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pepe-cerda

De los mensajes sin dirección y de los receptores.

Esctibir en este blog,  a sabiendas que no soy ni Pepín Blanco, ni Pio Moa, ni Arcadí Espada que saben lo que hacen, para qué y por qué,
  no deja de ser fruto de un complejo mezcla de superioridad e inferioridad que no tiene ningún sentido pero aún así lo sigo haciendo. Tiene algo de naufrago lanzando botellas al mar con mensajes dentro, de perro aullando a la luna, de telegrafista del Titanic lanzando mensajes cifrados al mundo mientras el barco se hunde, de gesto gratuito y sin sentido.

Hay en el fondo un rescoldo de desesperanza, que como soy aragonés ni quiero ni puedo permitirme y la mudo en socarronería y mala leche, y me ahorro los antidepresivos de paso. Pero aún mitigada por el sarcasmo ahí esta punzante la melancolía de existir aguzada por el hecho de vivir en un pequeño pueblo de los Monegros dónde las gentes son tan bienintencionadas como rudas. Aún así les prefiero a los habitantes recién ricos de la ciudad cercana con los que he de lidiar a menudo por la cosa de mi oficio de pintamonas que como enanos sobre zancos miran el mundo en la equivocada certeza de que sólo su sagacidad e inteligencia es lo que les ha hecho ricos al tiempo que chupan cabezas de gambones y aspiran el humo de desproporcionados habanos.

Ecribir en este blog es uno de los pocos gestos que tiene algún sentido, precisamente porque no lo tiene. Esta paradoja será tan evidente para el que la comprenda como estúpida para el que no la comprenda por lo que renuncio a explicarla. Por eso me alegran tanto los comentarios en el blog. Son la  prueba de que alguien me escucha, de que alguien ha encontrado la botella con el mensaje en una playa lejana.

A veces ese alguien no deja comentario y se llama Ignacio Ruiz Quintano. No deja comentario en el Blog  pero lo hace desde su columna del ABCD desde la que ya me ha citado en varias ocasiones, incluso me dedicó en tiempos una columna en exclusiva reseñando mi libro. Y lo leen mis amigos de todos los lados y me mandan mensajes al móvil y se enteran de que aún estoy vivo , y todo tiene sentido por un rato y las piernas me llevan más alegres al bar de la plaza con el periódico bajo el brazo.. Yo no conozco de nada a Ignacio Ruiz Quintano y siempre pienso en cómo agradecérselo, a sabiendas de que no lo hace para que se lo agradezca, y temo defraudarle al tiempo que no quiero parecer desconsiderado. Y pasan los días y no hago nada. Y no sé como decirle que: muchas gracias.

5 comentarios

hipotecas -

Los conservadores y la cultura

Últimamente es muy notable la visibilidad cada vez mayor de los liberales y los conservadores en la esfera cultural. Ahí están las tiradas de los libros de Federico Jiménez Losantos, Pío Moa y César Vidal, o la del último de José María Aznar.
Todos ellos están contra el canon digital… muy curioso.

Carlos Menéndez
http://www.segurosmagazine.es

PALOMA -

Yo siento algo muy parecido a lo que tu describes en el blog, y leyéndolo me he dado cuenta de que te leo a menudo y a veces incluso me adueño de frases pero, sin embargo, ni te saludo ni te "achucho". Aunque ahora ya no nos veamos tanto...un saludo a Ana, otro a ti y seguro que pronto coindicimos por los Urdoses.

aguardentero -

paso de vez en cuando y leo de golpe, y me río, y me emociono, y pienso, y disfruto,

y ya puestos y más que nada por llevar la contraria: gracias,

porque sí y por compartir las cosicas que escupen los dedos,

salud,

PM -

Querido Pepe: Ignacio Ruiz Quintano, que no es aragonés, no sabe lo que nos cuesta a los aragoneses dar las gracias o mostrarnos amables a veces, sólo por no parecer blanditos, pelotas o paniaguados. Debe de ser cosa de la rudeza (como ésa de la que hablabas de tus convecinos) de la que tanto nos acusan. Y no es del todo un tópico, pues uno no se imagina mucho a Goya, a Cajal, a Buñuel, a Sender, dando demasiado las gracias. Los afectos y los agradecimientos los solemos llevar más por dentro que por fuera. Así que, amigo Ruiz Quintano, valora en lo que vale el gesto de nuestro pintor, que habrá estado días y días dándole vueltas a la cabeza sobre cómo agradecerte tus palabras sin que parezca una debilidad. Que aquí, como el propio Pepe ha escrito alguna vez, somos muy "miraos". Abrazos desde Urdós.

luis -

pues que seas que leo tu blog todos los días y que tengo tu libro (se lo robé a Antón Castro)y que tienes la habilidad de escribir cosas que me emocionan, lo que hace que te siga leyendo cada vez con más ganas. Gracias Pepe Cerdá por existir.