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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2009. Resumen
Lo de todos los años, pero un día más tarde.Desde que empecé a escribir en este blog he escrito todos los siete de septiembre. El siete de septiembre es mi cumpleaños. Ayer, siete de septiembre, no lo hice. No sabía qué decirles. Hace ya mucho que no sé qué decirles. Hace ya mucho que sólo pinto y callo. Cumplí cuarenta y ocho. Una cifra que ya empieza a ser respetable si a años de vida ser refiere. Cuando me veo en las fotos veo a un tipo maduro y con sobrepeso. Cuando me miro para adentro veo a un tipo que no termina de encontrar el sosiego. Cuando me miro al espejo sólo veo unos ojos inquirientes y asombrados. Y aún no sé de qué se asombran y qué interrogan. He pintado muchos cuadros desde Febrero para acá. Pesan mucho. Son, en su mayoría, muy grandes. La gente viene a verlos y yo tengo que moverlos para que los vean mientras se rascan la barbilla. Es muy cansado, el moverlos y que se rasquen la barbilla. La gente no sabe nada de nada. Y menos de pintura. Pero les gusta mucho aparentar que saben. Sobre todo si tienen algo de pasta. Yo se los enseño para ver si compran alguno. Pero con la crisis nadie compra. Me duelen los riñones de tanto mover peso. Luego siempre les invito a comer en el restaurante del polígono. El menú de ejecutivo en el reservado por supuesto. Intento aparentar que no necesito dinero. Dentro de un mes inauguraré una gran exposición en la Lonja de Zaragoza. La Lonja es enorme. En la exposición habrá unos cincuenta cuadros. Los que he pintado mientras he estado callado. ¿Cuándo dejará de preocuparme eso que no da la felicidad pero que me han dicho que quita los nervios?. La despreocupación debe de ser la antesala de la felicidad. Yo siempre he estado preocupado. Sobre todo por la falta de pasta. Y no he hecho nada para conseguirla. Como el torero que gracias al pánico desprecia su vida. Pues eso que cuarenta y ocho e igual de gilipollas. Emilio Abanto ha muerto.Emilio Abanto ha muerto. Ayer fue el entierro. Ayer fui al tanatorio y lo vi anunciado en un display como esos que anuncian las llegadas y salidas en las estaciones y los aeropuertos. Con letras rojas formadas por pequeños puntos de luz se anunciaba centelleante entre otros : EMILIO ABANTO VIAMONTE SALA 4. Entré en la sala cuatro y lo vi en su ataúd, maquillado y con la barba muy arreglada. Con la cara más afilada de lo normal. Desde que vi a mi abuelo muerto cuándo tenía doce años no había vuelto a ver otro muerto. La imagen me impresionó mucho más de lo que suponía y apenas pude saludar a su padre y a sus hermanos al salir de la sala. Emilio Abanto y yo fuimos amigos desde los catorce o quince años. Fui yo el que le llevó al Bar bonanza allá por el setenta y siete. Me había dicho Mariano Naharro (anticuario y galerista donde yo trabajaba de aprendiz) que en ese bar se juntaban los pintores y poetas de la ciudad. Y allá que nos fuimos Emilio y yo que queríamos ser pintores, o poetas o cualesquiera cosa que nos permitiese no crecer ni ser adultos madrugadores y trabajadores. Emilio ya no salió más de allí. Creo no exagerar si afirmo que Emilio ha estado en el Bar Bonanza el setenta por ciento de los días de su vida. Era uno más de la familia. Ayer en el entierro estaban Manolo, Marisa y sus hijos los dueños del mítico bar bonanza. Emilio estuvo la mayoría de los días conmigo en los estudios que tuvimos en la calle Ramón y Cajal, calle San Pablo, plaza Santo domingo, calle Prudencio , La Nave etc. Lo que no hizo fue venirse conmigo ni a Madrid ni a París. Pero en mis frecuentes vueltas lo veía con frecuencia. Emilio ha sido un compañero en la vida. Con él se han ido miles de recuerdos compartidos. La gente que asistió a su entierro es probablemente la gente que asistirá al mío. Teníamos los mismos amigos y conocidos de toda la vida. Emilio fue una persona amable , educada y decente. Emilio ha muerto. Y una parte de mí se ha ido con él. Conversación con Hubert Marcelly allá por el 1989.
No sé porqué últimamente recuerdo a menudo una conversación que tuve con el escultor Hubert Marcelly en la Casa de Velázquez cuando ambos disfrutábamos de una beca allí. Hubert era bastante mayor que yo. Debía de andar por la cuarentena mientras que yo tenía veintitantos. Hubert era un tipo muy mesurado y culto. Era Alsaciano y había vivido por medio mundo. Yo le tenía como una especie de hermano mayor. Y él aceptaba gustoso aquél papel.
La beca se me terminaba y con ella la posibilidad de seguir en Madrid. Durante todo el tiempo que duró la beca, dos años, del ochenta y ocho al noventa, además de trabajar en el taller de la Casa de Velázquez, estuve pintando aparatos de feria en una empresa de Pinto que los fabricaba. Lo que me daba cierta seguridad económica al añadir el dinero que ganaba a la pensión de la beca. Pero sólo con esos ingresos magros e irregulares, una vez terminada la pensión y perdido el taller de la Casa de Velázquez, no podía alquilar otro taller suficientemente grande en Madrid.
La otra posibilidad, aún más alocada era la de irme a París. Dónde no tendría ingreso alguno salvo los pocos ahorros con los que contaba y la promesa de un entonces incipiente galerista muy “echao palante” de enviarme lo que pudiese cada mes. Ese galerista no tenía ni galería por aquél tiempo. Tenía un local en Zaragoza y el deseo de ser galerista. Se llamaba, y se llama, Fernando Latorre.
La tercera posibilidad era volver a Zaragoza.
Mientras le hacía partícipe de mis preocupaciones Hubert me miraba sonriente. Con la misma sonrisa que mira el tío al sobrino adolescente cuándo le cuenta que está perdida y fatalmente enamorado. Después pausadamente y muy dulcemente, sin dejar de sonreír me dijo:
- En la vida es imprescindible y necesario asumir riesgos. Sólo así se vive verdaderamente. El miedoso, el que asegura su futuro, el que prevé lo que le va a pasar, respira, come y caga, pero no está vivo. Por eso nos odian. Hay que cuidarse mucho de pasar inadvertido. Pobre de ti si el estado se fija en ti apenas unos minutos. Por lo tanto y a tu edad sólo puedes elegir si eres honesto la posibilidad más arriesgada: La de irte a París.
Le dio una larga calada al cigarrillo rubio que estaba fumando y continuó.
- Te aconsejo esto porque eres bueno, porque tienes el suficiente talento. Pero no olvides que el talento no es más que el veinticinco por ciento del total.
Le dio otra calada al cigarrillo.
- Otro veinticinco por ciento es el tesón. El hacer bien los deberes. El no decaer. El resistir. El ser ordenado y hacer lo que se debe de hacer para ser amable y educado incluso en las peores circunstancias. Otro treinta por ciento es la salud. Sin salud no hay nada que hacer. Mantente en forma. El trabajo es ímprobo y se necesita un cuerpo y una mente resistente. No hagas caso a las lecturas que mitifican a los artistas autodestructivos. Eso es una moda romántica que inexplicablemente aún perdura. Y el veinte por ciento restante es la suerte. Aquí nada podemos hacer más que esperarla. Pero no olvides la lección de Gide: La vida es ondulante. La suerte viene y va.
De la muerte.La muerte de uno, la propia, la que a todos nos aguarda, no se ve. Se siente la agonía, la decrepitud, la sospecha cierta de que queda poco si se muere de enfermedad. Si se muere de accidente la cosa será distinta obviamente, pero esto es una perogrullada que espero me disculpen. Digo que la muerte se ve en los demás. Cuándo la propia se presenta uno ya no está. Por lo que se puede convenir que de la muerte, de la de uno no tenemos ninguna experiencia. ¡Toma perogrullada, y ya van dos! Yo la primera muerte que he visto venir de verdad y bastante compartida ha sido la de mi amigo Emilio Abanto. La de los otros amigos fallecidos ha tenido más o menos una causa. Las drogas, el alcohol, la temeridad, etc. Los otros amigos fallecidos han muerto por “cosas de jóvenes”, de algún modo se la habían buscao. Emilio no. Emilio ha muerto por la cara. Emilio no fumo un cigarrillo en su vida. No bebió demasiado. Llevo una vida más o menos ordenada. No cometió excesos. Y un cáncer se lo llevo lenta e inexorablemente. He hablado con él con cierta periodicidad durante todo el proceso y él me ha ido contando, cómo siempre que hablábamos, con toda franqueza y naturalidad el desarrollo. Del mismo modo que nos contábamos otro tipo de experiencias durante toda la vida. Esta muerte podría haber sido perfectamente la mía. Y él el que ahora escribiese esto y el que me hubiése visto en la urna maquillado y con la barba ridículamente recortada. Es un proceso absolutamente normal, vulgar y natural. Sólo el miedo que nos da a los vivos hace posibles las religiones y magnifica el asunto hasta la colosidad de las pirámides y tumbas de todo tipo. Emilio me regaló con su sinceridad algo muy importante que nunca olvidaré. Exactitud.A. es un tipo estupendo. Vive aquí, en Villamayor. A. estuvo trompa desde los catorce hasta los cuarenta y cuatro. En su casa tenían unos campos con viñas que les producían unos dos mil litros de vino al año y en Mayo ya tenían que comprar porque se lo habían bebido entre su padre y él. A. Trabajaba en una empresa multinacional. A los cuarenta y cuatro le diagnosticaron, como es natural, una grave enfermedad hepática en una revisión de la empresa. El médico poniendo cara de circunstancias le dijo:
- Le doy la baja permanente. Y su enfermedad es tan grave que no creo que le queden más que unos meses de vida.
El que se murió fue el médico un par de años más tarde, tal y como le gusta comentar a A., que dieciséis años más tarde de esta conversación suele desayunar conmigo por las mañanas en el bar. A. dejó de beber y sigue con nosotros para asombro de la ciencia médica. Desde entonces cobra la inutilidad y hace pequeñas labores en el campo. Tiene una original idea de la justeza. Dice:
- Yo he bebido lo justo. Una copa más y al cementerio. Una copa menos y aún estaría madrugando y trabajando en la empresa.
Y tiene más razón que un santo. De la evolución y los seres de la cúspide de la pirámide.Primero empezó la Biblia con eso de qué el hombre era el rey de la creación. Más adelante se nos contó en el libro de los libros como después de Caín (el agricultor y transformador de su entorno del que todos somos descendientes-aunque no nos digan con qué hembra, ¿quizás con su propia madre Eva?-) y tras cargarse a su hermano ecologista Abel, nos convertimos en civilizados. Los elegidos de Dios, claro. A los no elegidos a los herejes e infieles se les podía dar toda la caña qué se quisiera. Leña al mono hasta que aprenda catecismo. Esto podría ser una regla general de todas las religiones monoteístas. A los nuestros todo y a los demás caña. Siempre te dejan la posibilidad de “convertirte” para no parecer tan injustos. Darwin con su teoría de la evolución de las especies estableció claramente diferentes categorías en la evolución. Desde los seres monocelulares a los mamíferos, ni más ni menos. El Darwinismo sociológico fue precisamente la excusa que empleó el nazismo para decir científicamente que la raza aria era la más evolucionada, por lo tanto la más alejada de aquél primer ser vivo monocelular. O por decirlo en cristiano (nunca mejor dicho) la más industriosa de las sagas de hijos de Caín. Esto les dio la razón para liar la que liarón Y tener razón es el arma más mortífera en el aparente estado de derecho como el que vivimos. La religión monoteísta que ahora adoramos es la democracia. Cómo en las cruzadas mediavales andamos embarcados en un par de guerras para imponer la democracia a hostias. Como en toda religión monoteísta, como en toda categorización Darwiniana, tenemos nuestros sacerdotes o nuestros sabios cargados de fe o razón (que cada vez viene a ser más lo mismo) que nos dicen a los no “elegidos” lo que nos conviene o nos deja de convenir. Yo no soy ni de izquierdas, ni de derechas. Lo que es un primer defecto grave para existir en democracia. Yo lo único que diferencio en la historia son los sistemas de gobierno totalitarios y sistemas de gobierno liberales. Yo defiendo un adelgazamiento del estado para que nos dejen respirar un poco a los ciudadanos, para que nos dejen equivocarnos. Defiendo que no se aplique la categorización Cainita o Darwiniana para decidir quien come o quien no, quien vive o quien muere. Tal y cómo se aplicó en el estalinismo o en el nazismo por ejemplo. Pues bien: en este país y en la última campaña de tráfico se nos decía textualmente: no podemos conducir por ti. Todo un paradigma de lo que este estado, o mejor dicho los que ejercen el poder en este estado piensan de sus gobernados. Ellos lo hacen mejor que nosotros. Ellos saben mejor que nosotros lo que nos conviene. Ellos nos quitan los puntos del carné por nuestro bien y premian a los buenos con dos de propina. Como con los caramelos en la guardería. Es en el fondo el mismo principio que cargaba de razón y de ley a los de la revolución cultural china. Por su bien ahogaban a los recién nacidos en los arrozales delante de sus padres. Con gran alegría de los responsables del partido y funcionarios. Era el bien común lo que debía primar. Todo el mundo parece estar de acuerdo que el bien común es el dogma primero de la democracia. Tan importante que está ligeramente por encima de la otra falacia, perdón de la otra ley general, la de igualdad entre los creyentes demócratas. Pues bien: esta crisis esta poniendo en obscena evidencia las categorías de nuestra sociedad. Esta crisis no la están padeciendo los verdaderos creyentes demócratas bautizados por el rito admitido de la oposición. Los que quieren conducir por nosotros están exentos de pegarse una hostia en la carretera por llevar veinte horas conduciendo para entregar el pedido. Los que han aprobado la oposición son los seres más evolucionados desde el organismo monocelular. Son los arios. La casta superior. Al igual que las religiones monoteístas le dicen al infiel: conviértete. Habed hecho oposiciones o meteos en política para poder ocuparos de lo que les conviene a los demás y de cuales han de ser sus obligaciones, dicen los elegidos. Como por ejemplo ahogar al segundo hijo en los arrozales en el régimen maoísta, o denunciar al vecino judío en el nazista. Esta crisis va a ir a peor y, como en todas las situaciones de verdadera emergencia, nadie va a querer perder sus privilegios. Estos van a ser dentro de poco tan obscenos, con respecto a los que no los tengan, que mucho me temo que las cosas desde el punto de vista político van a ir hacía un cierto totalitarismo, disfrazado de buenismo paternalista. Estén atentos a las disposiciones que en nombre del bien común van a tomar en los próximos meses los que se han ganado su poder de decisión por oposición, o por las urnas, o por las dos cosas. Los de la categoría máxima. Los mejores hijos de Caín o los más evolucionados seres desde el punto de vista Darwiniano.
Invitación![]() He aquí la invitación de la exposición que me ha tenido ocupado los últimos meses.
Los cuadros ya están colgados en las paredes.Ahora ya sólo queda que vengan ustedes y los vean. A partir del nueve que es el día de la inauguración, claro está. Son más de sesenta cuadros. No les digo más, que no me gusta hablar aquí de mi trabajo pictórico. Si están ustedes cerca de Zaragoza, o van a pasar por aquí en los próximos dos meses, y la quieren visitar me honrarían mucho. El Orador.Don Ramón Gómez de la Serna en 1928. |
pepe-cerdaPINTOR; !PINTA Y CALLA!
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