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Resumen

Arte y vida

Papa.jpgEn esta cultura del analgésico en la que vivimos todo lo que no es saludable debe esconderse, no sea que nos comencemos a plantear la futilidad de todo esto y empecemos a gastarnos los planes de pensiones.
Por esto ha sido excepcional la visión de la agonía en directo del último gran príncipe, el Príncipe de la iglesia, nuestro Papa.
La foto, desde el punto de vista plástico, es impresionante, a la altura del Inocencio X de Velázquez, de los mejores Francis Bacon, del mejor Munch, y además lo que vemos es real, no figurado, como en el caso del arte.
Esta imagen es uno de los mejores retratos, de la muerte y del príncipe, que se han hecho jamás. Algo parecido, como imagen, a la capilla sixtina del arte conceptual, las imágenes del atentado contra las torres gemelas. Ambas, además de trágicas y de gran belleza plástica, estaban ocurriendo cuando las vimos. Ello hace que su potencia, ya por sí misma colosal, se amplifique conceptualmente.
Esto hace plantearme, una vez más, la vigencia de la pintura como vehículo capaz de transmitir emociones, vistas o soñadas; concretas o inconcretas. Y al tiempo no puedo apartar la vista de esta foto.
01/04/2005 16:23. #. Hay 12 comentarios.

Taller de pintura.

Hace un tiempo me propusieron dar un taller de pintura y esto es lo que contesté.

Taller de pintura en los tiempos de las games boys

La pintura es una cosa que ciertos hombres se ocupan en hacer desde el principio mismo de la humanidad. El primer hombre lo fue porque tuvo miedo y memoria. Miedo a la naturaleza y memoria para contar a sus descendientes cómo se defendió de ella. Algunos, algo más tarde, se entretuvieron en garabatear en las paredes de las cuevas cómo se cazaba y cómo eran las presas. La diferencia entre el animal y ellos, era que ellos podían pintar al animal, figurarlo, exorcizarlo, imitarlo y el animal no.
Lo que pretendo decir es que la pintura es inherente al hombre desde el principio. Del mismo modo que lo es el miedo congénito a existir, cuna de la religión; la necesidad de fantasear para eludir su circunstancia y tantas y tantas fantasías que pueblan nuestra existencia.
Desde la aparición de otros medios de representar imágenes por medio de la óptica, de la que se servia la pintura desde el renacimiento, y traspasadas a soporte por medio de impresiones sobre soportes embadurnados de productos químicos sensibles a la luz, primero, y a soportes digitales después, se habla de la muerte de la pintura, por lo menos la realista, o por lo menos de su ineficacia para decir verdad. A mí me parece que dada su cualidad primigenia tiene el sitio entre nosotros más que ganado independientemente que pongamos el culo en un burro o en un mercedes para desplazarnos.
Casi todas las academias de pintura que visito tienen algo de rancio y no solo por el aceite de linaza. Es como esos hombres y mujeres que a partir de una cierta edad se siguen arreglando pero ya sin esperanza de seducir. Hay una especie de abandono, de intimo convencimiento de que ya no hay sitio. Esto, a menudo, se suele confundir con lo que los franceses llaman charme, pero no hay nada que tenga menos encanto que la sumisión a una situación que se da por perdida de antemano.
Por lo tanto mas que un programa lo que te propongo son unos cuantos puntos de los que partir (si es que acepto tu proposición).

1-El ejercicio de la pintura no es un entretenimiento ni una terapia, es un camino de conocimiento, un acercamiento al origen.

2-Pintar es traducir lo que nuestro cerebro cree ver, y después comprender, a pintura. Y no al revés, es decir intentar traducir la pintura a realidad. Un error muy común.

3-Al ponerte delante de un soporte e intentar contar lo que se ve (hacia adentro o hacia fuera) te pones en la tesitura primigenia y por lo tanto en inmediata comunicación con los que lo han hecho desde el principio de los tiempos. Por esto el más eficaz método de aprendizaje es intentar hacerlo por ti mismo y después comparar el resultado con la obra de maestros que te han precedido y copiarles las soluciones.

4-No hay ningún plazo que cumplir, ningún curso que aprobar. Cuando se quiere ir
algún sitio, mucho más importante que la decisión en el paso, la velocidad o las etapas, es el rumbo. Mi intención será pues ayudarles a decidir el rumbo.

5- No tengo ni idea, aunque si capacidad para mentirme y mentirte, de qué modo exacto llevar a cabo los puntos anteriores. Eso que se llama programa o memoria de actividades tan necesario en la administración como inútil en la vida no ha sido una de mis preocupaciones. Comprendo que te haga falta, pero yo ya no tengo ganas de mentir.

Me debato entre las ganas de contar lo que sé y la aceptación de los cursos que me propones. Nunca me ha contratado nadie y supongo que en el fondo es pudor.
Yo nunca he sabido dónde iba a estar todos los miércoles con un año de antelación y mucho menos cuánto me iban a pagar. Perdóname que comparta contigo mis dudas cuando lo que a ti te hacen falta son certezas. Yo soy un animal, como todos los hombres, cansadizo e inconstante.

Pepe Cerdá
06/04/2005 11:36. #. Hay 12 comentarios.

AIRE DE TORMENTA

tormenta.jpgParece que viene aire de tormenta. Mi abuela decía que la brisa que antecede a las tormentas es muy mala, que a no sé quién se le quedó paralizada media cara por exponerse a ella. A mi, sin embargo siempre me ha parecido muy agradable y de momento no tengo nada paralizado (toco madera mientras afirmo esto). Los momentos que anteceden a las tormentas son muy especiales, los animales se ponen nerviosos, la naturaleza toda se muestra expectante ante algo que la excede. Supongo que de ahí venía la afirmación de mi abuela.

Eso que ahora creemos domesticado y que llamamos electricidad a veces se manifiesta por si mismo en todo su esplendor y hace acallar toda nuestra soberbia. Ahora ya no ocurre tanto, pero antes casi indefectiblemente con cada tormenta había un “apagón”. La televisión, la radio, la nevera dejaban de funcionar y se sacaba la palmatoria con la vela y el tiempo se detenía. Mi abuela rezaba, los truenos nos hacían enmudecer y mi padre decía: “enseguida se pasa”. Ver los enseres domésticos a la luz de una vela los tornaba fantasmagóricos, las sombras de nuestras cabezas se proyectaban sobre la blancura de la cocina (es curioso siempre nos juntábamos en la cocina) y tensos y expectantes esperábamos que la “luz” volviera. Cuando súbitamente todo empezaba a funcionar simultáneamente, la nevera con su sonido característico, la radio y la tele y todos los ruidos que cotidianamente nos acompañan y que no oímos, era como volver a escuchas el latido del corazón de la madre desde el útero.

La dependencia de la electricidad no ha hecho sino aumentar en estos últimos años. Hoy un apagón tiene consecuencias desastrosas, toda la información no guardada del ordenador, todos los alimentos ultra congelados del arcón congelador… En definitiva todo lo que creemos poseer y que guardamos celosamente, (como en los graneros antiguos, como el almacén de proteínas que eran los animales de granja, paradigma del hombre neolítico), depende de que el fluido eléctrico no se interrumpa.

Ahora, como decía mi abuela, con un apagón fruto de una tormenta, no solo se te paraliza la cara, sino el alma y la memoria. Grandioso modo de ser el de la electricidad en libertad.
07/04/2005 18:30. #. Hay 2 comentarios.

Funeral

Funeral del Papa.jpgLo del funeral del Papa ha excedido con mucho lo esperable, o por lo menos lo que yo recordaba de los dos últimos funerales que de Papas vi hace ya más de un cuarto de siglo: el de Pablo sexto y el de Juan Pablo primero. Recuerdo, más o menos lo de la fumata, pero del funeral propiamente dicho, nada de nada.
He de reconocer que, como espectáculo, me ha gustado, el féretro simple y de ciprés, el viento pasando las hojas de la Biblia puesta encima, los cardenales de los ritos orientales, la cadencia de la liturgia, el puesto principal y la actitud de los Reyes de España, distendida al tiempo que grave cuando tocaba. Rodeados de una nutridísima representación de líderes políticos de medio mundo y de una impresionante masa de fieles desplazados desde todos los lados, la mayoría de estos jovencísimos.
Esto no se puede explicar solamente por el tratamiento informativo de la enfermedad y muerte del Papa. Cierto es que ha sido importante, al menos en España, pero si lo ha sido es porque las audiencias así lo han demandado, y si lo han demandado es porque así ha sido diagnosticado por los cazadores de tendencias que marcan la dirección de nuestras modas. Se ha de reconocer una vuelta a ciertos valores de la una parte importante de la juventud del mundo desarrollado. Así es, aunque a los de mi generación nos parezca inaudito o incomprensible, hay algunas cuestiones que parecían superadas, o como mínimo obsoletas, que están resurgiendo con gran fuerza. Es como una vuelta tecnificada a los modos de ver medievales.
Los que somos hijos de los Hippies y contemporáneos de los Punks, al único que vimos morir en directo al unísono fue a Sid Vicious, y desde luego lo que estaba fuera de nuestra imaginación es que nuestros hijos pasasen veinte horas en cola y otras tantas de autobús para pasar un segundo ante el cadáver del Papa.
Cosas de esta tardoposmodernidad que no hace sino sorprenderme día a día.
08/04/2005 13:20. #. Hay 6 comentarios.

Miguel Mena. El escritor con el ego domesticado.

Miguel Mena.jpgUn hombre que camina es un hombre que cavila. Nótese que digo cavila, no digo piensa, ni digo reflexiona, ni digo reza. Entre estas palabras, aparentemente sinónimos, existe ,más o menos, la misma distancia que entre los términos platicar y conversar. El cavilante, además de andarín, es, casi por definición, un platicante, con los otros y consigo mismo, es decir: del mismo modo que el verdadero caminante camina sin rumbo, el cavilante que platica no busca llegar a un fin en la conversación, no quiere imponer su criterio; al contrario, lo que quiere es sorprenderse con lo que dice, al tiempo que lo dice. Ese es el juego, dejar que las ideas den vueltas por la cabeza sin destino ni fin. Es, precisamente por esto, por lo que que la cabeza es redonda, para que los pensamientos puedan cambiar libremente de dirección.
Miguel Mena es, además de todo esto, un periodista, es decir, un escritor con el ego domesticado, que es el mejor modo de tenerlo. Pero un periodista de los de verdad, de los de antes, con perdón; un periodista como Camba, como Chavez Nogales, como Gómez Carrillo; y sobre todo como Pla, y como su maestro Pio Baroja.
Un periodista de los tiempos en los que la imagen gráfica no estaba desarrollada y era el prosita el encargado de llevar al lector al sitio desde el que empezar a contar. Del mismo modo que Gomez Carrillo te hace pasar calor en el Cairo, o Pla te mece en el traqueteo del autobús, Mena te hace caminar y te hace ver las cosas mil veces miradas pero nunca vistas en nuestra ciudad y su entorno. Aquí es donde se acerca más a Pla, puesto que el “viaje” de Mena no es por parajes exóticos, o recién conocidos. Es justo lo contrario, él viaja por el recorrido mil veces transitado. Cuenta que gusta de tomar café en la cafetería del Hotel Ibis, justo enfrente del Pilar, al lado del puente de Piedra, donde puede sentirse como un recién llegado y mirar su ciudad con los mejores ojos. Con los ojos del extranjero.
Cuando el escritor con el ego domesticado habla de Daniel, su hijo, ha de domesticar también al padre, para, que de este modo ocurra lo único que ha de ocurrir y es: narrar las cosas, los hechos y los sentimientos desde el único modo posible y al tiempo, paradójicamente, de un modo inusual en la literatura más al uso: desde la máxima objetividad. Así simple y llanamente, como lo hacen los periodistas, los buenos periodistas. Sin impostar el discurso, sin opinar. Mantener la distancia en este caso, es especialmente meritorio, nada más fácil, y más humano, que excederse y caer en la tentación de cargar las tintas, cuando se habla de padres o de hijos.
Este “modo de mirar” es el verdadero protagonista del libro de Miguel Mena titulado “1863 pasos” y que, aparentemente, es un libro de viajes.
Narra tres marchas:
La primera siguiendo la línea férrea del antiguo ferrocarril de Utrillas. De la estación de Zaragoza, ahora disfrazada impúdicamente de centro comercial, que tiene algo de animal disecado y convertido en objeto, como las guitarras hechas con caparazones de armadillos que suelen traer los turistas como trofeo tras un viaje a Sudamérica, a la estación de Utrillas, dignamente en ruinas y en desuso. En este viaje invita a hablar a las personas que tienen memoria de lo que fue y alterna sus cavilaciones con los testimonios de los testigos.
La segunda, narra un personal pulso con el Moncayo. Este viaje, y el siguiente, los inicia desde el portal de su casa, como dios manda, y vuelve a entreverar sus cavilaciones con sucedidos, con exquisita distancia, aún cuando “el sucedido” se trate de la enfermedad de su hijo. Es, un poco, como un cuaderno de bitácora, donde los hechos por dramáticos que sean, han de narrarse con prosa llana y eficaz, y ese es precisamente su mérito y por eso sirven para el siguiente navegante, hasta la culminación en la cumbre del Moncayo.
La tercera nos cuenta recorrido que da título al libro, los 1863 pasos que ha de dar cada día desde su casa al trabajo. Este relato es excepcional, en el lo que se nos propone es descubrir la cotidianidad. Es, en definitiva, un manual para que miremos el mundo, desde el único sitio posible: el nuestro, pero con ojos asombrados.
En el relato va del pasado al presente con una gran agilidad, nos sitúa en el año 1971 al comenzar a atravesar el puente de Piedra, en el centro del puente estamos en 1808 y en la última arcada en el 2002. Lo consigue hilvanado magistralmente tres hechos de importancia: la caída del autobús cargado de emigrantes al pozo San Lázaro ( y mientras nos narra esto nos subnarra lo de Dominguito de Val y su propia infancia, con cura pederasta incluido, en los Marianistas) ; la ejecución de tres héroes de la guerra de la independencia y la perdida, con el intento de rescate, de las gafas de su hijo Daniel. Todo esto en los apenas trescientos metros del puente. Y lo inaudito es la facilidad con lo que todo esto, aparentemente inconexo, nos va entrando. Es como si paseásemos a su lado y fuésemos hablando con él de todo y nada. Que es como se habla, y como se piensa normalmente, aunque esto no se vea reflejado ni en las tesis doctórales, ni en los textos literarios más al uso.
Este es el mayor de los logros del libro. La más absoluta falta de impostación y de palabrería, que hace que su compleja estructura, lejos de dificultar, haga fluir la narración con naturalidad, del mismo modo que se digieren las paellas de los felices domingos de verano, rodeados de los mejores amigos.
10/04/2005 12:24. #. Hay 5 comentarios.

Degas

Degas.jpg“Un cuadro requiere tanto engaño, mentira y falsedad como la perpetración de un crimen. Se pinta a base de embustes y luego se añade un “toque” natural.
El artista no dibuja lo que ve, sino lo que tiene que hacer ver a los demás. Un pintor sólo podrá llegar a ser bueno una vez que consiga dejar de ser consciente de lo que hace”
Edgar Degas

Que tremendamente difícil es pintar cuando la mano no quiere dejarse ir. Y que insultantemente fácil es cuando a ella le da la gana, cuando uno ya no está.
No hay peor compañera de viaje para un pintor que su inteligencia, siempre tan cobarde, tan precavida. El trabajo fundamental de un pintor es esperar trabajando a que la mano desobedezca a la cabeza, que vaya un instante antes que su pensamiento. Esto, dicho así, parece una cuestión baladí, pero los que han pasado por este trance saben de lo terrible que es intentar hacer algo que no se sabe como se hace y que cuanto más se intenta más se destruye y que cuando ello quiere, inesperadamente, florece. Pero para que esto ocurra se ha de estar solo, tenso y expectante en el taller el tiempo que haga falta y sin darle demasiada importancia.
Por esto Dalí, que no dijo jamás una tontería, a pesar de la opinión generalizada, afirmó:

-Yo soy un mal pintor porque soy demasiado inteligente. Para ser un buen pintor es mejor ser un poco tonto”
11/04/2005 20:51. #. Hay 12 comentarios.

Aviso

Silencio.jpgEl pintor, de vez en cuando, debe callarse. Eso de la palabra, además de ser muy engañoso, es la antítesis de la pintura. Como estoy trabajando, que ya venía siendo hora..., la mudez va a ser, mientras, mi compañera.
16/04/2005 20:36. #. Hay 2 comentarios.

Crónica

Hoy es domingo, ya saben “el séptimo descansó”.
Aunque ayer escribí que no iba manifestarme porque estaba trabajando y me despistaba, hoy estoy relativamente de buen humor y me apetece epistolar. Ando superando, poco a poco, el bloqueo en público del día de la presentación del libro de Mena.
La verdad es que estuve desastroso. Pensé, equivocadamente, que lo mejor sería improvisar. Intente hacer un chiste de entrada; dije que el autor había escrito diez libros pero que yo no los había leído...Como la voz me salió entrecortada, y a nadie le hizo la más mínima gracia, intente enmendarme. Probé con otra gracia, dije que lo que probaba que los criminales siempre vuelven al lugar del crimen era nuestra presencia allí, la mía y la de Mena, ya que yo acababa de exponer en la sala contigua del Palacio de Montemuzo, donde nos encontrábamos y Mena iba con frecuencia a consultar la hemeroteca que también alberga el palacio, peor. No tenía la tarde graciosa. Notaba ya el rubor en las mejillas y sabía que los asistentes lo notaban. La cosa ya no tenía arreglo. Con voz sólo audible por el cuello de mi camisa, comencé a balbucear un par de cuestiones que se trataban en el libro. Parecía cómo si estuviese hablando otra persona, cada frase que pronunciaba era peor que la anterior. El desastre ya era completo. Como última instancia saqué un papel en el que llevaba escrito lo del blog del día diez de este mes y lo leí a toda velocidad con el deseo de acabar cuanto antes.
No sé que me ocurrió. Desde mi primera juventud no me había pasado nada parecido. Estaba convencido de que a estas alturas ya no podía volver a ocurrir, pero estaba equivocado. Además la mayoría de los asistentes eran viejos conocidos míos y se suponía que estaba en familia y arropado.
Eso de hablar en público y a pecho descubierto es en sí mismo un oficio, o un don, que desgraciadamente, ha dejado de adornarme. Para mi consuelo me apetece pensar, que era el único don que tenía Hitler y mira la que lío.
Como no hay mal que por bien no venga esto ha sido una estupenda cura de humildad y encima me ha puesto a trabajar.
17/04/2005 15:41. #. Hay 12 comentarios.

Texto para María Buil

Canal Buil.jpgMe llama María Buil, excelente pintora y ciudadana, residente ahora en Paris.(ay, que tiempos), para que le escriba un texto que glose una serie de cuadros que anda haciendo de ovejas muertas y abiertas en canal. Las está pintando en Lanaja, donde su padre tiene ganado y, amorosamente, le ha preparado un estudio. También le mata y prepara las ovejas viejas o enfermas para que las pinte. Y allí anda ella entre vísceras y óleos.
Por supuesto, como siempre, el texto es para ayer.

Esto es lo que le he hecho:

La pintura, la de verdad, nació para retratar, para pintar carne. La bella y untuosa materia de los cuadros de Rembrandt o de Ticiano, que figura rostros, o piernas, o vientres, o sexos, es más pintura en sí misma, que la que figura, árboles, o ríos, o piedras. La pintura es una actividad humana que algunos hombres ejercitan, y lo hacen, a menudo, para exorcizar la muerte, la propia muerte y la de los que aman.
El primer hombre lo fue porque tuvo miedo y memoria. Miedo a la naturaleza y memoria para contar a sus descendientes cómo se defendió de ella. Algunos, algo más tarde, se entretuvieron en garabatear en las paredes de las cuevas cómo se cazaba y cómo eran las presas. La diferencia entre el animal y ellos, era que ellos podían pintar al animal, figurarlo, exorcizarlo, imitarlo y el animal no. Con esta sutil diferencia comenzó todo.
La carne inerme, muerta y roja aún, es una poderosa imagen en sí misma. Traducida a pintura ha sido un tema recurrente desde Bacon a Leonardo. Los cristianos adoran a un ser sanguinolento y moribundo colgado de un madero que les recuerda lo fútil de todo lo que en el mundo es. El sacrificio, de un ser humano o no, es un rito recurrente en una gran parte de las religiones. No es de extrañar que a los artistas de todos los tiempos les haya interesado representarlo, figurarlo de algún modo.
María Buil es una pintora que vive en el inicio del tercer milenio y que está empeñada en hacer cuadros atemporales. Por esto pinta cadáveres de ovejas abiertos en canal y crucificados. Del mismo modo que lo podía haber hecho cualquier pintor de los últimos cinco siglos. Lo hace porque cree que el progreso no es una cuestión exactamente artística, por mucho que se empeñe la historiografía del arte mas al uso. Lo hace porque quiere que se repita el mismo milagro que hizo que existieran en su día los mejores cuadros. Lo hace del natural, ante el cadáver, porque sabe que sólo así será posible la transmutación del aceite y el pigmento en carne prutescible, como la nuestra.
18/04/2005 06:04. #. Hay 4 comentarios.

La vuelta

durruti + estudio.jpgHe andado unos días por Escocia, por Edimburgo y Glasgow, y acabo de volver.
He entrado en el estudio y todo está como lo dejé, todo está terriblemente en el mismo sitio, como si hubiera salido a tomar un café, la semana escasa de inactividad parece que ha sido un lustro.
Los pinceles manchados de pintura, ya seca. Los papeles por el suelo...Ya no se puede continuar donde lo dejé, hay que empezar de cero. Además de un viaje se vuelve siempre siendo un poco otro, y ya no se piensa exactamente lo mismo que antes de partir.
¡A limpiar pinceles y a comenzar otro asunto!
27/04/2005 11:10. #. Hay 2 comentarios.

Noche en vela

Ayer estuve toda la noche intentando hacer un retrato que no quería salir. La cabeza aparecía y desaparecía una y otra vez ante mis ojos, y cuando quería atraparla ya no estaba, así una y mil veces, hasta el alba y la extenuación.
A veces se me acusa de ser poco trabajador, para después añadir: “si además, a ti no te cuesta nada”. Lo dicen, claro está, desde la profunda ignorancia, aparentemente docta, que ha dado la sociedad de las enciclopedias, los dominicales, los viajes de fin de curso y la televisión. Por eso se les debe perdonar. Pero mil veces me hubiera gustado abofetear al imbécil que dice que a mí no me cuesta nada. A mí, esto, me ha costado la vida, de entrada, y no conozco un esfuerzo mayor que el de intentar una, y mil veces, conseguir algo que se sueña, pero que no se sabe como se hace o se consigue.
Otra de las soberanas estupideces audibles por ahí es que eso de los retratos pintados es una cuestión de “técnica”. Por supuesto se refieren a la “técnica”, al “saber como”, como algo desdeñable, como si se estuviese haciendo trampas; ya que el verdadero artista lo primero que ha de hacer es librarse de las cadenas de la ortodoxia y el oficio.
Esta sociedad de majaderos con derecho a opinar doctamente, precisamente de lo que se desconoce ya me esta empezando a cargar. Por si a alguien le interesa van algunas aclaraciones:
-La fotografía no acabó con la pintura. (puedo desarrollarlo, pero me canso de explicar perogrulladas)
-Pintar un retrato, un buen retrato, es una cosa dificilísima, casi milagrosa. Y generalmente es una cosa distinta a eso que ofrecen en las tiendas de marcos de su barrio si se les lleva una foto.
-Haber visitado, con los moscosos y la mariconera, cinco o seis museos no le convierte a uno en un experto.
-Pintar, pintar bien o mal, da igual, es un tremendo trabajo, no un entretenimiento ni, mucho menos, un “don”.
-Cuando un cuadro parece pintado “a la primera”, o sin esfuerzo, no es más que un espejismo. La intensidad necesaria para “reducir” a pintura la realidad es enorme, por no hablar de la templanza de ánimo del autor, ni de los conocimientos acumulados para que eso ocurra.
29/04/2005 02:38. #. Hay 2 comentarios.




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