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pepe-cerda

De la tradición y de la innovación

En un pueblo cercano al que vivo hay un bonito santuario desde el que se divisa un espectacular paisaje monegrino. Al lado hay una antigua hospedería que, remodelada, se ha convertido en un restaurante muy cuco. La presencia del restaurante al lado de la ermita ha convertido al lugar en un sitio idóneo para celebrar bodas.

Hay una creciente cantidad de parejas de novios que desean convertir el hecho tan vulgar y corriente de casarse en un acontecimiento original. Para ello buscan lugares “especiales”, fotógrafos “originales”, vestidos “exclusivos”, celebraciones”únicas”, etc. Sin darse cuenta que en este asunto, y en casi todos los importantes, lo que no es tradición suele ser una horterada o una astracanada.

Las astracanadas son las más frecuentes por aquí. Un asistente a una de las bodas celebradas en el santuario me contó una boda-astracanada que no puedo resistirme a contarles.

Resultó que la pareja quería casarse con las puertas de la iglesia abiertas de para en par, para así divisar  el espectacular paisaje que desde el altozano se abriría impresionante a los ojos de los invitados. La hora elegida iba a ser la del atardecer para que el horizonte teñido de rojo resaltase la forma ojival de la antigua puerta. Para que los asistentes volviesen al unísono la cabeza para ver el exterior a su espalda los novios habían ideado un plan. En el momento en el que el uno al otro se dijeran el “sí” unas blancas palomas serían soltadas desde un óculo  situado a unos diez metros encima del altar. La idea era sorprender a los asistentes con la salida en vuelo de las palomas por la ventana circular. Estas sobrevolarían por encima de sus cabezas hacía la puerta por la que alcanzarían su libertad. Los invitados volverían al unísono sus cabezas para ver cómo se alejaban recortándose sobre la luz crepuscular. En ese preciso instante comenzaría a sonar un cuarteto de cuerda interpretando KV.160 en Mi bemol mayor de Mozart. Perfecto se dijeron los novios.

Para el asunto de las palomas se dirigieron al encargado de cuidar el recinto y le dieron el dinero que creyeron suficiente para comprar una docena de palomas blancas además de una generosa propina por el encargo. Le instruyeron del preciso instante en que debía de soltarlas. El novio llevaba la voz cantante:

 

-         Cuando me oigas decir a mí “sí quiero” te preparas. Y cuando oigas decir al cura “os declaro marido y mujer” las sueltas. ¿Está claro?.

-         Que sí, que sí. Descuide que no he de defraudarle. Ustedes a lo suyo que ya tienen bastantes líos con los preparativos.

 

Unos días de antes de la boda el encargado fue a Zaragoza para adquirir la docena de palomas blancas. En la tienda de animales le dijeron que no tenían, que había que encargarlas y le adelantaron el precio que le pareció escandaloso. Además para que el encargo fuese efectivo tenía que dejarlas pagadas. Y para colmo, tampoco le aseguraban que estuviesen el día de la boda.

 

 El encargado salió de la tienda cavilando y se dijo.

 

-Esto lo arreglo yo en un periquete.

 

Pensó que precisamente en su pueblo había una plaga de palomas torcaces turcas. Que capturar vivas una docena con una red no le iba a costar mucho tiempo. Que las iban a ver unos segundos y con la poca luz del atardecer. Ya estaba decidido. Además así se quedaba con todo el dinero.

 

Para disimular, pensó, “les daré una “rugiada” con los sprays de pintura blanca que me sobraron de cuando pinté los radiadores”. “Habré de taparles bien los ojos con los dedos no sea que se me queden ciegas y entonces la liamos”. “Será mejor que las pinte en el último momento”. Y así fue cavilando en el viaje en el autobús de vuelta a su pueblo.

 

Al llegar al pueblo se encontró con un amigo y se fueron al bar a tomar unos vinos. Mientras hablaba con el amigo no paraba de darle vueltas al asunto de las palomas. “Yo sólo no he de poder hacerlo. Uno ha de “rugialas” con cuidao de no darles en los ojos y el otro ha de soltalas enseguida  por la ventana”. Se decidió a hacer partícipe de su plan a su amigo que acepto encantado influido por la alegría del vino en el estomago.

 

Llegó el día de la boda y el encargao con la jaula de las palomas y su amigo con los sprays de pintura blanca se encaramaron por la estrecha escalera que accedía a la torre y a mitad de camino a la ventana circular. Desde el óculo se divisaba la iglesia atestada de invitados con sus mejores galas. Casi enfrente, un poco más abajo los músicos del cuarteto de cuerda con sus instrumentos. La boda ya había comenzado cuando llegaron al pequeño rellano donde se encontraba el óculo. El encargao cogería a la paloma que fuesen a soltar y el amigo la rociaría rápidamente con el spray y de seguido la lanzaría por el óculo. Afortunadamente el novio le acababa de decir que con tres o cuatro bastarían lo que hacía mucho más fácil el trabajo.

 

Por fin oyeron la frase pronunciada por el cura:

 

-...y yo os declaro marido y mujer.

 

Era el momento. Rápidamente la primera paloma fue rociada con el spray y lanzada al vacío. La segunda le siguió instantes después. La tercera poco más tarde. La cuarta... De pronto algo les detuvo. Con el frenesí no había escuchado el griterío de los invitados y los chillidos de la novia.

 

Resultó que con el spray se les quedaban pegadas las alas a las palomas que al no poder volar caían como unas piedras, una tras otra, sobre el altar despanzurrándose delante de los novios. Lo que provocaba los histéricos chillidos de la novia y el alborto de los invitados.

 

Y es que dónde este la tradición de la marcha nupcial que se quiten los inventos chabacanos.

9 comentarios

luisma -

Pichones!

LuisPi -

que conste que la culpa no fue de los novios, fue de la "contrata", y es que hay cada pardillo por estos mundos de quien Vds. ya saben.

pero mira que tus pinceladas literarias son a veces tan cachondas como tu mismo.

Isabel SOria -

Insuperable... ¿Es de verdad que es verdad?

CHUS -

Seguro que eran nuevos ricos. Estas tontadas son propias de esta gente que no sabe qué hacer, tampoco saben dónde se encuentran ni lo que les pertenece.

passy -

Qué gusto leer de nuevo estas costas.

Saludos,

m.

carmen -

Se les estuvo bien,por horteras e intentar hacer algo tan original.¡Pobres animalicos!,me refiero a las palomas.Saludos

cualquiera -

Mi compi de trabajo,me ha dicho que ha coincidido con tigo en un comercio de villamayor y te habia comentado que tal, y tal y tal.Pues eso,me gusta como pintas lo que cuentas, y lo que cuentas pintando me encanta.Pintor pinta y canta!un saludo.

Julio Tejedor -

Que "jartada" de reír. Muy bien contado. Y, desde luego, los novios consiguieron convertir, a su pesar, el acto "vulgar y corriente de casarse en un acontecimiento original". Seguro que nunca lo olvidarán.

Servando -

Je, parecería el maná del que nos hablaban en los ascolapios (alguno hasta tendría la tentación de coméreselas).
Sí, se les está bien por horteruelos.
Besos.