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De los premios y los premiados.

De los premios y los premiados.

Hay premios que prestigian al premiado y premiados que prestigian al premio. A esto último es a lo que aparentemente han jugado los miembros del jurado de la última edición del premio Aragón Goya al concedérselo a Louise Bourgois. No obstante, creo que acudir en socorro del vencedor evidencia la debilidad del socorrista o cuanto menos su falta de originalidad. Un premio que necesita ser prestigiado hace obvio el hecho de que aspira a tener más prestigio del que tiene.

 

La decana de los artistas franceses ya ha recibido con anterioridad los premios: de la Fundación Wolf de las Artes de Jerusalén en 2003; el Grand Prix en Escultura del Ministerio de Cultura Francés (1991); el León de Oro en la 48 Bienal de Venecia; el Praemium Imperiale, el de la Asociación Japonesa de Arte (1999), y el Wexner Prize Wall de Wexner Center for the Arts de la Ohio State University (1999). Por citar sólo unos pocos.

 

Louise Joséphine Bourgeois nació en París el 25 de diciembre de 1911 en el seno de una familia vinculada al arte. Estudió en la Escuela Nacional de Arte Decorativo, en la Escuela de Bellas Artes y en talleres de varios artistas incluido Paul Colin, Roger Bissire, Marcel Grimaire y Fernand Léger, entre otros. Participó activamente en el movimiento Surrealista y por supuesto que es merecedora del premio, de este y de cualquier otro. Esa no es la cuestión, la cuestión es si este premio le hacía alguna falta a la casi centenaria Louise Bourgois, que a mi juicio ya es suficientemente conocida y está suficientemente galardonada. Por decirlo con un refrán popular: "a buenas horas mangas verdes".

Quizás al año que viene se les ocurra dárselo a Picasso a título póstumo. Más vale tarde que nunca y también tendría mucha repercusion.

3 comentarios

Tú si que sabes. -

Este tipo de adesiones al caballo ganador me hace pensar a los homenajes a José Antonio que se hacían desde la O.J.E. en los años sesenta.

Anonimo -

Que razón tienes. Hay que ser candoroso para proponer esta obiedad. Es como darle el premio de la catequesis salmantina a Joseph Ratzinger.
La unanimidad del resto de los miembros del jurado también es significativa.

Anónimo -

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