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pepe-cerda

De la simpatía y del índice de masa corporal.

Hace ya diez meses que no fumo. He engordado diez kilos que sumados a los cien que pesaba hacen ciento diez. Como mido un metro ochenta y cuatro, si calculo mi índice de masa corporal (el de las modelos de la pasarela Cibeles para prevenir la anorexia) me da: 32,5, que yendo a la tabla de la Organización Mundial de la Salud se traduce en que padezco sobrepeso crónico u obesidad de grado dos.

 

Por lo qué: por culpa de abandonar a mi viejo compañero: el tabaco; el que tanta compañía me ha hecho; al que le debo mis mejores cuadros y mis mejores ocurrencias; he pasado de ser un hombre con un poquito de sobrepeso, que se podría disfrazar de tiarrón del norte, a ser un obeso pre-mórbido de esos a los que se les aconseja un balón nasogástrico; tal y cómo me ocurrió en la última boda que asistí en la que me tocó al lado un cirujano que los implantaba y estaba empeñado en meterme una pelota desinflada por la nariz; una que le sobraba porque los del laboratorio se habían confundido y le habían mandado una de más.

 

-Te vienes mañana al hospital y te la meto.

 

Me decía con un puro entre los dientes y un gin tonic en la mano. Y yo humillado, aguantándome las ganas de fumar, que no se pasan nunca, y cortándome de beber para que ese tipo recién conocido no me metiese nada por la nariz, y menos un balón de reglamento.

 

Además no me encuentro mejor. La supuesta recuperación de la capacidad respiratoria, y por lo tanto de vitalidad, se ha visto mermada por la mochila de diez kilos que me he echado encima. Se me dirá que me tengo que poner a dieta para recuperar el peso anterior e incluso bajar un poco. Y tendrá razón quién me lo diga. Pero si he empleado este año en dejar de fumar (sí cómo lo leen, esta ha sido mi principal ocupación que ha resentido notablemente el resto, especialmente la profesional) y tengo que emplear el que viene en adelgazar, y por lo tanto en estar de mala leche; y no poder comer ni beber con mis potenciales clientes y no ser simpático sino faltón; no me queda sino facilitarles mi número de cuenta para que me ingresen unos céntimos por lector para poder pagarme la lechuga y los filetes a la plancha de la dieta.

 

Cuidarse es una ocupación a tiempo completo, que sólo se pueden permitir los que han sido listos y se han ganado, vía oposición, o matrimonio, u ordenación sacerdotal o método similar, un sitio estable en el mundo, dónde la preocupación por cómo conseguir el nutriente esté superada. Los que nos tenemos que tirar cada día a la calle para quitarle a otro congénere parte de su dinero por métodos no delictivos, no nos podemos permitir el lujo de no ser parlanchines, ni simpáticos. Y mucho menos el rechazar la última copa en la que el potencial coleccionista te cuenta que él en lugar de ser empresario de éxito, o rico heredero, o notario, o lo que sea; de lo que de verdad tenía vocación era de poeta, o escritor, o actor, o saxofonista; y que no se le daba mal pero que su padre no le dejó y que luego por los niños y su mujer estaba obligao a garantizarse una seguridad. Y uno que no se garantizó ninguna seguridad tiene que aguantar paciente e ingiriendo lenitivos hiper-calóricos, hasta que se convenza de qué lo de comprar un cuadro es una buena cosa, y  de qué, preferiblemente, sea de un servidor. Hacer esto sin tabaco es ya un acto heroico, ahora bien,  hacerlo bebiendo aguas minerales, o cervezas sin alcohol, es sencillamente imposible, se lo aseguro, que sé lo que me digo.

 

Ya ven cómo me veo por mi mala cabeza. Si ya me lo decía mi madre:

 

-Hijo mío. Tú mete la cabeza en un banco o haz oposiciones y luego ya pintarás por las tardes.

 

Si le hubiese hecho caso; ahora saldría los domingos por la mañana en bicicleta, estaría en forma, tendría un adosao, cuidaría mi dieta y no tendría la obligación de ser el simpático y desmedido personaje del que soy prisionero

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7 comentarios

Pepe Cerdá. -

No se preocupe. Mis cuadros cuestan mucho menos de lo que usted imagina
Saludos
Pepe Cerdá

fatico -

Si no es indiscrección, ¿ cuál es el más humilde precio a sus cuadros? NO es cachondeo, ni curiosidad impertinente pero, ya sabe que los funcionarios " no funcioneamos mucho, pero que tampoco cobramos demasiado".
Le he de decir que de cuadros y de pintura no tengo ni p... idea, pero lo que me agrada es tener algo de una persona como usted. Lo siento, me fascinan sus comentarios. Ojala pudiera aprender algo teniendo un cuadro suyo en mi casa, será que soy fetichista o mitomano, pero me acepto con mis penas. Saludos.
P.D . Espero no molestarle, de veras.

Pepe Cerda -

A fatico:
Por supuesto que no, al contrario. Se lo agradezco de antemano.
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fernando -

Pepe, yo dejé de fumar hace bastantes años, unos veinte, y te garantizo que acabas no necesitando el tabaco.
Lo de los diez kilos o más, eso sí que es inevitable y no vale la pena "dietarse". Al menos en mi caso ha resultado inútil.
Me tienen mediosecuestrado en mi pueblo de adopción pero espero volver el viernes a Huesca y disfrutar de tus cuadros en ese espacio parisino (que es como gusta la galerista llamar a su sala en lugar de pequeña...).

fatico -

Sr Cerda; no le conozco de nada , solo de leer este blog.¿Le molestaría que uno de los funcionario "ad aeternum" (por la gracia de sus padres), comprara uno de sus cuadros expuestos en " La carbonería" de Huesca, previo pago eso sí, o sus obras de arte solo son para usted.

Luis Augusto -

Te superas a tí mismo. Texto excelente. Me ha hecho reir en voz alta.
Te empiezo a ver más como escritor que pinta ( con lo bien que lo haces ) que al revés.

Linda -

Anda que no es mejor ser un simpático y desmedido personaje que un amargado adosado a su adosado. Ya sabes elegir, ya.
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