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Penúltimo cuadro

Penúltimo cuadro

Se supone que el último cuadro de Dalí es el titulado “La cola de la golondrina”. Este cuadro está pintado, según rezan los libros, en mayo de 1983, pero yo no me lo creo. Las temblorosas manos del maestro por aquellas fechas no le permitían trazar unas líneas tan seguras como las que se muestran en el cuadro. El cuadro me parece más bien obra de un escenográfo o rotulista, como lo era Isidor Bea su fiel ayudante. Otra prueba de que no es de Dalí, a mi parecer, es que se fotografío, ( o mejor dicho: le hicieron fotografiarse) delante de el cuadro, con su barretina y los bigotes blancos y pochos. Es como cuando se hace fotografiar pintando el techo del museo de Figueras con su tiento y una ridícula paleta de pintor, absolutamente inútil para una obra de tales dimensiones, que, además, no está pintada con óleo. Se podría convenir una regla general: cada vez que Dalí se fotografía pintando una de sus obras es que no la ha pintado él. Sobre todo en la última época. Son cosas del particular marketing Daliniano Pero no me hagan mucho caso que yo no tengo ni idea de pintura y doctores tiene la iglesia para pontificar al respecto. Además seguro que alguien  ha comprao el supuesto último cuadro del genio por una pasta y termina demandándome.

El que me parece a mí que es el último cuadro de Dalí es uno muy poco daliniano. Tan poco que no puede ser de mano de su ayudante y que ,a mi humilde parecer, sólo puede ser de su mano, la única capaz de saltarse sus propias reglas paranoicocríticas.

Este cuadro es una representación naturalista de un camión de mudanzas desde el interior. Vamos a la impresión de un testigo directo.

Ignacio Goméz de Liaño en su diario titulado “El camino de Dalí” (Siruela, 2004) cuenta como el domingo 20 de febrero de 1983 visitó al pintor en su estudio-comedor del castillo de Pubol y como le mostró sus últimos cuadros.

Cito textualmente:

“ Pero lo  importante es el cuadro  que me ponen delante, pues Dalí quiere que identifique lo que se ve en él. Por Antonio (Pixot) sabía que se trataba probablemente del interior de un camión de mudanzas, lo que me trajo a la memoría aquello de André Breton en Secretos del arte mágico del surrealismo .

-Exijo que me lleven al cementerio en un camión de mudanzas.

Miré el cuadro y, en efecto, me pareció que podía ser un camión de mudanzas, pintado de una manera rembrandtiana, pero con pinceladas más ligeras y con menos materia. Los tres personajes que distinguí en seguida, me hicieron pensar en esos camiones de la gente del circo o la farándula...”

Ignacio Gómez de Liaño prosigue un rato con su interpretación del cuadro hasta que el propio Dalí, ya con bigotes canos y un tubo por la nariz por el que se alimenta, le replica pausadamente:

“-Usted ha hecho una interpretación romántica, al ver el cuadro como una camión de teatro. De hecho, representa algo más a ras de tierra, algo que hay que buscar en la pura cotidianidad. Lo que se ve en ese interior no es mas que una escena cotidiana de un camión de mudanzas, en el que se mezclan los objetos más triviales con otros lujosos....”

 

Creo que lo que Dalí le quiere explicar al joven e inteligente ( y por lo tanto pedante) Liaño es que la vida es en esencia cotidianidad. Esto es lo que tiene más claro el anciano que se niega a alimentarse desde la muerte de su compañera Gala, que ha decidido dejarse morir, que ya no quiere ser el personaje impostado que le había arrebatado la vida, la suya.. Y que desde esa posición, la de hombre corriente, le dice al inteligente y ambicioso jovenzuelo, que no se haga pajas mentales, que no relacione su obra con las tonterías dichas por el Doctor Bretón al que ya mando a freír espárragos hace décadas. Que desde la muerte inminente se ve la vida de otro modo, que vivir no es otra cosa que aburrirse plácidamente y en actividad. Como lo hacen los repartidores de los camiones de mudanzas que ven el mundo enmarcado por la oscuridad de la caja de su camión, con la cadencia monótona con la que viven las cosas todas. Día a día, paso a paso, respiración y expiración, tic, tac. Como si en un  cine proyectasen siempre, con nimias variaciones, la misma película..

La factura del cuadro denota que está hecho de un tirón, como algo que se apunta para no olvidar. No tiene ni un solo tic surrealista. Ya le importa un bledo su personaje, ya no quiere alimentarlo. Solo quiere anotar antes de irse cómo unos brochazos pueden convertirse en imagen, y cómo esta puede representar un hecho banal, trivial, cotidiano e importantísimo.

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4 comentarios

Leonardo Velázquez -

Dalí, Salvador (Figueras, 1904-id., 1989)
Dentro del movimiento, Dalí representaba una opción personal,
fundamentada en su método «paranoico-crítico», con una pintura
ilusionista que plasmaba su obsesión por lo blando y lo putrefacto.
En su obra también influyeron la pintura clásica (El Cristo de
san Juan de la Cruz, Madona de Port Lligat), el Barroco, del cual
extrajo un nuevo gusto por lo escenográfico, y el arte realista, del
cual tomó el virtuosismo y la técnica minuciosa. En su último período
se interesó por las relaciones entre arte y ciencia y por la
holografía. Además de la pintura, su obra abarca el dibujo, el
grabado y el diseño.

Su último cuadro fue su "adios", dejándonos en su hipérbole vida para entrar al hoperbólico mundo de los grandes eruditos del arte.

José Luis -

Hola Pepe:
Tú y tus teorías dalinianas..., bueno, sobre la autoría de alguno de sus cuadros...tenemos que tener otra conversación sobre eso...
Concretamente sobre la autoría de este no hay dudas, lo explica muy bien Gómez de Liaño en su libro.
Me alegro de ver un tema daliniano en tu blog, para terminar el año.
A ver para cuando esa merienda entre libros de Dalí. He incrementado algo la colección.
Pues eso, que termine bien, y el siguiente sea mejor.
Soy José Luis (Pelos)
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inde -

Me da la impresión de que ahora que sabes que ya no vas a tener que ver publicados tus escritos en un libro, te salen los post más bonitos. Éste, desde luego, es el que más me ha gustado de todos los que te he leído. Es cojonudo.

Jalf -

Me alegro de reencontrar tu blog reactivado. Y de leer tu último libro, que me han regalado.
Eso, y la visita que tengo pendiente de girarte cualquier año de estos.
Este camión de mudanzas parece cosa tuya. Deberías pintarlo tú.
Un abrazo...
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