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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006. Resumen
EspeculacionesHoy he escuchado por la radio a un científico que decía que la imaginación era la herramienta fundamental de los servidores de la ciencia, que primeramente se había de intuir el camino a seguir y luego demostrar que lo intuido era cierto. Este científico, a mi parecer, confundía “especular” con “imaginar”. Lo que hacen los científicos es enunciar predicciones que luego “ocurren” experimentalmente, o explicar razonablemente fenómenos habituales, para hacernos creer a los demás que la lógica es el único modo de domesticar al mundo. La imaginación, para mí, es cosa muy distinta a lo que contaba el científico por la radio. La imaginación es un instrumento infantil para crear un mundo intermedio entre el que se le impone al niño desde los padres, el colegio y la gramática( y las cosas todas que conforman la “educación”) y su propio universo precognitivo nacido al tiempo que su cuerpo en el seno materno. A medida que el niño va creciendo la imaginación se va domesticando y se va contaminando de elementos del mundo impuesto como cierto por la sociedad, y el niño termina por convertirse en un ser adulto aparentemente normal; con sus principios morales, opiniones formadas, posicionamiento político, licencia fiscal y todo lo necesario para que en esta sociedad no te metan en la cárcel ni en el manicomio. A algunos, unos pocos, de los adultos considerados “normales” se les deja seguir imaginando para abastecer el mercado que de cosas fantásticas precisan los aburridos seres sometidos a civilización. Estos son básicamente los artistas (y todos sus derivados modernos :los diseñadores, modistos, grafistas, creativos, etc, etc,). A menudo, por no decir siempre, estos que suelen hacer gala de su desbordante “imaginación” no hacen otra cosa que impostar el personaje que los demás les exigen y (al igual que el científico) especular con soluciones que a los demás les parezcan imaginativas, cuando en realidad no son mas que relecturas de lo de siempre, que como los demás desconocen les parecen originales y geniales. A mi la imaginación aplicada a las artes, y en nuestros días, me parece algo peligrosísimo. Sirve para crear a Espinete o cachivaches para los parques temáticos, pero no para intentar traducir el mundo a razón o emoción. El mundo es lo suficientemente maravilloso y nuestros ojos tan insuficientes para verlo, que con fijarnos con un poco más de ahínco que los demás en lo que normalmente vemos, ya tenemos algo ante nosotros infinitamente superior a toda la imaginación humana. Sobre todo a la falsa imaginación de la que suelen hacer gala los "creadores", que como en todas las habilidades humanas: más vale no tener ninguna, a no tener la suficiente. Como decía Goethe: “Hemos aprendido que hasta los ojos necesitan de la imaginación para ver”
Gramática parda.Manolico era el tonto de Daroca. Ser “el tonto” era un puesto perfectamente definido en los pueblos hasta hace muy poco. Solían hacer los recaos y eran muy saludadores, sobre todo a los desconocidos. Por eso, reír las gracias a los recién conocidos es un claro signo de estupidez, o como mínimo, de sumisión por estos lares. En los eventos sociales es muy habitual encontrar a este tipo de personajes Son los que no se dejan a nadie por saludar con una mueca congelada, que aparenta una sonrisa, en la cara. Son los que han ido a la fiesta a “hacer contactos” y reparten tarjetas por doquier. Son el Saza vendedor de porteros automáticos en la magnifica película de Berlanga: “La escopeta Nacional”. Pero Manolico, el de Daroca, era distinto. A diferencia de la mayoría de los tontos, él sabía que lo era, sabía el lugar que ocupaba. Los parroquianos del bar por donde deambulaba, también sabían el lugar que ocupaban: eran “los listos”. Por esto le solían gastar esta broma: -Mira ahí esta Manolico, ya verás que tonto es. ¡Manolico, ven un momento! Manolico se acercaba solícito y sonriente. El parroquiano se metía la mano en el bolsillo y elegía dos monedas. Una de duro y otra de peseta. Ponía cada una de ellas en las palmas abiertas de sus manos y le decía: -Manolico. ¿Qué prefieres: el duro o la peseta? Y Manolico escogía la peseta, para gran regocijo de los clientes el bar. Manolico sabía que el día que escogiera el duro dejaría de ser el Tonto de Daroca y de vivir de eso. La postura de los artistas ante los poderosos es un poco así. Los poderosos tienen prefijado un arquetipo de artista: despistado, despreocupado por el dinero, siempre obsesionado por su trabajo etc...Y gustan de hacer comentarios en público al respecto de sus protegidos del mismo tono que los que le hacían al tonto de Daroca. Los artistas si no son verdaderamente tontos (que los hay abundantemente), se lo hacen, para no defraudar al bravucón mecenas y hacerle quedar bien ante sus amigos. Esto, poco más o menos, es lo que los americanos llaman Master en Marketing, y cobran una pasta. Pero yo les regalo gustosamente el Teorema del Tonto de Daroca para su libre aplicación a la vida y los negocios. La “gramática parda”, al contrario que el “marketing”, no se cobra y es patrimonio de la humanidad. Salud.
¿Porqué pondrán esa cara?¿Porqué pondrán esa cara?.
No termino de entenderlo. Me refiero a la cara de ser extremadamente importantes que ponen algunos agentes culturales de mi ciudad. Hay de varios tipos: está el pequeñajo, con gafas que procura no saludar al tiempo que pasa lo más cerca que puede, estirando la barbilla hacía delante y que suele portar camisas imposibles; el cargado de espaldas y con el periódico pegao al sobaco que mira mohino desde su cabeza que parece salirle del pecho; la de las greñas y las sayas que cree ser la mirada más sagaz de la ciudad; el grandón vestido de negro con voz de actor de cuarta, que va de galerista y que se dirige a uno como si el tonto no fuera él. Son los que están en el secreto del arte en la provincia. En cualquier evento donde coincidan es muy divertido ver como evolucionan por la sala, como rebotan entre ellos como las bolas de billar, como se crean grupos a su alrededor, como disciplentemente van despachando con sus inferiores mientras miran para otro lado. Sus inferiores son la practica totalidad de la humanidad, salvo los que ejercen el poder político y económico, sus empleadores naturales, los únicos que pueden convertir en pasta sus vastos conocimientos y su capacidad de discernir entre la paja y el grano. Entonces y sólo entonces cambia la expresión de sus caras, que se torna solícita y sumisa. Ríen los chistes que a bien tenga contar el potencial empleador, y lo que haga falta. Pero en que desaparecen sus interlocutores naturales vuelven a mudar su rostro, como en las películas de zombis, como si les desactivaran su capacidad de ser simpáticos, para volver a poner la cara de tontorrón. ¿Pero, es obligatorio poner esa cara? ¿No podrán realizar su santa misión sin poner cara de indio tomando bicarbonato? |
pepe-cerdaPINTOR; !PINTA Y CALLA!
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