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pepe-cerda

En tiempos convulsos no se ha de hacer mudanzas.

Llevar una vida ordenada y tranquila, tener en el banco los ahorros a plazo fijo, un puesto de trabajo seguro, la casa pagada o heredada y  mirar la que está cayendo desde el confort y , sin embargo, paradójicamente, sin razón, aterrado, es una bajeza moral.

Está cayendo la que tenía que caer. Nada crece ilimitadamente, eso lo sabe cualquiera, y los sistemas, sean del tipo que sea, necesitan morir para renacer. En economía los anuncios de crisis se autocumplen, es sabido. Pero lo que va a hacer que este último desajuste financiero sea colosal, y puede que definitivo, va a ser el pánico de los miles de millones de pequeños ahorradores llevándose su dinero de los plazos fijos y de las cartillas de ahorros. ¿Llevándoselo a dónde?, digo yo, ya que el papel moneda no es más que un asiento contable, un recibo. Un recibo de la nada, del vacío, del silencio, si dejan de creer en ello los ahorradores. Nada refleja el dinero, nada lo garantiza salvo la confianza de los que lo tienen en que existe y en que es valioso. “El banco de España pagará al portador” rezaba en los antiguos billetes. La tarjeta es de “crédito”, es decir “creo que este señor pagará”. Este es el mensaje que entiende el tendero de parte del banco cuando nos la acepta. Sospechosamente parecido al credo cristiano: “creo en Dios todopoderoso...”.

Por esto es hora de decirles a los de los plazos fijos y planes de pensiones que no sean herejes. Que sigan creyendo en lo que no se ve. Que tengan fe. Porque sólo la fe en lo increíble: en el sistema financiero, nos puede salvar. Si no la perdieron antes y se pusieron a atracar bancos como “el solitario”, con dos cojones,que no los toquen ahora con el temido pánico de los pequeños ahorradores que como los bancos de sardinas, las gacelas y todos los rebaños de animales mansos, cambian de dirección todos al unísono, cuando no toca y directos al abismo.

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