúo y sufro y me alegro. Y espero que lo imprevisto sea por sí mismo.

Espero tener suerte.

David Nebreda

Jan Pei Ming

Yan Pei-Ming

Jaume Plensa

Juan Muñoz

Ron Mueck

Trabajo.

Semana de intenso trabajo. Ya sólo quedan veintitantos días para la inauguración de la expo. He de terminar. Al tiempo que no puedo acelerar. He de olvidar que corre prisa para hacerlo rápido.

Físicamente empiezo a notar que ya no tengo treinta años como cuando pintaba murales de este tamaño, pero da igual. Lo que no he olvidado son las astucias del oficio y eso me reconforta.

Me voy que tengo mucho trabajo.

No pienso. Trabajo.

Ayer llegué de París, en coche y de un tirón. Expuse en una colectiva de celebración del veinte aniversario de la galería. Me venía fatal ir, pero no me arrepiento, París estaba más bella que nunca. Reencuentro con mis viejos amigos y, de algún modo, conmigo mismo.

Hoy comienzo un enorme mural que deberá estar terminado antes de final de mes. No pienso, sólo trabajo. Cuando vuelva a pensar ustedes serán los primeros en saberlo.

Gracias por su atención.

De la búsqueda de tesoros y sus riesgos.

Muchas de las noches de mi añorada juventud acabaron mientras acarreaba trabajosamente alguno de los mil y un cachivaches encontrados en contenedores o en las basuras hasta cualquiera de las ciento una casas que he habitado.

El proceso siempre era el mismo, alguno de los que venían conmigo o yo mismo exclamaba:

 

-¡Hostia que chulo!.

 

Mientras tiraba de del brazo de un desvencijado sillón o de la pata de una mesa carcomida semienterrada en el contenedor. Una vez sacada, tras un somero análisis se decidía si valía la pena ( casi siempre nos parecía que la merecía, influidos por la “chispa” que solíamos llevar a esas horas) y quién de entre nosotros se lo merecía en función de sus necesidades. Siempre tenía preferencia el que lo había descubierto (como con los tesoros)  pero solía prevalecer la necesidad que tuviese del objeto cualquiera de la pandilla. Después de decidir a qué casa debía de ir nos afanábamos en acarrearlo hasta la misma. Más de una vez nos sorprendió el alba en esta empresa.

Cuando me fui a Madrid y después a París, ya tenía coche. Primero un Crhysler 180, chulísimo con el techo en piel negra, y después, en París, un Opel Kadet ranchera, con el que las razzias en busca de cachivaches se hicieron más cómodas. Sin ir más lejos la mesa de despacho desde la que estoy escribiendo la encontré en un contenedor de la Rue D´Ulm hace ya más de catorce años. Y el sillón de despacho dónde ahora siento mis posaderas es un trofeo del penúltimo traslado de la consulta de mi hermana. Lo encontré abandonado en el rellano de un bufete de abogados, vecinos de mi hermana, que lo habían desechado por un ligero rasguño en su tapizado.

Gran parte, casi la totalidad, de los muebles de mi casa han sido rescatados de la basura. Así es, que le vamos a hacer. Aún recuerdo la cara de estupefacción que puso una señorita muy fina que se empeño en hacer un reportaje de mi casa para una revista de decoración. Se empeño aún a pesar de que yo se lo desaconsejase una y mil veces por teléfono. Pero ella empeñada.

 

-Sí, sí. Siempre decís los mismo y luego tenéis unas casas chulísimas.

 

Y sí, es verdad. A mí me parece que la casa en la que vivo ahora es chulísima. Pero, “decorada”, lo que se dice “decorada”, pues no está. Es más, aborrezco las casas “decoradas”, y generalmente a sus propietarios. Pues bien, al final vino con la fotógrafa y como cada sillón es de su padre y de su madre; como en las paredes hay estanterías en las que descansan los miles de libros que me acompañan y que no han sido comprados por la belleza de sus lomos; como tampoco finjo el ordenado desorden de los anticuarios, ni me preocupa lo más mínimo cómo quede mi casa en las fotos, no sabía qué fotografiar. Problema suyo.

 

En cuanto a los tesoros encontrados, recuerdo una mañana en la casa de París en la que entró Nieves muy excitada (Nieves era, y es, la señora de Jorge Gay, con ambos compartía casa en aquél momento, allá poe el 94, más o menos) y me dijo:

 

-Date prisa Pepe. Coge el coche que hemos encontrado un sofá muy bonito. Casi nuevo.

 

Y así lo hice. La razzia era siempre lo primero. En un periquete nos personamos donde estaba el sofá. Jorge fumaba disciplentemente con aire burgués sentado en él, ajeno a los viandantes que le sorteaban. Como si estuviese en pantuflas y en el sillón de su casa.  En un momento, Nieves y yo, lo pusimos en la baca del coche. Jorge, mientras, nos daba indicaciones y nos pedía que tuviésemos cuidado. Jorge no hacía esfuerzos físicos. Era demasiado sensible.

 

Cuando ya estaba arriba una joven china nos preguntó:

 

-¿Se llevan el sofá?

-¡Pues claro!. Lo hemos visto antes.

 

La competencia por las basuras en París era muy dura y había que actuar con firmeza.

Continué con la faena de atar el sofá a la baca, mientras era observado por Jorge y Nieves. Cuando ya casi había terminado volvió la china con tres o cuatro mocetones orientales y una señora de mediana edad que llevaba la voz cantante que me dijo en tono amenazante:

 

-¿Cómo que se llevan el sofá?. Ya lo está bajando de la baca. Sinverguenza.

 

Resultó que estaban de mudanzas y lo habían dejado en la acera al cuidado de la joven china para el siguiente viaje de furgoneta. Joven, que por timidez y consideración, no le había dicho nada a Jorge cuando se sentó a fumar en su sofá. Jorge, que no hablaba Francés entonces, no le dió ninguna relevancia a la simpática chinita que permanecía al lado del sillón y que le sonreía. Sonrisa a la que él respondía con otra con un leve movimiento afirmativo de cabeza. En estas estaban cuando la joven oriental vio llegar a un energúmeno barbudo en un coche que aparcó encima de la acera al lado del sofá. Como el barbudo, en un plis plas, lo cargaba en su coche mientras espetaba al simpático señor fumador en una lengua incomprensible para ella. Se atrevió a preguntar con dulzura si nuestra intención era llevárnoslo. Ante mi airada y seca respuesta afirmativa, fue a llamar a unos familiares que tenían un taller de confección en las cercanías que se personó en pleno para impedir el robo del sofá.

 

Lo descargué lo más rápido que pude mientras intentaba dar explicaciones en francés de no se sabe qué.

 

En fin, es sabido que la búsqueda de tesoros siempre ha conllevado sus riesgos.

 

 

De muertos disecados.

De muertos disecados.

Leo en el diario “El País” de hoy la entrevista al disidente chino Harry Wu en la que narra su experiencia como prisionero en las cárceles de "reeducación" chinas en las que estuvo veinte años. Denuncia la doble moral con la que juzgamos estos hechos en occidente y hace referencia a la, a su juicio (y al mío), insultante exposición “bodies” en la que se exponen cadáveres de ciudadanos chinos disecados por medio de resinas sintéticas inyectadas. Estos cadáveres, como los “donantes” de órganos que nutren el creciente marcado occidental, son de prisioneros chinos ajusticiados.

Esta exposición pudo verse en Barcelona hace unos meses y ahora me parece que está en Madrid. Como el texto del prospecto no tiene desperdicio lo reproduzco:

“Con un objetivo eminentemente pedagógico y social, BODIES muestra el cuerpo humano a través de especimenes reales preservados a través de un proceso innovador de conservación con polímero. De esta forma es posible mostrar detalladamente la fisonomía del cuerpo humano, sus sistemas y sus órganos como nunca han sido vistos por la mayoría de las personas.

Destinado a todo tipo de público, de todas las edades, BODIES brinda una oportunidad sin precedentes para el aprendizaje de la anatomía, fisiología y química humanas.

BODIES The Exhibition muestra el cuerpo humano tal y como es, en todas sus dimensiones, permitiendo, de esa forma, que las personas tomen conciencia de su propio cuerpo y aprendan a respetarlo, potenciando la adopción de estilos de vida más saludables.

En total van a estar presentes 17 cuerpos humanos y más de 200 órganos organizados en 9 galerías temáticas, que permitirán mostrar el funcionamiento de los diversos sistemas del cuerpo humano. Asimismo, se podrán observar de primera mano las consecuencias que las enfermedades y la apuesta por una vida insana pueden acarrear para el organismo.

BODIES The Exhibition permite comprender los aspectos más asombrosos del organismo”

¿No es este el mismo país que clamó al unísono para retirar el negro disecado del museo  Darder de Bañolas?, ¿No se rasgaron las vestiduras los medios de comunicación para denunciar el asunto?, ¿Por qué esos mismos medios ahora alaban la exposición de los finados chinos plastificados?. ¿No nos avergonzamos todos de este asunto?

La respuesta a esto es muy simple. El negro de Bañolas representaba el pasado cutre, retrogrado y franquista, que había que quitarse de encima en este pais, y la exposición de los chinos plastificados es cool, moderna y molona, y viene de Nueva York Así de simple.

 A que tiene cojones la cosa.

 

 

 

 

-¡No pienses!. ¡Trabaja!

Llega un momento, cuándo se trabaja de verdad, en que la mano se vuelve sabia y va por delante de la cabeza. Es como si se pensase con la yema de los dedos. Para que esto ocurra se ha de pasar un dolorosísimo proceso de descerebración, o mejor dicho de desconcienciación. Paradójicamente sólo cuando no se es consciente de lo que se está haciendo se está haciendo realmente. El proceso consiste en trabajar obsesivamente hasta que la cabeza deje de dar ordenes por agotamiento, como para ir más rápido que ella, como para preservarse de ella misma, hasta que la mente, indignada porque no se le hace caso, nos abandone a nuestra suerte. En esta lucha entre el cuerpo y el alma (en la qué, como en la corriente alterna, tan pronto el alma es cuerpo como el cuerpo alma) es el cuerpo (una vez aclarados los papeles) el que vence cuándo se llega al límite, porque es más sabio y cuanto más se complican las cosas  más se impone.

Al fin y al cabo el cuerpo, mejor dicho el hipotálamo cerebral, hace un montón de cosas importantísimas sin que se las ordene lo que llamamos mente, tales como: la inspiración y la expiración, los latidos del corazón o la precisa tensión entre los músculos para mantener el equilibrio. Y cuando tiene que actuar por encima de la razón lo hace con gran autoridad, por ejemplo: es el que nos hace saltar instintivamente cuándo un coche está a punto de atropellarnos.

Algo de esto pasa con la pintura. Cuando esto ocurre todo sale bien, todo está dónde debe estar, todo va automáticamente. Por eso es tan difícil aprender a pintar, o a interpretar música con no importa qué instrumento, o a poner ladrillos, o a hacer barras de pan, usándo la lógica o la razón. Por esto el actual sistema de oposiciones para acceder a puestos de poder es ineficaz, y los que nos gestionan son tan abstrusos; los pobres sólo saben la norma, lo que han aprendido, pero no saben construir con ella, ni saben, ni pueden abandonarse. Por eso sus puestos son blindados, no sabrían sobrevivir en la libertad de hacer lo no previsto y buscarse la vida, Que Dios nos libre de la administración a los desdichados administrados. Toquemos madera. Lagarto, lagarto.

Es tan difícil porque todo lo que se aprende se ha de olvidar, pero olvidar de verdad. Si el más leve atisbo de razón “aconseja” al que está haciendo todo se desmorona. Si tu cabeza mientras se está conduciendo te ordena pisar el embrague para meter una velocidad, en ese instante se está dejando de conducir para estar haciendo otra cosa, que es prestar atención al idiota que te está diciendo como se mete una marcha.

Por eso mi amigo el pintor chino Xiao Fan, con el que he trabajado en el mismo estudio de París decenas de noches hasta la extenuación para preparar las exposiciones que hicimos juntos por aquél entonces, me ordenaba cuándo el cansancio me vencía al amanecer y comenzaba a resoplar.

 

-Pepe..¡No pienses!.¡ Trabaja!

Del trabajo en el taller

Estoy pintando y pintando bien. Por eso no escribo hace unos días. Los actos  de escribir y de pintar parecen nutrirse de la misma fuente. Por lo menos en mi caso, o hago una cosa o hago la otra. Ahora me toca pintar por lo que escribiré mucho menos.

Cuando lo haga será casi seguro para contar moñeces derivadas del cansancio psíquico y físico resultante de larguísimas y obsesivas jornadas en el taller. Como ya me  ha pasado otras veces ya me lo sé y se lo adelanto.

Hasta cuando sea.

De leer de mayor.

De leer de mayor.

Leo, por fin, "El arte poética" de Aristóteles.

 

Desde hace décadas se viene aludiendo, como un lugar común y sabido, a esta obra en conferencias, entrevistas y conversaciones que he ido escuchando. Y yo en babia.

 

-Este asunto viene perfectamente definido en la poética de Aristóteles.

 

Se decía, y se pasaba a otra cuestión  y uno disimulando la cara de paleto por no saber de qué se hablaba, asentía disciplente. ¡Como no iba yo a haber leído la poética de Aristóteles!.

 

-Esta es la autonimia referencial que ya preocupaba a Aristóteles.

 

Vuelta a poner cara de indio tomando bicarbonato, esta vez con los labios puestos en forma de culo de gallina ,mientras asentía con la cabeza.¡Pero que tonto soy y he sido!.

 

Ahora que me aburro y tengo tiempo ayer cayó en mis manos, y me dije "ya no te escapas", y la leí. Y no pinté lo que tenía que pintar.Se trata de una especie de manual para escribir Tragedias. En realidad no lo escribió Aristóteles. Parece ser que lo dictaba y alguno de los apuntes o notas tomados por sus discípulos se tradujo al árabe y se perdió para el mundo cristiano hasta el siglo XIII que se tradujo al latín.

En el mundo del arte se viene citando desde hace mucho tiempo. Como he explicado, en mil y una entrevistas se da por supuesto que todo lector de la misma conoce esta obra de Aristóteles. 

.

A mi juicio es una obra coral y retocadísima a lo largo de los siglos. Vamos que de Aristóteles debe de quedar bien poco.

En lo que respecta  a las artes plásticas, a las que no alude en absoluto, se les puede aplicar lo que él llama diferencias entre la poesía y la historia.

.

 

En época de Aristóteles casi todo se escribía en verso, desde la poesía lírica a la ciencia, y poeta era cualquiera que escribiera verso. Aristóteles es el primero en distinguir entre los que escriben en verso literatura y los que escriben en verso ciencia. Por otra parte, también hay que distinguir entre los que escriben literatura y los que escriben historia. "No corresponde al poeta decir lo que ha sucedido, sino lo que podría suceder, esto es, lo posible según la verosimilitud o la necesidad. En efecto, el historiador y el poeta no se diferencian por decir las cosas en verso o en prosa (...) la diferencia está en que uno dice lo que ha sucedido, y el otro, lo que podría suceder. Por eso también la poesía es más filosófica y elevada que la historia, pues la poesía dice más bien lo general y la historia, lo particular".

.

 

Es la primera referencia a la diferencia entre ciencia o historia  y arte o invención. La diferencia entre la verdad pasada y contrastable y la verdad futura e indemostrable.

.

 Cuando contemplamos la obra de arte pueden suceder dos cosas, que uno conozca lo que el artista ha hecho, en cuyo caso el placer producido deriva sólo de su habilidad, o que no lo conozca, en cuyo caso sólo podrá producir placer la ejecución de la imitación, la utilización de los recursos imitativos.

.

Por tanto la mímesis, o imitación poética, no es sencillamente una "imitación" de lo real, sino que es un "artificio", una "elaboración del poeta" sobre lo real, a la que además imprime su propio estilo.

.

Ojalá hubiese leído en su día esta primera obra sobre estética. Pero cuando "me tocaba" leerla estaba mucho mas ocupado en vivir que en saber.

Y les prometo que no perdí el tiempo.