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De la delicadeza.

La delicadeza es una impostura reservada sólo a determinadas clases sociales. Cuando los pobres la quieren ejercitar el resultado suele ser desastroso. En el “barrio del gancho”o mejor “parroquia del gancho”, el que los tardo socialdemócratas mas tarde llamarían “casco histórico” y los neoprogres “casco viejo”, la delicadeza era sustituida por un delicioso y bestia humor negro. Por ejemplo en el Bar Fede de la calle Bogiero, hace unos lustros,desayunaban todos los días el Bonito y el Filete Ruso.

Al Bonito le llamaban el Bonito no por lo guapo, sino por unas enormes escamas que le producía una soriasis que casi le tapaban la cara y que a veces, si se rascaba caían sobre el mostrador o el cortao que se estuviese tomando, sin que esto extrañase o produjese repugnancia alguna al resto de los parroquianos, al contrario se hacían chanzas al respecto, y algún parroquiano le podía pedir algún trozo de la gigantesca caspa para “echarle unas medias suelas a los zapatos”, para gran algarabía general.

 

Lo del Filete Ruso era, según se contaba, consecuencia de que de pequeño se cayo al brasero y al rato lo sacó un perro y terminó por darse vida. Esto, aparte de perder las piernas de las rodillas para abajo, le había dejado una textura en la piel que se parecía mucho a la de las hamburguesas, o filetes rusos como se llamaban entonces a las albóndigas aplastadas. No se sabe por qué razón las pestañas le habían crecido exageradamente y parecían postizas, lo que le daba un aspecto muy coqueto.

Mi amigo Pepe Usón, habitante del barrio desde siempre, cuando entraba en el bar después de saludarles los presentaba de un modo singular: Refiriéndose al Filete Ruso, por ejemplo, decía en voz alta de modo que fuese audible por todos los parroquianos incluido, claro está, el aludido.

 

-A este hijo puta, lo que más le gusta es operarse. Si me dieran a mí la mitad de la pasta que se ha gastao la seguridad social en él pa dejarlo así me compraba un mercedes.

 

Para gran chanza general, incluido el aludido.

Y seguía diciendo.

 

-Anda con los muñones porque quiere, menudo par de piernas de duraluminio y plástico que tiene en casa, pero no se las pone porqué dice que le rozan. No es poco señorito.

 

Y así hasta el delirio de la barbaridad. Y así se pasaban las tardes tan ricamente.

Las clases mas distinguidas lo que hacen con sus tullidos es ingresarles en sitios dónde no se vean y alicatados hasta el techo con baldosines blancos e iluminados por la macilenta y blanca y gélida luz de los fluorescentes de residencia; y allí vegetan tristísimos hasta su muerte. Puestos a ser tullido es mejor el bar del Fede que la residencia, se lo aseguro. Aunque si lo que se prefiere es la delicadeza, nada como la de las enfermeras, que les han dicho que para empatizar con el enfermo es mejor tratarles de tú y darles conversación al tiempo que les practican una colonoscopia, o lo que es lo mismo: al tiempo que les meten una manguera por el culo.

 

- A ver José, aguanta un poco que ya terminamos. ¿De dónde me has dicho que eras?

 

Y el paciente con voz crispada, apretando los dientes y con los ojos inyectados en sangre responde.

 

-¡D¨Alfamén,  caguenlasostia!

 

Aunque, ahora que lo pienso, no estoy muy seguro que esto se trate de la verdadera delicadeza.

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3 comentarios

Vera -

es genial, me he partido de risa, POR FAVOR SIGUE ESCRIBIENDO.
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El Ginebral -

Bravo Pepe; en realidad al paciente posiblemente le hacían una rectoscopia y no era para hacer meditaciones sobre la vida de Santa Teresita de Lisieu, un suponer o recordar la vida de Josabu el estilita.

no hay comentarios -

qué poco delicado por no decir guarro,o mejor escatológico si prefieres ,no nos esperábamos ésto de tí.Desde la Parroquia del Gancho,muchos besos,j
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