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Figuras de chapa.

Hay un herrero en Villamayor que gusta de construir con chapa figuras de animales. Luego las ubica en un terreno que tiene enfrente de su nave y las pinta primorosamente. Ya hay: un burro, un zorro, varios conejos y una cigüeña; todos de tamaño natural.

Se pueden ver desde la carretera que bordea el terreno. Yo los veo a diario cuando voy a comer al pueblo vecino, y me hacen reflexionar sobre el misterio que venimos llamando arte desde hace tanto tiempo.

 

Me explico:

 

En primer lugar son  representaciones figurativas perfectamente reconocibles. En segundo lugar, la elección de los temas y el contexto donde están situadas, (delante de la nave) las convierten en algo simbólico, o como mínimo publicitario de las habilidades del herrero. Este primigenio simbolismo nos lleva a otro más cultural: a las primeras manifestaciones artísticas, las pinturas rupestres, los jeroglíficos egipcios, los signos heráldicos, etc. En tercer lugar hay un respeto, mimo, por el material empleado. La chapa ha sido trabajada atendiendo a las cualidades intrínsecas de la misma, y sin embargo se ha convertido en cosa distinta: en animal animado. En cuarto lugar, presentan una extraordinaria economía formal, una síntesis. Asombra los pocos y certeros pasos dados para que la chapa de hierro se convierta en burro, o zorro, o conejo. En quinto lugar la observación de las figuras desde el coche siempre provoca una cierta inquietud, ¿qué hacen allí?, ¿a qué responden?, ¿por qué han sido fabricadas?.

En sexto lugar, nadie las ha encargado, las ha hecho el artesano atendiendo a intimas e inexplicables razones de orden estético; para satisfacer el deseo gozoso de hacer por hacer.

 

Estas seis cualidades son aplicables sin excepción a cualquier objeto de los que venimos llamando artísticos y que ilustran las numerosas enciclopedias que sobre arte se han editado.

 

¿Porqué estas no son artísticas?, se podrá decir que porque son feas, porque el que las ha construido no es un “artista”, porque no han sido catalogadas como tal, porque no tienen el reconocimiento social necesario para que se conviertan en excelsas, ...y así podríamos seguir hasta aburrirnos. Pero todas las razones que podríamos argumentar serían circunstanciales, arbitrarias y subjetivas. Las objetivas: la representación, lo simbólico, el “mimo” en la ejecución, la síntesis, el misterio y la ausencia de encargo; si que las cumplen.

 

Creo que no son arte porque el que las ha hecho no tiene el “sitio” de influencia (o de gestión) para que lo sean. No sabe como influir para forzar la mirada, y la ejecución, para hacerlas visibles desde el estrecho punto de vista desde el que se ve todo lo artístico. No tiene la “formación” necesaria para hacerse oír. No habla, ni comprende, la jerga artística.

 Sólo tiene el irrefrenable deseo de hacer por hacer.
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7 comentarios

Fernando Alvira -

Por lo que cuentas, Pepe, tal vez lo que les falta no es valoración económica como parece deducirse del comentario de Fernando Sarria. Quizás lo que ocurre es que andan necesitadas de intensidad. Eso haría que encontraran su sitio entre las obras de arte. Bueno, creo yo...

FERNANDO SARRIA -

Sería artistico si estuvieran expuestas en la Lonja y cobrará el buen señor x miles de euros? no es lo importante
del arte el estar dentro de la senda y si el que tanto el que lo realiza como el que lo
ve (o disfruta) tenga alguna emoción al contemplarla.
Hay arte que sería mejor olvidar...ahora es verdad que has abierto la caja de los truenos.saludos

Pepe Cerdá -

Para perseguir a algo o a alguien se ha de ser malo y trabajador, y no soy ni una cosa ni la otra, sobretodo la otra. Siento que el tono en el que me expreso pueda parecer inquisitorio. Nada más lejos de mi intención. Esto, para mí, es simplemente un entretenimiento absolutamente banal, en donde reflexiono en voz alta, y torpemente, sobre lo primero que me pasa por la cabeza. Lo que sí que no hay es ningún tipo de autocensura, y por lo tanto ningún tipo de estrategia, ni de intención.
Saludos.
Pepe
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Gato negro -

Me gusta este blog,
pero tengo la sensación de que siempre está atacando a alguien,
matando hormigas a cañonazos.

¿No serás un perseguidor de gentes cuyo credo y trabajo no compartes?

Javier B. -

¡Viva los artistas, aunque no tengan fama!

Pepe Cerdá -

Mis finales son reduccionistas porque me canso de escrbir y quiero terminar cuanto antes.
Gracias por tu comentario Luisa.

Luisa Miñana -

¿Quiere ésto decir, por ejemplo, que los poemas de Emily Dickinson sólo alcanzaron la categoría de arte una vez que abandonaron el cajón del escritorio donde. salvo alguna pequeña y malograda excepción, estuvieron toda la vida de E.D.? ¿O la literatura tendría otros parámetros de reconocimiento? El planteamiento que haces me parece espléndido, pero quizás me resulta a final un poco "reduccionista" (con perdón). Aunque desde luego las claves que estableces para la consideración de una obra como arte son, a mi entender, ajustadísimas.
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