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pepe-cerda

De la fatalidad y de la culpa.

De la fatalidad y de la culpa.

El otro día una médico experta en adicciones, y en especial en tabaquismo, me dijo:

 

-Tú ya has superado la dependencia física, ahora sólo te queda la psicológica.

 

Y yo pensé: ¿Cómo que sólo me queda la psicológica?, ¿no está lo psicológico indefectible y fatalmente unido a lo físico?. Creo que:  lo que me vino a decir es que de lo físico yo no tenía culpa, que era una reacción automática;  pero, que sin embargo, de lo psicológico la tenía toda, que eso era una cosa de mí conmigo, que ella no se metía. Que eso que llamamos alma es el Yo superlativo, y que domesticarla era una cuestión esencialmente moral y personal. Vamos: que Dios me libre de los males del cuerpo que de los del alma ya me deberé ir librando yo.

Pero esa tan antigua creencia: la de diferenciar alma y cuerpo, no tiene ya ninguna base científica. Basta leer cualquier libro de divulgación reciente de neurofisiología (Por ejemplo: “Una teoría general del amor”, de Lewis, Amini y Lannon. R.B.A. editores) para saber que eso que llamamos alma, es poco más que un estado de ánimo perfectamente modificable por lesiones en determinadas zonas del cerebro, o por la ingesta de determinadas sustancias, drogas o fármacos(que son la misma cosa) o huevos fritos con chorizo, o cualesquiera cosa que nos metamos entre pecho y espalda. Que no es sólo una cuestión de fuerza de voluntad.

Pero no me hizo ni caso y aquí ando yo luchando contra los constantes deseos de fumar con mi maltrecha y cambiante fuerza de voluntad. No sé cuanto resistiremos (mi voluntad, mi cuerpo, mi psiquis y yo) esta lucha tan desigual.

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4 comentarios

Enrique -

Lo siento, pero sexualmente prefiero a Concetta.

Gatopardo -

¡Por Dios, Enrique, tíratelo! Sólo una gran pasión ha podido dictar ese texto.
¿Corbata? ¿Además de caer en el nefasto cultivo de la virtud antitabaco, cultivas la nostalgia con la sombra de Sabina y Serrat y llevas corbata?
Pepe, cuídate.


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Enrique -

He pasado el fin de semana persiguiendo a Pepe Cerdá, sin él saberlo, sin saberlo ni siquiera yo. El viernes lo veía en los jardines sensuales de una boda. El sábado en el gran concierto de Sabina & Serrat. Pepe Cerdá tiene el aire grave de los viejos pintores que respetan su oficio. El viernes tomaba copas después de la cena y la corbata le caía sobre el pecho como sólo les ocurre a algunos artistas: es la corbata que aparece en las fotos de un despeinado Picasso o también de Pablo Gargallo, ambos con su flequillo sobre la frente. El sábado llevaba los tirantes de un hombre de faena, dispuesto a arremangarse y acometer una pintura de las afueras tristes y luminosas de Zaragoza. ¿Dónde irá hoy Pepe Cerdá?, ¿dónde lo encontraré?

Gatopardo -

¡Sólo a un ex-fumador se le puede ocurrir tener veleidades con el alma!
¡Amos, Pepe, échate un cigarro y déjate de vainas!
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