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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006. Resumen
Mono cibernético.He hecho el cartel que anunciará el octavo congreso de periodismo digital, no puedo colgarlo todavía porque aún no ha sido presentado en sociedad. El cartel representa a un mono tecleando en un ordenador portátil. Escribí, también, este pequeño texto de presentación: El hombre de hoy se cree mucho más importante que el de ayer por cuestiones tan tontas como poner el culo en un Mercedes, activar el inalámbrico con la voz, descargarse películas de Internet y por todo ese mundo mágico, por lo tanto incomprensible, que nos han traído las nuevas tecnologías. Pero, en realidad, nunca había sido tan poca cosa, ni había sido tan ignorante del funcionamiento de las herramientas que usa cotidianamente. El hombre se distinguió primigeniamente de sus primos los animales por su capacidad de construir útiles y por su destreza para manejarlos y defenderse con ellos de la naturaleza. La complejidad de estos útiles ha ido en aumento desde entonces, pero no obstante, hasta hace muy poco, podíamos hacernos una idea de su funcionamiento. Más o menos hemos sabido como funcionaba el motor de explosión, o como se ha ido a la luna (con hierro y fuego, al fin y al cabo). Pero con esto de los móviles y los ordenadores, ya no nos aclaramos. La distancia entre el hombre y el útil de manejo cotidiano nunca había sido tan tremenda; de ahí su poder hipnótico y su capacidad para engancharnos. Es sabido que tendemos a adorar lo que desconocemos. En el cartel del octavo congreso de periodismo digital ha querido reflejar la paradoja de que ignoremos todo lo referente a nuestros útiles más cotidianos. De algún modo somos unos simios jugando con la azada recién robada al campesino neolítico. También ha querido recuperar una cierta estética (está realizado con acuarela, lápiz y tinta china) alejada de los trabajos realizados por ordenador, para anunciar, precisamente un congreso de periodismo digital. Ya perdonaran.Figuras de chapa.Hay un herrero en Villamayor que gusta de construir con chapa figuras de animales. Luego las ubica en un terreno que tiene enfrente de su nave y las pinta primorosamente. Ya hay: un burro, un zorro, varios conejos y una cigüeña; todos de tamaño natural. Se pueden ver desde la carretera que bordea el terreno. Yo los veo a diario cuando voy a comer al pueblo vecino, y me hacen reflexionar sobre el misterio que venimos llamando arte desde hace tanto tiempo. Me explico: En primer lugar son representaciones figurativas perfectamente reconocibles. En segundo lugar, la elección de los temas y el contexto donde están situadas, (delante de la nave) las convierten en algo simbólico, o como mínimo publicitario de las habilidades del herrero. Este primigenio simbolismo nos lleva a otro más cultural: a las primeras manifestaciones artísticas, las pinturas rupestres, los jeroglíficos egipcios, los signos heráldicos, etc. En tercer lugar hay un respeto, mimo, por el material empleado. La chapa ha sido trabajada atendiendo a las cualidades intrínsecas de la misma, y sin embargo se ha convertido en cosa distinta: en animal animado. En cuarto lugar, presentan una extraordinaria economía formal, una síntesis. Asombra los pocos y certeros pasos dados para que la chapa de hierro se convierta en burro, o zorro, o conejo. En quinto lugar la observación de las figuras desde el coche siempre provoca una cierta inquietud, ¿que hacen allí?, ¿a que responden?, ¿porqué han sido fabricadas?. En sexto lugar, nadie las ha encargado, las ha hecho el artesano atendiendo a intimas e inexplicables razones de orden estético; para satisfacer el deseo gozoso de hacer por hacer. Estas seis cualidades son aplicables sin excepción a cualquier objeto de los que venimos llamando artísticos y que ilustran las numerosas enciclopedias que sobre arte se han editado. ¿Porqué estas no son artísticas?, se podrá decir que porque son feas, porque el que las ha construido no es un “artista”, porque no han sido catalogadas como tal, porque no tienen el reconocimiento social necesario para que se conviertan en excelsas, ...y así podríamos seguir hasta aburrirnos. Pero todas las razones que podríamos argumentar serían circunstanciales, arbitrarias y subjetivas. Las objetivas: la representación, lo simbólico, el “mimo” en la ejecución, la síntesis, el misterio y la ausencia de encargo; si que las cumplen. Creo que no son arte porque el que las ha hecho no tiene el “sitio” de influencia (o de gestión) para que lo sean. No sabe como influir para forzar la mirada, y la ejecución, para hacerlas visibles desde el estrecho punto de vista desde el que se ve todo lo artístico. No tiene la “formación” necesaria para hacerse oír. No habla, ni comprende, la jerga artística. Sólo tiene el irrefrenable deseo de hacer por hacer.ExposiciónEl lunes expongo en Anciles. Un bonito pueblo que se une por una bellísima carretera de apenas un kilómetro a Benasque. Expongo junto al escritor Carlos Castán unos cuadernos de viaje que hemos hecho sobre el valle de Benasque. Lo mío son acuarelas y textos escritos a mano (las acuarelas también); lo de Carlos son textos a máquina acompañados de fotos de su amigo Luis Pita. Ambos trabajos se presentan en idéntico formato y barajados, de modo que las dos visiones sean una, o por lo menos eso se pretende. Habrá un bonito catálogo, si están por allí están invitados.Literatura y literalidadEn los últimos meses no he leído nada. Y la verdad es que no lo hecho de menos. Además, hoy he entrado en un par de librerías y no he comprado ningún libro, cosa que no conseguía desde hace décadas. Lo siento como una liberación. Desde que tuve conciencia, y me avergoncé, de ser un ignorante, siempre he andado leyendo un par de libros a la vez (que es la mejor manera de no enterarte de lo que pone en ninguno de los dos) y comprando, compulsivamente, todo lo que creía que pudiera interesarme o que a bien tuviese recomendarme el librero de turno. Este vicio ha dado como resultado unas estanterías atiborradas de libros cogiendo polvo y una confusión creciente en mi cabeza. Leer, sin orden ni concierto, ahora ensayo, luego divulgación científica, más tarde novela, o biografía, o poesía, o filosofía, creo que no me ha sentado nada bien. No sé (del verbo: tener una opinión formada), nada de nada. Como, además, tengo una memoria nefasta, no puedo ni recitar un poema, ni citar a algún autor, ni fechar ningún acontecimiento histórico; tal y como hacen, tan a menudo, mis contertulios en las cenas.Osea, que me he dejado la vista y la bolsa para nada. Yo lo que de verdad he hecho ha sido vivir, y meterme en líos, y salir mal parado, y bien, y regular. Pero como no estudié de joven por hacer las cosas que han de hacer los jóvenes, es decir: holgazanear, soñar y enamorarse. Intenté más tarde “formarme”, pero ya era tarde. Lo que de verdad sé, lo sé porque me ha pasado; o porque le ha pasado a alguien muy cercano. Lo libresco es como si lo hubiese soñado y no termina de preñarme. Que le vamos a hacer. En cualquier caso creo que sabrá más de fugas “el lute”, ahora Don Eleuterio Sánchez, que alguien que haya leído una docena de veces el Conde de Montecristo.CreatividadA una persona muy cercana a mí le han encargado dar un curso sobre creatividad. Ahora, en esta época insensata, en el que aprender es un derecho y no un deber, como hasta hace cuatro días, el encargo me parece complejísimo, ya que la responsabilidad de que los alumnos no se enteren de lo que se les cuenta recae actualmente en el profesor. !Vaya generación la nuestra!. De "la letra con sangre entra" a "la evaluación de la capacidad de enseñar calificada por alumno". Resulta que los alumnos que acrediten haber estado en el curso deberán conocer los íntimos y secretos resortes que activan el mecanismo que nos hace intentar emular a los dioses: la capacidad de crear. Y la persona que tiene que dar el curso deberá destripar el compacto y misterioso mecanismo que nos hace “inventar” para explicarlo por lecciones, y degradarlo a la categoría de ´”técnica”. Tal y como vienen haciendo las escuelas de “marketing” desde hace décadas. Sin darse cuenta que cuando este frágil, complejo y mitérico mecanismo se intenta desmontar ya no funciona, ni funcionará; del mismo modo que la vida no se puede explicar desde las autopsias de cadáveres, aunque lleven centenares de años diciendo lo contrario. Lo que se aprende descuartizando es de anatomía y nada de la vida que animaba aquella masa de carne y hueso antes de morir. El análisis de cualquier cosa, lo primero que produce es la parálisis, la muerte, de la cosa estudiada. Por esto, lo que los gitanos llaman duende; los poetas inspiración, los toreros gustarse en la plaza, los del Budu trance, ni se analiza ni falta que hace. La prueba de que todo esto es inextricable es la cantidad de estudios eruditos que se han escrito sobre la cuestión. Dicho esto ( que soy consciente que va contra la enciclopedia y lo cartesiano; y por lo tanto contra la modernidad misma) voy a intentar buscar algunos lugares comunes aplicables a lo que venimos llamando “creación” desde hace cinco siglos. - La moderna idea de “genio”, admitida hoy por todo el mundo, como aquél capaz de modificar la visión que se tenía del mundo hasta su aportación en el campo que fuere; no es más que la traducción de la idea de “Mesías” tan común en la mayoría de las religiones, es la idea “del elegido”, “del hijo de Dios”. El problema más grave que le veo a esta visón moderna es la ausencia de responsabilidad, ya que él no ha sido exactamente el autor. No ha hecho sino dejarse llevar por la inspiración, o por el mandato divino. Como Santa Teresa. - Otro asunto preocupante es, aunque resulte paradójico, el contrario: él y sólo él, tiene el mérito de haber tenido la idea genial (caricaturizada en la imagen de la manzana de Newton siéndole en la cabeza, olvidando lo que él mismo decía: “camino a lomos de gigantes” refiriéndose a los físicos que le habían precedido). Por lo tanto a él le corresponderá la gloría y los réditos que produzca tal idea, y cuando muera a sus herederos Olvidándose de las centenares de personas que le han ayudado a llegar hasta ella. - La creatividad entendida como la capacidad humana de construir cosas usando los elementos que nos brinda la naturaleza es inherente a la humanidad misma. Es una cualidad de los humanos. Es, en esencia, lo que nos diferencia de los animales. Mejorar los procesos de producción ha sido la ocupación fundamental de los humanos desde siempre. Por decirlo de otro modo: el hombre ha empleado su inteligencia, básicamente, para ahorrarse trabajo. - La creación por excelencia: la artística, es la que intenta recrear por medios artificiales lo que el hombre entiende por sublime. El concepto de sublime está copiado de la naturaleza. Sublime es todo espectáculo natural que nos sobrecoge intensa, íntima y agradablemente. Es la visión del cielo una noche estrellada, el crepúsculo desde la cima de la montaña, el sonido y imagen del agua de la catarata, la infinitud del desierto, etc...Es la belleza entendida como lo contrario del mal. El artista, además de con la imitación de los sublime, juega con otro factor para conseguir el asombro de sus congéneres: este factor es la pericia, tanto manual como intelectual, para engañar a los sentidos de los observadores de su trabajo. - La creatividad aplicada a la industria moderna se llama básicamente de dos modos: Ingeniería y Diseño. La ingeniería se ocuparía del funcionamiento eficaz de los artefactos, y el diseño de la bondad de las formas y de la ergonomía de los objetos que se proponen al mercado. El diseño debería, también, forzar al consumidor a elegir un producto determinado por su belleza en relación a otro similar; así como la ingeniería lo hará por sus mejores prestaciones con respecto a otro homólogo. Dicha esta perogrullada, diré que no se diferencia en gran cosa el modo esencial de trabajar, o mejor dicho de reflexionar, del ingeniero, del diseñador, del compositor y del artista. Lo primero que han de aprender es a dejarse llevar por las ideas más descabelladas e insensatas, llegar hasta el fondo de la sinrazón y luego intentar construir un camino razonable para llegar hasta el sitio que la locura les ha llevado. Así se ha ido a la luna por ejemplo: gracias a que Julio Verne “soñó” y contó en una novela lo imposible en su época, la NASA se empeñó en ir un siglo más tarde. La herramienta fundamental del creador es pues: la osadía. - Hay otro tipo de moderna creatividad, la de la moda, que es muy interesante y primigenia. Me explico: las causas por los que toda una colectividad prefiere unos modos a otros, y al unísono, siguen siendo un misterio incluso en nuestros días que todo se intenta manipular y preveer. Las grandes compañías de la industria del lujo, de la cosmética y de la ropa, siguen nutriéndose para sus estrategias de producción de los informes de los cazadores de tendencias. Estos no son otra cosa que unos individuos jóvenes que viven y participan en las grandes ciudades de los fenómenos que diferencian a cada generación de la anterior. La “tendencia” hacia donde se dirigen los gustos ha de ser detectada cuanto antes para determinar la producción de objetos con que se distinguirán de sus mayores. Este tipo de creatividad coral u objetiva está perfectamente diferenciada de la creatividad individual y subjetiva del artista. No hubo un “mesias” del movimiento y estética Hippy, ni de la Punk. Y mucho antes tampoco lo hubo para el Gótico o el Románico. Fue todo un pueblo el que (del mismo modo que los bancos de sardinas) cambió de “gusto” al unísono (si se me permite emplear el término gusto, claro está, para referirme a estilos tan importantes como el Gótico o el Románico) y en relativamente muy poco tiempo( hay un libro: “Rastros de carmín”, de Greil Marcus, publicado por Anagrama que explica muy bien esta cuestión). Esto es lo que se me ha ocurrido y a bote pronto sobre esta cuestión. Ya perdonaran.Texto para Charo.Hace un tiempo me llamó una amiga pintora (y sin embargo alumna) para que le escribiese un texto para el catálogo de una exposición (la primera de cierta importancia, creo) que inaugurará el próximo viernes primero de Septiembre en el Hotel Boston. Esto es lo que salió: Decir que conozco a Charo como pintora es decir poco y es inexacto. Yo de Charo sé. Sé cual es su compromiso con la pintura, con la suya y con toda la que en el mundo se haya hecho. Sé como la vive y como la practica. Sé del vivísimo interés con el que se enfrenta a cada cuadro. Lo sé porque tiene la gentileza de compartir todo esto conmigo cada jueves desde hace tres años. Cada jueves a las diez tengo una cita con pequeño grupo de pintores que aman su quehacer. Son lo que bien dicen los franceses “amateurs”, y que aquí se traduce impropiamente como “aficionados”, cuando el sentido literal del término es “amadores”. Es decir personas capaces de amar, en este caso de amar su trabajo, como se debe amar: con entrega absoluta y sin límites. De entre todas ellas, Charo es una de las que más se le nota que esta viviendo lo que hace. La que acomete los problemas más complejos con la determinación de llegar hasta el final. Cueste lo que cueste. Enfrentándose, cara a cara, en cada cuadro al fracaso, como debe de ser. Charo y mis demás amigos de cada jueves no sé si saben el bien que me hacen. Yo no soy un “amador”, soy un profesional, algo que es un sinsentido u oxímoron cuando se aplica a las cosas del alma, de la piel para dentro, y que llevo tan buenamente como puedo arrastrando contradicciones como castillos. Tener licencia fiscal, tarjeta de crédito, plazos que pagar con el producto de la osadía de intentar hacer arte, es una barbaridad. Máxime cuando no sé lo que es el arte, ni en que consiste y mucho menos como se hace sistemáticamente, tal y como se me exige desde la estructura que se me ha impuesto. De eso que llamamos arte, lo único que sé es reconocerlo cuando lo veo, casi siempre hecho por manos ajenas. Mi trabajo principal es pues, intentar aislarme lo suficiente para que el milagro de la obra de arte se produzca, si ello quiere, claro está. Dejar de pensar para ser, intentar parar el mundo para existir; y para esto la única vía es amar el oficio, y a los que lo hacen, y lo han hecho. Por eso sigo intentándolo, porque sigo amándolo, porque soy un “amateur”, un “amador”, que soporta precariamente su estructura “profesional”. Me defiendo como puedo del mundo, en especial del mundo del arte, con las únicas armas a mi alcance: con la ironía y el descreimiento. A seguir intentándolo se me ayuda cada jueves, cuando doy, en teoría clases de lo que no sé; y se me contagia con una dosis de la extraña pócima que hace amar la pintura. Charo hoy hace una exposición. Es decir se “expone”ante los visitantes, ante la crítica o el elogio, y da un paso, aparentemente lógico, hacia la “profesionalidad”. Yo me siento tan orgulloso como preocupado. Sé lo que significa para ella una exposición de esta magnitud. Sé el titánico esfuerzo realizado para la ejecución de los cuadros. Sé del pánico escénico de una muestra de este tipo. Y desgraciadamente, sé también de la banalidad con que se miran las exposiciones en nuestros tiempos. Sé como todo el mundo corre en socorro del vencedor, como alaba lo que le dicen que debe alabar y como desdeña lo que no comprende y de lo que no ha recibido instrucciones de uso. Por esto les pido que miren estos cuadros como lo que son: son el honesto y sincero intento de traducir el mundo, su mundo, a pintura y esto merece el máximo de los respetos. Pepe Cerdá |
pepe-cerdaPINTOR; !PINTA Y CALLA!
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