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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2008. Resumen
De no sé qué.Hace una semana que intento “pensar” mediante imágenes pintadas a mano. Es decir: intento encontrar un nuevo camino a lo que ha venido siendo mi pintura en estos últimos lustros. Este nuevo camino se ha de evidenciar por sí mismo. Ha de aparecer evidente a mis ojos, aunque sin explicación racional. Lo lógico ha de ser desdeñado sistemáticamente. Cuando ocurra, cuando aparezca este nuevo camino, al seguirlo sentiré una mezcla de miedo, excitación y certeza. Un cuadro me llevará a otro y el último hará más flojo el anterior y el siguiente más flojo a este. Y me cansaré y sólo la pintura existirá. Tras un tiempo así habré de parar en seco. Será el momento del catálogo y de la exposición. Y dejaré la serie sin terminar con la sospecha de que los buenos cuadros son los que faltan. Pero ya no habrá tiempo. Se habrá de exponer lo que haya salido. Siempre ha sido así. Esta última semana he perpetrado un gran número de borrones, bocetos, ensayos o como quiera llamarse a esto que para mí es “pensar con imágenes”; entendiendo la palabra “pensar” más en el sentido de “divagar” que como método para llegar a conclusiones lógicas. Mi amigo Cano, como siempre: genial.Les "pego" aquí un texto de mi amigo José Luis Cano con el que comparto multitud de cosas. Él es hijo de pintor, yo también. Él estudió primero con las monjas y luego con los curas, yo también. Él ayudó desde pequeño a su padre rotulando y pintando en las antiguas ferias de muestras, yo también. Él gusta de escribir, yo también. Él es inteligente, concienzudo y cumple los plazos de entrega, yo tampoco. Va el texto de Cano:
No sé si recuerdan: la semana pasada me quedé viendo los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados por la política especulativa de nuestros próceres. Me habían dejado la ciudad pelada de referencias infantiles. Bien, pues como por razones familiares no podía irme de la escombrera zaragozana, pensé salvarme del derribo alejándome lo más posible de aquellas ruinas, no fuera a caer algún cascote y tuviéramos un disgusto. Pegué un corte de mangas al pasado y me encaré arrogante al futuro.
Con la ingenuidad que caracterizaba a los jóvenes de antaño, decidí dedicarme a la práctica del arte moderno en lugar de comprar terrenos en Valdespartera. Y como, si te pones, te pones, me subí al tren de las Vanguardias. Al cabo de cierto tiempo me di cuenta de que era como el tren de la bruja: te molían a escobazos y dabas vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte. Yo estaba entusiasmado. Al fin y al cabo, era mi nueva patria. De la que me tuve que apear porque me mareaba. Se me iba la cabeza. Y es que, en un plisplas, había experimentado con la nueva figuración, el neodadaísmo, el povera, el pop, el op, el surport-surface, el happening, el environement, el agit-prop el mail-art y el land art. Y con lo lúdico, lo lírico, lo crítico, lo críptico, lo político, lo místico, lo esquizofrénico y lo semiótico. Mi nueva patria era demasiado rápida para un chico de provincias como yo. En fin... Una vez en tierra de nadie, me dijeron, quizás por consolarme, que aquel enloquecido carrusel, que cada vez giraba más deprisa, era sólo un sucedáneo; que las auténticas Vanguardias habían sido derribadas, hacía muchos años, por la especulación. Vete tú a saber.
Ahora trabajo y vivo en territorios fronterizos. La sencilla pregunta “¿Profesión?” me pone en un brete. Y sólo me separa del cementerio el tercer cinturón. (Ya no. Esto lo escribí hace un tiempo.) De nuestros amigos los vehículos.Cavilo que un modo de clasificar los distintos periodos de mi vida sería por los coches que he tenido. Un determinado modelo de coche ordena mis recuerdos de un modo preciso. Cuándo veo un coche del mismo modelo que alguno que tuve automáticamente sé qué pasó el día que lo estrené, sé cuál fue el que me llevo a París, sé cuál el que me llevo deambulando por la ciudad aquella noche que no me encontraba ni a mí ni a nadie. Recuerdo al que pacientemente me enseñó a conducirlo, sin quejarse y sin dejarme tirado y muchísimas cosas más. Podríamos convenir que el hombre moderno sometido a motorización ama a sus vehículos del mismo modo que sus antepasados amaron a sus caballos. Pero casi nadie lo reconoce, hay un tremendo pudor en nuestra cultura a abandonar los brazos de la razón y nadie osa decir que ama a una máquina. Que sintió duelo, un duelo a veces vergonzosamente mayor que el que sintió por la muerte de un congénere, cuándo dejó a su coche en la chatarra, o cuándo lo dio “a cuenta” por un modelo nuevo en el concesionario. Hoy al volver a casa he visto un antiguo coche mío conducido por un desconocido y algo se me ha roto en el alma. Se trata de un Opel Kadet ranchera de color azul con el que hice un centenar de miles de kilómetros hace una década. Era mi coche en París. Decenas de noches las terminamos él y yo en la cima de las escalinatas del Sacre Coeur en Montmatre mientras París amanecía bajo mis pies y sus ruedas. Cientos de veces cargado en la baca con decenas de cuadros nos fuimos a Basilea, o a Ámsterdam, o a Zaragoza. Decenas de veces dormí en él.. Y no pocas veces estuvimos a punto de matarnos. Ahora un tipo con barba de unos días lo llevaba cargado con aperos de labranza. Estaba sucio de barro y abollado. Creo que él también me ha reconocido. Y en el instante fugaz en que sus faros y mis ojos se han cruzado ambos hemos recordado lo que fuimos juntos. De la sorprendente uniformidad de criterios en los tiempos de la libertad de expresión.Un asunto que me entristece es la uniformidad de las opiniones en la prensa y en los medios de comunicación en general. Esto se evidencia de un modo cómico, o trágico, según se mire, en Internet. Cuando se buscan artículos sobre cualquier tema de actualidad la uniformidad en los criterios es apabullante. Sólo hay dos posturas antagónicas la del gobierno y la de la oposición. Según se publique en un medio afín al gobierno o en el contrario se opinará coralmente lo que se haya decidido desde arriba que se deba opinar. Lo más gracioso es que estos nuevos intelectuales orgánicos no paran de cacarear su independencia y ensalzar la libertad de expresión que existe en los medios de comunicación actuales de los que ellos cobran. Cuándo todos opinan lo mismo y a la vez debe de ser sólo por casualidad. Que somos muy mal pensados. Dónde andarán: el Camba de ahora, o el Chaves Nogales, o el Pla, o el Gómez Carrillo, yo no los veo, ni les oigo ni les leo. De la sixtina del siglo veintiuno y de aquél que pintaba con mierda y oro.![]() Ando anonadado por la unánime opinión en la prensa de que Barceló acaba de concluir”La Capilla Sixtina del siglo veintiuno”. Hace unos días junto con el ministro Moratinos (que es el que la ha pagado) se presentó la magna obra. Como prueba de su valía dijeron que se habían empleado treinta y cinco mil kilos de pintura. El pintor de Mallorca al referirse a su antecesor; es decir al pintor que pagado con pasta española (al igual que él) decoró la sede de la Sociedad de Naciones, que era como se llamaba la O.N.U entonces, allá por los años treinta: José María Sert, se permitió la gracia de decir que aquél, que Sert, pintaba con “mierda y oro”. Simpático con el antiguo colega, ¿no?. Lo que no especificó es cuantos kilos de oro y de mierda empleó su antecesor para realizar su mural. El pintor de Mallorca de ahora ha decorado la sala de la “Alianza de las civilizaciones” nombre puesto por el Presidente de su gobierno, que casualmente ha mandado pagar con los euros del erario público las estalactitas que van a colgar del techo a partir de ahora para que aniden los ácaros del futuro que también tienen derecho a la vida. El pintor se comprometió a terminar sus churretes antes de final de 2007. Como no ha sido así, el presidente de su gobierno y el ministro de exteriores, han tenido que pagar otra sede para que se reúnan los que se tuviesen que reunir, tal y como se especificaba en el contrato con la O.N.U. Los genios son así. Ya saben lo de Miguel Ángel el Papa y el retraso en la antigua Sixtina. Pues en esta nueva lo mismo. Casi un año más tarde se ha terminado el asunto. El pintor de Mallorca de ahora, no el otro, el catalán, el de la mierda y el oro, dice que ha empleado para los churretes unas mangueras que se emplearon para proyectar hormigón en el túnel del Mont Blanc. No sé si esto le importa a alguien. Pero creo que lo dice para que se establezca una comparanza entre el costo del túnel y el de su mural, para que así parezca más baratito. El ministro de cultura dice que el arte no tiene precio y se niega a desvelar el costo de los churretes. El pintor de Mallorca pidió el voto públicamente para su presidente en las últimas elecciones. Los titulares de prensa son unánimes. “Por fin se ha concluido la Capilla Sixtina del siglo veintiuno”. Nada que ver con el mural anterior, el de los años treinta, el de Sert, el que estaba pintao con mierda y oro. Aquél apestaba a proto franquismo facha. Este es mucho más fardón y socialdemocrata Amen. Tres ocurrencias.![]() Todo este asunto sobre Barceló, sus churretes y su enorme valía tanto artística como económica, me ha hecho reflexionar sobre algunas cuestiones.
La primera cuestión: la de los churretes:
Barceló y los que saben de arte moderno dicen que la cúpula es de un estilo enmarcable en la action painting. Action painting pero vista desde abajo. Es como si la pintura tras traspasar el cuadro de Pollok estuviera "cayendo" y en ese instante se congelase la imágen y se ampliase. Esta sería la metáfora, aportación u ocurrencia del pintor a la historia del arte reciente. Los que no saben pero se tienen por progresistas ( es decir los que tienen fe en lo nuevo por sí mismo) cuando oyen hablar de arte moderno en general (y si además se trufa con alguna palabra en ingles) se quedan como los perros de muestra con la boca abierta y asienten con la cabeza, no sea que les tomen por unos paletos, o lo que es peor por unos fachas retrogrados. Doctores tiene la iglesia y ellos sabrán porqué dicen lo que dicen. La action painting o pintura de acción es aquello que hacía Pollock echando churretes de titanlux sobre la tela extendida en el suelo. Como le hicieron muchas fotos, era americano, el país que entonces, años cuarenta, estaba ganando la guerra mundial, con gran parte de los artistas europeos exilados en Nueva York aplaudiendo su gracia por respeto a los anfitriones que les ayudaban, pues se hizo muy famoso. Como era natural el asunto de las escurriduras vino para Europa con la ayuda del plan Marsall, como la leche en polvo, tras la guerra. Vino junto con los vaqueros, el rok, el tabaco rubio y todo eso. Pero esto de las escurriduras era mucho más importante: era la primera "aportación" del nuevo mundo a la historia de la pintura occidental. Era la primera imposición de los americanos en materia de artes plásticas. Los críticos europeos que sabían "lo que valía un peine", o lo que es lo mismo: que sabían de dónde iba a venir la pasta, enseguida se pusierón a favor del churrete como medio de expresión. Como la palabra churrete tenía unas connotaciones negativas y no la podían usar los críticos en sus sesudos textos se dejo sin traducir y se le llamo desde entonces “dripping” que queda más chula. Desde entonces “se valió” salirse del dibujo previo y que quedaran goterones en los cuadros. Es más no salirse ni que quedaran goterones en la pintura española de los años cincuenta era considerado una prueba de que era mala, facha y reaccionaria. Aquí se les llamo informalistas. Adolfo Domínguez, que es muy listo, dijo, años después, aquello de que “la arruga es bella” (y subliminalmente de izquierdas, enfrentada a la raya recta del pantalón franquista). Lo dijo tras el mundo del arte que sin decirlo textualmente bramaba desde hacía décadas “el churrete es bello”. En definitiva es un slogan tan brillante como aquél del sombrerero de la plaza Mayor de Madrid cuándo dijo: “Los rojos no usaban sombrero”. Y los tres slogans, el de la arruga, el de los churretes y el de los sombreros,sirvieron para lo mismo: para vender sombreros, trajes o cuadros con churretes. La cúpula de Barceló cabe pues enmarcarse dentro la más pura tradición de la pintura desde la guerra mundial para acá. Al que no le guste será porque sea un poco facha o reaccionario y seguro que le gusta más aquél, su antecesor, el que pintaba con mierda y oro: Jose María Sert.
La segunda cuestión: la de su hegemonía como artista de reconocido prestigio internacional
Barceló, como artista allá por los ochenta hizo una meteórica carrera y consiguió una enorme fama. Eran los tiempos de la transvanguardia, del neo expresionismo abstracto de Aquile Bonito Oliva y todo aquél asunto. España había conseguido una transición ejemplar y sin muertos, económicamente despegaba y ya estaba madura para aportar otro genio a la escena internacional. Como lo hizo en tiempos pretéritos con Miró, Picasso o Dalí. Eran los tiempos de los Punkis y los sex pistols. Se llevaba eso de ser poli toxicómano vivir a tope y dejar un bonito cadáver. Así lo hicieron Sid Vicious, y muchísimos más de su generación. Los pintores de vanguardia y compañeros de hechuras y generación de Barceló: Keith Haring y Basquiat murieron, como era su obligación, de sobredosis, para que así, tras su sagrada inmolación, pudieran convertirse en genios y vender muy caras sus obras. Sin embrago Barceló sobrevivió a aquella vorágine y continuó pintando más o menos como entonces. De aquello han pasado casi treinta años. Y el mundo del arte internacional, además de desorientado, está interesado en otros asuntos plásticos. A mí me parece que está bien que él siga siendo fiel a sus orígenes, pero desde luego el panorama internacional no está interesado en este tipo de trabajo que considera de los años ochenta. Barceló se pasa por el arco del triunfo el ”panorama internacional” y un servidor hace lo propio en la medida de sus posibilidades, claro está.
De la tercera cuestión, y ahora más polémica: la del precio y el valor. Ya ha dicho Moratinos que es de necios confundir valor y precio. A mí lo que me parece de necio es esta estúpida gracia que soltó mi ministro en rueda de prensa en la qué, entre otras cosas, tenía que rendir cuentas como es su obligación. Rueda de prensa de las más desgraciadas que se recuerdan tanto por lo de Moratinos con lo del precio y el valor, como por lo de Barceló, lo de la mierda y el oro. Se supone qué el precio es coyuntural y el valor no. Por lo tanto sin dudar de su valía el precio puede variar. Pues bien: la coyuntura que hizo que Barceló fuese un genio y muy caro hace ya lustros que no existe. Sin embargo el precio de tarifa, el suyo y el de su galerista Suizo, no bajan ni un ápice. Están en su derecho y es lógico que así sea. Tan en su derecho como los promotores inmobiliarios en decir que no bajan un céntimo el precio de sus pisos. Otra cosa será lo que haga el mercado con ellos. Pero lo que no es correcto es hablar en este caso de “cotización” es decir de oferta y demanda, del precio que la suficiente cantidad de mortales esté dispuesto a pagar por un bien para que este se estabilice. No cabe hablar en estos términos cuándo se trata de una cúpula de mil quinientos metros cuadrados ya que: ni se puede volver a vender, ni posiblemente le volverán a encargar otra. Por lo tanto no cabe comparnza para saber si es cara o barata, ni sí mantiene su "cotización" ya que no cabe tampoco venta futura. Por lo tanto de lo que se habla aquí es de honorarios. Es decir del precio que libremente cualquier persona le pone a su trabajo. Este precio es ajustado si otra persona lo paga, y asunto terminado. El problema aquí es que esa “otra persona" somos el conjunto de la ciudadanía de un país y entonces las cosas, sobre todo los gastos de veinte millones de euros, se deben de hacer de otro modo.
De lo que fue y de como nos lo contamos.Últimamente me preocupa mucho la memoria. No porque me falte sino por su falta de exactitud al traerme los recuerdos. La memoria nos trae una versión de los hechos acontecidos en nuestra vida que a veces no coincide exactamente con lo que pasó sino con la versión que nosotros guardamos en aquél momento. Versión influida por nuestras circunstancias, anhelos, amores y odios. Es evidente que nuestra mirada es, y fue, parcial e interesada. Añadido a este asunto de la inexactitud al recordar está otro más grave y es la deformación o directamente: la auto mentira. Al contar a los demás nuestra vida procuramos que quede amena y chispeante por lo qué nos vemos obligados a “cargar las tintas” en algunas cuestiones, exagerar en otras y a omitir las inconfesables y vergonzantes. Cuando contamos varias veces como fue ya no recordamos lo que ocurrió en realidad sino nuestro discurso de los hechos. A medida que van pasando los años resulta que lo que recordamos no es nuestra vida sino la retahíla de versiones que hemos contado a los demás y a nosotros mismos. Por esto hace un tiempo que escribo pequeñas fichas sobre lo que fue procurando ser exacto. Debe de ser una cuestión de la madurez. De la dignidad.Uno de los síntomas inequívocos de que la crisis ya está aquí es una sutil y gradual perdida de dignidad de los afectados. Hay que tener una determinada posición social además de la actitud (con “c”) y la aptitud (con “p”) desde donde ejercer la grave dignidad de los que pisan fuerte, de los que exigen ser servidos pronto y bien en un bar o un restaurante.Los nuevos pobres intentan desesperadamente no parecerlo e intentan mantener la compostura, pero dificilmente lo consiguen.Como dice un dicho popular: "hay tres cosas muy difíciles de ocultar: el dinero, la salud y los elefantes". Por el contrario nadie suplica con dignidad, esto es una obviedad, por lo tanto la dignidad es una cuestión esencialmente de posición económica. Se me dirá que hay muchos ricos ostentósamente indignos y muchos pobres que poseen la regia dignidad de la austeridad. Y sí, puede que tengan razón desde el punto de vista de lo novelesco pero la realidad es tozuda al respecto: la dignidad se pierde a la vez que el dinero. Pues bien: hoy sin ir más lejos, una señora bien vestida, incluso con alguna discreta joya, le ha pedido en voz baja al pescadero las espinas y los despojos de los clientes anteriores. Y no ha comprado nada más. Por el volumen de su tono de voz, por el timbre sutilmente suplicante, he sabido que lo que lo que iba a comer esa señora hoy era una sopa de pescado y nada más. Se notaba que no era una indigente profesional, que lo de pedir lo hacía desde hace poco. Se le notaba que todavía no había aceptado la indignidad de su nueva situación. El pescadero le ha mirado a los ojos, ha comprendido y cómplice le ha echado un par de pescadillas de ración en la bolsa. He notado que ella ha estado a punto de recriminar al pescadero por echarle algo que no le había pedido. Pero se ha callado. Ha cogido la bolsa con rapidez y con la cabeza lo más alta posible, con su cardado de peluquería más alto que su cabeza ha dicho un “gracias” apenas imperceptible. A mí me ha parecido que justo en ese instante la voz se le quebraba por el llanto que como un vómito le subía desde la garganta y se ha ido lo más rápido que ha podido.
Esperad, esperad, malditos.“Danzad, danzad, malditos*”, es el título de la famosa película de Syney Pollak que retrata la gran depresión americana. En la gran depresión se montaban espectáculos que consistían en hacer bailar parejas de forma continua, día y noche, con sólo pequeñas pausas. La pareja que más tiempo resistía era la ganadora y recibía un premio en dinero. Gloria (Jane Fonda) y Robert (Michael Sarrazin) se conocen en ese lugar y deciden formar pareja. Están desesperados porque no tienen de qué comer. Mientras bailan al menos reciben comida, y si ganan podrán sobrevivir con el dinero del premio. Los que hemos visto la película recordamos la tremenda angustia de los protagonistas que continúan bailando hasta la extenuación. Pues bien, ya hace unos años que otra versión de este espectáculo cruel puede verse en la mayoría de las ciudades españolas. En definitiva se trata de ver lo que estan dispuestos a hacer los pobres por algo que necesitan. Me refiero a las ignominiosas colas en las que ciudadanos esperan días y noches para conseguir pisos baratos. Si se hiciese una película del inicio de la desaceleración de Zapatero (o la desaceleración de Mendizábal por su magnitud) la crisis española bien podría titularse:” Esperad, esperad, malditos” y el argumento sería las penurias sufridas por unos jóvenes que para comprar un piso pasan semanas en una cola en la calle. Pues bien: así ha sido desde hace algún lustro el democrático y justo sistema empleado por nuestras administraciones para seleccionar a los que más se lo merecían. Pero bueno, qué le vamos a hacer, desde Larra la cola es inherente a los administrados españoles. Ahora bien lo que ya me ha tocado los huevos es que el promotor privado llamado por los medios de comunicación: El pocero bueno haya empleado el mismo método para que miles de parejas jóvenes le den ciento cincuenta euros contra la promesa de darles un piso cuándo encuentre un terreno que le regalen y lo construya. La desesperación de mis contemporáneos es tal para acceder a su derecho constitucional de poseer una vivienda digna que tragan con ruedas de molino y lo que haga falta. Obsceno es lo que ha hecho este señor, pero infinitamente más obsceno es lo que han hecho los medios de comunicación al difundir esta hipotética y muy discutible noticia. Además difundiéndola como “buena noticia”. ¡Tócate los huevos Manolin¡ Del último tabú.Con todo este asunto de la cúpula de Barceló que hoy se inaugura he podido constatar el profundo respeto que le tienen los periodistas al mundo del arte. Es como sí en las guías de estilo de todos los medios de comunicación estuviese reflejada la prohibición expresa de no tocar el asunto artístico. Este asunto lo dejan para las inextricables reseñas que de los eventos artísticos hacen los críticos de arte. Es casi una cuestión dogmática, casi como una nueva religión, como una nueva fe en la que el artista una vez conseguido el estatus suficiente oficiará de sumo sacerdote o médium entre lo sagrado y lo humano. Se podría convenir que el arte escapa a la necesidad de explicación obligatoria que desde Descartes viene siendo práctica común en nuestra cultura. Esta idea está mucho más asentada en nuestra cultura que la religiosa que pierde vigencia a cada década. Pues bien: resulta que yo no le tengo ningún respeto al mundo del arte. No se lo tengo porque hace décadas que lo conozco desde dentro y no salgo de mi asombro al ver el respeto generalizado que se le tiene desde fuera. Ninguno de mis colegas, más sensatos que uno, osará decir lo que yo digo, pero como ya estoy más que acostumbrado a decir solo, como los locos, pues lo digo y en paz. Ocurre un poco lo mismo con el casposo y ahumado mundo del toro, en el que los aficionados no ven ni el tongo, ni la sangre, ni las manipulaciones. Sólo ven la media verónica de Curro. Lo demás da igual, la media verónica justificará o hará perdonable todo lo demás, todo lo necesario para que el gesto estético se produzca. Sin embargo un servidor que es tan aficionado como el que más al hecho estético en general; sea en forma de media verónica, de cuadro, de película o de lo que sea; no está dispuesto asumir la tácita prohibición que para los actores de este sainete que es el mundo del arte parece estar impuesta. La prohibición de contar a los de fuera cómo es por dentro. Llevo haciéndolo, en mayor o menor medida ,desde que comencé a escribir en este blog y continuaré haciéndolo. Pérez Reverte hace diez años ya lo dijo."Pego" un blog de Julio Tejedor que a su vez hace referencia a un artículo de Pérez Reverte de hace diez años: Como ya sabéis suelo leer todo lo que cae en mis manos de Arturo Pérez Reverte. A veces, las más, gusta, otras no. Pero para eso se lee. Entre esas lecturas acostumbroa incluir la más ligera (por la extensión) de XLSemanal que en alguna ocasión, además, he comentado aquí. Ésta que literalmente transcribo a continuación no sé si la leí, desde luego yo no la recordaba. Circula como pólvora por la bloggosfera por lo que no cito a nadie en concreto. Nos hablaba el buen Arturo de "Los amos del mundo" haya por el 15 de noviembre de 1998, en El Semanal. Escribió lo siguiente: Jo, lo que es la historia...
Si nada importante se puede decir...Si nada importante se puede decir que no sepa ya todo el mundo, ¿por qué algunos nos empeñamos en decir y decir, y volver a decir.? Si es porque ignoramos lo que los demás ya saben: somos unos necios. Si es porque creemos saber más que los demás: somos unos estúpidos Si es porque nos gusta que los demás nos lean: somos unos fatuos. Si es porque no lo podemos remediar: somos unos adictos Si es porque creemos tener algo importante que decir: somos unos engreídos. Si es porque nos pagan: somos unos embaucadores. Sin más que añadir se despide, el necio, estúpido,adicto, fatuo, engreído y aprendiz de embaucador, Pepe Cerdá. De un bobo o de muchos bobos.Nuestro presidente de gobierno nos trata y se dirige a nosotros, su pueblo, como si fuésemos niños. Cree que ser feliz consiste en negar el infortunio, en negar la desesperanza. Cree que así nos protege. Es por nuestro bien por lo que nos oculta la gravedad de la situación. Quiere tranquilizarnos. Sólo mientras nosotros estemos tranquilos él y los suyos seguirán siendo nuestros jefes. Por eso dice que no va a dejar a nadie a su suerte. ¿Pero como se atreve a decir esas bobadas?.¿Cómo va a impedir que a cada uno nos toque nuestra “suerte”?. ¿Con qué dinero va a pagar nuestra ruina?. Recuerden, no obstante, aquello de Tácito: “Sólo en el riesgo está la esperanza”
Del recuerdo del futuro.Recuerdo perfectamente el futuro. Lo que no puedo vaticinar es el pasado. Nada de lo que fue es. Sin embargo los fantasmas almacenados en los pliegues del cerebro, tal y como los ácaros se refugian en los pliegues de las cosas, pretenden visitarme cada día. Esos fantasmas que no son sino serotonina. Esos fantasmas vencibles con otro simple fármaco quieren apoderarse de mí y de mi conducta. Sólo las cosas son si serán. Sólo el anhelo es posible. Vete a la mierda pasado mío. Dicho sea con todos mis respetos. |
pepe-cerdaPINTOR; !PINTA Y CALLA!
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