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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2008. Resumen
De decirCuando se intenta decir “Verdad” (digo “Verdad” no confundir con “opinión” ni con otras majaderías demócratas) cuanto más se dice, más se destruye. Para decir “Verdad” no hace falta hablar y mucho menos escribir. Aunque dudo de que alguien esté verdaderamente interesado en saber la “Verdad”. Una miajeta de paralísEn un bar del barrio del Gancho mientras tomo un café veo entrar a un parroquiano con medio cuerpo paralizado. Por el modo y por los comentarios con los que es recibido por el resto de los habituales sé que acaba de salir del hospital tras pasar un largo periodo de tiempo. Deduzco que por una hemiplejia.
-¿Qué te pongo Aurelio?
Con la voz gangosa por tener medio labio paralizado Aurelio le responde: -Lo de siempre. Un par de huevos con chulla, un palmero de vino rancio y luego el cararjillo y la “faria”
- ¿Pero Aurelio...?. ¡Qué te acaba de dar un patatús!. No te ha dicho el médico que nada de grasas, ni alcohol, ni tabaco.
- No querrás que me acojone por una miajeta de paralís...
De la piel de los objetos.Los objetos que llevan ya un tiempo en el mundo adquieren una patina inimitable. Es el aspecto de la “piel” de las antigüedades. Es ese bello tono que adquiere la madera o el metal mil veces resobao de las viejas herramientas. He comprado centenares de objetos de todo tipo en los rastros de medio mundo solamente por poseer esta especial patina a la que he sido muy sensible. Cuándo se sabe reconocer el verdadero efecto del paso del tiempo sobre los objetos es extremadamente difícil que se le dé “gato por liebre” a un comprador. Sólo el apresurado turista, el “enteraó”, el que aprende por correspondencia o el que se fía más de lo que oye o lee que de lo que ve con el corazón, es susceptible de ser timado al adquir un objeto antiguo. Los objetos verdaderamente antiguos irradian una energía inconfundible. Últimamente me ocurre que descubro esa especial patina, ese tono inconfundible de las cosas con solera no en objetos de almoneda o anticuario sino en objetos que yo mismo adquirí nuevos. Que adquirí hace ya el tiempo suficiente como para que alcancen el grado de objetos con vida vivida. Objetos que yo mismo compraría en el rastro y que acariciaría imaginando como fue el que los estrenó al que supondría muerto y enterrado. Entonces, cuándo me recuerdo a mí mismo cuando niño abriendo ilusionado la navaja por primera vez, esa misma navaja que ahora me mira desde el fondo de un cajón, con su latón oxidado y su acero ennegrecido y sus cachas de hueso... entonces, digo, siento de súbito que el paso del tiempo no es ninguna broma. De la actividad profesional.Si se pudiera sacar una licencia fiscal de comensal sería la que yo, en justicia, debería de tener. Me he dedicado profesionalmente a comer con unos y con otros desde hace décadas. Ha sido en los miles de ágapes de hermanamiento donde se ha desarrollado en verdad mi profesión. Discúlpeseme el ser tan sincero, sé que puede molestar pero ya es hora de decir la verdad: del mismo modo que los adultos saben que los reyes magos no existen han de saber que el trabajo artístico consiste fundamentalmente en tejer una buena red de relaciones susceptible de sustentar al artista (sustentar en todos los sentidos, se entiende) y esta red de relaciones se consigue básicamente de dos modos: o dando mucha pena, cómo la Madre Teresa de Calcuta, cómo la legión de alfeñiques atormentaos que pueblan mi oficio, o dando mucha risa, es decir haciendo gracia. Para hacer gracia de verdad es imprescindible ingerir lenitivos hipercalóricos , cuantos más se ingieren, más gracia hacen las cosas.
Llevo años intentando explicar a mi médico y a mi gestor que mi sobrepeso, mi nivel de glucosa, de transaminasas y de colesterol son claramente los síntomas de una enfermedad profesional. Y se ríen, porque creen que es un chiste. Ellos ya aprobaron su oposición y el dinero les viene vía salario por el mero hecho de estar vivos e ir unas horas a un sitio dónde ya saben lo que tienen que hacer.
Yo no tengo ni puta idea de qué hacer para que por métodos no delictivos conseguir el dinero suficiente para pagarme el vicio de hacer cuadros. Por eso almuerzo y vuelvo a almorzar con fulano y con zutano, que me presentan a mengano, que a su vez quiere pintar un enorme mural en su fábrica pero duda entre el modosito pintor que le da mucha pena, sobre todo a su mujer y un servidor, al que ve grande y desaforado. Al final casi siempre elige al que le da pena pero yo le suelo caer mucho más simpático, porque soy más como él y necesito menos ayuda que el que le da pena, al que encuentra mucho más desvalido, y entonces yo me empeño en pagar la comida y las copas, que para esto chulo soy un rato, y vuelvo a casa a las tantas y veo una luz que porta un hombre con gorra y vestido de verde que me ordena parar el coche en el arcén y me dice:
- Buenas noches. Sople por el canutillo hasta que yo le diga.
¿Se me estará agriando el carácter?El otro día en una inauguración un bobo grandón con voz impostada, como de entendido, me dijo para comenzar la conversación:
-Me interesa su obra pero la encuentro tremendamente irregular.
Normalmente sólo lo pienso pero aquél día lo solté:
-Es que los que son regulares son los Donuts y esos artistas tan limitados que se autocopian y que son tan rentables porque hasta los tontos como usted reconocen sus obras.
Se volvió y dio por terminada la conversación. ¿Se me estará agriando el carácter?. De la importancia de la muerte.La muerte es un suceso absolutamente natural, por lo tanto banal y de escasísima importancia, al menos en términos relativos.
Los seres humanos hemos sobredimensionado este asunto hasta límites tragicómicos. Tendemos a explicarnos nuestra vida y nuestro final en términos epopéyicos cuando en realidad no es para tanto. Se ha de aceptar con naturalidad el infortunio y la enfermedad, sólo así podremos ser verdaderamente libres mientras estemos sanos. La religión católica no nos ha ayudado en este sentido. Se nos ha inculcado el pecado original y la culpa de todo lo que nos acontece, sea bueno o malo, cuando en realidad somos responsables o culpables de poquísimas cosas.
Tan sólo somos animales climáticos y circunstanciales.
Cómo dijo Vicente Pascual Rodrigo, que en paz descanse.
Cuando venga la muerte me dirá: -Ya está. Y le diré: -¿Ya está? Y me dirá. -Ya está.
Creo que es uno de los mejores poemas de esta última década. |
pepe-cerdaPINTOR; !PINTA Y CALLA!
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