Blogia
pepe-cerda

Texto para catálogo

Me ha llamado un amigo y me ha pedido un texto para un catálogo de una exposición. esto es lo que ha salido:

Cómo los textos de los catálogos no se suelen leer muy concienzudamente, digámoslo desde las primeras líneas, para que nadie pueda no advertirlo: La pintura no es un modo de ser de las cosas (que ya tienen color en sí mismas); la pintura es un modo de ser del hombre, que algunos hombres ejercitan. El primer homínido fue esencialmente hombre cuando tuvo memoria y pintó, sin verlo, mirando dentro de sí, al bisonte en la pared de la cueva. La pintura nació, pues, para figurar. Para hacer aparecer cosas que no estaban en el sitio pero, que sin embargo, otros podían reconocer.

Este primigenio gesto lo vienen repitiendo, casi con idénticos medios, desde entonces para acá algunos de nuestra especie. Son los que llamamos pintores (últimamente por eso de la multidisciplinidad se llaman “artistas plásticos”, pero a mí me sigue gustando más la palabra “pintor”). La particularidad esencial que tienen todos los pintores, de todos los tiempos, es la inmediata comunicación con cualquier otro, contemporáneo o prehistórico, por el mero hecho de observar su obra unos instantes. Es por esto que la idea de progreso no es aplicable a las artes en general, ni a la pintura en particular. Es evidentemente cierto que el Renault que pilota nuestro Fernando Alonso es más eficaz, desde el punto de vista de la velocidad, que un carro; pero las pinturas prehistóricas no son menos “eficaces” desde el punto de vista plástico, que la “Sixtina” de Miguel Ángel o el “Inocencio X”de Velázquez . Son igualmente “eficaces” para figurar lo no existente. Que la pintura y la realidad no son la misma cosa es una evidencia, o perogrullada, pero me parece que se está olvidando últimamente con demasiada frecuencia. Por esto se habla, erróneamente, de pintores “realistas” o “abstractos” Da exactamente igual que el pintor figure algo visto, soñado, sentido o pensado. De lo que se trata es de que sea capaz de hacernos ver, soñar, sentir y pensar con él. Yo no hago ningún distingo entre unos u otros pintores. Para mí la palabra pintor esta llena de un exacto contenido, que es el que acabo de expresar.

Miguel Ángel Oliete es un Pintor. Un pintor que gusta de pintar paisajes, es decir: alguien que intenta traducir el misterio de la luz rebotando encima de las piedras, campos, casas, árboles, mares y ríos; a pintura. Con él, cuando esta enfrascado en esta tarea, mirando por encima de su hombro y aconsejándole están: Carlos de Haes, Aureliano de Beruete, Sorolla, Fortuny, Bonnard, Klimt, Corot, Monet y muchísimos más. De esta orgiástica y simultánea conversación van saliendo los cuadros, del mismo modo que los gusanos segregan seda, lenta e interrumpidamente. Con la sabia humildad del que se sabe caminado a lomos de los gigantes que le han precedido Migel Angel Oliete se esmera en hacer unos cuadros sentidos y exactos. Es un cazador del escurridizo y tramposo color que las cosas parecen tener. Como lo fueron sus predecesores en la certeza de no ser más que un eslabón de la cadena que nos ata al origen.

Miguel Ángel Oliete es un hombre apasionado, concienzudo y pictóricamente culto. Esto le defiende de uno de los más grandes peligros de nuestra época, que es: el vano, y rancio ya, empeño moderno de pretender descubrir la nueva vía expresiva para contar lo de siempre. Sabe que “lo de siempre” y contado “como siempre” es exactamente el empeño del pintor, del buen pintor: Goya quería pintar como Velázquez, Ribera como Caravaggio, el último Hockney como Picasso...Y es precisamente en este humilde viaje de acercamiento al eslabón anterior donde surge el genuino modo de ser de la pintura que cada uno de nosotros llevamos dentro.

Miren los cuadros de Miguel Ángel Oliete, como lo que son: visiones atrapadas, memorizadas y traducidas a pintura, que nos han de entroncar directamente con el misterio de lo que creemos ser.

Pepe Cerdá

8 comentarios

Anónimo de Pastriz -

He molestado sin pretenderlo: soy un entusiasta del señor Cerdá y confieso que me ha conmovido su texto último, el del miedo. Me ha parecido el más sincero en mucho tiempo.Un abrazo y ánimo.

Cerdá, es usted muy bueno, también como teórico del arte. Se lo prometo...

Anónimo -

¿Maestro "reaccioniario"? Lo importante, hoy más que nunca, no es detenerse en la puntuación, en la coma, en el detalle, sino escribir, pensar, actuar. El que no arriesga haciendo no se equivoca nunca, ni aprende.

(Yo no soy anónimo, soy io)

Pepe Cerdá -

Mi querido Anonimo de Pastriz:
Tiene usted razón. En mi cabeza no caben más que un par de ideas que dan vueltas en ella como en una hormigonera. De vez en cuando, ya mareadas, las cambio por otro par.
En cuanto a lo de reaccionario, he de decirle que cuando se llega al borde del precipicio es mejor reaccionar que continuar con paso firme y progresista hacia adelante. Bien es cierto que esta misma idea la expresa con más exactitud y pericia nuestro amigo io.
En cuanto a lo de la repetición, en este blog en concreto, se debe a que este es una presentación de un catálogo que se dirige a personas que quizás no me vengan leyendo en el blog.
Gracias por los halagos.
Pepe Cerdá.
Posdata:
Lo de los acentos ya no tiene remedio a mi edad.

Anónimo de Pastriz -

Me pregunto si ese fabuloso maestro de la amistad no se estará convirtiendo en un maestro reaccioniario al mirar el arte. El tal anónimo IO recupera su buen pulso, creo. El señor Cerdá se repite más que el ajo, lo que ocurre es que es muy llevadero porque es simpático, resultón, listo, vitalista, convincente, y tiene muy buena pluma, maquilla siempre las ideas, aunque acentúe un poco mal...

Anónimo -

La fabulosa crisis de la mirada moderna, recurrente tópico de este comentarista en los últimos tiempos, no debe empero servir de coartada a rancios ejercicios de inmovilismo pictórico. No cabe obviar la modernidad, como si nada hubiera pasado. Hay que digerirla primero y olvidarla después, pues ya no sirve. Pero Goya no quería pintar "como Velázquez", sino que se apoyó en él para abrir nuevos territorios, ni siquiera intuidos por el sevillano, y así sucesivamente. Es curioso, todos los grandes popes de la modernidad del pasado siglo, que destrozaron el XIX, tenían en común precisamente, su aprendizaje academicista de la tradición anterior. Asimilar lo moderno, para olvidarlo y, eso sí, mirar hacia delante.

(io)

Felix -

Pues sí: "maestro", como dice Miguel Angel. Y por encima de todo "maestro de la amistad".
Gracias y suerte.
!Va por usted!
(lee mi último: va por usted)

Miguel Angel Oliete -

Conocí por primera vez a Pepe Cerdá, pintor, por un hermoso cuadro. Una masa arbórea dibujaba su silueta sobre un cielo de luz plomiza y brillante. Unas construcciones en primer plano, de un blanco resplandeciente y todo ello al borde de una carretera que se perdía en un horizonte infinito. Era una bella obra. Una composición, que como pintor, yo hubiese querido firmar para mí. Es la sana envidia que nos invade a los pintores cuando contemplamos realizaciones de grandes maestros. Y Pepe Cerdá se convirtió desde aquel día en “Maestro” admirado, que destilaba, a través de sus obras, ese rayito de inspiración e influencia que los artistas desesperadamente buscamos en muchas ocasiones y rara vez obtenemos.

A Pepe Cerdá no le gusta que le llamen, pintor. Prefiere que lo llamen por su nombre. De ello me enteré cuando tuve la fortuna de conocerle personalmente. La humildad es la primera virtud de los genios y de ésta, Pepe tiene una buena dosis. Me impresionó su bondad y socarronería. Ideas muy claras. Un punto de humor que le surge en el momento preciso, cuando ha de expresar, vivencias, anécdotas, chascarrillos…… Rápido de ideas, amplia cultura y una vida rica, repleta de interesantes y agradables experiencias. Y amigo, muy amigo de sus amigos.

He tenido la fortuna de conocer a un excelente persona y a un magnifico maestro. Gracias Pepe.

Miguel Ángel Oliete

Anónimo -