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De la dignidad.

Uno de los síntomas inequívocos de que la crisis ya está aquí es una sutil y gradual perdida de  dignidad de los afectados. Hay que tener una determinada posición social además de la actitud (con “c”) y la aptitud (con “p”) desde donde ejercer la grave dignidad de los que pisan fuerte, de los que exigen ser servidos pronto y bien en un bar o un restaurante.Los nuevos pobres intentan desesperadamente no parecerlo e intentan mantener la compostura, pero dificilmente lo consiguen.Como dice un dicho popular: "hay tres cosas muy difíciles de ocultar: el dinero, la salud y los elefantes". Por el contrario nadie suplica con dignidad, esto es una obviedad, por lo tanto la dignidad es una cuestión esencialmente de posición económica. Se me dirá que hay muchos ricos ostentósamente indignos y muchos pobres que poseen la regia dignidad de la austeridad. Y sí, puede que tengan razón desde el punto de vista de lo novelesco pero la realidad es tozuda al respecto: la dignidad se pierde a la vez que el dinero.

 

Pues bien: hoy sin ir más lejos, una señora bien vestida, incluso con alguna discreta joya, le ha pedido en voz baja al pescadero las espinas y los despojos de los clientes anteriores. Y no ha comprado nada más. Por el volumen de su tono de voz, por el timbre sutilmente suplicante, he sabido que lo que lo que iba a comer esa señora hoy era una sopa de pescado y nada más. Se notaba que no era una indigente profesional, que lo de pedir lo hacía desde hace poco. Se le notaba que todavía no había aceptado la indignidad de su nueva situación.

 

El pescadero le ha mirado a los ojos, ha comprendido y cómplice le ha echado un par de pescadillas de ración en la bolsa.  He notado que ella ha estado a punto de recriminar al pescadero por echarle algo que no le había pedido. Pero se ha callado. Ha cogido la bolsa con rapidez y con la cabeza lo más alta posible, con su cardado de peluquería más alto que su cabeza ha dicho un “gracias” apenas imperceptible. A mí me ha parecido que justo en ese instante la voz se le quebraba por el llanto que como un vómito le subía desde la garganta y se ha ido lo más rápido que ha podido.

 

De lo que fue y de como nos lo contamos.

Últimamente me preocupa mucho la memoria.

No porque me falte sino por su falta de exactitud al traerme los recuerdos. La memoria nos trae una versión de los hechos acontecidos en nuestra vida que a veces no coincide exactamente con lo que pasó sino con la versión que nosotros guardamos en aquél momento. Versión influida por nuestras circunstancias, anhelos, amores y odios. Es evidente que nuestra mirada es, y fue, parcial e interesada.

Añadido a este asunto de la inexactitud al recordar está otro más grave y es la deformación o directamente: la auto mentira.  Al contar a los demás nuestra vida procuramos que quede amena y chispeante por lo qué nos vemos obligados a “cargar las tintas” en algunas cuestiones, exagerar en otras y a omitir las inconfesables y vergonzantes.

Cuando contamos varias veces como fue ya no recordamos lo que ocurrió en realidad sino nuestro discurso de los hechos. A medida que van pasando los años resulta que lo que recordamos no es nuestra vida sino la retahíla de versiones que hemos contado a los demás y a nosotros mismos.

Por esto hace un tiempo que escribo pequeñas fichas sobre lo que fue procurando ser exacto.

Debe de ser una cuestión de la madurez.

Tres ocurrencias.

Tres ocurrencias.

Todo este asunto sobre Barceló, sus churretes y su enorme valía tanto artística como económica, me ha hecho reflexionar sobre algunas cuestiones.

 

La primera cuestión: la de los churretes:

 

Barceló y los que saben de arte moderno dicen que la cúpula es de un estilo enmarcable en la action painting. Action painting pero vista desde abajo. Es como si la pintura tras traspasar el cuadro de Pollok estuviera "cayendo" y en ese instante se congelase la imágen y se ampliase. Esta sería la metáfora, aportación u ocurrencia del pintor a la historia del arte reciente. Los que no saben pero se tienen por progresistas ( es decir los que tienen fe en lo nuevo por sí mismo)  cuando oyen hablar de arte moderno en general (y si además se trufa con alguna palabra en ingles) se quedan como los perros de muestra con la boca abierta y asienten con la cabeza, no sea que les tomen por unos paletos, o lo que es peor por unos fachas retrogrados. Doctores tiene la iglesia y ellos sabrán porqué dicen lo que dicen.

La action painting o pintura de acción es aquello que hacía Pollock echando churretes de titanlux sobre la tela extendida en el suelo. Como le hicieron muchas fotos, era americano, el país que entonces, años cuarenta, estaba ganando la guerra mundial, con gran parte de los artistas europeos exilados en Nueva York aplaudiendo su gracia por respeto a los anfitriones que les ayudaban, pues se hizo muy famoso. Como era natural el asunto de las escurriduras vino para Europa con la ayuda del plan Marsall, como la leche en polvo, tras la guerra. Vino junto con los vaqueros, el rok, el tabaco rubio y todo eso. Pero esto de las escurriduras era mucho más importante: era la primera "aportación" del nuevo mundo a la historia de la pintura occidental. Era la primera imposición de los americanos en materia de artes plásticas. Los críticos europeos que sabían "lo que valía un peine", o lo que es lo mismo: que sabían de dónde iba a venir la pasta, enseguida se pusierón a favor del churrete como medio de expresión.

Como la palabra churrete tenía unas connotaciones negativas y no la podían usar los críticos en sus sesudos textos se dejo sin traducir y se le llamo desde entonces “dripping” que queda más chula. Desde entonces “se valió” salirse del dibujo previo y que quedaran goterones en los cuadros. Es más no salirse ni que quedaran goterones en la pintura española de los años cincuenta era considerado una prueba de que era mala, facha y reaccionaria. Aquí se les llamo informalistas. Adolfo Domínguez, que es muy listo, dijo, años después, aquello de que “la arruga es bella” (y subliminalmente de izquierdas, enfrentada a la raya recta del pantalón franquista). Lo dijo tras el mundo del arte que sin decirlo textualmente bramaba desde hacía décadas “el churrete es bello”. En definitiva es un slogan tan brillante como aquél del sombrerero de la plaza Mayor de Madrid cuándo dijo: “Los rojos no usaban sombrero”. Y los tres slogans, el de la arruga, el de los churretes y el de los sombreros,sirvieron para lo mismo: para vender sombreros, trajes o cuadros con churretes.

La cúpula de Barceló cabe pues enmarcarse dentro la más pura tradición de la pintura desde la guerra mundial para acá. Al que no le guste será porque sea un poco facha o reaccionario y seguro que le gusta más aquél, su antecesor, el que pintaba con mierda y oro: Jose María Sert.

 

La segunda cuestión: la de su hegemonía como artista de reconocido prestigio internacional

 

Barceló, como artista allá por los ochenta hizo una meteórica carrera y consiguió una enorme fama. Eran los tiempos de la transvanguardia, del neo expresionismo abstracto de  Aquile Bonito Oliva y todo aquél asunto. España había conseguido una transición ejemplar y sin muertos, económicamente despegaba y ya estaba madura para aportar otro genio a la escena internacional. Como lo hizo en tiempos pretéritos con Miró, Picasso o Dalí. Eran los tiempos de los Punkis y los sex pistols. Se llevaba eso de ser poli toxicómano vivir a tope y dejar un bonito cadáver. Así lo hicieron Sid Vicious, y muchísimos más de su generación. Los pintores de vanguardia y compañeros de hechuras y generación de Barceló: Keith Haring y Basquiat murieron, como era su obligación, de sobredosis, para que así, tras su sagrada inmolación, pudieran convertirse en genios y vender muy caras sus obras. Sin embrago Barceló sobrevivió a aquella vorágine y continuó pintando más o menos como entonces.

De aquello han pasado casi treinta años. Y el mundo del arte internacional, además de desorientado, está interesado en otros asuntos plásticos. A mí me parece que está bien que él siga siendo fiel a sus orígenes, pero desde luego el panorama internacional no está interesado en este  tipo de trabajo que considera de los años ochenta. Barceló se pasa por el arco del triunfo el ”panorama internacional” y un servidor hace lo propio en la medida de sus posibilidades, claro está.

 

De la tercera cuestión, y ahora más polémica: la del precio y el valor.

Ya ha dicho Moratinos que es de necios confundir valor y precio. A mí lo que me parece de necio es esta estúpida gracia que soltó mi ministro en rueda de prensa en la qué, entre otras cosas, tenía que rendir cuentas como es su obligación. Rueda de prensa de las más desgraciadas que se recuerdan tanto por lo de Moratinos con lo del precio y el valor, como por lo de Barceló, lo de la mierda y el oro.

Se supone qué el precio es coyuntural y el valor no. Por lo tanto sin dudar de su valía el precio puede variar. Pues bien: la coyuntura que hizo que Barceló fuese un genio y muy caro hace ya lustros que no existe. Sin embargo el precio de tarifa, el suyo y el de su galerista Suizo, no bajan ni un ápice. Están en su derecho y es lógico que así sea. Tan en su derecho como los promotores inmobiliarios en decir que no bajan un céntimo el precio de sus pisos. Otra cosa será lo que haga el mercado con ellos.

Pero lo que no es correcto es hablar en este caso de “cotización” es decir de oferta y demanda, del precio que la suficiente cantidad de mortales esté dispuesto a pagar por un bien para que este se estabilice. No cabe hablar en estos términos cuándo se trata de una cúpula de mil quinientos metros cuadrados ya que: ni se puede volver a vender, ni posiblemente le volverán a encargar otra. Por lo tanto no cabe comparnza para saber si es cara o barata, ni sí mantiene su "cotización" ya que no cabe tampoco venta futura. Por lo tanto de lo que se habla aquí es de honorarios. Es decir del precio que libremente cualquier persona le pone a su trabajo. Este precio es ajustado si otra persona lo paga, y asunto terminado. El problema aquí es que esa “otra persona" somos el conjunto de la ciudadanía de un país y entonces las cosas, sobre todo los gastos de veinte millones de euros, se deben de hacer de otro modo.

 

 

De la sixtina del siglo veintiuno y de aquél que pintaba con mierda y oro.

De la sixtina del siglo veintiuno y de aquél que pintaba con mierda y oro.

Ando anonadado por la unánime opinión en la prensa de que Barceló acaba de concluir”La Capilla Sixtina del siglo veintiuno”. Hace unos días junto con el ministro Moratinos (que es el que la ha pagado) se presentó la magna obra. Como prueba de su valía dijeron que se habían empleado treinta y cinco mil kilos de pintura. El pintor de Mallorca al referirse a su antecesor; es decir al pintor que pagado con pasta española (al igual que él) decoró la sede de la Sociedad de Naciones, que era como se llamaba la O.N.U entonces, allá por los años treinta: José María Sert, se permitió la gracia de decir que aquél, que Sert,  pintaba con “mierda y oro”. Simpático con el antiguo colega, ¿no?. Lo que no especificó es cuantos kilos de oro y de mierda empleó su antecesor para realizar su mural.

El pintor de Mallorca de ahora ha decorado la sala de la “Alianza de las civilizaciones” nombre puesto por el Presidente de su gobierno, que casualmente ha mandado pagar con los euros del erario público las estalactitas que van a colgar del techo a partir de ahora para que aniden los ácaros del futuro que también tienen derecho a la vida.

El pintor se comprometió a terminar sus churretes antes de final de 2007. Como no ha sido así, el presidente de su gobierno y el ministro de exteriores, han tenido que pagar otra sede para que se reúnan los que se tuviesen que reunir, tal y como se especificaba en el contrato con la O.N.U. Los genios son así. Ya saben lo de Miguel Ángel el Papa y el retraso en la antigua Sixtina. Pues en esta nueva lo mismo.

Casi un año más tarde se ha terminado el asunto. El pintor de Mallorca de ahora, no el otro, el catalán, el de la mierda y el oro, dice que ha empleado para los churretes unas mangueras que se emplearon para proyectar hormigón en el túnel del Mont Blanc. No sé si esto le importa a alguien. Pero creo que lo dice para que se establezca una comparanza entre el costo del túnel y el de su mural, para que así parezca más baratito.

El ministro de cultura dice que el arte no tiene precio y se niega a desvelar el costo de los churretes. El pintor de Mallorca pidió el voto públicamente para su presidente en las últimas elecciones.

Los titulares de prensa son unánimes. “Por fin se ha concluido la Capilla Sixtina del siglo veintiuno”. Nada que ver con el mural anterior, el de los años treinta, el de Sert, el que estaba pintao con mierda y oro. Aquél apestaba a proto franquismo facha. Este es mucho más fardón y socialdemocrata

Amen.

De la sorprendente uniformidad de criterios en los tiempos de la libertad de expresión.

Un asunto que me entristece es la uniformidad de las opiniones en la prensa y en los medios de comunicación en general. Esto se evidencia de un modo cómico, o trágico, según se mire, en Internet. Cuando se buscan artículos sobre cualquier tema de actualidad la uniformidad en los criterios es apabullante. Sólo hay dos posturas antagónicas la del gobierno y la de la oposición. Según se publique en un medio afín al gobierno o en el contrario se opinará coralmente lo que se haya decidido desde arriba que se deba opinar. Lo más gracioso es que estos nuevos intelectuales orgánicos no paran de cacarear su independencia y ensalzar la libertad de expresión que existe en los medios de comunicación actuales de los que ellos cobran. Cuándo todos opinan lo mismo y a la vez debe de ser sólo por casualidad. Que somos muy mal pensados. 

Dónde andarán: el Camba de ahora, o el Chaves Nogales, o el Pla, o el Gómez Carrillo, yo no los veo, ni les oigo ni les leo.

De nuestros amigos los vehículos.

Cavilo que un modo de clasificar los distintos periodos de mi vida sería por los coches que he tenido. Un determinado modelo de coche ordena mis recuerdos de un modo preciso. Cuándo veo un coche del mismo modelo que alguno que tuve automáticamente sé qué pasó el día que lo estrené, sé cuál fue el que me llevo a París, sé cuál el que me llevo deambulando por la ciudad aquella noche que no me encontraba ni a mí ni a nadie.

Recuerdo al que pacientemente me enseñó a conducirlo, sin quejarse y sin dejarme tirado y muchísimas cosas más.

Podríamos convenir que el hombre moderno sometido a motorización ama a sus vehículos del mismo modo que sus antepasados amaron a sus caballos. Pero casi nadie lo reconoce, hay un tremendo pudor en nuestra cultura a abandonar los brazos de la razón y nadie osa  decir que ama a una máquina. Que sintió duelo, un duelo a veces vergonzosamente mayor que el que sintió por la muerte de un congénere, cuándo dejó a su coche en la chatarra, o cuándo lo dio “a cuenta” por un modelo nuevo en el concesionario.

Hoy al volver a casa he visto un antiguo coche mío conducido por un desconocido y algo se me ha roto en el alma. Se trata de un Opel Kadet ranchera de color azul con el que hice un centenar de miles de kilómetros hace una década. Era mi coche en París. Decenas de noches las terminamos él y yo en la cima de las escalinatas del Sacre Coeur en Montmatre mientras París amanecía bajo mis pies y sus ruedas. Cientos de veces cargado en la baca con decenas de cuadros nos fuimos a Basilea, o a Ámsterdam, o a Zaragoza. Decenas de veces dormí en él.. Y no pocas veces estuvimos a punto de matarnos.

Ahora un tipo con barba de unos días lo llevaba cargado con aperos de labranza. Estaba sucio de barro y abollado. Creo que él también me ha reconocido. Y en el instante fugaz en que sus faros y mis ojos se han cruzado ambos hemos recordado lo que fuimos juntos.

Mi amigo Cano, como siempre: genial.

Les "pego" aquí un texto de mi amigo José Luis Cano con el que comparto multitud de cosas. Él es hijo de pintor, yo también. Él estudió primero con las monjas y luego con los curas, yo también. Él ayudó desde pequeño a su padre rotulando y pintando en las antiguas ferias de muestras, yo también. Él gusta de escribir, yo también. Él es inteligente, concienzudo y cumple los plazos de entrega, yo tampoco.

Va el texto de Cano:

 

No sé si recuerdan: la semana pasada me quedé viendo los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados por la política especulativa de nuestros próceres. Me habían dejado la ciudad pelada de referencias infantiles.

Bien, pues como por razones familiares no podía irme de la escombrera zaragozana, pensé salvarme del derribo alejándome lo más posible de aquellas ruinas, no fuera a caer algún cascote y tuviéramos un disgusto. Pegué un corte de mangas al pasado y me encaré arrogante al futuro.

 

Con la ingenuidad que caracterizaba a los jóvenes de antaño, decidí dedicarme a la práctica del arte moderno en lugar de comprar terrenos en Valdespartera. Y como, si te pones, te pones, me subí al tren de las Vanguardias. Al cabo de cierto tiempo me di cuenta de que era como el tren de la bruja: te molían a escobazos y dabas vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte. Yo estaba entusiasmado. Al fin y al cabo, era mi nueva patria.

De la que me tuve que apear porque me mareaba. Se me iba la cabeza. Y es que, en un plisplas, había experimentado con la nueva figuración, el neodadaísmo, el povera, el pop, el op, el surport-surface, el happening, el environement, el agit-prop el mail-art y el land art. Y con lo lúdico, lo lírico, lo crítico, lo críptico, lo político, lo místico, lo esquizofrénico y lo semiótico.

Mi nueva patria era demasiado rápida para un chico de provincias como yo. En fin...

Una vez en tierra de nadie, me dijeron, quizás por consolarme, que aquel enloquecido carrusel, que cada vez giraba más deprisa, era sólo un sucedáneo; que las auténticas Vanguardias habían sido derribadas, hacía muchos años, por la especulación. Vete tú a saber.

 

 

Ahora trabajo y vivo en territorios fronterizos. La sencilla pregunta “¿Profesión?” me pone en un brete. Y sólo me separa del cementerio el tercer cinturón. 

(Ya no. Esto lo escribí hace un tiempo.)

De no sé qué.

Hace una semana que intento “pensar” mediante imágenes pintadas a mano. Es decir: intento encontrar un nuevo camino a lo que ha venido siendo mi pintura en estos últimos lustros. Este nuevo camino se ha de evidenciar por sí mismo. Ha de aparecer evidente a mis ojos, aunque sin explicación racional. Lo lógico ha de ser desdeñado sistemáticamente. Cuando ocurra, cuando aparezca este nuevo camino, al seguirlo sentiré una mezcla de miedo, excitación y certeza. Un cuadro me llevará a otro y el último hará más flojo el anterior y el siguiente más flojo a este. Y me cansaré y sólo la pintura existirá. Tras un tiempo así habré de parar en seco. Será el momento del catálogo y de la exposición. Y dejaré la serie sin terminar con la sospecha de que los buenos cuadros son los que faltan. Pero ya no habrá tiempo. Se habrá de exponer lo que haya salido. Siempre ha sido así.

Esta última semana he perpetrado un gran número de borrones, bocetos, ensayos o como quiera llamarse a esto que para mí es “pensar con imágenes”; entendiendo la palabra “pensar” más en el sentido de “divagar” que como método para llegar a conclusiones lógicas.

Para que el mundo se pare.

Lo más complicado para mí del oficio de pintor es parar el mundo, parar lo que no es pintura para que sólo ella exista.

Para que el mundo se pare se ha de tener todo pagado, la casa, la declaración trimestral, y todas las milongas que se inventa el estado para hacernos saber a la sociedad civil que no somos libres, que estamos bajo sospecha y que se nos va a inspeccionar en breve y se nos va a caer el pelo.

Para que el mundo se pare se ha de parar también la cabeza, se ha de dejar de pensar en aquello que se quiso y no se pudo. Se ha de dejar de tener miedo, miedo al futuro, miedo al fracaso, miedo al miedo.

Para que el mundo se pare y sólo la pintura exista se ha de dejar de pensar en la pintura, en cómo lo hicieron otros, en qué se espera de uno como pintor, en que la mano te obedezca.

Para que el mundo se pare y sólo la pintura exista se ha de dejar de pensar.

De una tarde más.

Tarde de intenso trabajo en el estudio. Un retrato se me ha cruzado y no quiere salir. He debido de pintar ya más de treinta rostros uno encima del otro. Cuando el parecido es  aceptable el cuadro es relamido y resobao. Lo borro con un trapo y acetona y vuelta a empezar sobre la ligera traza del anterior. Cuando el cuadro está bien y “a la primera”no se parece lo suficiente. Bajo un ojo, subo la comisura de los labios, esfumo el contorno, y ¡ya está!. Ya se parece. Pero el cuadro vuelve a estar relamido y resobao. Y lo vuelvo a borrar y vuelta a empezar... Y así pasa una hora y otra, y otra más. Y duelen los ojos y los riñones. Y al final del día agotado y de mala leche me percato de que otro día más que no ha servido para nada. Como tantos y tantos días en este oficio mío.

Por eso cuándo me dicen que tengo “facilidad” para pintar, que a mí “no me cuesta nada” no se pueden ni imaginar lo que me cabrea. Intento disimular con una sonrisilla y poniendo cara de haba, pero creo que se me nota.

Los demás, los que son de otro oficio, los que están capacitados para ejercer lo que sea, dan por supuesto que van a tener éxito y cobran por horas. Tantas horas, tanto trabajo, tanta pasta. Cómo le explico yo al inspector de hacienda que no sé. A los clientes que no sé. A mí mismo que no sé, que no tengo ni idea de como se hace un cuadro, ni cuanto tiempo voy a necesitar. Si él no quiere salir por sí mismo no saldrá. Que no puedo hacer otra cosa  sino seguir en el taller hasta que ello quiera. Que ello quizás no quiera salir nunca.

De la idea de Dios.

La idea de Dios tal y como se nos ha contado desde el cristianismo por medio de las catequesis insulta a la inteligencia. Ese ser con barba blanca y túnica que creó el mundo en siete días no se lo puede creer nadie. Por mucha fe que se tenga ( fe no es “creer lo que no se ve”, la traducción directa del hebreo antiguo es “intima certeza” que no es lo mismo), eso no puede ser. Sabemos que esta representación de Dios con túnica y barba es una representación mítica. Como lo son las ninfas y los faunos en la iconografía clásica: son el modo de representar como la vida tiene origen a través del encuentro entre la lujuria masculina y la “virtud “ e “inocencia” femenina.

Cuándo se dice que Dios es el padre, quiere decirse que es el padre de todo: el origen de todas las cosas. Si se cambia la estúpida idea de que nosotros estamos hechos a “su imagen y semejanza”, o lo que es lo mismo “él es uno que se parece a nosotros”, por la idea de que no es “alguien” sino “algo”; algo a cuyas leyes obedece el universo entero (y por ende nosotros) la cosa ya empieza a cuadrar más para los sumos sacerdotes modernos que son los físicos teóricos. Empieza a ser más entendible para todos a través de la moderna creencia más común en los últimos siglos: lo cartesiano Si entendemos por sagrado aquello que sabemos pero no comprendemos; aquello que aún no explica nuestra razón pero que quizás ya explicará, aquello que intuimos cierto, la cosa empieza a ser más digerible.

No debemos olvidar que enarbolando la razón, lo razonable, hemos envenenando medio planeta porque no se había demostrado que los pesticidas fuesen nocivos para los humanos. Hemos exterminado centenares de miles de especies vegetales y animales. Hemos quemado la practica totalidad de los hidrocarburos del planeta. Y lo que es más grave y el origen de todos nuestros males: nos hemos reproducido hasta niveles insoportables para el planeta y el resto de los seres vivos. Y ahora viene mi reproche a la iglesia que defiende y difunde la religión católica: la iglesia que defiende el origen divino de la vida (entendiendo por vida a defender sólo la de los “hijos de Dios”, la vida humana, a los demás seres que les den ) .La que defiende la multiplicación ilimitada por aquello de “creced y multiplicaros”. Esta idea, con casí siete mil millones de almas en el mundo es casí una idea terrorista.

Ese Dios, o ese algo origen de todo, lo será por igual de todas las cosas y, lo más importante: antes de ser “algo” será una idea, o manía, o particularidad de los humanos, a la que apelan cuándo tienen miedo o las cosas van mal.

Por todo esto yo, al igual que Dios nuestro señor, también soy ateo.

De la percepción.

¿El mundo es por sí mismo o porque es observado?.¿Tenemos alguna prueba de que sigue existiendo cuando cerramos los ojos?  ¿El mundo es tal y como lo ven nuestros ojos?. ¿No puede ser más exacto el mundo tal y como lo ve una mosca? ¿o una ameba? ¿o como lo siente un árbol? . ¿Y si fuese más cierto lo que soñamos que lo que vemos?.Jamás lo sabremos. Lo que podemos afirmar es que para nosotros el mundo existe en la medida en que lo observamos con los escasos medios a nuestro alcance y nuestra morfología resumida en los cinco sentidos. Sólo podemos oler, acariciar, mirar, oir y ver. En este sentido una de las particularidades de los humanos ha sido la de figurar con los medios a su alcance en cada época y en cada cultura su mundo circundante. Una de las características del desarrollo ha sido la evolución de los modos de representar y de mirar por medio de prótesis, como los radares, los microscopios o las cámaras fotográficas. Un modo de mirar moderno es por lo tanto y sin duda la fotografía.
Una de las características de la cámara fotográfica es que ve más de lo que el fotógrafo advierte. Cosa que jamás puede ocurrir en un dibujo o pintura, aquí solo habrá lo que el pintor halla visto, comprendido y traducido, por medio de su mucha o poca pericia, a pintura. Cierto es también que el espectador verá más o menos de acuerdo a su nivel cultural, a su posición en el mundo, a su predisposición a ver. Pero no verá más cosas de las descritas sólo ampliará más o menos su significado.

De la gran señora.

La muerte, esa gran señora, es sólo visible en los demás. Los vivos no podemos sino especular sobre ella porque cuando ella se nos presente nosotros ya no estaremos. Es, por lo tanto, un asunto del que no tenemos ninguna experiencia.

La muerte, que por definición, siempre es algo que les ocurre a los otros, nos afecta de modo muy distinto según quién sea el finado. Nos llega noticia del fallecimiento de muchas personas al año pero los grados de afectación varían. Los demás, los otros, sólo pueden ser de estas dos categorías: desconocidos o conocidos. Y dentro de los conocidos serán, amigos, saludados o familiares. En general nos apena la muerte de los otros pero no nos afecta esencialmente. Sólo afecta en el extremo de convertirnos en otro la muerte de la pareja, la muerte de los padres y la muerte de los hijos. Estas muertes sí son capaces de transformar al que las experimenta.

La muerte de los amigos de la infancia, los que nos llevan acompañando toda la vida, por enfermedad, por la ley de le leyes: por la natural, nos evidencia que el tiempo que nos queda es incierto y finito. Que igual que cuando niños en el colegio: cuándo nos preguntaba el profesor lo que igorábamos, cuándo rezábamos para que no nos preguntase a nosotros, cuándo nos aliviaba que le tocase a otro sabiendo  que nos podía tocar a nosotros en el instante siguiente. Sabiendo de un modo físico, sintiéndolo en la carne, que nuestro reloj biológico se puede parar en cualquier momento. Que el siguiente puede ser uno.

 

¡Habed estudiao!

Un experto en derecho decía el otro día en una mesa.

 

-Desengañaros. El estatuto del funcionario es anticonstitucional. Vulnera la igualdad de derechos de los españoles. ¿Qué es eso de tener una plaza “en propiedad”?, tal y como se dice coloquialmente. ¿Es que tienen una parte del estado que les pertenece y que les renta su sueldo de por vida?. Parece ser que así es. Se defienden diciendo que se prepararon unas oposiciones en las que como loros tuvieron que cantar los temas. Que perdieron su juventud por ello, para poder prepararse. Mientras los demás, los no previsores, las cigarras, los no funcionarios se dedicaban a holgar y a folgar.

Ahora las cigarras tienen el justo castigo de pagar altos impuestos y no tener la plaza en propiedad ni su futuro asegurado.

Pero tranquilos aún siendo anticonstitucional el agravio comparativo entre los derechos de unos y otros jamás prosperará ninguna enmienda ya que los que la tienen que llevar a cabo son todos funcionarios, Ja, ja, ja,

 

Esta perolata me recordó a una frase cruel que un niñato de juerga y de madrugada le grito desde un coche en marcha entre las risotadas de sus amigotes a un grupo de obreros que al alba, somnolientos, esperaba el autobús con sus bocadillos bajo el brazo.

Sacando medio cuerpo por la ventilla delantera les espetó:

 

-¡Habed estudiao!

Aquí no ha pasado nada.

Ultima hora: El papa estado paga los platos rotos por las travesuras de los niñatos gestores de las entidades financieras y aquí no ha pasado nada.

 –“Pobres criaturas, que menudo susto se han pegao”, manifestaron al unísono los presidentes de los países de la zona euro.

De lo nuevo como insólito vencedor de lo sabio desde hace tanto ya.

En mis tiempos de milicia la categoría de los mandos en el cuartel estaba perfectamente diferenciada entre oficiales y suboficiales. No sé ahora como será, pero entonces era así.

Los oficiales venían de las Academias Generales y los suboficiales de las Academias de Suboficiales, los menos, y los más llegaban a este grado reenganchándose; es decir quedándose de chusqueros tras la licencia. Prefiriendo el orden militar al libre desorden de la vida por vivir. Prefiriéndo lo previsvile a lo por preveer. Cada uno es como es y cada uno se lo monta como puede.

 

Los oficiales tenían su bar y los suboficiales el suyo. Los oficiales sus casas y los suboficiales las suyas. Los oficiales sus piscinas y los suboficiales las suyas. Nada he conocido tan reglamentado, en cuanto a clases, como el ejército; como es natural. Nada le es más propio al ejercito que el reglamento.

 

Los chusqueros si se esforzaban al límite. Si vencían el alcoholismo, casi obligatorio tras los centenares de guardias sin salir de la cantina. Si estudiaban de firme los cursos para suboficiales. Si le quitaban ese tiempo a su vida y su familia; podían como mucho llegar al grado de subteniente. Es decir el inmediatamente inferior con el que salía de la academia el oficial. Era frecuente ver como se cuadraba con marcialidad el subteniente sesentón y barrigota con el uniforme digno pero ajado por el tiempo, ante el pipiolo veinteañero con el sable y la gorra de plato relucientes por recién estrenadas.

 

-¡ A la orden de usted, mi teniente!. Decía con voz grave, cascada y marcial el subteniente.

 

Este espectáculo quedaba a mis ojos ridículo, por antinatural, por la sumisión del macho viejo al joven, por la sumisión de la experiencia a la ineptitud, de la sabiduría a la ignorancia. Lo entendí como una sinrazón necesaria para los ejecutores máximos de la sinrazón; es decir la guerra. Sumisión necesaria para la sinrazón mayúscula: el dar la vida, la vida joven, la vida sin vivir aún, por algo tan inexacto, tan incomprensible y tan variable como la patria. Entonces pensé que la vida civil sería distinta y que la sensatez haría que las personas con más experiencia no fuesen mandadas por bisoños recién salidos de las academias. Me equivocaba.

 

Este mundo de hoy, y por lo tanto esta crisis, viene dada por la ciega sumisión de los viejos sensatos a los pipiolos imberbes. Es la estupidez moderna por excelencia: el triunfo de lo joven y lo nuevo, sobre lo maduro y tradicional. Pasó con la caída de las “empresazas”  punto com tan avaladas por los informes de estos zangolotinos y está pasando con todo este asunto de ahora. Los viejos directivos de los bancos jamás hubiesen prestado tanto dinero a espuertas sin tenerlo y sin garantías. Han sido los jovencitos de los Master of Business Administration los que la han liado y además quieren largarse de rositas con sus despidos blindados. Han sido la pandilla de niñatos los que haciéndoles cuadrarse a los viejos economistas por carcas y conservadores los que la han cagao. Pero ellos no están ni preocupados mientras preparan sus vacaciones de invierno, al fin y al cabo una equivocación la tiene cualquiera.

 

Del mismo modo que han sido, son y serán los soldados los que paguen con su vida las equivocaciones de su bisoño teniente; seremos los de las economías modestas los que pagaremos con nuestros ahorros e impuestos las equivocaciones de la pandilla de soplapollas en tres idiomas que han estado dirigiendo al sistema financiero al colpaso, como dicen ellos  y a la mierda como digo yo.

Por fin lo he comprendido.

Explicación del origen de la crisis:

Qué me sabré yo. 2

Todos sabemos ya a estas alturas que algo muy gordo está pasando en el mundo. No sabemos exactamente qué, pero sabemos que es muy grave. Tan grave como para que Obama y McCain no lo usen en sus respectivas campañas y apoyen sin fisuras la nacionalización de la banca en Estados Unidos. Tan grave como para que Islandia hoy esté en quiebra. Tan grave como para que las bolsas hayan bajado un cuarenta y pico por ciento en un par de meses.

Lo que parece claro es que los que vamos a sufrir de verdad las consecuencias seremos los últimos en enterarnos. Dicen que la cosa viene de Reagan y de su poderoso director de la reserva federal Alain Greenspan. Director que mantuvo Clinton, y después Bush. Greenspan, que ha reinado en el sistema financiero mundial desde 1987 hasta 2006, ha pasado de ser un genio al chivo expiatorio del lío de ahora. Lío del que advirtió con pavorosa exactitud George Soros en un libro que leí hace unos diez años que se titulaba “la crisis del capitalismo global”. En el libro se denunciaba que la, aparentemente natural, ley de la oferta y la demanda por sí misma nos iba a llevar al caos. Proponía alguna forma de intervención, alguna forma de autoridad mundial, para impedir las crisis financieras que predecía colosales. Soros se pronunciaba por una reglamentación del mercado global de capitales, para impedir que tipos como él volvieran a sacar a la libra del sistema monetario europeo, tal y como acababa de hacer él. Y prevenía veladamente sobre un tipo de terrorismo económico.

Supongo que como Soros, Greenspan también la vería venir, pero, supongo que pensó, que enfriar la economía traería consecuencias tan terribles como dejar que reventase por sí misma o se autorregulase, como les gusta decir a ellos. En cualquier caso jamás le hubiesen dejado sus jefes tan dependientes de la opinión pública para continuar siéndolo.

Hace unas semanas Gorbachov estuvo en Huesca dando una conferencia. Tras su charla fue preguntado sobre la opinión que tenía de Putin. Respondió que si se le hubiese hecho esa pregunta hace quince años hubiese respondido que tenía la peor de las opiniones, pero que visto lo visto, había sido un gran presidente. Que una sociedad como la rusa, tan compleja y tan traumatizada durante el último siglo, no podía pasar sin más a un régimen democrático. Que era preciso que se tutelase ese cambio por un régimen democrático pero autoritario.

La respuesta de Gorbachov me hizo reflexionar sobre nuestra democracia en la que gobernar consiste, básicamente, en hacer y decir lo que haga falta para continuar mandando. Del mismo modo que estar en la oposición consiste en hacer y decir lo que haga falta para gobernar. Es eso de: “quítate tú que me quiero poner yo”. Dejando las cuestiones graves o importantes para que las resuelvan los especialistas contratados, los agentes sociales implicados negociando entre ellos, y al final la ciudadanía con su voto en las elecciones cada cuatro años.

Ahora que estamos atravesando la tempestad y veo un día, la foto de nuestro presidente-capitán Zapatero flanqueado por los banqueros españoles (con la elocuente falta de Botín en la misma) que lo que pretenden es salvar su culo primero, y después, si se puede, el nuestro y otro día a Mendez y Fidalgo  para compensar y que la galería no se piense que se ha vendido al capital, la impresión que me causa es la de que nuestro barco como la mayoría de los barcos en las tempestades se salvan si dios quiere. Pero lo que me disgusta es la teatralización de aparentar que se está ocupando. Que se siga en esa perpetua campaña electoral de nuestros políticos de todos los partidos tan inherente a estas tardo democracias nuestras.

Me ocurre lo mismo con los lideres del resto del mundo. En sus intervenciones se ve muy claro que lo que está pasando escapa a su competencia. Eso es lo que yo leo en sus ojos. Que las acciones que puedan acometer ahora son insuficientes y llegan tarde.

Que, como en las tempestades, sólo se puede esperar a que amaine, si Dios quiere. Pero no me hagan mucho caso. Porque, como decía mi abuela, qué me sabré yo.

 

Posdata:

Si quieren saber lo que opina mi amigo Eliseo Bayo punchen sobre su nombre.

Qué me sabré yo.

No sé si a ustedes les pasa pero a mí de un modo recurrente me vienen a la cabeza situaciones o frases pronunciadas o vividas hace mucho tiempo sin venir a cuento. Se presentan en mi cabeza súbitamente aunque no esté reflexionando sobre el contenido de la frase impertinente o sobre la situación recreada.

Si esto me ocurre es porque, de algún modo que se me escapa, aquella situación o frase me marcó. Aunque yo no les encuentre explicación son importantes para mi psiquis, luego han de ser importantes para mí. Últimamente las apunto y procuro especular a partir de ellas intentando sacarles su jugo plástico, pero de momento son sólo notas en algunos cuadernos para ver que dan de sí.

Me gustaría saber de qué modo se almacenan nuestros recuerdos en el cerebro. Qué proteína es capaz de memorizar. Cuál es el mecanismo del olvido y cuáles son las neuronas de nuestro cortex que hacen que se vomiten aparentemente sin causa las frases y situaciones que me visitan desde el pasado. Así quizás descubriese que no son más que cortocircuitos o filtraciones de neuronas colindantes a las utilizadas en el momento de su aparición.

Leo libros de divulgación de neurofisiología que me parecen fascinantes, pero no encuentro explicación a este asunto.

Los psicoanalistas dicen saber en qué modo nos afectan y que son situaciones traumáticas. Dicen que nos pueden “sanar” por medio de la terapia, o psicoanálisis, pero es que yo no creo que el “jarabe de pico” sirva para curar nada. Además tampoco creo que sea una enfermedad sino una particularidad de los humanos.  Pero como decía mi abuela; “qué me sabré yo”.

Cavilo que...

Cavilo que, si el mundo financiero se está derrumbando por falta de liquidez o de panoja, habrá que mirar a quien la tenga (la panoja), porque alguien la tendrá que tener, e intentar descubrir cuales son sus intenciones. Intentar descubrir el porqué no la inyecta en el sistema.

 

Cavilo que, los que no tienen problemas de liquidez son los países productores de petróleo, los paraísos fiscales como Suiza y el sudeste asiático, exceptuando a Japón.

 

Cavilo que, las razones para no inyectar su pasta en el sistema financiero seran muchas, pero básicamente no la inyectan porque no se fían. Por miedo a perderla toda. Porque creen que el agujero del sistema financiero es mucho más grande que su pasta. Porque creen que del mismo modo que los agujeros negros absorben toda la materia a su alrededor su pasta será deglutida.

 

Cavilo que, cuándo el resto de los países del mundo civilizado se hundan ellos podrán hacer muy poca cosa con su pasta. Viene a ser como cuando los supervivientes de un holocausto nuclear salen de su refugio.

 

Cavilo que, por lo expuesto en el párrafo anterior, no dejarán, los que tienen la pasta, que esto se hunda del todo. Porque sí se hunde del todo nada podrán comprar con su pasta. Pero de momento parecen no tener prisa.

Cavilo que, si no tienen prisa será porque no les es tan desagtadable como para nosotros la que está cayendo.  

 

Cavilo que, los treinta mil millones, que serán cincuenta mil, que serán cien mil, que ayer prometió Zapatero son exclusivamente para que la banca española pueda seguir aparentando que está saneada. Pero no podrá hacerlo durante mucho tiempo.

 

Cavilo que, estamos viviendo días históricos. Los días históricos han sido casi siempre dramáticos. Tan dramáticos como el crak del veintinueve, que contagió a Alemania con su superinflación. Que hizo subir al Partido Nazi al poder, que para combatir la inflación impuso la autarquía y como le faltaba “espacio vital” para que los arios pudiesen autoabastecerse comenzó la invasión de pueblos vecinos. Dando así origen a la segunda guerra mundial que, por fin,  arregló la crisis del veintinueve. Quince años se tardó y sesenta millones de muertos fue el coste del arreglo.

 

Por esto no me gusta cuando oigo decir en los medios de comunicación que estamos viviendo días históricos.