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pepe-cerda

Espacios de la teoría.

Hay sólo tres maneras para que la onerosa búsqueda de nutrientes no sea demasiado gravosa, para así dedicarle el tiempo que se merece al “espacio de la teoría” (que, entre nosotros, no es otro que el sofá).
Estas tres son: por nacimiento, por matrimonio y (esta mucho más moderna y habitual) por oposición. Habría una cuarta, que un servidor ya ha ensayado,( pero que por estética se ha de abandonar, antes de una cierta edad que uno ya supera) que es la romántica indigencia.
Como la vida nos pone inexorablemente a cada uno en su lugar, cuando se sueña recurrentemente con algo, esto termina, a menudo, por convertirse en realidad, que es la peor de las maldiciones. Así, algún lustro más tarde de aquella impostura adolescente, que con el único objeto de no madurar ejercitábamos, aquella de ser artistas, te lleva directamente a la fila de autónomos para darte de alta y a la de Hacienda a por la licencia fiscal de “artista pintor”, que existe, se lo prometo. Y a partir de ese momento, las búsquedas y anhelos insensatos que uno tenga, amás de convertirse en realidad habrán de rentar lo suficiente para que todo sea aritméticamente creíble.
A partir de este instante, mantener la primigenia, docta, y sana ingenuidad que es el verdadero motor de la creación, se convierte en una cuestión prioritaria, ya todo lo que rodea administrativamente al ejercicio de una profesión es chusco, malintencionado, trabajoso y aburridísimo.
Mi estimado y desconocido amigo io, ayer planteaba como estrategia, la excentricidad para apartarse de la corriente y desde el escondrijo construir cosas absolutamente inútiles. Desgraciadamente he de decirle que son precisamente las cosas absolutamente inútiles y realizadas por un autor, con el único objeto de evidenciar la sinrazón del sistema, las que elige el dinero para ser transportado y conservado. Cuanto más autentica y revolucionaria sea la postura del hacedor, con más ahinco vehiculará el sistema cantidades de dinero cada vez más astronómicas. Hace poco hablamos de David Nebreda, que podría ser el paradigma de esto que expongo, y que seguro, a estas alturas tiene licencia fiscal de coprófago, que ya la habrán sacado.
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2 comentarios

Nicolás -

Pues sí... sólo puedo decir que estoy de acuerdo, no puedo añadir más...
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Anónimo -

Confieso que he reído, gracias por tu post. Pretendí apuntar la contradicción inevitable entre la siempre engorrosa búsqueda de nutrientes con la condición de artista pretendidamente auténtico. Supongo que será posible aunar ambas cosas, que para mí son agua y aceite.
Bastante de acuerdo con casi todo lo apuntado, y enteramente consciente de "la sinrazón del sistema". ¿Existirá una excéntrica normalidad? (pues mira tú que no me va eso de comer caca, y aprecio bastante mis dos orejas).

Un abrazo,

io.
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