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pepe-cerda

De explicar y comprender.

A veces doy clases de pintura.

 

En las clases de pintura se plantea un problema fundamental: ¿Cómo explicar lo que se sabe pero que no se comprende?. Yo sé lo que es la pintura pero no la comprendo. ¡Si ni siquiera sé explicármela a mí como voy a pretender explicársela a otro!.

 

Comprender es limitar a códigos simples un asunto hasta entonces complejo. Explicar es intentar guiar a otro por los vericuetos de la comprensión tal y como lo hizo el que lo explica hasta que lo comprendió.

 

Pero muy a menudo (casi siempre)  ese viaje hacia el conocimiento es personal e intransferible. Por lo que el otro casi nunca es “guiado” correctamente hacia la comprensión y el intento de explicar cualesquiera cosa está condenado al fracaso. Las limitaciones de los hombres en este sentido son enormes y más cuanto mas viejos nos hacemos. Las ideas preconcebidas, los tópicos y los traumas nos van cercenando el deseo de viajar a lo desconocido que es en esencia el único modo de aprender. Si, además, como es el caso, hablamos de pintura la imposibilidad de simplificar y desmenuzar los componentes de un buen cuadro hacen imposible la explicación del mismo. Sé que se intenta muy a menudo y que incluso hubo un programa de televisión que consistía en explicar cuadros en los museos. Pero es más un ejercicio literario, más un puro juego intelectual y pedante, que un verdadero intento de clarificar la cuestión. La práctica totalidad de los profesores que tuve, no sólo de arte sino de casi todo, sólo sabían explicar, es decir sólo sabían repetir lo que habían aprendido como loritos en libros de texto escritos a su vez por gente como ellos: gente que no sabía, que no había comprendido.

 

Por esto la única opción es que el “otro”, en este caso el alumno,  descubra su propio camino hacia la comprensión que no tiene por qué coincidir con el del “explicante”. Este es, a mi juicio el único camino: intentar crear el clima dónde sea posible aventurarse a la comprensión.

 

Por esto me dicen que soy un buen pintor pero un mal profesor.

 

Pero yo no estoy de acuerdo. Creo que soy tan mal pintor como profesor.

 

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5 comentarios

nana -

Tengo por desgracia una incapacidad de retener durante mucho tiempo lo que escucho. Mi memoria es más visual que ninguna otra cosa.
Es verdad como dices, que casi todos los profesores se limitan a explicar y repetir lo que se debe hacer, pero en tu caso no es así, y para mí es una suerte , pues verte pintar es la manera más segura de que yo al menos aprenda algo. Así es que gracias por ser tan mal profesor, a mi me viene de perlas que tú te expliques tan bien con los pinceles en la mano., y como decía aquel chiste saber no sabré pero me fijo mucho.

Paco Lafarga -

Tienes mucha razon, que dificil transmitir lo que cree uno sentir, en pintura o en poesia por ejemplo, como explicarla, creo que no se puede, un abrazo. Paco
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miki -

Maestro.
A mi si me has enseñado.
a pintar , pero sobre todo a ver la vida desde otra prespectiva .

Buonarroti cuando veia un trozo de marmol ya adivinaba
una Piedad o un David.
Pero claro no es lo mismo ver trozos de marmol que tarugos.

xime -

Permíteme que discrepe totalmente. No hay más que acudir a los datos de visitantes de tu última exposición y a las listas de espera que hay para poder acceder a tus clases... Se aprende contigo, y mucho, de pintura y de la vida.

Pancho Ortuño -

Manda cojones, que decía mi pariente obispo. La saga se perpetúa con quien llamaremos Guillermo García. Le quitamos ese apellido que ni siquiera es el primer apellido del padre.
Cuando el padre no ha hecho toda su vida más que cagarse a la violeta en las dinastías artísticas, ahora van sus hijos y le salen artistas.
No hay peor cuña que la de la propia madera y G. es un dibujante atascado, de trazos deshilachados, que se pajillea con el rotulador. Empero, también lleva consigo el jesuitismo del padre y después de haberse pasado por la piedra a la poetisa E. M. ya dibuja para una editorial.
Un amigo me dice por correo privado que a cambio la poetisa se ha ganado dos páginas en el libro-comida de polla que próximamente publicará la editorial judía Pre-textos, en honor del diarista que más entradas tiene en su catálogo.
El otro muchacho, R., no sabía tocar la guitarra ni cantar, pero se decía músico, como su padre se dice poeta. Bochornoso.
Quédense con sus nombres.
Pronto los contrataría como monaguillos el pollicorto Eureka Espada, si como me han transmitido fuentes bien informadas su engendro no fuera a desaparecer esta primavera.
El diarista miente hasta en la altura de sus hijos. Los míos les sacan tres palmos a los suyos, quizá gracias a mi sangre vasca. X es el hijo de un tendero y siempre se ha alimentado mal, mientras que en mi caserío se comía carne todos los días.
Un día hablaremos de toda esa familia. Se lo prometo a ustedes. Les contaré lo que hubo entre Q. R. y la mujer de X. Ni el memo de X lo sabe.
Antes tengo que hacerle una visita a X y decirle algunas cosas cara a cara.
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